Yo, la peor de todas

Adriana Bortolozzi es senadora por una provincia muy conservadora: Formosa. Sin embargo, presenta proyectos polémicos como despenalizar el aborto, permitir el uso terapéutico de la marihuana, la muerte digna y quitar el status público de la Iglesia Católica. Radiografía de una católica progresista que dice estar “más allá del bien y del mal”.

Por Ezequiel Priluk

Algunos la miran como si estuviera loca. Otros, con respeto. La señora llega temprano, muchas veces se lleva el diario al recinto, práctica poco habitual en el Congreso. Siempre tiene comentarios quejosos y, en general, se la ve fatigada: llega agobiada y rápido para buscar donde sentarse.

Su lugar está al fondo del recinto, aunque gusta rotar de bancas. En general se sienta entre Maurice Closs y Sergio Gallia, aunque a veces prefiere ir a ocupar el lugar de Luz Sapag o su comprovinciano Luis Pettcof Naidenoff.

Su espíritu crítico es grande. Tanto que nunca se sabe cómo pensará en torno de cada tema y ha votado contra el oficialismo en numerosas ocasiones. “Yo estoy más allá del bien y del mal”, suele decir.

Tal vez la más significativa se dio en ocasión del debate por el feriado del 24 de marzo. “Quiero decir que admiro profundamente a una diputada rasa tal como yo soy ahora una senadora rasa, que se animó a decirle al presidente de bloque ‘yo no soy la recluta tal y usted no es el cabo tal’”. Las versiones taquigráficas no dan cuenta de ello: pero en el recinto ella dijo “no soy la recluta Fernández”, dijo en obvia referencia a los enfrentamientos entre la actual primera dama y el bloque oficialista que por entonces lideraba Augusto Alasino.

Adriana Raquel Bortolozzi está casada con Floro Bogado, el vicegobernador de Formosa y gobernador durante los primeros años de la democracia. Sin embargo, ella se queja cuando se lo recuerdan. “No llegué adonde estoy por ser la esposa de, sino por mi militancia política”, dice como todas, aunque en la provincia reconocen que tiene peso político propio; “y no estamos ironizando con su forma física”, aclaran.

Para muchos es todo un personaje. No usa celular y como no le gustan los aviones, acostumbra a viajar desde Formosa todas las semanas en auto para concurrir al Congreso.

Nacida en Santa Fe, tiene 57 años y se recibió de abogada en 1981. Su trabajo en la gestión pública -no su militancia- comenzó en los 80 cuando fue ministra de Acción Social de su provincia y asesoró al gobierno en temas indígenas. Desde entonces se desempeñó en cargos legislativos nacionales o provinciales.

Comenzó su gestión como diputada nacional en 1996 (renunció al año) y luego tuvo otro mandato entre 2001 y 2005, aunque pasó desapercibida. Luego, el año pasado fue electa como senadora, cargo en el que seguirá hasta 2011. Tras esto -asegura- se retirará de la política. “He cumplido mi etapa y con esto estoy terminando mi carrera política para darle lugar a los jóvenes”, asegura.

Su falta de carisma hace que los grandes medios no le presten atención. Incluso, al escucharla puede parecer una simple señora de campo conservadora. Sin embargo, por el tipo de proyectos que presenta merece ser destacada. Iniciativas tales como legalizar la marihuana, el aborto, la eutanasia, los contratos prematrimoniales, separar más a la Iglesia del Estado…

Pero existe otra razón por la cual no sale a la luz: porque no se disciplina a los designios del Ejecutivo; como ella misma dice, está más allá del bien y del mal. Nuevamente, según quién lo mire, puede ser una persona con un inmenso espíritu crítico, aunque para otros sólo se trate de “una loca”. Cabe destacar que lo mismo decían de Cristina Fernández de Kirchner, quien gozó siempre de muchísima más prensa.

También fue marginada en el reparto de las comisiones. Ahora integra siete, en todas ellas como vocal. Justicia y Asuntos Penales, Legislación General, Seguridad Interior y Narcotráfico, Trabajo y Previsión Social, Población y Desarrollo Humano, de apoyo a las obras del río Bermejo, Reforma del Estado y del Seguimiento de las Privatizaciones.

Votó en contra de la Ley de Acoso Sexual, se ausentó en la prórroga de deudores hipotecarios y en la sanción de la ley de contraconcepción quirúrgica. Dio su voto a los superpoderes, pero critica que el Congreso ceda facultades.

Pero la nota de color la dio cuando se debatió convertir en feriado el 24 de marzo. “La mejor forma de hacer olvidar algo a los niños y a los jóvenes es imponerlo como feriado”, dijo. Acto seguido, pronunció un párrafo que merece ser transcripto: “Por eso le dije al presidente de mi bloque, el senador Pichetto -que por cierto me trató con suma consideración y no me exigió nada-, que no iba a hablar, que me iba a retirar. Pero después de un examen de conciencia y en virtud de encontrarnos ante una cuestión de verdad me dije: ‘No puedo mentir’. Si soy una señora de, una señora gorda acomodada sentada en esta banca, que me han prestado porque en las demás no entro, y si por obediencia debida salgo y no hablo, ¿qué le puedo pedir a los que yo condené votando la derogación de la ley de obediencia debida? ¿Qué les puedo pedir a esos conscriptos o a esos cabos con un sueldo miserable que les ordenaban matar o torturar? Al menos tengo ante mi conciencia que dar este testimonio. Me voy a abstener en esta votación, señor presidente”. Acto seguido aclaró: “No quiero que se involucre al presidente de mi bloque, que no me ha presionado, ni a ninguno de mis compañeros, y menos al vicepresidente. Y, por favor, que tampoco se considere que mis palabras son las de mi gobernador, que es mucho más joven que yo y no tiene mi historia”.

Senadora prolífica

Desde que es senadora, es decir el 10 de diciembre del año pasado, Bortolozzi presentó 37 proyectos de ley, junto a sus 15 empleados. Su declaración jurada aún no figura en la web del Senado ni tampoco la presentó ante las ONG. La legisladora ya gastó el tope de los subsidios y becas que puede asignar. La Casa Cuna Santa Teresita del Niño Jesús recibió 20.000 pesos, mientras que 10 chicos recibieron becas de mil pesos cada uno.

Claro que -como fue diputada- aún tienen estado parlamentario muchos proyectos que ella presentó en esa Cámara.

Sin dudas, muchos de sus proyectos dan que hablar, no sólo por sus características en sí, sino además por quién es la persona que los presenta.

Adriana Bortolozzi propone modificar la ley que despenaliza el aborto. “El Código Penal permite el aborto cuando está en riesgo la salud o la vida de la madre. Lo único que yo digo es que ese riesgo sea tomado como lo toma la Organización Mundial de la Salud, que habla de salud física, psíquica y social”, explica. También solicitó que se lo permita en caso de violación. Para todos los casos, pidió que no sea necesaria la autorización judicial.

– ¿Qué le dicen los curas? -le preguntó Parlamentario.

– Me hacen planteos porque creo que no se comprende el tema. Pareciera como que todos tienen que abortar si la mujer es violada. El tema es que la mujer tenga el derecho. También quiero evitar que se judicialice. Porque si no pasan los tres meses y deja de ser un aborto y se convierte en infanticidio, figura que también se debería rever. También tengo un proyecto para cuando el feto es anencefálico, que como el feto no tiene cerebro tiene muerte cerebral, que es el mismo criterio que se usa para determinar la muerte con los trasplantes de órganos.

También tiene otros dos proyectos en los que se enfrenta con la Iglesia. El primero es una versión aggiornada de la eutanasia o muerte digna: se trata de un proyecto sobre “disposiciones anticipadas” o “contrato en vida”. La idea es que la persona -cuando goce de buena salud- pueda decidir cómo pasar sus últimos días, en caso de estar en estado terminal. “Cuando yo era chica no se hablaba ni de sexo ni de muerte. Ahora se habla de sexo, pero de muerte se sigue sin hablar”, se ríe la legisladora y explica: “Estoy con la idea de la muerte digna y los derechos de los pacientes y que los familiares respeten la última voluntad: por ejemplo, que en estado terminal no quiera recibir medios artificiales de vida. Así como hay un derecho a vivir, también hay un derecho a morir de manera humana”.

El último proyecto que la enfrenta con la Iglesia es el que propone cambiar el status jurídico de esta institución y eliminar su carácter de público. ¿Es esto un ataque a la Iglesia? Ella dice que no, e insiste en reafirmar su catolicismo pese a que propone que el Estado deje de financiarla. “El problema es que como los católicos no ponemos nada de nuestro bolsillo, no nos comprometemos con nuestra religión. Pienso que eso deberíamos revertirlo. De a poco, los fieles deberíamos aportar más a la Iglesia y lograr la separación de la Iglesia y el Estado, por el bien de todos”, opina.

Pero además de estas propuestas que la enfrentan con la Iglesia, tiene otras también polémicas. Legalización de la marihuana para uso terapéutico, la posibilidad de que una persona adopte legalmente a los hijos de su cónyuge, ley de protección a los animales, un banco nacional de datos genéticos o fertilización asistida, son tal vez las más resonantes.

Radiografía

¿Quién es esa señora? Parlamentario consultó a su rival en las últimas elecciones, el senador Luis Pettcof Naidenof, quien respondió en términos muy elogiosos. “Es una topadora -dijo, aclarando que no aludía a cuestiones físicas-; tiene un gran trabajo en la provincia y es muy respetada, incluso más que su marido”.

“Pese a estar en veredas opuestas -agrega-, es una mujer con la que se puede hablar y llegar a consensos. Nuestro problema es con el gobernador de la provincia, que es un autoritario”.

Mientras tanto, ella insiste en que a fin de este mandato como senadora se retirará de la política. “Soy humanista. Tengo sobre mí el fracaso de mi generación, que no pudo crear una Patria justa, libre y soberana. Adriana Bortolozzi: una senadora a la que habrá que mirar de cerca.

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