Se intenta poner fin a la problemática de que los menores recorran las calles hurgando en la basura, implementando programas y suministros para contenerlos mientras sus padres realizan el trabajo.
Ante la crisis económica por la que atraviesan muchos argentinos, son miles las personas que, al bajar el sol, salen con sus carros y hurgan la basura para recuperar materiales reciclables y cartones que luego venderán.
Se estima que cerca de 15 mil recuperadores recorren las calles porteñas para alimentar a sus familias pero, tal como lo explicó la diputada del FpV Marta Talotti, en “numerosas oportunidades lo hacen acompañados de sus hijos menores de edad” y, como bien se sabe, la ley 114 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Ciudad prohíbe a los menores de 14 años trabajar.
A partir de ello, la diputada y presidenta de la Comisión de Promoción Social de la casa política presentó un proyecto de ley que tiene como eje central “hacer respetar el derecho de los niños a no trabajar”.
La iniciativa propone “la creación de espacios destinados a que los chicos menores de 15 años, hijos de recuperadores urbanos (cartoneros), ejerzan el derecho a no trabajar estipulado en el artículo 32 de la ley 114 de la Constitución porteña”.
Hasta el momento están funcionando dos centros destinados a los hijos de los cartoneros: uno de ellos se encuentra en la zona de Parque Chacabuco (polideportivo Parque Chacabuco), y el otro se ubica en la zona de Constitución (polideportivo Don Pepe). Hasta el momento hay 60 niños inscriptos en el “Programa Chicos en situación de calle”, con una afluencia diaria intermitente de 15 usuarios promedio.
Entre algunas de las causas que evidencian el crecimiento del trabajo infantil, en este caso de los cartoneros, se encuentra la intranquilidad que sienten algunos padres al dejar a sus hijos solos en sus hogares y la necesidad de manos extra que ayuden en la tarea. Sin embargo, en muchos casos, los padres se manifestaron a favor de que los chicos los acompañen en la recorrida nocturna para poder incrementar sus ingresos. Lo lamentable es que los chicos están expuestos a peligrosas enfermedades y, sobre todo, carecen de educación: la mayoría de los que trabajan no asisten a clases, por lo cual crece el índice de analfabetismo y anula toda posibilidad de que los niños tengan una visión optimista del futuro que les espera.
En un informe realizado por Oficina Internacional para las Migraciones (OIM) y Unicef se plantea que esta actividad, en especial cuando se lleva a cabo en basurales, rellenos sanitarios y en la vía pública de las áreas urbanas, “daña la salud, la seguridad y la moralidad de los niños y las niñas” y, por estas razones, debe ser considerada como una de las peores formas de trabajo infantil.
En la ciudad, se estima que los cartoneros recuperan entre el 10 y el 30 por ciento de los residuos generados por los vecinos, lo que significa para la OIM y Unicef “un ahorro para la administración local que fluctúa entre los 30.000 y 70.000 pesos por día”. Lo esperable para la OIM y Unicef es que ese ahorro sea “usado para implementar sistemas de protección para los recuperadores y para ejecutar programas con el fin de prevenir el trabajo de sus hijos, a la vez de apoyar su educación y acceso a servicios sanitarios”.
Ante esta situación, en el marco de la jornada debate: “Niños, niñas y adolescentes en las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, realizada en la Legislatura porteña, la diputada arista Liliana Parada sostuvo que “la situación social de los niños, niñas y adolescentes en el país es muy grave y abarca a la mayoría de ellos. Por este motivo debe abordarse con políticas universales que garanticen la cobertura de todos los necesitados, pero no desde un enfoque asistencialista”.
“En un Estado de derecho la no existencia de los niños de la calle sólo es posible si se articulan políticas públicas conducentes a luchar por el derecho de estos niños a tener salud, educación, convivencia familiar y garantías constitucionales en pie de igualdad con todos los niños, niñas y adolescentes”, agregó.
En la ciudad de Buenos Aires, de la totalidad de personas que se dedican a esta actividad, incluyendo tanto a las que residen en la Capital Federal como a quienes llegan desde el Conurbano, los menores suman más de 4.500 (más del 50,76 por ciento de la totalidad de recuperadores tiene menos de 18 años).
Se espera que desde el Gobierno capitalino se tomen medidas al respecto y se implementen campañas para que aquellos chicos de “profesión cartonera” puedan dejar de trabajar, continuar con sus estudios y acceder a servicios que los refugien mientras sus padres salen a cartonear porque, en definitiva, esos niños forman parte del futuro del país.