Resulta muy complejo pensar en la posibilidad de gestionar sin representación legislativa. Sin embargo, el jefe de Gobierno Jorge Telerman parece sortear sin grandes dificultades esa valla política.
El triunfo de Aníbal Ibarra sobre Mauricio Macri por la jefatura de Gobierno de la ciudad había dejado al descubierto que el oficialismo no tendría mayoría en la Legislatura porteña. Ahora, con la asunción de su otrora compañero de fórmula, Jorge Telerman, la situación continúa siendo la misma: el actual jefe de Gobierno no cuenta con un sólido bloque que lo respalde. Sin embargo, ésa no parece ser una traba para que lleve adelante y ejerza sus funciones.
Cabe recordar que durante el proceso del juicio político a Ibarra, que devino luego en acusación y destitución en su cargo por el caso Cromañón, su entonces escuálido bloque Frente Grande se redujo de tres legisladores a uno, debido al cumplimiento de sus mandatos.
Sin duda alguna, su escasa representación en la Legislatura fue un detonante más para su posterior destitución. De nada le sirvieron las alianzas circunstanciales para sostener no sólo un gobierno tambaleante, sino para resistir el caos político que se iniciaría la noche del 30 de diciembre de 2004.
A partir de la impensada asunción de Telerman, para finalizar con el segundo mandato inconcluso de su compañero, se acrecentó aún más la falta de representación oficialista en la casa política. Hoy Telerman no cuenta con bloques propios que lo respalden, carece de legisladores que le transmitan “absoluta” fidelidad y tampoco posee “espadachines” que traduzcan su oratoria en el recinto por los proyectos que ingresan vía Poder Ejecutivo.
Lo cierto es que tras cinco meses de gestión, y como ex embajador tuvo la capacidad y soltura de demostrar su habilidad diplomática para tender un “puente de plata” con la Legislatura que acusó, juzgó y destituyó a Ibarra y atender, además, las demandas constantes de los vecinos porteños.
Algunas de las hipótesis que explicarían esta situación podrían ser que Telerman supo comprender cómo se configuraba el escenario político desplegado a raíz de una drástica crisis política por la que atravesó la ciudad; no subestimar a los diputados que ocupan sus bancas gracias al sufragio electoral y comprender que los familiares de las víctimas de República Cromañón no son un grupo de choque.
Como peronista que es, Telerman abrió el juego tanto a los legisladores como a los padres que reclaman Justicia. Llevó a cabo reuniones abiertas con los jefes de los bloques más importantes de la Legislatura y, con los familiares mantiene un trato especial, ya que como primer acto de gobierno recibió a los padres de las 194 víctimas.
Por otro lado, sin un vicejefe formal que “le cuide las espaldas” hasta terminar el mandato interrumpido de Ibarra, mantiene una buena y natural relación con el vicepresidente primero del Parlamento porteño, Santiago de Estrada, referente importante del macrismo.
Por debajo de este paraguas que denota una crisis en la Legislatura, Telerman impulsó la onda verde para aprobar una serie de proyectos importantes del Poder Ejecutivo, fundamentando que su intención es puntualizar un tratamiento rápido a fin de agilizar los “engranajes” de la Capital Federal.
Con la intención de otorgarle mayor nivel de desarrollo y calidad institucional utilizó el lema “Gestión más Gestión” para -se supone- poder llegar con favorables condiciones a 2007 y contar con suficientes credenciales para la futura elección comunal. Muchos creen que la suerte de su gestión va a signar la suerte electoral del kirchnerismo en la Capital Federal.
Es evidente que así como el destituido Ibarra ignoraba al Parlamento porteño, tanto que no facilitó nunca que los funcionarios de su círculo de confianza sean expuestos a una interpelación, fuesen a rendir cuentas o a dar explicaciones, el actual jefe de Gobierno -por el contrario- es un asiduo visitante y acelera en la medida de lo posible los trámites para que sus ministros se presenten en las comisiones legislativas a informar sobre los pormenores de su Administración.
Con estas premisas bajo el brazo, Telerman intenta demostrar a los vecinos que -más allá de las dificultades- se puede gestionar bien y rápido. Su objetivo son las elecciones de 2007 y todo dependerá de la confianza que le brinde la gente.