De la moneda a la tarjetita

La diputada Juliana Marino propone crear un boleto electrónico para solucionar los problemas del transporte público, lo cual además permitiría controlar los subsidios que se otorgan.

El transporte público en la ciudad de Buenos Aires está colapsado. La afirmación no tiene nada de novedosa, y periódicamente los matutinos porteños publican la “noticia” de algún nuevo milagroso plan del Gobierno para solucionar este añejo problema.

Lo que pocas veces se dice es que la resolución de esta cuestión no está en manos de las autoridades de la gran urbe porteña sino del Estado Nacional. Esto sucede porque la mayoría de las líneas de colectivos atraviesan dos jurisdicciones: la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, por lo que ambas deberían ponerse de acuerdo. “Si nuestro recorrido empieza y termina en la ciudad, en general corremos la parada dos cuadras para negociar con la Nación, porque en general resulta más conveniente”, confesó un empresario del transporte, que pidió que se preserve su anonimato.

Como sucedió con la rescisión del contrato de la empresa Aguas Argentinas y la creación de AySA, al no existir una jurisdicción común sobre la denominada “área metropolitana” es el Estado nacional el que debe hacerse cargo del asunto, que recurre a otorgar altos subsidios al sector para no tener problemas y que todo siga funcionando.

PAE

Sin embargo, poco se sabe acerca de los números de estas empresas, cuánto gastan, qué cantidad de pasajeros llevan, o si respetan las frecuencias estipuladas. A esto se agrega un problema estructural más: las líneas terminan compitiendo entre sí, y todas quieren llevar la mayor cantidad de gente; lo cual hace que las calles y avenidas más transitadas estén llenas de líneas, mientras que los usuarios de sectores de la Ciudad más desfavorecidos deben caminar hasta ocho cuadras para conseguir un colectivo.

Toda esta problemática podría ser solucionada gracias a las nuevas tecnologías. Al respecto, la diputada nacional porteña Juliana Marino (FpV) presentó un ambicioso proyecto de ley para incorporar el boleto electrónico en el transporte metropolitano. Más allá de evitar que el usuario tenga que salir a buscar monedas a último momento, el sistema tendría otras importantes ventajas. Aunque las empresas por ahora no estarían dispuestas a aceptar la medida.

El boleto electrónico no es un fin en sí mismo, sino un simple medio. La propuesta de Marino apunta a crear un “Programa Integral del Transporte Público de pasajeros, sistema de transporte multimodal para el Área Metropolitana de Buenos Aires”.

Multimodal implica que no es sólo para los colectivos, sino que también abarcará a trenes y subtes. Entre los objetivos del programa se señala la reducción de los costos de viaje, pero también de sus tiempos. También busca “ofrecer a los usuarios opciones de movilidad a su alcance en la zona metropolitana” y “elaborar estadísticas en tiempo real”.

La condición necesaria para el cumplimiento de estos objetivos es “implementar un sistema de pago electrónico de pasajes”, consistente en una tarjeta magnética inteligente. “La implementación electrónica colaboraría a ofrecer datos y un ordenamiento intermodal, es decir que con un solo boleto se pueda subir a un tren, bajar, subirse a un colectivo, bajar y subirse al subte, todo con el mismo costo. Eso gana además mucho tiempo”, explica la legisladora.

-¿Por qué la incorporación de la electrónica haría ganar tiempo?

– Lo que haría es mejorar la calidad de oferta que se lleva adelante. No es a corto plazo, sino que es para cuando se pueda incorporar la intermodalidad. Aunque creemos que al sumar minuto más minuto en millones de personas que viajan, en un estudio macroeconómico son millones de pesos de ahorro.

– ¿Cómo se implementaría la intermodalidad?

– Se haría a través de un clearing que manejarían bancos oficiales, porque es una masa de dinero muy importante, y que permite estudiar el valor del kilómetro del medio y cuánto cuesta el kilómetro de cada medio. De este modo, la autoridad de aplicación puede direccionar los subsidios de acuerdo a los costos de cada empresa, incluida su rentabilidad y la tarifa accesible que uno quiere lograr.

Control

Si bien el proyecto de ley que ella presentó no lo dice con tanto detalle, la idea que la motiva es que se puedan vender tarjetas similares a las de los subtes, y que cada vez que el pasajero suba o baje del medio de transporte deba fichar. De esa manera, el crédito se irá asignando en un clearing en bancos oficiales, pudiéndose además saber cuántos pasajeros viajan en cada línea.

Previo a esto, la Secretaría de Transporte -o la autoridad de aplicación respectiva- acordaría con las empresas los costos operativos mínimos, incluida la ganancia de la empresa, los cuales serían cubiertos por el Estado, en caso de que no se llegara a cubrirlos con el pasaje. “Todo esto se hace con el clearing, a través de la autoridad del transporte, que es el cerebro central. Los pasajeros pagan 80 centavos y el Estado subsidia lo que falta de tarifa. En el ordenamiento general el ahorro es enorme y así el Estado le paga al empresario lo que prometió”, explica.

La otra cuestión es quién financiaría la incorporación de estos aparatos, que costarían alrededor de tres mil pesos cada uno. “El proyecto que nosotros presentamos pide que se tome una ruta como esquema a estudiar. Entonces el Estado podría hacer una inversión inicial, que se recupera, porque a mi modo de ver hoy los subsidios son un pozo negro de los que nada se sabe”, expresa Marino.

“Hoy lo único que se sabe es que los subsidios no dejan conformes a los empresarios -que a lo mejor tienen razón, aunque hoy no hay estadísticas para saberlo- pero tampoco la gente está conforme” con los servicios que se prestan, acotó.

Más allá de los matices, la legisladora insiste en la necesidad de que el tema se empiece a discutir. “El usuario viaja mal, viaja parado, llega tarde, no tiene movilidad a la noche y la tarifa es en algunos casos inaccesible, porque muchos tienen que combinar transporte”. “Nosotros pensamos que el boleto electrónico puede generar un ordenamiento y hacemos ganar tiempo, lo cual es valiosísimo, porque es un bien irrecuperable. Si a una persona que trabaja diez horas o más uno le hace ganar media hora para estar en su casa tranquila, sería algo muy importante”, concluyó.

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