El legislador porteño Helio Rebot calculó en diez mil la cantidad de personas que practica la prostitución en la ciudad de Buenos Aires y por eso impulsa la creación de un registro para regular la actividad en el distrito. En tal sentido admitió que son las propias trabajadoras del sexo las que se resisten a la implementación de esa medida que apunta a “sacar a la policía de esta ‘sociedad’ nociva” y que esa actividad pase a ser controlada por inspectores del trabajo.
Rebot aclaró que su proyecto toma como base “lo que es la legislación de la mayor parte de Europa y lo que también se está aplicando en Uruguay: se crea un registro, se les reconoce el carácter de trabajadoras sexuales, como está en la Organización Internacional del Trabajo, y se establece que quienes estén registradas pueden trabajar”.
“La permanencia en el registro requiere controles sanitarios periódicos”, detalló, para destacar luego que la administración del registro de trabajadoras del sexo estaría a cargo del Estado y el sindicato de la actividad.
En tal sentido explicó en el programa Parlamentario TV, que se emite por canal Metro, que “esto implica en la práctica reconocerles el status de trabajadoras, como así también reconocerles luego personería jurídica sindical, que son situaciones que hoy se les niega”.
“En la práctica, se trata de atacar un problema que genera extremas situaciones de miseria y que la sociedad hace como que no ve”, sostuvo el legislador kirchnerista. Añadió que “lo que se pretende desde el Estado con la reglamentación es tener políticas activas para permitirles salir de la calle y dejar de esta actividad, no para perpetuarla. En la práctica, también significa sacar a la policía de esta ‘sociedad’ nociva y dejar que esta cuestión pase a ser controlada por inspectores de trabajo y no por policías”.
El diputado Rebot estimó en diez mil las personas que en la actualidad están trabajando en la prostitución, entre varones y mujeres. “No sólo en las calles, sino en todas las áreas donde hay trabajo: bares, casas de masajes, en fin, la prostitución callejera es el segmento de mayor pobreza y extremo abandono, pero también hay prostitución vip”, detalló.
Calculó además que alrededor de un 10 por ciento de las relaciones sexuales que se dan comercialmente no tienen protección, con lo cual, “multiplicando esto por los días de trabajo, por el número de personas involucradas y por todo el año, nos da cifras de mucha preocupación”, advirtió. “Para la salud pública en general y para la salud particular de las trabajadoras”, agregó.
En el mismo sentido acaba de presentarse en la Legislatura porteña un proyecto del diputado Rodrigo Bravo Herrera, que promueve la implementación de una libreta sanitaria. La iniciativa del diputado kirchnerista no incluye específicamente una libreta sanitaria, sino un control médico obligatorio, a través de un registro que establece que para poder desarrollar esa actividad se debe hacer un control periódico.
Rebot advirtió además que en la ciudad hay “gente de 60, 65, hasta 70 años trabajando en la calle”, de ahí que sugirió la necesidad de “correr el velo de la hipocresía: si hacemos como que el Estado no se ocupa de eso, estamos haciendo en la práctica como que no existe”.
Detalló que tanto en Uruguay como en toda Europa en general “esto está funcionando bien” y allí “se les reconoce el estatus de trabajadoras; se les obliga a cumplir controles sanitarios, se les permite incluso que existan en la vida real, porque si alguien quiere solicitar un crédito, ¿cómo hace?”
El diputado de Fuerza Baires aseguró que por su proyecto no ha recibido presiones, aunque sí admitió que “genera polémicas, pero son parte de la vida”.
Curiosamente la polémica se da, según Rebot, en las propias trabajadoras del sexo, que “tienen mucha resistencia a todo lo que es regulación, porque asocian que regulación viene de la mano del control y el control para ellas es la policía”.
Rebot dijo confiar en que la aplicación del registro de prostitutas funcionará, “en la medida que se tranquilicen y observen que en realidad esto va en el camino que ellas pretenden, se les reconoce el carácter de trabajadoras, se les reconoce personería sindical para poder interactuar con el Estado”. En ese marco espera que se generen alternativas que les permitan “generar políticas que les permitan salir de la actividad”. Al respecto estimó que “una chica joven a lo mejor tiene menos problemas, pero una persona que tiene sesenta y pico de años, ¿qué hace a las 10, 11, 12 de la noche? ¿Usted cree que la gente quiere ir a las calles?”