El Congreso

Por Hugo Martini

“No se acepta ninguna modificación”. Ninguna otra expresión se repitió con más frecuencia en la Cámara de Diputados a lo largo de 2006. La formulaba, rutinariamente, un miembro del Frente para la Victoria al anunciar que ni una coma ni un punto podrían cambiarse sobre el proyecto que había enviado el Poder Ejecutivo.

Esta práctica autoritaria de la convivencia basada en la imposición pura y simple del número tuvo un final imprevisto: el miércoles 20 de diciembre pasado la mayoría se quedó sola, se transformó en minoría y no pudo seguir sesionando. La decisión sobre el tema no cambiaba la historia de la Argentina: se discutía el marco legal que regula un servicio de aguas corrientes. Sin embargo, el Frente para la Victoria fue abandonado no sólo por diputados de su mismo cuño sino también por varios de sus aliados del Peronismo Federal.

Es curioso el destino de los fraudes: el 6 de diciembre pasado el Frente para la Victoria aceptó que los 19 diputados del Peronismo Federal se transformaran en 22, mágicamente, con el único fin de hurtar a los 21 diputados de PRO-Propuesta Federal su derecho de nombrar al Vicepresidente Tercero de la Cámara. Cuando el miércoles pasado se levantó la sesión por falta de quórum estaban en el recinto, sosteniendo al gobierno, solo 14 de aquellos 23 aliados imaginarios.

Los tres párrafos anteriores parecen la descripción de una pequeña e intrascendente viñeta parlamentaria pero, sin embargo, permite lecturas que afectan al conjunto del sistema:

1. El Presidente debería ajustar su escala: todo termina, hasta la arrogancia del poder absoluto.

2. Los más importantes referentes de la oposición o sea, los que aparecen en los medios con más asiduidad, no deberían leer lo ocurrido en el Congreso como un efecto lateral de la política.

3. Son muchos, incluso en el gobierno, los que leyeron los resultados de Misiones como un desafío a la forma como el Presidente ejercita su legítima autoridad.

4. La falta de quórum desnudó una crisis en el corazón del gobierno: el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) liderado desde 1979 por un íntimo y originario aliado del Presidente, Horacio Verbitsky, publicó un estudio oponiéndose al proyecto en términos tan duros y consistentes como si lo hubiera realizado cualquier dirigente opositor.

5. La propuesta del gobierno sobre la regulación de AySA deja abierta la incógnita sobre el futuro ideológico de Kirchner y de sus socios: ¿ésta es una crisis dentro del gobierno que el Presidente tolera, fomenta, o que no puede controlar?

La Argentina pública –desde la oposición a los medios de comunicación- debería aceptar que el ámbito físico, casi geográfico, donde el gobierno tiene una oposición concreta es en el Congreso de la Nación.

Una frase de moda dice: “la oposición no existe”. La idea es tan permanente como las modas: la realidad dice, simplemente, lo contrario. Si preocupa la suerte de las instituciones –suponiendo que esta preocupación no sea, también, una moda- la oposición mostró que existe y actuó en las cinco oportunidades que tuvo que votar en defensa de esas instituciones.

¿Cuándo?

En el tratamiento de las modificaciones al Consejo de la Magistratura (febrero), en la reglamentación de los Decretos de Necesidad y Urgencia (julio), en la ratificación de la llamada ley de Superpoderes (agosto), en la prórroga de la ley de Emergencia Económica (noviembre) y en el debate de la ley de Presupuesto 2007 (diciembre),

En todos estos casos –más en la paralización del debate sobre el marco regulatorio de AySA- entre 80 y 90 diputados que representan casi cuatro de cada diez votos, votaron constantemente en defensa de las instituciones. Si no pudieron cambiar el resultado quiere decir que no alcanza con ese número y la enseñanza es que en las elecciones de 2007 todos los que protestan contra Kirchner tienen que votar en la misma dirección de su protesta y no seguir votando para que todo siga igual.

El balance de 2006 dice que el Presidente sigue ganando porque puede cambiar: participó en la campaña de Misiones, perdió y reaccionó. Los líderes de la oposición, en cambio, no se involucraron directamente en Misiones, el resultado los benefició y no aprendieron que la victoria de Piña fue el resultado de una tremenda vocación de unidad. El Congreso por su parte mostró, antes y después de Misiones, que es un ámbito de convivencia en el que se articula el acuerdo político más allá de los partidos y de los bloques.

La perspectiva de 2007 indica que no solo habrá elecciones presidenciales sino que se elegirá la mitad de los diputados, un tercio de los senadores, mas de 1000 intendentes y concejos deliberantes , 21 gobernadores de provincia y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esta será una gran oportunidad para mejorar las criticadas prácticas políticas de la Argentina. Porque la realidad dice que cuatro de cada diez votos no son suficientes para cambiar el curso de las cosas.

Es bueno que sepan los que protestan contra el Presidente y contra la política en general –desde ciudadanos independientes a empresarios que se quieran comprometer- que las cosas no cambiaran solas: participar y apoyar son los verbos de un cambio que sería importante que, en 2007, no quede en palabras.

¡Feliz Año Nuevo!

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