Radiodifusión en la era K

Los ataques de los Kirchner a la prensa reabrieron el debate sobre la necesidad de una nueva ley de Radiodifusión. Mientras la oposición ve con miedo un avance en este sentido, el titular de la Comisión de Comunicaciones de la Cámara baja se anima a plantear el tema.

“Lo que era sospecha, ahora se convirtió en miedo. Se ve miedo en todos lados”. La frase fue pronunciada por la siempre apocalíptica líder ¿del ARI? Elisa Carrió, en referencia al gobierno de Néstor Kirchner. Más allá de la frase, y de quien la pronunció, lo cierto es que el clima es real. Basta con estar en cualquiera de las salas de periodistas del Congreso para palpar que se vive una especie de miedo, mezclado con algunas bromas, que intentan morigerar los ánimos, muchas veces sin éxito.

El episodio de Cristina Fernández de Kirchner durante una de las últimas sesiones, portando tres carpetas negras que contenían su colección de recortes periodísticos, generó un sabor amargo en el periodismo. No porque no se pueda tolerar la crítica a un medio -algo que resulta por demás legítimo- sino por la puesta en escena que conllevaron dichas críticas. La primera dama no se limitó a hacer referencia a artículos puntuales o generales -los cuales podría haberlos tenido organizados en una, dos o diez hojas- sino que decidió llevar al recinto tres carpetas negras, marcadas con distintos señaladores de todos los colores.

En su discurso, la legisladora no sólo habló con las palabras que salían de su boca, sino que también habló con su cuerpo y sus carpetas. Estaba diciendo “yo los sigo y sé todo lo que escriben y dicen”. Con esa frase se posicionaba como una especie de “Televisión Registrada” de la prensa escrita y como jueza de la misma, denunciando en su discurso “falta de honestidad intelectual”.

Días después, el presidente Néstor Kirchner fue quien jugó a ser editor de un medio periodístico y se quejó porque los diarios no pusieron en sus tapas “Hoy es 9 de Julio, Día de la Independencia”, y en lugar de esto “plantearon nuevamente el tema de los superpoderes”.

Muchos creen que no es casual esa extraña vocación de hablar sobre los medios de comunicación, por parte del matrimonio presidencial. Quienes creen en esto aseguran que a partir de ahora se comenzarán a conocer distintos paquetes de leyes que atentarán contra el periodismo y la libertad de expresión. Claro que por ahora éstas son meras especulaciones de las cuales nada se puede decir.

Qué dicen los pasillos. Sin embargo, por estos días también se ha hablado mucho en los pasillos del Congreso acerca de la posibilidad de comenzar a discutir una nueva Ley de Radiodifusión, que reemplace a la anterior y que fuera creada durante la última dictadura militar.

Al respecto, se mostró entusiasmado el presidente de la Comisión de Comunicaciones de la Cámara baja, Osvaldo Nemirovsci, quien aseguró a Parlamentario que veía un clima propicio para sancionar una nueva ley.

Se trata de una vieja aspiración de los gobiernos y legisladores desde 1983. Sin embargo, el status quo por el que presionan los grandes multimedios impide que esta idea se termine de concretar. En su momento, incluso el entonces candidato a vicepresidente por la Alianza, Carlos “Chacho” Alvarez, aseguraba que “la batalla por los medios” era la única que estaba perdida de antemano. Se refería al decreto de Carlos Menem -cuando todavía se sentaba en el Sillón de Rivadavia- que permitió que hasta 24 medios pudieran ser propiedad de una misma entidad. Cabe recordar que hasta dicho decreto el máximo permitido era de cuatro.

Lo cierto es que Nemirovsci ya tiene en la cabeza cuáles son los criterios que deben primar para hacer la reforma: “Esta debe estar planteada en tres ejes. Por un lado, el político, porque no puede ser que tengamos una Ley de Radiodifusión que creó Jorge Rafael Videla con dos o tres más. Por el otro, debemos adecuar la legislación a los términos del siglo XXI; la ley redactada en los ´80 no contemplaba ni la televisión por cable ni la transmisión satelital, ni siquiera Internet. Por último, también se debe tener en cuenta un criterio filosófico. En los ‘80 las comunicaciones eran una simple actividad. Hoy son una ciencia, que habla de temas como la bidireccionalidad, los derechos del receptor y que hacer medios no es como vender chorizos: hay una responsabilidad social en esto, y estas cosas tienen que estar contempladas en la ley”.

Por otra parte, el legislador kirchnerista explicó que para él la ley debería contener alguna cláusula para evitar la concentración de medios: “No sé si se podrá volver a cuatro, pero se debe bajar a 12 como máximo”, al tiempo que planteó la “defensa de algunos valores: tiene que haber defensa a los derechos humanos, a la cultura nacional”…

– ¿Cómo se plasma esto?

– Desde la legislación. Estoy armando, junto con el Poder Ejecutivo, un proyecto de ley para lograr que la radiodifusión sea mucho más que un espacio de mercado. Creo también que debe haber varias opciones para gestionar medios: la pública, la privada sin fines de lucro -comunitarias y religiosas- y la gestión privada con fines de lucro, que es lo que más estamos acostumbrados y tiene que seguir. Estas tres modalidades van a marcar cómo será la ley.

La duda eterna

¿Es necesario cambiar la ley de Radiodifusión? La mayoría de los legisladores coincide en que sí. Que se debe adecuar la ley a los parámetros del siglo XXI y que no se puede seguir teniendo una ley de medios de la dictadura.

Sin embargo, el gran debate es cómo será esa nueva ley. Nemirovsci, como presidente de la comisión que trata el tema, dice tener una idea. Sin embargo, avanzada la entrevista aseguró: “Los tiempos los va a manejar el Poder Ejecutivo, que es el que va a ejecutar la ley. Además, hago un paréntesis político. Soy parte de un proyecto nacional, que es conducido por el presidente Néstor Kirchner, quien con su mirada macro va a poder aportar su punto de vista”.

Habrá que ver si en este tema el Congreso puede definir, con su autonomía, una ley a favor de la libertad de expresión y la democracia o si, por el contrario, se avanza en restricciones que impidan el normal ejercicio de un derecho que tanto costó conseguir.

Será el rol del Congreso generar los marcos para que la prensa pueda ser más independiente, tanto de los poderes políticos de turno como de los poderes económicos.

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