El proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Reservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial se aprobó en general y quedó pendiente la votación en particular. Conozca que se dijo en la caliente sesión.
Parlamentario.com publica a continuación la versión taquigráfica peliminar.
RÉGIMEN DE PRESUPUESTOS MÍNIMOS PARA LA PRESERVACIÓN DE LOS GLACIARES Y DEL AMBIENTE PERIGLACIAL
AQUÍ ORDEN DEL DÍA Nº 385
Sr. Presidente (Fadel).- En consideración en general el dictamen de mayoría de las comisiones de Recursos Humanos y Conservación del Ambiente Humano y otra, recaído en el proyecto de ley venido en revisión del Honorable Senado sobre régimen de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente periglacial.
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MOCIÓN
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.
Sr. Rossi (A.O.).- Señora presidenta: este es un tema que esta Cámara y el Senado han tratado en varias oportunidades y que ha generado debates y polémicas, muchas de ellas encendidas.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.
Sr. Rossi (A.O.).- El Senado de la Nación construyó el año pasado una sanción unánime, después del veto por parte de la presidenta de la Nación a la ley que había sancionado este Congreso. Esa sanción que fue aprobada por unanimidad de los bloques políticos integrantes del Senado fue girada a la Cámara de Diputados, no tuvo tratamiento en el período parlamentario que finalizó el año pasado, y este año, en una reunión conjunta de las comisiones de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano y de Minería a las cuales había sido girado el tema se emitieron dos dictámenes.
El dictamen del oficialismo ratifica la sanción venida del Senado, recaída sobre el llamado “proyecto Filmus”, pero en realidad apoyado por senadores de distintas bancadas. El otro dictamen fue acompañado por el diputado Bonasso y la mayoría de los otros bloques.
Todos sabíamos que esta sesión estaba programada para tratar el tema en cuestión. A partir de un debate y una gestión que nosotros reivindicamos, hubo una serie de encuentros entre el senador Filmus y el diputado Bonasso a fin de lograr consensuar o acercar las posiciones de ambos proyectos.
Producto de esos encuentros –sobre los que estuve informado por parte del senador Filmus se llegó a un borrador de acuerdo entre las dos iniciativas, que estuvo elaborado ayer a última hora y recién hoy a la mañana se repartió y fue circulado vía mail a todos los diputados.
Como habitualmente hacemos en una reunión previa a esta sesión convocamos a nuestro bloque e informamos a los compañeros diputados de todo esto que acabo de mencionar y que algunos diputados sabían qué había sucedido fundamentalmente ayer martes.
Nosotros somos un bloque numeroso, que cuenta con 87 diputados. Todos sabemos que éste es un tema que tiene impacto distinto según se trate de las provincias cordilleranas o de las que no lo son.
Cuando se dio el debate sobre la ley de presupuestos mínimos para bosques nativos, también tuvimos un debate de estas características hacia el interior de nuestro bloque.
Sin dejar de reivindicar en absoluto el esfuerzo y el reconocimiento a lo hecho por el señor diputado Bonasso y por el senador Filmus para lograr este borrador de acuerdo, muchísimos de nuestros diputados plantearon en el bloque la necesidad de tener un tiempo mayor que el de la hora previa al ingreso a la sesión, para analizar el tema.
En verdad nos resulta absolutamente razonable la posición ante un tema con tanto camino recorrido en el Congreso de la Nación, con tantas horas de debate en este Parlamento y que ha logrado un punto de acuerdo. Pero entendemos que no debe generarse ningún tipo de daño en que el acuerdo pueda ser analizado por la totalidad de los diputados en forma fehaciente y responsable, y en ese sentido el tratamiento de este tema puede postergarse por 15 días, que es la propuesta que venimos a hacer aquí, es decir para la primera semana de agosto, cuando se realice la próxima sesión de la Cámara de Diputados. Nos parece que es un tiempo razonable.
Quiero destacar que éste es un tema al que ya hice referencia en cuanto al impacto que tiene según la ubicación geográfica de las distintas provincias. Es una cuestión que tiene un impacto público mayor en distintas provincias y muchísimas legislaturas provinciales han abordado el tratamiento con leyes provinciales. Algunas las han dictado y otras están en tratamiento.
El pedido realizado por nuestros diputados, al que el bloque accedió absolutamente, nos parece muy razonable. En verdad hemos transitado todo este camino, hemos ido al Senado, la cuestión ha vuelto a esta Cámara de Diputados y sabemos que este proyecto de ley tampoco hoy –me refiero al acuerdo que se logró puede ser aprobado para ser convertido en ley porque al modificar la sanción del Senado necesariamente tiene que regresar a esa Cámara para su ratificación.
Por todo lo señalado nos parece razonable la solicitud que venimos a realizar. La mayoría de nuestros diputados, como debe haberle pasado a todos los bloques, se encontraron con el texto del acuerdo durante el día de hoy a pocas horas del inicio de la sesión. Este es un tema lo suficientemente importante como para que merezca un análisis reflexivo y exhaustivo en cada uno de sus aspectos.
En ese sentido voy a pedir como moción de orden, según el inciso 7º del artículo 127 del Reglamento, que se aplace la consideración del asunto pendiente por un tiempo determinado, y que se trate en la primera sesión que tengamos después del receso invernal, que entiendo será en la primera semana de agosto, por supuesto reconociendo los
esfuerzos hechos por el senador Filmus y el diputado Bonasso para encontrar un punto de acuerdo y de consenso.
A fin de que las cosas terminen bien, me parece absolutamente razonable la petición que hemos realizado. Así también lo ha entendido mi bloque ante la solicitud de la mayoría de sus integrantes.
Sr. Presidente (Fellner).- Han solicitado la palabra los señores diputado Bonasso, Pinedo, López Arias, Aguad.
Se trata de una cuestión de orden. Si hace uso de la palabra un diputado por bloque, seguramente nos pondremos de acuerdo y evitaremos debatir una moción de orden. No es de interés de la Presidencia quitar el derecho al uso de la palabra, pero es una moción de orden, que debe votarse sin discusión.
Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Bonasso.- Señor presidente: acudiendo a mi vieja profesión de periodista, quiero dar una primicia al cuerpo: acabamos de recibir la llamada del senador Filmus, que dijo que en principio pensaba apoyar al bloque del Frente para la Victoria en su pedido de demorar quince días el tratamiento, pero si me rehusara –como efectivamente ocurrirá , él mantendría los términos del acuerdo al que llegamos hace pocos días y propondría que se vote por la afirmativa este acuerdo en el Senado de la Nación.
Esta es la primicia, y la noticia es que no vamos a aceptar la postergación, porque hace tres años que esta iniciativa está en danza de mala manera.
Fue aprobada en comisión en 2007, después fue sancionada por unanimidad en la Cámara de Diputados y lo mismo ocurrió en el Senado. Más tarde se produjo su veto, que el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Enrique Martínez, calificó correctamente como el “veto de la Barrick Gold”, aludiendo a la compañía canadiense cuyos intereses se ven perjudicados por esta iniciativa.
La norma fue vetada por la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, que el otro día desgraciadamente nos sometió al triste espectáculo, junto con el gobernador de San Juan y otros gobernadores de las provincias cordilleranas, de reunirse durante tres horas con un señor que fundó su compañía, la Barrick Gold, con el dinero del principal traficante de armas del mundo de aquel momento, que era Adnan Khashoggi.
Pensaba hacer un discurso diametralmente opuesto a este, pues iba a celebrar la inteligencia, la reflexión e, incluso, el patriotismo -en estos tiempos de Bicentenario convendría calificarlo así de dirigentes de la clase política, a partir de la posibilidad de acuerdo entre la Cámara de Diputados y el Senado para destrabar una ley que es vital para la Nación.
Creo que coincidirán conmigo las organizaciones ambientalistas y las asambleas de vecinos que están escuchando este debate en cuanto a que lo que estamos discutiendo no es una cuestión paisajística o menor, sino una concepción férreamente ecologista frente a una posición desarrollista.
Todos queremos el desarrollo económico de la República Argentina, pero no a costa del agua. No lo queremos para que en la mina de Veladero se siga actuando sobre áreas periglaciares, violando una ley que estaría vigente si no se hubiese vetado.
Tampoco queremos que se sigan utilizando 80 millones de litros de agua por día, que en el caso de que se haga el megaemprendimiento minero de Pascua Lama, que ya está en operaciones, sería tres veces más grande, por lo que insumiría –a ojo de buen cubero 240 millones de litros de agua por día, que es lo que consumiría un millón de habitantes de una zona urbana.
Lo que está en discusión es el agua, y voy a revelar cómo fue el acuerdo con el senador Filmus para que la Cámara, los medios de comunicación y la opinión pública lo sepan. También tienen que conocer qué oscuras maquinaciones del lobby de la Barrick Gold están detrás de todas estas postergaciones, del veto y de esta discusión.
Después del debate público que sostuve con el senador Filmus, me pidió que mantuviéramos una reunion, que en principio debía ser reservada. Con todo gusto se la concedí y esa reunión se realizó hace dos días. En ese encuentro el senador Filmus me dijo que no era un empleado de la Barrick Gold, que quería que se sancionara una ley de protección del ambiente y que estaba dispuesto a aceptar un principio fundamental contemplado en el proyecto de ley de la diputada mandato cumplido Marta Maffei.
Justamente, esa es la iniciativa que nosotros estamos defendiendo. Aquí no hay un proyecto “Filmus” y un proyecto “Bonasso”. Aquí no estoy defendiendo ninguna propiedad intelectual; en todo caso eso lo hago como escritor, cuando escribo un libro. Lo que estamos analizando es muy importante, porque el proyecto sancionado por el Senado -al cual recién aludió el señor diputado Rossi- no protege las áreas periglaciares. Además, contiene una definición de área periglacial distinta de la que figura en el artículo 2° de este proyecto.
En esa extensa reunión el senador Filmus planteó que en nuestra iniciativa hablamos de área periglacial de alta montaña, con lo cual quedarían desprotegidos los glaciares de baja y media montaña. Le dije que estábamos dispuestos a agregarlos.
También le señalé al senador Filmus que cualquier modificación al dictamen de mayoría de las comisiones de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano y de Minería de esta Honorable Cámara de Diputados de la Nación que apuntara a proteger aun más las áreas periglaciares, es decir, que buscara proteger el agua de todos los argentinos, sería bienvenida. Pero le aclaré que por una cuestión de principios iba a rechazar cualquier palabreja, cualquier definición técnica y cualquier coma que modificara ese sentido protector que se vincula con el derecho ambiental y que es fundamentalmente preventivo.
Tengamos en cuenta que cuando se consuma un desastre ecológico -como el que nos van a dejar en Pascua Lama- no hay manera de arreglarlo. Tan así es que la compañía Barrick Gold no ha logrado que alguna aseguradora le extienda una póliza de seguro ambiental para ese proyecto binacional.
Ese proyecto también tendría que ser analizado desde el punto de vista fiscal. Esto es algo que hemos tratado en la Justicia junto con la señora diputada Reyes, donde también hemos abordado el tema del posible tráfico de influencias por parte del secretario de Minería Jorge Mayoral, del gobernador de San Juan José Luis Gioja y del senador nacional César Ambrosio Gioja, en función de sus intereses mineros en relación con la Barrick Gold, que son muy concretos.
También habría que investigar el acuerdo fiscal argentino-chileno, respecto del cual el secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa no quiso brindarle información a la señora diputada Reyes. Justamente eso fue lo que le pedimos al juez Martínez De Giorgi, a cargo de Juzgado Federal N° 2, para que nos pusiera en conocimiento de ese convenio.
Sr. Presidente (Fellner).- Señor diputado Bonasso: con todo respeto debo decirle que todavía no estamos discutiendo la cuestión de fondo. Se ha formulado una moción de orden y se tiene que votar.
Sr. Bonasso.- Señor presidente: ¿sabe para qué necesitan tiempo los señores de San Juan? ¡Para sancionar leyes provinciales que entren en conflicto con la ley nacional! ¡Por eso, no les vamos a dar ningún tiempo!
Sr. Presidente (Fellner).- La Presidencia solicita a los señores diputados que se refieran exclusivamente a la moción de orden.
Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Pinedo.- Señor presidente: había solicitado la palabra porque pensé que podíamos arribar a algún acuerdo constructivo en base a la propuesta que había formulado el
señor diputado Rossi. Pero la posición del señor diputado Bonasso parece bastante clara. Si esa es la posición, no tenemos problema en dar el debate.
También hemos intentando acercar posiciones con el señor diputado Bonasso. Le hemos hecho otras propuestas en base a conceptos emitidos por él. No hemos obtenido respuestas y ahora nos estamos enterando de este acuerdo que ha hecho con el senador Filmus, que nos parece que está mal. Lo estamos leyendo pero si quieren tratar el tema, no tendremos problema en hacerlo.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Carrió.- Señor presidente: lo acordado era tratar el tema. Esta solicitud de postergación, que fue pedida en el cuarto intermedio y rechazada por los bloques de la oposición, ahora aparece intempestivamente aquí. Me parece que no es una buena conducta. Hay que votar porque es lo que especifica el reglamento. Pero no es la conducta que en realidad toda la Cámara se merece para su funcionamiento.
De todas maneras, es evidente el lobby de la Barrick Gold.
Acompañé al señor diputado Bonasso y a la señora diputada Reyes, y quiero contar una anécdota. A uno lo paran hasta en la calle. Vamos a un almuerzo con empresarios y hay tres de las mineras. Uno va caminando por la calle y lo paran.
Sr. Rossi (A.O.).- ¡A mí no me paró nadie!
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Fellner).- La Presidencia solicita a los señores diputados que hagan silencio.
Continúa en el uso de la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Carrió.- Señor presidente: lo que quiero decir es que estuvo muy claro quiénes empezaron a hacer esta movida para impedir esta sesión. Son todos diputados del PJ de San Juan. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Salta.
Sr. López Arias.- Señor presidente: antes que todo deseo hacer un par de aclaraciones.
En primer lugar, no tengo absolutamente nada que ver con la Barrick Gold. En segundo lugar, mi provincia de Salta todavía no tiene minería metálica. En realidad, lo único que hacemos es extraer bórax de los salares, y tenemos un yacimiento de litio que está en conflicto con Catamarca. No hay mucho más que eso.
Sin embargo, tenemos una serie de expectativas en cuanto a que Salta alguna vez pueda ser una provincia minera. Creo que esto es legítimo, porque existen posibilidades de extraer riquezas, y de generar empleos y puestos de trabajo. Debe ser hecho con una reglamentación muy estricta en lo ambiental. Estoy absolutamente convencido de que debemos ser durísimos en el tema ambiental.
Además, ninguna provincia argentina se queda con la vieja regalía minera, que era un gran negocio para las mineras. Todas las provincias, cada vez que se está por aprobar algún tipo de proyecto, de alguna forma se asocian como para poder recaudar un poco más de lo que establece la vieja regalía minera. La expectativa que tiene mi provincia es legítima.
Voy a contar una pequeña anécdota. Hace algunos meses tuve oportunidad de almorzar con el intendente de la segunda región de Chile en Antofagasta, quien por sus funciones es el equivalente al gobernador. Era de la Concertación, o sea, se iba junto con la presidenta Bachelet. Había dejado el cargo pero me decía mientras estábamos almorzando que se sentía muy satisfecho porque su región tenía la mitad del desempleo de la media nacional y el doble del ingreso de lo que era la media nacional. Existía un verdadero reparto social de la riqueza, por lo que había mejorado notablemente el nivel de vida de su región. Es algo a lo que podemos aspirar siendo muy duros y firmes en el cuidado ambiental, aspirando a tener un
desarrollo de actividades. Digámoslo: la civilización humana no sería posible tal como está hoy si no existiera la explotación de hierro, cobre, etcétera, todo lo cual es legítimo, aunque debe hacerse de manera cuidadosa.
Coincido con el diputado Bonasso –y se lo dije muchas veces en que hay que proteger los glaciares, e incluso acompaño su proyecto en todo sentido. Pero siempre le planteé –y lo vengo repitiendo como una mula que estoy dispuesto a hacer eso en la medida en que tengamos una definición precisa de lo que son los periglaciares. En todo lo demás estoy de acuerdo y levanto las dos manos para votar.
No tengo nada que ver con ningún otro interés que no sea el de mi provincia, e inclusive hice llegar al diputado Bonasso una propuesta que entiendo razonable a fin de que en el artículo 2° se diga lo siguiente: “Se define como ambiente periglacial a la zona vinculada a los glaciares activos funcionales que presentan suelos congelados de forma perenne y que regulan junto con el glaciar de que se trate los volúmenes de agua de la cuenca hídrica asociada.”
¿Por qué digo esto, señor presidente? El diputado Bonasso me dijo que no era necesario hacer nuevas modificaciones y que había acordado con el senador Filmus, lo cual me parece muy bien, pero sigo teniendo esta inquietud porque en la medida en que la definición de periglaciares no tenga una mayor precisión podemos perjudicar una actividad lícita y legítima en mi provincia.
Entonces, a mí sí me parecería prudente –esto lo digo absolutamente a título personal, sin representar a mi bloque ni a nadie más disponer de algunos días a fin de discutir y tratar de lograr estas precisiones que para la tranquilidad de mi provincia sería realmente algo muy importante.
Reitero que digo todo esto queriendo defender los glaciares y dispuesto a acompañar el proyecto del diputado Bonasso. Pero creo que hacen falta algunas precisiones.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por La Rioja.
Sr. Martínez (J.C.).- Señor presidente: en la reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria se decidió la consideración de estos proyectos. De manera tal que estamos en condiciones de dar el debate de acuerdo con las convicciones de cada uno.
Entiendo que hemos dispuesto del tiempo suficiente ya que este tema lleva cerca de tres años tratándose en esta Cámara. Por eso a nuestro bloque no le parece que sea necesario contar con catorce o quince días más para su estudio.
En consecuencia, vamos a rechazar este pedido que formulan quienes no conceden los tiempos necesarios donde ellos tienen mayoría. En las legislaturas de Jujuy y de La Rioja los proyectos sobre glaciares se han tratado sobre tablas y a libro cerrado sin dar ninguna posibilidad de debate. Pedimos a quienes hoy quieren disponer de catorce días más, después de haber discutido este tema durante tres años, que por lo menos tengan un poquito de consideración donde ellos tienen mayoría, ya que allí no permiten ni un día de debate.
Por otra parte, me parece muy positivo para esta Cámara que el senador Filmus haya accedido a la incorporación de temas fundamentales, que ya abordaremos cuando entremos en la consideración de tema. Digo que ha sido muy positivo porque logró poner blanco sobre negro en esta cuestión y dejó en evidencia que quienes se querían esconder detrás del proyecto de Filmus, por algunas falencias o falta de claridad que tenía, no tienen interés en defender los glaciares sino que lo que quieren es la explotación minera en sus provincias.
Por este motivo pedimos el tratamiento en este momento y rechazamos la moción por la cual se solicitan más días para el estudio del proyecto. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Solanas.- Señor presidente: el interbloque Proyecto Sur apoya decididamente el proyecto de protección de los glaciares, iniciativa original de la diputada Maffei, que
fue retomado por nuestro compañero Miguel Bonasso, porque después del trámite demorado y vergonzoso que ha sufrido –ya se mencionó el veto semanas después de haber sido aprobado por unanimidad , consideramos que es un tema crucial para los argentinos.
Estamos hablando de la fuente de vida: el agua. Sólo el 3 por ciento del agua que cubre el planeta es potable, y dos tercios de ella se alimenta con agua de los glaciares. Las posiciones que conciben que por encima del agua y de la vida están los proyectos, los modelos económicos y la búsqueda de la renta, ya pusieron el ojo en la Cordillera de los Andes. Esto tiene historia y viene de lejos. Tanto le pusieron el ojo, que ya a fines de los años 80 las corporaciones internacionales...
Sr. Presidente (Fellner).- La Presidencia solicita respetuosamente al señor diputado que sea breve, porque hay una moción de orden para postergar el debate.
Sr. Solanas.- Seré breve, señor presidente.
No hay ninguna justificación para que otra vez, después de haber pasado tantas semanas, se siga dilatando el debate. Lo que ocurrió en la Comisión de Minería es un ejemplo de lo que pasó en esta Cámara anteriormente. Dicha comisión celebró varias reuniones para considerar este tema; la primera de ellas se levantó por falta de quórum; la siguiente sí se llevó a cabo, pero finalmente se consideró en otra reunión posterior. Esto sucedió en la primera mitad del año. Obviamente no hay voluntad de debatir.
Hay un clan, un grupo integrado por los delegados de la mayor corporación aurífera del mundo Barrick Gold , que está imponiendo una legislación minera antinacional desde los años 90, cuando José Luis Gioja era presidente de la Comisión de Minería de la Honorable Cámara y su hermano César presidía la Comisión de Minería del Honorable Senado. Acá está el otro hermano. Debemos acabar con el dominio, monopolio y dictamen de la empresa Barrick Gold y sus personeros en la Argentina contra la salud, el agua y el medio ambiente.
Las Legislaturas de siete provincias mineras se alzaron en contra y repudiaron la minería a cielo abierto con cianuro. El propio gobernador Gioja reconoce que se usa cianuro en Veladero. La Comunidad Europea acaba de prohibir el uso de cianuro en la minería. Todas estas cosas están en juego.
No hay ninguna garantía de que dentro de quince días tengamos quórum para tratar este tema o que nuevamente sea pateado hacia delante. Es responsabilidad de todos votar hoy la habilitación de este proyecto. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Alcuaz.- Señor presidente: voy a atenerme estrictamente al tema de la moción de orden.
Nuestro bloque acompaña por supuesto la postura del señor diputado Bonasso como lo hicimos con la firma del dictamen de mayoría, en coincidencia con lo señalado por el señor diputado Martínez hace un rato. Simplemente haré dos observaciones. Quienes hoy nos piden quince días, hace tres horas no dieron diez minutos en la Legislatura de San Juan para aprobar una ley de protección de glaciares como se les ocurría. (Aplausos.)
Por otro lado, tengo que decir que no es cierto que otros bloques no hayan estado enterados de cuáles eran las negociaciones que el señor diputado Bonasso tenía con el señor senador Filmus. Se puede estar en acuerdo o en desacuerdo con ello, pero todos los bloques, incluso los que hoy están diciendo que no se habían enterado, sabían lo que se estaba acordando. De modo que no debe tomarse el pedido del Frente para la Victoria como una excusa para patear este tema para adelante. Reitero: se puede estar o no de acuerdo, pero es necesario que cada uno manifieste su postura en esta sesión. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Catamarca.
Sr. Paroli.- Señor presidente: como representante del bloque del Frente Cívico y Social de Catamarca quiero adherir a los fundamentos de la moción del señor diputado Rossi, del Frente para la Victoria, porque como ciudadano de una provincia minera –y estoy orgulloso de esta actividad económica de mi provincia he sido sorprendido con este acuerdo.
Si bien es cierto que llegué tarde a la reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria, ello obedeció a cuestiones de horario del avión que me trajo. La provincia dispuso un vuelo específico para que yo pudiera participar en esta sesión.
Quiero dejar en claro –en función de lo que dijo el señor diputado preopinante que yo no he sido informado de este acuerdo sobre los dos proyectos que se quieren tratar en esta sesión. No soy socio ni tengo ninguna participación con la Barrick no sé cuánto. Y quiero decir que entre mis bienes personales lo único que tengo en oro es el pin que identifica a esta Cámara de Diputados.
Por lo tanto, adhiero a la moción de orden del Frente para la Victoria a efectos de que en mi provincia podamos analizar el proyecto en cuestión.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sr. Thomas.- Señor presidente: seré muy breve. Desde comienzos de la semana he participado durante horas y horas en diálogos con el señor diputado Bonasso y otros diputados de diferentes bloques y fundamentalmente con el senador Filmus. Por eso quería aclarar que en el día de ayer, consultado por mí, el senador me expresó que había acordado con los diputados del oficialismo, del Frente para la Victoria, este acuerdo que la verdad es que es algo para festejar con el que coincido plenamente, más allá de que pueda llegar a tener algunos aspectos perfectibles.
Fui informado de esta manera. Hemos dicho esta mañana de que el acuerdo era completo y global, y que íbamos a votar en conjunto este proyecto. De manera que en nombre de mi bloque vamos a rechazar la moción de postergar el tratamiento de este asunto, en el que por otro lado venimos trabajando desde hace más de dos meses en nuestro bloque. Hemos analizado distintas alternativas y creemos que ésta es la mejor. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Antes de dar la palabra al señor diputado Gioja, que ha sido aludido, procederemos a la votación.
Se va a votar la moción de orden del señor diputado Rossi en el sentido de diferir el tratamiento de este tema por quince días.
- Resulta negativa.
Sr. Presidente (Fellner).- Queda rechazada la moción. (Aplausos.)
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CUESTIÓN DE PRIVILEGIO
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por San Juan.
Sr. Gioja.- Señor presidente: la verdad es que... Qué sé yo. Tanta virulencia, tanta violencia, tanta grosería, tanta liviandad, tanta irrespetuosidad, tanta soberbia... Decía Sarmiento que la soberbia es producto de la ignorancia. Quiero entender que entre quienes hacen este planteo quizás mesiánico respecto de la minería hay algunos que tienen buena fe; pero hay otros que poseen una especulación que es digna de que la hablemos.
¡Aquí se dicen tantas estupideces, señor presidente...!
- Manifestaciones en las galerías.
Sr. Presidente (Fellner).- Ruego a la barra que mantenga silencio y respete al orador.
Sr. Gioja.- Se dice que en el emprendimiento minero se utilizan 230 millones de metros cúbicos de agua. Este dato proviene de una ignorancia absoluta. En principio, no se consume ni un litro de agua: sí se usa el agua pero, luego de utilizada, se clarifica y vuelve al río. Esta es una muestra de la cantidad de zonceras que se están diciendo. Además, se está vinculando al gobernador de la provincia y hay sujetos que han detenido a una diputada para decirle no sé qué cosa. Todo esto es de mal gusto.
No quiero asumir la defensa de nadie. Me comprenden las generales de la ley. Aquí sabemos que el gobernador de la provincia de San Juan, desde muy joven, ha militado en la Juventud Peronista. Todos son testigos. Ha sido diputado provincial y ha sido funcionario del primer gobierno peronista.
Voy a decir una cosa –el señor presidente también lo sabe : él y el senador han estado muchos años presos. No han estado trabajando en Tribunales ni han estado afuera mirando a la dictadura. Han estado presos. Hemos sido víctimas de esa oscura noche que le tocó vivir a la Argentina a partir de la toma de poder por parte de estos irresponsables extremos que se hicieron cargo de la administración del Estado nacional.
¿Saben otra cosa? Después fue diputado provincial, fue diputado nacional, fue vicepresidente del Senado de la Nación. Usted, señor presidente, ha compartido la banca con él. Fue vicepresidente del Senado de la Nación en momentos muy difíciles de la Argentina. No vamos a hacer cartel con esto, pero él tuvo una actuación que ayudó a la Argentina, junto con este Parlamento, a salir de la crisis. Esto también es cierto y hay que decirlo.
Y ahora vienen unos “lenguasuelta”, unos mesiánicos que se creen no sé qué –parece que Dios los ha puesto en este recinto , a decir quiénes son los buenos y quiénes somos los malos. Pero esto no es así.
Existe gente que administra el Estado que no es corrupta; existe gente que tiene historia política que no es corrupta; existen compañeros que con mucha capacidad de trabajo, con mucha voluntad, hoy en día administran la provincia de San Juan.
Quiero referirme a la especulación que surge a raíz de este dictamen. Parece que se ha debatido, pero no es así. Ni el primero ni el segundo: hace tres años que está pero nunca se debatió. Nunca se debatió.
Cuando la ex diputada Maffei –a quien respetamos mucho elaboró este dictamen, ingresó a la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano. Después apareció este señor, diciendo zonceras y ofendiéndonos, como presidente de dicha comisión. ¿Saben lo que hizo? Sacó dictamen y le pidió al presidente de la Cámara que no pasara por las otras comisiones, a lo que accedió.
¿Sabe otra cosa? El dictamen no pasó por la Comisión de Presupuesto y Hacienda, que es donde están los representantes de todas las provincias. Por lo tanto, eludieron el paso por esa comisión y por la de Minería.
Dicho dictamen fue llevado al recinto cuando se estaba tratando la ley de presupuesto y la de prórroga al impuesto al cheque, pero no se debatió en esta Cámara.
Cuando vino el otro proyecto hicieron exactamente lo mismo: este señor lo trabaja en la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano. No lo pasa...
Sr. Bonasso.- ¿Me permite una interrupción, señor diputado, con la venia de la Presidencia?
Sr. Gioja.- No, señor diputado. Quiero terminar.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Fellner).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por San Juan.
Sr. Gioja.- Señor presidente: la historia la conocemos todos. Viene el dictamen del Senado. Lo toma este señor, porque va a la comisión que preside. Se saca dictamen sin haber pasado por la Comisión de Minería, y se exige una reunión conjunta de las comisiones de Minería y de Recursos Humanos y Conservación del Ambiente Humano. En esa
comisión, al igual que en este momento muchos compañeros entre los que estábamos nosotros- pedíamos una semana o diez días para poder estudiar el dictamen. Pero no lo aceptaron; como siempre, aplicaron el número y hoy...
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Gioja.- ...se presenta como dictamen de mayoría curiosamente el que no viene del Senado y, cosa de locos, el que viene en revisión del Senado, aprobado por unanimidad en esa Cámara, llega como dictamen de minoría.
Sr. Presidente (Fellner).- Redondee su exposición, señor diputado.
Sr. Gioja.- Sí, señor presidente, pero la verdad es que hemos sido ofendidos muy feo. Venimos siendo ofendidos por esta suerte de complicidad que tienen los medios de comunicación que están en contra del gobierno, con estos señores, que también están en contra del gobierno. Se enlazan los intereses, y otro de los problemas de la especulación con este proyecto de ley es ver cómo jodemos al gobierno y a la presidenta de la Nación.
En consideración al pedido de la Presidencia de que redondee mi exposición sólo agregaré algo más. Nosotros en serio en la provincia de San Juan creemos que la minería es un factor de desarrollo; en serio creemos que el desarrollo tiene que ver con la redistribución, y en serio creemos que entre otras cosas hacer minería implica inclusión.
Sólo voy a dar un ejemplo a esos tarambanas que andan diciendo estas cosas por ahí. ¿Saben cuántas empresas trabajan alrededor de Veladero en San Juan? Quinientas empresas. ¿Saben cuánto invirtió en San Juan esta empresa de la que hablan estos señores? Mil quinientos millones de dólares. ¿Saben qué porcentaje de esos 1.500 millones corresponde a servicios? El setenta por ciento. ¿Saben cuáles son los mejores salarios privados que se pagan en el conjunto de las provincias? Los del sector minero sanjuanino.
Para hablar con claridad, un tema es el de los glaciares y otro el de la minería. Si querés hablar de la minería en serio, hagamos un debate como corresponde. Si vos me decís que estás preocupado por la propiedad de la empresa, las regalías o la contaminación, podemos conversarlo porque nosotros entendemos cosas distintas. No somos demonios, no somos tipos que como apareció en una película permitimos que la minería mate los patos y los gansos, se contamine el agua y producto de esa minería aparezcan señoras con cáncer. ¡Esto es una taradez mal! ¿Por qué? Porque entre otras cosas somos sanjuaninos, y el agua que nosotros tomamos y que tomarán nuestros chicos es de allí; no vamos a venir a tomar el agua del Riachuelo. ¡Estos son intereses nuestros, recursos nuestros! No tienen que jugar con nuestra libertad de elegir y decidir cómo desarrollamos y hacemos nuestra provincia.
Para terminar, señor presidente, le pido disculpas a usted y a los colegas si he tenido algún exabrupto, y solicito a la comisión que considere esta cuestión de privilegio que tenga en cuenta que nos hemos sentido ofendidos. Nosotros no tenemos lobbies con absolutamente nadie; lo único que pretendemos es gobernar la provincia como la venimos gobernando, y hacer de esto, que es nuestra vocación política, una vocación de servicio en orden a construir una sociedad más justa. Por eso solicito que esto se tome como lo que es: una ofensa para un diputado de la Nación. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- La cuestión de privilegio planteada por el señor diputado Gioja pasará a la Comisión de Asuntos Constitucionales.
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CUESTIÓN DE PRIVILEGIO
Sr. Presidente (Fellner).- Para una cuestión de privilegio, tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sra. Conti.- ¡Estamos muy reglamentaristas!
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sra. Conti.- ¡Estamos muy reglamentaristas, y si esta mayoría opositora impone un reglamento yo también lo quiero imponer!
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sra. Conti.- ¡El artículo 180 del reglamento establece que están absolutamente prohibidas las alusiones irrespetuosas y las imputaciones de mala intención o de móviles ilegítimos hacia las Cámaras del Congreso y sus miembros!
¡Sostener un debate preanunciado en cabeza de dos legisladores, donde se están haciendo imputaciones nefastas contra compañeros de mi bloque, donde otro grupo de diputados, agarrándose de una foto de la gira presidencial de estos días, han hecho denuncias penales porque les molestan tres banderitas en una foto de una presidenta que está administrando y defendiendo a la Patria fuera del país, me parece que es someter a este cuerpo a la violencia absoluta a que se refiere este artículo!
¡Señor presidente: como cuestión de privilegio voy a pedir, no que pase a ninguna comisión sino que se apliquen exactamente los llamados al orden que usted debe imponer si en algunos de los discursos que se pronuncien se vuelven a repetir palabras como que algunos acá somos empleados o conniventes de delito con alguna empresa! ¡En su caso, voy a dejar pedido el permiso para retirarme de la sesión, como también lo dice el reglamento, porque no voy a ser connivente con una Cámara del Congreso que se pasa la Constitución y el respeto de los argentinos por el lugar que menos le importa! (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene razón, señora diputada.
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RÉGIMEN DE PRESUPUESTOS MÍNIMOS PARA LA PRESERVACIÓN DE LOS GLACIARES Y DEL AMBIENTE PERIGLACIAL
(Continuación)
Sr. Presidente (Fellner).- Prosigue la consideración en general del dictamen de mayoría de las comisiones de Recursos Humanos y Conservación del Ambiente Humano y otra, recaído en el proyecto de ley venido en revisión del Honorable Senado sobre régimen de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente periglacial.
Para informar sobre el dictamen de mayoría, tiene la palabra el señor diputado por la Capital.
Sr. Bonasso.- Señor presidente: me hace gracia que la diputada Conti recién hablaba de improperios y demás, y simultáneamente el diputado Gioja –a quien no aludí sino a sus hermanos me acusaba de tarambana y mesiánico; y yo no lo acusé de chorro.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Presidente (Fellner).- Mantengamos el nivel, señor diputado. Lo llamo al orden, por favor. Dedíquese a informar sobre el dictamen de mayoría. Si lo explica ganamos todos y seguramente se va a poder sancionar el proyecto.
Sr. Bonasso.- Forma parte del informe establecer claramente qué intereses están en juego en este debate, de qué lado está la colonia y de qué lado está la Patria.
- Varios señores diputados hablan a la vez.
Sr. Bonasso.- De qué lado está la entrega, de qué lado está la fotito en los Andes para recordar la gesta de San Martín y después vender los territorios a la Barrick Gold y hacer una legislación para esa empresa, lo cual me parece un insulto al Libertador. (Aplausos.)
Vamos a defender la soberanía nacional le guste a quien le guste, le moleste a quien le moleste y le perturbe a quien le perturbe. (Aplausos.)
La primera manera de defender la soberanía nacional, como lo hicimos con la ley de bosques, es defendiendo aquello que es constitutivo de la vida. Los bosques son el aire y la posibilidad de ir anulando el efecto invernadero producido por el dióxido de carbono.
- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 2ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Susana Fadel.
Sr. Bonasso.- Costó mucho sancionar la ley de bosques, y mucho más costó que fuera reglamentada, lo que recién ocurrió cuando se produjo la tragedia de Tartagal.
Una ley es su letra, pero también su concepto y su espíritu, y es su historia. Esta ley tiene una historia. Varios de los diputados que aplaudieron los improperios aquí inferidos con particular insolencia, que no voy a tolerar, apretaron la tecla para votar afirmativamente cuando el proyecto de la diputada Marta Maffei, hoy mandato cumplido, se puso en consideración de este cuerpo, y se
votó, por unanimidad, y también por unanimidad se aprobó en el Senado de la Nación.
Aquí se produjo un dictamen de mayoría que no fue como nos han relatado. No es verdad lo que nos han dicho. El señor diputado Juan Carlos Gioja tuvo oportunidad de expresarse en dos ocasiones en la Comisión de Recursos Naturales que tengo el honor de presidir. Lo hizo plenamente y dijo lo que quiso.
Yo no forcé las cosas porque no puedo hacerlo: fue el reglamento el que me permitió convocar a una reunión conjunta de las comisiones de Minería y de Recursos Naturales para que este proyecto de ley, que tiene dictamen de mayoría, pudiera ser considerado nuevamente por el cuerpo debido al veto. Eso se debió a que cuando planteamos la insistencia, como recordará muy bien el señor diputado Macaluse –en ese momento tuvo una intervención muy solidaria, planteando justamente un apartamiento del reglamento le ganamos nominalmente la votación al Frente para la Victoria pero, obviamente, por el apartamiento del reglamento hacía falta una mayoría súper calificada.
Digo esto para que vayamos viendo cuántas veces fue estudiado lo que ahora piden estudiar. Claro: algunos no tendrán dotes intelectuales para entender lo que figura en la letra de la norma y entonces pedirán la eternidad para estudiarla. Así seguirán pidiendo postergaciones y más postergaciones.
Yo no tengo por qué hacerme cargo de los problemas internos del bloque oficialista. Yo fui visitado por el senador Filmus –lo reitero para que me escuche la prensa de todo el país y lo copie fielmente hace 48 horas, a las 7 y media de la tarde.
Voy a seguir explicando qué pasó: el senador pidió algunas inclusiones en el dictamen de mayoría que sancionó el Senado. Esas modificaciones fueron hechas porque, como dije antes, en vez de proteger menos el agua se la protegía mucho más.
Por ejemplo, en el artículo 1º -objeto de la ley- el senador Filmus estuvo de acuerdo con la definición que nosotros hicimos respecto de los glaciares y el ambiente periglacial. Pidió que se incluyera una expresión que figura en el Código Civil y nos pareció bien hacerlo: los glaciares constituyen bienes de carácter público.
En el artículo 2º del dictamen, que obra en las bancas de los señores diputados, al senador Filmus le preocupaba que la anterior definición del dictamen de mayoría hablara solamente de la alta montaña, a la que aludíamos, obviamente, porque en su gran mayoría el problema está justamente en los 4.500 metros de altura, donde están Veladero y Pascua Lama.
El senador dijo que eso dejaría desprotegidos a los glaciares que están en la media y baja montaña. Entonces, en ese artículo 2º se incluyó en la media y baja montaña el área que funciona como regulador de recursos hídricos con suelos saturados en hielo. Llegamos a este acuerdo y se incluyó en el artículo.
Si no recuerdo mal no hubo ninguna observación en cuanto al artículo 4º, sobre el inventario nacional de glaciares, que es una necesidad urgente del país porque tenemos que saber precisamente dónde está ese bien que queremos proteger, que es el agua, y también queremos saber quiénes pueden agredirlo, utilizarlo, malversarlo, corromperlo, degradarlo, o utilizarlo para fines que no son los del consumo o los fines que normalmente son los de las cuencas hídricas.
Hay algo que entendemos muy bien y que lo hemos hablado con los geólogos. Conviene explicarlo para que los diputados lo conozcan técnicamente. Estábamos en desacuerdo con la sanción del Senado y el senador Filmus aceptó nuestros motivos y los entendió.
Él defendía, dentro del área periglacial, exclusivamente a los llamados glaciares de escombros, que están tapados, es decir, debajo de la superficie. Pero este
no es el conjunto del área periglacial. Justamente en el palco de arriba hay un geólogo que me está escuchando, con quien he hablado de este tema y que me ayudó a hacer un croquis bastante didáctico e ilustrativo.
El glaciar se mueve en el área periglacial, que no es de hielo perenne como el glacial, como se considera erróneamente. Justamente cambia en tiempos de estiaje o estivales, y de su escurrimiento surgen las aguas que van a distintas cuencas hidrográficas y que muchas veces no pertenecen a una provincia en particular. Pueden atravesar el territorio de dos o más provincias, generando una situación parecida, por ejemplo, a la del Riachuelo, donde se presentan varias jurisdicciones: la nacional, la de la provincia de Buenos Aires, la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la de los municipios ribereños.
Esto significa que el agua escurre de las áreas periglaciales y suele ser de las más puras y potables. Es mejor que la del glacial y va a rellenar las cuencas hídricas, tornándose mucho más importante en zonas áridas.
Entonces, el senador Filmus –lo confirmó hace un rato está de acuerdo con las incorporaciones que hicimos. Por ejemplo, él planteaba que fuera responsabilidad del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales el inventario de glaciares, y así lo hemos incorporado.
También pudimos llegar a acuerdos en cuanto a las actividades prohibidas en las áreas de glaciares y periglaciales, que están definidas en el artículo 6° del proyecto de ley.
El senador Filmus tuvo la grandeza –que no han tenido algunos de sus compañeros de retirar un elemento que hacía al uso que se le puede dar al agua de los glaciares.
Así se habla de reservas estratégicas de recursos hídricos y se incorpora el detalle correspondiente del proyecto del senador Filmus, como el consumo humano, la agricultura, la provisión de agua para recarga de cuencas hidrográficas, etcétera.
Él también había incluido las actividades industriales. Es cierto que el agua se utiliza para ello, pero desmintiendo al diputado que habla de tarambana sin leer la iniciativa, también se usa agua de las áreas periglaciales para la gran minería a cielo abierto, que es absolutamente sedienta. Reitero los datos que dí y que pueden confirmar las organizaciones ambientalistas: Veladero gasta 80 millones de litros de agua por día.
Teóricamente se nos contó algo muy bonito: esa agua después se limpia mágicamente, como en una película de Walt Disney, hasta que reluce como un espejito celeste, con brillos y estrellitas.
El agua, en el caso de Pascua Lama, va a ir a una olla gigantesca de 400 metros de profundidad y 340 hectáreas de superficie, que es equivalente a la superficie del dique San Roque.
A esa superficie va a llegar la tierra molida, previamente dinamitada la roca, con esparcimiento de arsénico, en una verdadera lluvia ácida sobre glaciares y áreas periglaciares. El mineral, que viene fundamentalmente de Chile por lo tanto, paga impuestos en aquel país y no en la República Argentina , se va a mezclar con millones de litros de agua, que la Barrick paga igual que el pobre campesino que tiene algunas cabritas, una llamita o un huertito; es el mismo precio.
Esa agua –como decía- se mezcla con los minerales y se le agrega cianuro. Pero el cianuro no se incorpora con un cuentagotas; se utilizan decenas de miles de toneladas de cianuro, que son transportadas por las carreteras argentinas, porque en Chile se negaron a que los camiones de la Barrick Gold circulen por las rutas que utilizan los chicos para ir al colegio o el resto de la población para desarrollar sus actividades normales.
Cuando hablo del territorio argentino en realidad me estoy equivocando. Tengo que admitir mi error, porque hay un territorio que es de la Barrick Gold. Quizás esta sea la explicación de que hubiera tres banderas en el famoso almuerzo al que concurrió la presidenta de la Nación y el socio de un delincuente internacional, como lo es Peter Moon, con quien el gobernador Gioja se ha reunido varias veces.
La bandera de la Barrick Gold indica claramente que hay un territorio de la Barrick Gold. No sé si esto lo saben los señores diputados. Quizás el señor diputado Solanas pueda decirnos si la seguridad de la Barrick lo dejó pasar cuando fue a filmar al lugar. Ahí no hay gendarmes argentinos ni carabineros chilenos; ni siquiera hay aduana. Hay seguridad de la Barrick Gold. Por lo tanto, por ese lugar puede pasar un burro, una bomba atómica, un tarambana o 10.000 toneladas de cocaína. Lo que quieran pasar está fuera del control del Estado argentino. Sin duda habría que investigar qué significa esta especie de dedo en el trasero de la soberanía argentino. Aclaro que podría ser más crudo aún.
La verdad es que venía con la idea de pronunciar un discurso completamente distinto. Como quien dice, venia provisto de un ramo de olivos. Venía dispuesto a señalar que habíamos arribado a un acuerdo maduro y reflexivo. Lo único que me hacía dudar era cómo conciliar la foto de la presidenta de la Nación con Peter Moon y los cuatro gobernadores cordilleranos con el acuerdo que me vino a proponer el senador Filmus. Ahora me doy cuenta de que el poder de esa foto es más fuerte; esa foto es determinante.
Aclaro que no me interesa calificar a la oposición y al oficialismo, porque muchas veces he votado junto con ellos proyectos que me parecían correctos. Lo importante es saber si se puede confiar o no en ciertos acuerdos. Por lo tanto, teniendo en cuenta el discurso que originalmente pensaba pronunciar, debo reconocer que fui cándido e ingenuo. Me alegra que el senador Filmus igual me haya llamado para ratificarme que va a apoyar en el Senado lo que nosotros vamos a votar, porque de lo contrario tendría que dudar de mi propia conciencia. Tendría que ponerme a pensar si ese acuerdo realmente lo firmamos, si estuvimos o no de acuerdo, si discutimos o no artículo por artículo y si tuvimos en cuenta las observaciones de distintos legisladores, como la del diputado Mansur, de la Unión Cívica Radical, del diputado Thomas, del Peronismo Federal, y de la diputada Fernanda Reyes, que ha llevado a cabo una tarea de investigación muy buena.
Justamente a raíz de esa investigación el comentario que hice sobre el secretario de Minería no es baladí. Digo esto porque este secretario -que fue uno de los protagonistas del veto presidencial junto con el gobernador Gioja- tiene el domicilio de la firma Millstone, de la cual es presidente, en la calle Marcelo T. de Alvear 924 -creo que esa es la numeración correcta, aunque de todos modos figura en el expediente judicial-, primer piso, que también es el domicilio de Barrick Exploraciones Argentinas Sociedad Anónima. Además, el presidente de Barrick Exploraciones Argentinas, -¡oh casualidad!- es un
señor Celorrio, que también es presidente de Millstone, la empresa propiedad del secretario Mayoral. Entonces, si tiene piel de león, orejas de león, patas de león, cola de león, a lo sumo puede ser leona pero no lagartija. (Risas y aplausos.)
No es un problema de estar a favor o en contra del gobierno, como por ahí se dijo entre tantas imbecilidades que desgraciadamente tuvimos que escuchar. Hubiera estado muy contento de que el bloque del Frente para la Victoria hubiera votado el acuerdo alcanzado con el senador Filmus, porque sé que en sus fueros íntimos algunos de sus diputados que están sentados en este recinto incluso algunos que se fueron- coinciden con un servidor en la divisa principal que debe unirnos por encima de todos.
No queremos que las montañas de los Andes -que están en peligro, como muy bien dijo Pino Solanas- sean usadas para la explotación aurífera con cianuro, que ya ha sido prohibida en la Europa unida.
No queremos que sea para el bolsillo de unos pocos. Queremos que haya agua para todos los argentinos. Reiteramos –estoy seguro de que muchos de los diputados del Frente para la Victoria coinciden conmigo- que no queremos ser la Bolivia de Patiño, el rey del estaño, aquel del que hablaba Eduardo Galeano en su inolvidable Las venas abiertas de América Latina.
Bolivia también apostó a la riqueza minera y se convirtió en el país más pobre de Sudamérica. No deseo que sea el caso de la República Argentina. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por San Juan.
Sr. Tomás.- Señora presidenta: en primer lugar, quiero aclarar algunas cosas que no quedaron claras o se plantearon como confusas.
La Comisión de Minería de esta Cámara de Diputados desde un principio planteó la necesidad de tratar todos los temas de la comisión. No solamente lo planteó, sino que en reiteradas oportunidades se establecieron por sectores cada uno de los temas a tratar. Pero fue justamente la Presidencia de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano la que nos increpó e instó en cuanto a que nosotros no teníamos por qué tratar el tema de glaciares, a tal punto que nos dijeron que si no participábamos de la reunión conjunta de comisiones, igual iban a sacar dictamen.
Como siempre tuvimos intención de tratarlo –y por eso lo incluimos en el debate- asistimos a la reunión. No solamente que fuimos sino que también opinamos y, a partir de ahí, propusimos la aprobación del dictamen que hoy es de minoría. En virtud de la necesidad y la premura que tenemos las provincias cordilleranas de proteger nuestros glaciares, avanzamos teniendo en cuenta la sanción de la Cámara de Senadores para que el tema fuera tratado más rápidamente. Entendíamos que si se modificaba el proyecto, nuevamente tendría que volver a la Cámara alta. Y otra vez seguiríamos los de las provincias cordilleranas sin una ley que proteja a los glaciares.
El planteo que hace el presidente del bloque, diputado Rossi, tiene mucha coherencia y lo ratifica el discurso del señor diputado preopinante, cuando dice que hace cuarenta y ocho horas se reunió con el senador Filmus.
Valoro enormemente la predisposición del señor senador Filmus y la del señor diputado Bonasso, pero estamos tratando un proyecto de ley aprobado por unanimidad por el Senado de la Nación. No es el proyecto del señor
senador ni el del diputado Bonasso, sino que son dos dictámenes tratados en forma conjunta por ambas comisiones, que jamás rehusaron el debate ni esquivaron la discusión de ninguno de estos temas.
A partir de allí fue que nosotros seguimos insistiendo con este proyecto, por más que el diputado por Mendoza diga que ha participado. Yo lamento no haber participado como presidente de la Comisión de Minería. Ayer estuve todo el día en este Congreso de la Nación, y me hubiera gustado opinar y participar. Sin embargo, me enteré esta mañana por los diarios Clarín y La Nación que habían planteado un proyecto conjunto. Entonces, al igual que el diputado por Catamarca que recién hizo uso de la palabra y que no es de mi bloque, todos –por lo menos los de mi bancada nos vimos sorprendidos por este acuerdo al que se arribó. Y con ilusión y esperanza esperábamos que se hubiera logrado un acuerdo equilibrado y no a una cuestión extremista.
Lamentablemente no es así, primero, porque se eliminan las definiciones de glaciares glaciares cubiertos, glaciares descubiertos y glaciares de escombros. No sé a qué se debe esto. ¿Saben cuál es el gran problema de todo esto, por qué se puede trabajar o no en uno o en otro lado? Porque no está claro cuál es el lugar. No se trata solamente de glaciares o periglaciares con suelos congelados. Si cualquiera de los diputados que están acá mira la cordillera desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego, se va a dar cuenta de que hay mucho suelo congelado, pero eso no es glaciar. El glaciar es un componente de hielo, de agua congelada, que tiene una base congelada. Y el periglacial solamente puede ser glaciar de escombros –si es que se lo quiere calificar de alguna manera porque también es agua congelada. Los suelos congelados no son glaciares, no producen agua potable ni de ningún tipo. Simplemente permanecen quince, treinta o sesenta días y luego se derriten. No son hielos permanentes.
¿Quieren que les diga más? El término periglacial ni siquiera figura en el diccionario de la Real Academia Española porque no existe, ya que todavía no hay acuerdo acerca del concepto y sus alcances. Si sumado a eso establecemos que en los suelos congelados –no estamos hablando de glaciares se prohíben un montón de actividades, pregunto a todos los legisladores aquí presentes –muchos de los cuales son de regiones cordilleranas y muchos otros de la Capital Federal cómo creen que podremos desarrollar nuestra provincia, que tiene más de un 80 por ciento de su territorio montañoso. ¿Cómo piensan que podemos desarrollar nuestra provincia si solamente tres valles constituyen el territorio que puede ser trabajado con vitivinicultura, olivicultura o pequeña ganadería, contribuyendo a evitar el desempleo de las zonas rurales con población dispersa y transformándolo en mano de obra para que la población pueda desarrollarse y quedar definitivamente incluida?
Este es el planteo y el desafío: proteger los glaciares y realizar nuestras actividades. Nosotros no podemos plantar soja o girasol. ¿Dónde podríamos hacerlo, si tenemos montañas y piedras? Además, tratamos de cuidar nuestro territorio porque tenemos un solo río. Aquí se ha hablado de millones y millones de litros, pero ¿saben cuántos metros cúbicos trae por segundo el río San Juan? No llega a 50 metros cúbicos por segundo. ¿Alguno de ustedes cree que con ese volumen de agua podemos gastar semejante cantidad de millones de litros de agua? Si tuviéramos esa cantidad seríamos Entre Ríos, Santa Fe o Córdoba. Pero nosotros tenemos un solo río y lo cuidamos, porque sabemos lo que es no tener agua. Nosotros tomamos agua de la canilla y no agua embotellada como toman todos acá en Buenos Aires. El agua nuestra es pura, es agua tratada y no contaminada como la del Riachuelo, respecto del cual existe una resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que todavía no se cumple.
A mí me gustaría, si me permiten que me meta, decirles cómo tienen que resolver acá el problema del Riachuelo. No me interesa que se inmiscuyan en los asuntos de la provincia de San Juan ni en los de ninguna de las provincias cordilleranas. Y aclaro que no soy socio de
ninguna empresa. Soy diputado por San Juan, y un peronista que viene militando desde hace muchos años. Nadie va a meterme en ningún negocio; yo trabajo y milito todos los días. Entonces, sugiero al señor diputado que haga su discurso y la denuncia que desea donde correspondan.
He visto fotos de playas de Punta del Este y escuchado decir que un empresario les ha prestado la casa. No voy a dudar acerca de si ese empresario pueda tener alguna connivencia; allá él o ella si prestó esa casa en Punta del Este, pero no se trata de ningún diputado de nuestro bloque ni de la provincia de San Juan.
Como no quiero alejarme de la realidad de la discusión, voy a reiterar algunos conceptos. El Senado de la Nación mejoró el proyecto vetado por la señora presidenta. De modo que hoy no podemos aprobar una iniciativa, por más que haya sido acordada, porque ni siquiera hemos podido estudiarla detenidamente. Se habrán puesto de acuerdo entre ellos, dos o tres, pero nosotros, que somos representantes de las provincias cordilleranas, no fuimos consultados y hubiera sido interesante exponer nuestras razones.
Por otro lado, quiero señalar que en el día de la fecha, haciendo uso de las facultades que otorgan los artículos 41 y 124 de la Constitución Nacional, compañeros del Peronismo Federal aprobaron por unanimidad una norma en la Legislatura de la provincia de San Juan. El Congreso puede dictar presupuestos mínimos, pero no puede avanzar sobre las jurisdicciones provinciales. Los recursos naturales –guste a quien le guste- son de dominio exclusivo de las provincias. (Aplausos.) Nosotros somos los dueños de los recursos naturales y de los glaciares, les guste o no. El agua es un recurso natural y dominio de la Constitución.
Entonces, hay que empezar a decir las cosas por su nombre. En la iniciativa del Senado no se habla solamente de glaciares de alta montaña. Recordemos que el Perito Moreno no es un periglacial sino un glaciar, y no se encuentra en alta montaña sino a 178 metros de altura. ¿Saben por qué esa norma fue perfeccionada? Porque hay jurisdicciones provinciales que tienen determinadas facultades y que no estaban contempladas en esta iniciativa que se pretende debatir, como la jurisdicción del sector antártico o los glaciares ubicados en parques nacionales.
Por estos motivos nosotros apoyamos el proyecto que ha sido mejorado en el Senado, porque tiende a proteger mejor la zona de glaciares. Este es el desafío. Además, dicha sanción establece la participación ciudadana, aspecto que no contempla la que se ha introducido nuevamente en esta Cámara.
Otro aspecto que no recordaba de la sanción del Senado es que acepta la posibilidad de monitorear el cambio climático. Recordemos que nuestro país ha firmado varios tratados en dicha materia. Entonces, hubiera sido muy importante poder debatir esta iniciativa que fue aprobada por unanimidad por muchos de los representantes de los diversos bloques de esta Cámara y del Senado.
Vuelvo a llamar a la reflexión. Las provincias andinas hemos sufrido durante muchos años el ostracismo, la falta de trabajo y de crecimiento. Queremos concretar la comunicación entre Argentina y Chile para tener abierto el mercado hacia el Pacífico desde Puerto Alegre, pasando por Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y La Rioja, pero no vamos a hacerlo, ¿saben por qué? Porque nos dirán que no podemos hacer un túnel donde hay que perforar la montaña, porque es zona de periglacial. No vamos a poder hacer la ruta 150,
que tiene tres túneles y siete puentes, porque es zona periglacial.
Nosotros no solamente cuidamos el agua sino que como es un elemento que no nos sobra, como ocurre en muchas provincias del país –que cuando decimos que son más ricas es porque tienen más agua que nosotros , la cuidamos y protegemos a través de diques. Nosotros tenemos tres diques construidos, y eso se considera zona pleriglaciar. Es más, no se incluye la generación de energía hidroeléctrica, que para nosotros es fundamental y para el país es clave, porque incorporamos energía hidroeléctrica al sistema interconectado del país.
Así es San Juan; así son las provincias cordilleranas. Nosotros queremos proteger los glaciares porque somos responsables y queremos cuidarlos. Queremos aprovechar el agua, que nos resulta escasa.
Como en su provincia, señora presidenta, nosotros tenemos que distribuir el agua por turnos; no la tenemos en abundancia y esperamos las lluvias. Tenemos que llevarla por canales de conducción de agua con diques repartidores.
En la zona del desierto tenemos sistemas de riego por aspersión y goteo. Debemos poner una manguerita en todas las fincas para que las uvas, que después se transforman en vinos que tomamos todos los argentinos y también se exportan, tengan el grado y el nivel que todos esperamos.
¿Ustedes creen que nosotros vamos a derrochar el agua? ¿Ustedes creen que vamos a contaminar los glaciares? Nosotros sabemos lo que es no tener agua porque estamos en una zona semidesértica. Nuestra provincia arranca en la mañana con una temperatura de 5 grados bajo cero y llega a 25 o 30 grados al mediodía, volviendo a bajar en la noche. ¿Cómo no vamos a saber lo que es tener una provincia desértica donde faltan recursos energéticos y agua?
Esto se ha logrado con una decisión política. Tuvimos que enfrentar a muchos detractores. Como se dijo acá, algunos, por ignorancia; muchos, de buena fe; y otros buscan réditos políticos para que en definitiva provincias como la nuestra sigan siendo como en 1810. Nosotros no queremos ser como eran entonces, cuando la gente tenía que venir a reunirse frente al Cabildo para ver cómo hacían la Revolución de Mayo. Nosotros queremos ser una provincia que se desarrolle y crezca, que no sea terminal sino el paso obligado para abrir el mercado al Pacífico y a toda Asia.
Este es el desafío que pretendemos. Por eso cuidamos nuestros recursos naturales y protegemos los glaciares, y para eso hemos dictado una ley en la provincia de San Juan, en uso de nuestras facultades autónomas, que fue aprobada por unanimidad.
Me preocupa cuando aparecen críticas o ataques personalizados. Esto se soluciona simplemente con las denuncias. Me parece bien que haya una denuncia y que se resuelva rápidamente por parte de la Justicia, pero no involucren a todos los provincianos, a todos los cordilleranos ni a todos los gobernadores que se han puesto de acuerdo para levantar nuestras zonas y para que la gente en definitiva tenga trabajo, es decir, para que vuelva la inclusión social que se perdió después de muchos gobiernos y muchas gestiones.
No voy a hacer alusiones, pero hemos tenido que reconstruir una provincia donde el sueldo de un empleado público era de 300 pesos. Hoy tenemos más trabajo privado, más comercio exterior. Hoy nuestra provincia está en el cuarto lugar después de las grandes provincias del país. ¡Miren si no vamos a cuidar los glaciares! ¡Miren si no vamos a cuidar los recursos naturales!
La verdad es que se me han hecho largos estos veinte minutos, pero de todas maneras quiero decir a todos que nosotros, que vivimos en San Juan donde tenemos hijos, padres y abuelos no vamos a contaminar nada. Antes se explotaba la minería con mercurio. Eso sí provocaba contaminación. Hoy el oro se saca de la roca utilizando cianuro, pero no es el cianuro que contamina, sino un cianuro que se diluye con agua y cal. Este es el cianuro que se utiliza en un sistema de reciclado de agua, porque no vamos a derrocharla. No nos sobra el agua.
Este es el desafío. Esta es la situación que nosotros queremos seguir llevando adelante. La ciudadanía de San Juan nos apoyó y respaldó en cuatro elecciones: en la última, obtuvimos el 57 por ciento de los votos. Esto es así porque la gente de San Juan recibe el mensaje en forma clara.
Esta es mi primera alocución en esta Cámara de Diputados, y me expreso de manera firme sobre un tema relacionado con mi provincia. Los invito a San Juan no solamente para que prueben sus vinos sino también para que vayan a las minas, a la alta cordillera –a más de cuatro mil metros de altura , para ver cómo se trabaja allí durante catorce días.
Quiero invitar a los legisladores a visitar la provincia de San Juan para que nos desengañemos y para que nos hagan todas las preguntas que estimen pertinentes.
Este emprendimiento se otorgó a través de una concesión, que tiene su seguridad, pero antes de llevar a cabo cualquier explotación minera hay que atravesar la barrera de Gendarmería Nacional.
En estas condiciones, señora presidenta, quiero referirme concretamente al despacho que tiene sanción del Senado, porque creo que es el que más conviene a todas las zonas cordilleranas y, fundamentalmente, a los glaciares que están en la alta y baja cordillera. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Chubut, quien va a referirse al otro dictamen de minoría.
Sra. Chiquichano.- Señora presidenta: en primer término, quiero solicitar autorización para insertar parte de mi discurso.
Estoy aquí porque durante toda mi vida he trabajado por la justicia. De niña he padecido tanto la injusticia que he llegado a decir: “Qué injustos son los Reyes Magos: no me han traído ningún regalito”. Yo vivía lejos de la escuela, y en enero –durante las vacaciones¬ veía a mis compañeros con sus hermosos juguetes, mientras a mí no me había dejado nada. Mi madre me consolaba diciendo que vivíamos muy lejos.
Llegué aquí embarrándome, empantanándome, estudiando con libros prestados para ver cómo podía contribuir a la justicia y trabajar por la paz social.
Estoy aquí por mis convicciones: las defiendo con la dialéctica, con el intelecto y con los hechos. Para defender la calidad de vida de San Juan –se trata de una provincia cordillerana distinta a otras del Norte, donde tenemos ríos y bosques- toda la comunidad andina se ha movilizado.
Personalmente defiendo los hechos, porque junto con el doctor Macayo fui abogada patrocinante contra la empresa Barrick Gold para que se impida la explotación minera con cianuro a cielo abierto ya que se ponían en riesgo las cuencas hidrográficas de los océanos Pacífico y Atlántico.
Hoy el derecho nacional y el internacional nos ampara. El artículo 41 claramente establece el derecho humano fundamental a un ambiente sano. Las actividades
productivas solamente se pueden desarrollar en el marco de un concepto de desarrollo sustentable, o sea, de tal manera que las generaciones presentes aseguremos a las futuras una calidad de vida digna. Por eso yo me abstuve cuando en este recinto se pidió insistir en el proyecto de ley de la diputada mandato cumplido Marta Maffei, pensando que con el veto de la presidenta tenía oportunidad de perfeccionar esa iniciativa.
Fue así que me puse a trabajar, y tal como lo expresó el diputado Rossi, nos reunimos para ver qué aporte podíamos hacer. Se convocó a los gobernadores y a los secretarios de Ambiente de otras provincias. El gobierno lo conformamos todos los poderes, no tiene por qué haber compartimientos estancos. Por eso celebré la convocatoria, con la idea de que a través del diálogo, el debate y el aporte de quienes tienen formación en derecho ambiental y los geólogos podríamos elaborar un proyecto consensuado.
Pero mientras tanto se insistía con un proyecto que había sido vetado, y quien retoma –según sus propias palabras- como un clon el proyecto de la diputada mandato cumplido Marta Maffei realiza una convocatoria pública que también me pareció un buen ámbito para perfeccionar el texto y hacer un proyecto superador. Participaron distintas organizaciones como Parques Nacionales, los pueblos originarios y la doctora Marta Rovere, que es especialista en glaciares en América Latina.
En esa convocatoria los participantes demandaron de modo explícito la incorporación de otros aspectos sustanciales. En razón de que los vuelos estaban suspendidos por la presencia de cenizas volcánicas, no pude estar presente, pero tuve el interés de conocer las demandas de estas organizaciones, en definitiva, de la ciudadanía que allí estaba representada. Pensé que era una buena oportunidad para incorporar a este proyecto la demanda de esos sectores.
Trabajé en ello y buena parte de mi proyecto coincide con el que retomó el diputado Bonasso y en algunas cuestiones con el del senador Filmus. Agregué artículos que en mi opinión satisfacían la demanda de la ciudadanía expresada en esa importante reunión que tuvo tanta difusión. Incorporé que se declare de utilidad pública la protección, el mejoramiento, la conservación y la restauración de los ecosistemas glaciares y ambientes periglaciares y de los ecosistemas de montaña y de alta montaña como prioridad y asunto de seguridad nacional y soberanía alimentaria.
Tomé el concepto de integridad, y se declara la integridad natural de los glaciares por conformar las cuencas hidrológicas, ecosistemas glaciares y de montaña y de alta montaña. La integridad natural se considera una unidad ecológica indivisible porque los recursos naturales son de dominio de la provincia por ley, pero la naturaleza no reconoce divisiones políticas. Si hay algo que refleja la globalización en el planeta, tanto de empresas como del comercio y del saqueo, muchas veces es la globalización de la naturaleza. En ese sentido, amplio e integral, es que tenemos que abordar el tratamiento de los bienes naturales: el agua como un recurso, como un bien específico, y el acceso al agua como un derecho humano fundamental.
También incorporé los servicios ambientales, como se pidió en la audiencia que convocó el diputado Bonasso. Enfatizo sobre ellos como un beneficio de interés social que se genera o deriva de las cuencas hidrológicas y sus componentes. Se preservan los servicios ambientales que brindan los ecosistemas glaciares como fuente de provisión y reserva de agua dulce para consumo humano, saneamiento y uso agrícola, regulación climática, captura de carbono, conservación del ciclo hidrológico, control de la erosión, control de inundación, recarga de acuíferos, mantenimiento de escurrimientos en calidad y cantidad, formación de suelo, purificación de cuerpos de agua, así como conservación y protección de la biodiversidad, en cuanto contribuyen al desarrollo humano y a la generación de actividades productivas sustentables.
Consideré otras prohibiciones, además de las que están en los otros proyectos, como la fragmentación, desviación, destrucción, obstrucción, profundización, acaparamiento, liberación, dispersión, o disposición de sustancias contaminantes, productos químicos o residuos de cualquier naturaleza o volumen, la exploración y explotación minera o petrolífera, la instalación de industrias o desarrollo de obras o actividades industriales y toda otra acción que atente contra la integridad natural del ecosistema glaciar y ambiente periglacial y/o que resienta el servicio ambiental de proveedor de agua en condiciones sustentables en toda su área.
Me referí sobre todo a la implementación, acaparamiento y desviación porque en una provincia donde nace una cuenca hidrográfica de un glaciar se puede construir una represa que, aguas abajo, en otra provincia, genere dificultades para el consumo de la vida cotidiana y de producciones sustentables. Por eso fui enfática en todas estas cuestiones, que también están contempladas en el derecho comparado.
Hablé del comportamiento y distribución natural, diciendo que las unidades eclógicas indivisibles mantienen el comportamiento y la distribución natural de las cuencas hidrológicas.
Pero no se trata solamente de eso, porque yo no hago señales de humo, señor presidente. Yo convivo con mi cultura, amo mi tierra, amo la naturaleza, defiendo al agua, que vale más que el oro, y sé que también por razones de interés general, con razones fundadas, deben abordarse actividades como la construcción de caminos y túneles, porque como decía el diputado que me antecedió en el uso de
la palabra, hacer un túnel con todas las posibilidades de generar y mejorar otras economías y otras relaciones comerciales es derecho al ambiente sano, y también es mejorar la calidad de vida de los argentinos.
Pero esa ejecución sustentable era muy rigurosa, porque para realizar obras y actividades establecía que se ejecuten con los principios de congruencia, sustentabilidad, cooperación, equidad intergeneracional, responsabilidad y solidaridad.
Y cuando haya peligro de daño grave y/o irreversible, la ausencia de información o certeza científica obliga a actuar según el principio precautorio.
Y además, para que se asegure la participación ciudadana, establezco la audiencia pública que recomienda la ley 25.675.
Entonces, nos aseguramos la participación ciudadana, y aquí vale comentar que yo no sé si hay dominio del concepto de evaluación estratégica ambiental, como establece el proyecto de la ex diputada Marta Maffei, porque es un concepto más moderno y que da lugar a mucha confusión.
Para eso esta evaluación que se está llevando a cabo sobre todo en España prevé la consulta a las empresas y a la comunidad donde se va a llevar adelante el proyecto y se deben tomar resoluciones. Pero nuestro país, que en este año está saliendo del infierno, todavía no ha avanzado en un proceso de información y educación ambiental donde el pueblo más alejado, como puede ser Gastre o cualquier pueblo de una provincia, tenga la formación y la información suficientes como para decir que esto no se enmarca en un concepto de actividad sustentable.
Entonces, no podemos poner ese concepto, porque es una modernidad la evaluación ambiental estratégica, cuando no tenemos dominio del tema y todavía el artículo 41 de la Constitución nacional no es masivamente conocido por el pueblo argentino.
Así he ido incorporando distintos conceptos. Establecí las etapas de cualquier proyecto, que deberán contener: a) idea, prefactibilidad, factibilidad y diseño; b) concreción, construcción o materialización; c) operación de las obras o instalaciones; d) cierre o desmantelamiento; e)pos cierre o posdesmantelamiento.
Como pedía Parques Nacionales adopté también la idea de la protección a los ecosistemas adyacentes, teniendo en cuenta cuándo se deben adoptar medidas destinadas a prevenir y controlar actividades que puedan generar efectos nocivos sobre los glaciares, sobre todo en la zona de amortiguamiento y en las áreas protegidas.
Así seguí sumando, siempre teniendo en mira las demandas ciudadanas de aquella convocatoria pública del diputado Bonasso.
Incluyo el concepto de integralidad como interrelación de materias y disciplinas jurídicas y científicas que estudian las aguas en general y los ecosistemas glaciares en cooperación recíproca entre el planificador de la gestión política, técnica y científica del bien agua y los recursos hídricos naturales y culturales, con el objeto de elaborar políticas integrales de desarrollo hídrico que aseguren la sustentabilidad ambiental, económica y social.
Todo lo que informo aquí fue expuesto en una reunión conjunta de las comisiones de Recursos Naturales, Conservación del Ambiente Humano y de Minería, pero nadie me insinuó considerar un solo artículo. Ni siquiera se
pensó en incorporar la cuestión de la cultura del agua, que lo trato en particular con sanciones agravadas para aquellos funcionarios que violen la ley. Nadie me consultó. Hablé con el diputado Solanas, pero la mayoría apoyó otra iniciativa.
Esto se expuso y yo no decaigo nunca en mis convicciones. Estoy convencida de que no se tomará en cuenta en el tratamiento en particular. ¿Saben lo que he llorado para llegar hasta aquí?
No voy a exponer mi conocimiento, mis convicciones y mi ética a un voto negativo. La vida da oportunidades en el futuro y se pueden perfeccionar las leyes, pero debe hacerse con convicciones y no con especulaciones.
Voy a esperar mi oportunidad. Si no lo logro yo, serán los jóvenes que están trabajando conmigo, o mi hijo. También pertenezco a un bloque que con su lucha ha obtenido grandes logros, y estamos en un proceso transformador de cambio en la Argentina. Por ello voy a sumarme al proyecto que proponga el bloque del Frente para la Victoria. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Río Negro.
Sr. Cejas.- Señora presidenta: la rama de Olivos a la que hacía referencia un legislador preopinante se relacionaba con esos pocos días que se solicitaban desde la presidencia de mi bloque para convencer a todos y para dar tratamiento a un dictamen que represente una política de Estado sobre el proyecto de presupuesto mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente periglacial.
En oportunidad de tratar en comisión este tema, propusimos una metodología de trabajo, a fin de contar con los datos y la ilustración necesaria por parte de los organismos que entienden sobre esta cuestión.
Sin duda, la iniciativa que consideramos tiene suma importancia, no sólo para los actuales habitantes de la República Argentina, sino para las generaciones venideras, en el marco de lo dispuesto por la Constitución Nacional en su artículo 41, en el ámbito restringido de la competencia federal que estableció el constituyente de 1994 en cuanto a presupuestos mínimos de protección.
La importancia del tema radica de que estamos hablando de un recurso natural estratégico: el agua. Es un dato cierto que el 70 por ciento del planeta es agua, pero de ese porcentaje, tan solo el 2,5 es agua dulce, vital para la vida humana. De ese 2,5 por ciento, el 70 está
concentrado en los glaciares. De allí la importancia significativa que adquiere la sanción de una norma que establezca los estándares mínimos ambientales para así posibilitar su preservación como reserva estratégica y sustentable de nuestros recursos hídricos.
El dictamen que propone la sanción definitiva del proyecto de ley venido en revisión del Honorable Senado contó con la aprobación unánime de todos los integrantes de ese cuerpo -tal como consta en la versión taquigráfica del 21 de octubre de 2009-, entre cuyos autores se encuentran senadores de todas las extracciones partidarias.
En ese sentido, es necesario expresar un reconocimiento a la diputada nacional mandato cumplido Marta Maffei, como así también a todos los diputados y asesores que tuvieron la visión de tratar este tema.
También debo reconocer el derrotero técnico, administrativo y constitucional que recorrió dicho proyecto, que incluye la sanción de la ley 26.418, el veto por parte del Poder Ejecutivo y la no insistencia por parte de la Cámara de origen.
Se han cumplido todos los pasos formales que la Constitución Nacional exige para la formación y sanción de las leyes de acuerdo con los artículos 77 a 84 de nuestra Carta Magna.
Por estas razones, creemos que el proyecto venido en revisión concilia adecuadamente la manda constitucional con la competencia concurrente y complementaria de las provincias. Este es el corolario de los estudios y gestiones que durante el trámite parlamentario se realizaron en los diferente ámbitos, como la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, el Consejo Federal de Medio Ambiente y la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Honorable Senado, que concluyó su tarea en la elaboración de un proyecto de ley suscripto por los senadores Filmus, Martínez, Estenssoro, Rossi, Giustiniani, Miranda, Guastavino, Perceval, Diaz, Pinchetti de Sierra Morales, Iturrez de Capellini y Vigo. Pese a las rispideces de la materia y lo politizado que estaba el tema el proyecto fue sancionado en forma unánime en la sesión del 21 de octubre de 2009 gracias al alto consenso que se había logrado.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.
Sr. Cejas.- Ese proyecto es el que nosotros impulsamos en este momento. Nuestra postura favorable respecto de la iniciativa venida en revisión del Honorable Senado de la Nación radica en el hecho de que en nuestra opinión el texto es ampliamente superador, por cuanto incluye aspectos que la ley vetada en su momento no había tenido en cuenta.
Es indudable que esa mejora se consiguió en base a la opinión, idea y conocimientos científicos de quienes aportaron sustento empírico y teórico durante las reuniones de comisión que se llevaron a cabo en el Honorable Senado.
Hace tiempo que venimos leyendo diferentes propuestas. Distintas organizaciones no gubernamentales trataron de aportarnos elementos superadores a fin de lograr un dictamen que contara con el mayor consenso posible. En su momento la ONG Greenpeace, refiriéndose al proyecto denominado “Bonasso”, señaló con absoluta claridad que la definición del ambiente periglacial era muy genérica, lo cual la tornaba peligrosa. Así, el doctor Darío Trombotto, dirigiéndose a los miembros de la comisión, indicó cuál tendría que ser el encuadre que se le debería dar a los términos “glaciar” y “periglacial”.
Son cosas que deben ser tomadas absolutamente en cuenta para poder sacar la mejor ley posible.
En orden a lo expuesto, pretendo comenzar el análisis en particular del dictamen. Por ejemplo, el artículo 1° declara que los glaciares son bienes de carácter público y que su dominio corresponde a las provincias o al Estado nacional, dependiendo de su ubicación. Esto no había sido tenido en cuenta en el texto original de la ley vetada.
Asimismo, estimo que las definiciones adquieren un carácter más estricto, mejor explicado. Los términos tienen la precisión que la Justicia sabrá valorar, para determinar cuándo sí y cuándo no se refiere o se debe utilizar esta norma.
También creo importante considerar aquello que propone la sanción del Senado de incluir los resultados del Inventario Nacional de Glaciares y sus actualizaciones en las comunicaciones Nacionales destinadas a informar a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, según lo indica el artículo 10, inciso h).
Creemos que esto es fundamental para el estudio y control de los avances y retrocesos de nuestros glaciares y conocer la incidencia en y por el cambio climático. Es el aporte que nuestro país debe hacer a la Convención Marco, lo que seguramente nos dará mayor jerarquía moral para exigir a los demás que cumplan con los preceptos de la Convención.
No podemos desconocer que se trata de una política de Estado la que se lleva adelante con el sector Antártico Argentino, y que allí también se aplicará la normativa que emerja de este Congreso, claro está siempre que se sujete a la obligación asumida por nuestro país en virtud del Tratado Antártico y del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección de Medio Ambiente.
No podemos ni debemos soslayar ese punto, ya que se trata de grandes concentraciones de hielos e inmensos campos congelados a los que debemos dar cobertura normativa con la debida protección.
Sr. Presidente (Fellner).- Le solicito al señor diputado que vaya redondeando, porque ha concluido su tiempo.
Sr. Cejas.- Discúlpeme, señor presidente.
Hemos trabajado mucho y estoy tratando de convencer al cuerpo. Pero como se me está apurando con la hora voy a solicitar una reflexión a los distintos bloques legislativos, para que hagan un último esfuerzo que es absolutamente necesario como política de Estado. Debemos reiterar los valores del proyecto sancionado por la Cámara de Senadores. También considero necesario que participen las provincias en un país federal.
No somos lobistas de las mineras. Creemos en la soberanía nacional. Me molesta mucho cuando en medios nacionales se denomina peyorativamente al partido Justicialista. Como hijo de un fundador del peronismo no puedo permitir esas cosas, porque orgullosamente a mí me gusta decir que me parieron peronista. Llevo adelante el compromiso político de un hombre peronista como era mi padre. Llevo conmigo la memoria de Perón y la pasión revolucionaria de Eva Perón. Por eso no puedo dejar pasar estos improperios. No podemos permitir que a nuestro partido se lo trate peyorativamente.
Sostenemos la soberanía nacional. Estamos votando por el agua y por la vida. Por eso quiero terminar mi alocución con el ramo de olivo en la mano, recordando una parte de las estrofas del poema Agua, de Gabriela Mistral
que dice: “Quiero volver a tierras niñas; llévenme a un blando país de aguas. En grandes pastos envejezca y haga al río fábula y fábula. Tenga una fuente por mi madre y en la siesta salga a buscarla, y en jarras baje de una peña un agua dulce, aguda y áspera.
“Me venza y pare los alientos el agua acérrima y helada. ¡Rompa mi vaso y al beberla me vuelva niñas las entrañas!”(Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Jujuy.
Sr. Fiad.- Señor presidente: hace poco he leído en un buen libro que las catástrofes naturales son tan viejas como el mundo. Lo novedoso no consiste en que ellas se produzcan sino en que el hombre contribuye activamente a que tengan lugar. El hombre, de manera sistemática, aporta al desequilibrio ambiental, hipotecando el presente y arriesgando el futuro.
Estamos hoy debatiendo en este cuerpo acerca de cuál es el marco de protección adecuado que debemos proporcionar a los glaciares y ambientes periglaciares de nuestro país. No dudo que todos somos conscientes de la trascendental importancia que tiene el tema por el valor estratégico que representan como reserva de recursos hídricos y por el rol fundamental que desempeñan en el ciclo vital del planeta.
En lo que evidentemente no hemos estado de acuerdo hasta este momento es en la urgencia de legislar para lograr su adecuada protección. Sabemos que en los glaciares se ha ido produciendo un retroceso de estas masas de hielo, lo que sin duda nos enfrenta con su grado de vulnerabilidad y con la celeridad que se impone para garantizar que la protección sea realmente eficaz y no llegue tarde.
Aquí estamos legislando sobre un tema vital para un ser humano y también para las futuras generaciones. Y lo que sucede es que a veces nuestra conciencia ambiental está condicionada por las necesidades económicas, lo que hace que nuestra visión sea estrecha y desprecie el futuro no tan lejano de las graves consecuencias que nos producirá no cuidar adecuadamente el agua.
Hace años que nuestros tiempos vienen apremiando por la coyuntura y que las decisiones de la gestión se adoptan para regular las demandas urgentes que nos va planteando una realidad vertiginosa que no nos espera.
Por eso es que hoy este tema tuvo un proceso con posiciones tan encontradas, porque no estamos acostumbrados a debatir sobre otros tiempos y sobre consecuencias que tal vez no veremos inmediatamente pero que cuando se produzcan ciertamente serán graves y tendrán que ver con nuestras responsabilidades.
Se ha invocado en distintas provincias la necesidad de proteger las economías locales, en las que las actividades mineras constituyen un aporte importante para su desarrollo. Ciertamente debemos proteger las economías locales, pero el precio que paguemos por ello no puede ser el futuro de nuestras reservas de agua.
Es por ello que se impone un criterio de prudencia y razonabilidad, donde se puedan armonizar las realidades económicas provinciales y el interés de proteger los glaciares y los ambientes periglaciares.
En este marco entiendo que en la norma que sancione este cuerpo deberá instar a las provincias para que aquellas que ya tuvieran una legislación sobre protección de glaciares adecuen sus normas a la ley de presupuestos mínimos para la protección de glaciares y ambientes periglaciares que la Constitución Nacional en su artículo 41 otorga como competencia al Congreso de la Nación.
En los últimos días en distintas jurisdicciones provinciales se han presentado y aprobado, con excesiva premura y sin debate, algunos proyectos de ley que regulan la protección de los glaciares y que en realidad lo hacen con una permisividad tal que convierten al objetivo
declamado en la norma en irrealizable. Como lo que estamos tratando aquí, no son las leyes provinciales, sólo me permitiré realizar unas breves consideraciones respecto de la norma recientemente sancionada por la Legislatura de mi provincia, y que temo sea idéntica a las iniciativas aprobadas en otras jurisdicciones como San Juan, La Rioja y Salta. El texto establece que el objeto de la norma es la protección de los glaciares definida en el artículo 2°, y que se incorporen en el inventario provincial de glaciares. Ello significa que para ser objeto de protección tienen que darse esos dos requisitos.
Entonces, queda claro que no se protegerá a todos los glaciares sino a aquellos que discrecionalmente la provincia resuelva incluir dentro del inventario que ella confecciona y que estará condicionado por el criterio economicista de privilegiar una actividad que entienden les resulta rentable. Digo “entienden que les resulta rentable” porque no está claro que los beneficios que la actividad reporte a las provincias sean determinantes o significativos.
Como sabemos, nuestra Constitución establece que a la Nación corresponde dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas. De tal manera que esta ley que sancione el Congreso debe constituir el principio rector para asegurar incluso el derecho a la igualdad de todos los argentinos, garantizando el mismo nivel de protección ambiental en toda la geografía del país.
La distribución de competencias realizada por el texto constitucional encuentra su fundamento en que los presupuestos mínimos ambientales están asociados al interés general. Bien sabemos que en materia ambiental no existen fronteras, y por lo tanto, no puede existir una diversidad legislativa referente a la mínima protección que debemos garantizar, porque de lo contrario corremos el riesgo de que la protección no sea tal y terminemos exponiendo a nuestros recursos naturales a un futuro incierto. Si los recursos naturales como el agua y el ambiente humano tienen un futuro incierto, otro más incierto les aguarda a nuestras futuras generaciones.
Las provincias que han legislado sobre esta materia, como lo ha hecho la mía, deberían revisar sus normas para que ellas se adecuen a las sancionadas por el Congreso. Todos compartimos la misma preocupación por un tema tan esencial como es la protección del agua.
Entendemos que la minería, en tanto se trata de una actividad productiva, debe impulsarse para convertirse en un eje estratégico de desarrollo de muchas provincias, pero para ello es necesario redefinir reglas de juego a fin de ordenar claramente las prioridades de los intereses que deben protegerse, y que la actividad en cuestión represente un aporte fundamental para dichas jurisdicciones.
Personalmente soy un acérrimo defensor de las autonomías provinciales, y para lograr su fortalecimiento y consolidación hay mucho trabajo que hacer y muchos caminos por recorrer a fin de alcanzar finalmente un equilibrio entre los diferentes actores de este federalismo.
En este tema, el principio rector, tal como lo define la Constitución Nacional, debe provenir de una ley del Congreso de la Nación; luego las provincias, en ejercicio de sus autonomías, dictarán las normas complementarias, ejerciendo sus facultades con todas sus fuerzas, pero partiendo del marco de presupuestos mínimos que deben existir como política nacional en materia ambiental.
El avance de la ciencia y el grave desconocimiento que hoy tenemos de los temas ambientales hacen que resulte un imperativo para la acción política la acción inmediata. No podemos dilatar más la sanción de esta norma. La naturaleza nos cobrará muy caro el que sigamos debatiendo largamente y no lleguemos al final a un acuerdo.
El proyecto que hoy estamos analizando representa un consenso al que hemos arribado luego de un proceso en el que hemos participado activamente desde distintos espacios políticos movilizados por el mismo común anhelo de lograr la protección de nuestros glaciares y ambientes periglaciares. Probablemente la norma no llegue a expresar todas las miradas sobre el particular, pero es el fruto saludable de los acuerdos parlamentarios que evidencian que somos capaces de efectuar concesiones cuando nos guía una misma meta y que ella tiene que ver con la calidad de vida que queremos garantizar para todos los habitantes actuales de nuestra Nación y los de las futuras generaciones. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por San Luis, que comparte su tiempo con el señor diputado Thomas.
Sr. Pansa.- Señor presidente: llevamos ya varios meses discutiendo acerca de temas muy importantes que tienen que ver, sin duda, con la calidad de nuestra democracia. Los decretos de necesidad y urgencia y lo relativo al Consejo de la Magistratura y a los superpoderes son todos temas de gran importancia, pero tal como hemos visto, modificables y remediables con un mínimo de uso de nuestro entendimiento y raciocinio.
La cuestión que hoy planteamos no es ya importante sino esencial para la supervivencia de la vida humana, para nuestros hijos y las generaciones futuras, para los que menos tienen, para los desprotegidos y para que todas estas horas gastadas en discusiones apasionadas y comprometidas sigan teniendo sus destinatarios.
Hoy estamos discutiendo sobre el principal recurso de nuestro planeta. Quiero creer que hoy todos estamos aquí para defender el agua, recurso que aun siendo abundante en la naturaleza no lo es tanto desde el punto de vista de su calidad. Del total, sólo un 3 por ciento es agua dulce, y de esa cantidad el 77 por ciento está congelado en los polos y glaciares de alta montaña. América Latina dispone de un 28 por ciento de ese total. Con cada minuto que pasa se está destruyendo inexorablemente el planeta por el calentamiento global y por inescrupulosas formas de manejo del recurso por parte de quienes, en una moderna y ampliada edición del rey Midas, todo lo miden en términos de oro como si jamás hubieran conocido el fatal desenlace de tal vil ambición.
Los tiempos urgen. Los datos técnicos que corroboran la pérdida de tan vital elemento se pueden encontrar por doquier. Al consultar las publicaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo y las opiniones de climatólogos, geólogos e institutos especializados observamos que todos ellos nos dan la misma conclusión: la pérdida del recurso se agiganta, las necesidades se multiplican, el afán desmedido e inmoral de quienes sólo tienen la visión del neoliberalismo más internalizado en su ser avanza sin importarles que dentro diez, veinte o los años que usted ponga, el recurso será cada vez más escaso, cada vez más alejado para los que menos tienen.
Veamos los siguientes datos. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, mil millones de personas en el planeta aún no disponen de agua segura. En la actualidad, más de dos mil millones de personas se ven afectadas por falta de agua en más de cuarenta países. Cuatro de cada diez personas en todo el mundo aún utilizan establecimientos de saneamiento básico. Se desechan por día dos millones de toneladas de residuos humanos. Cada año, el agua insegura y la falta de saneamientos básicos matan por lo menos a 1.600.000 niños menores de cinco años. La mitad de la población mundial en vías de desarrollo está expuesta a fuentes de agua contaminada que aumentan la incidencia de
enfermedades. El incremento de la población de 6 mil a 9 mil millones de personas será el conductor principal de la gestión de recursos hídricos para los próximos cincuenta años.
En América del Sur, en la zona de los Andes sudamericanos, en los últimos treinta años se ha perdido un cuarto de los glaciares. Se trata de un proceso que día a día supera los cálculos más pesimistas. En 2004 desapareció el nevado del Chacaltaya, en Bolivia, ubicado en una montaña de 5.300 metros de altura, donde se encontraba la pista de nieve más alta del planeta. Se había previsto que esto sucedería en el año 2013.
Pero si toda esta evidencia no fuera suficiente para plasmar la magnitud del desastre, podemos recurrir a las conclusiones de la declaración sobre “Glaciares y Cambio Climático”, dada en el encuentro celebrado en Colombia en 2008. Allí, científicos de Colombia, Alemania, Brasil, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela –entre otros manifestaban dos consignas importantes: “Los países en vías de desarrollo son más vulnerables a los efectos negativos del cambio climático debido a su menor capacidad de adaptación”.
También agregaban: “Frente a las consecuencias del cambio climático es necesaria una mayor toma de conciencia por parte de todos los actores y en todos los niveles para desarrollar una cultura de prevención, preservación, mitigación y adaptación, considerando que los gobiernos deben establecer estrategias de carácter inmediato”.
En 2009 el informe divulgado por las Naciones Unidas también dice lo mismo, es decir que se trata de una situación alarmante.
A todas las luces esto lleva a preguntarnos por nuestras responsabilidades como país y por nuestra verdadera preocupación en esta tremenda y terminal problemática mundial donde pareciera que sólo nos estamos transformando en preocupados espectadores impávidos ante la crisis. Creo que no podemos seguir siendo avasallados por los países desarrollados que no tienen ningún compromiso con el medio ambiente.
Hace casi cuarenta años el hombre que hizo de la justicia social la bandera mayor de nuestro movimiento, el general Juan Domingo Perón, desde su exilio en Madrid, nos enviaba un mensaje a los pueblos del mundo.
Decía el general Perón: “El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la tierra solo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas.
“La humanidad está cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llega a adaptarse a las nuevas condiciones. Su acción va más rápido que su captación de la realidad y el hombre no ha llegado a comprender, entre otras cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la naturaleza y no de su poder mental. De este modo, a diario, su vida se transforma en una interminable cadena de contradicciones.”
Es entonces a la luz de estas ideas -que hoy cobran más vigencia que nunca- que en este Bicentenario una vez más debemos ponernos al frente de esta gesta por el futuro de nuestros hijos y de nuestro planeta. La justicia social implica dar pelea por nuestros compatriotas, por los sudamericanos y, al fin y al cabo, por todos aquellos que viviendo en condiciones de marginación y pobreza sufren a diario la consecuencia del irresponsable uso de recursos naturales de quienes más tienen y menos reflexionan acerca de la destrucción que nos imponen.
Estamos seguros de que una de las principales causas es el calentamiento global. Es así. Pero como si poco nos faltara en tal desatino mundial, vemos que en nuestro país quienes dicen defender los intereses de los más desprotegidos y quieren enseñarnos acerca de la justicia social en realidad sólo se transforman en guardianes inescrupulosos a los que nada más les importa lucrar con la vida de nuestros habitantes.
Pero caen en un serio error porque el deterioro del medio ambiente no solo afecta a los pobres; nos afecta a todos de manera inexorable. Claro que en algunos casos tardará un poco más en hacer sentir su efecto.
Hoy estamos en este honorable recinto para luchar por nuestro derecho a preservar esta Argentina para todos, para los de hoy y para los de mañana.
En 1800 el escritor francés Sanial Dubay decía: “El oro a la par que es el más puro de los metales es el mayor de los corruptores”. Estoy seguro de que no podemos permitir que se pierdan nuestros glaciares en manos y en aras de Midas modernos.
Aun hoy pareciera que no nos queda claro que preservar los glaciares, periglaciares y su entorno es un imperativo. Ninguna actividad humana que los afecte puede ser permitida, ninguna rentabilidad, entre comillas, puede justificar tamaña destrucción. El compromiso es con la vida, el tiempo de la acción es ahora, para evitar aumentar aún más el deterioro de los desprotegidos.
Sé que muchos podrán pensar en todas las onzas de plata, oro y toneladas de cobre, entre otros minerales, que están bajo estas reservas únicas de agua, pero pido que reflexionemos que en los glaciares andinos se encuentra más del 75 por ciento de nuestras reservas de agua, y que sin agua no existe vida posible.
No nos podemos conformar sólo con votar la ley de protección de nuestros glaciares. Debemos avanzar profundamente en el estudio y análisis de cómo captar las aguas que escurren antes de que se contaminen o se salinicen en el océano. Debemos consolidar, tal como lo ha hecho San Luis, el más ambicioso plan de infraestructura para el agua, de un importantísimo proyecto de represas y diques. Debemos trabajar arduamente para que quienes contaminan los cursos de agua superficiales y profundos, dejen de hacerlo, para que de una vez por todas el manejo integrado del recurso sea una realidad en nuestro país, que por una vez prime el bien común antes que el interés de pocos, que la razón de la ciencia sea el patrón con que midamos muestra acción.
El recurso del agua está directamente relacionado con la vida, la justicia social y la producción.
Voy a dar algunos datos de Naciones Unidas. Producir una cabeza de ganado bovino consume 4 millones de litros de agua; un kilogramo de carne fresca bovina, 15 mil litros; un kilogramo de pollo, 6 mil litros; un kilogramo de cereales necesita 1.500 litros, y 1.000 la producción de un kilogramo de cítricos. Mientras tanto se siguen perdiendo billones de litros que no podremos recuperar. Nuestro país vierte a los océanos más de 814 kilómetros cúbicos de agua, y nuestra capacidad de almacenaje actual es de sólo 186 kilómetros cúbicos de agua, por lo que podríamos triplicar nuestros diques y represas. Y por si todo esto no alcanzara, pareciera que nos especializamos en sofisticadas formas de contaminar de modo indiscriminado tan vital y tan tremendamente esencial recurso para nuestra supervivencia como especie.
Coincido con el acuerdo que han firmado el senador Filmus y el diputado Bonasso, aunque discrepo con algunas cuestiones del proyecto del senador Filmus, y seguramente en algún momento las pondré de manifiesto.
Para finalizar, y para permitir que haga uso de la palabra el diputado Thomas, sostengo que he venido en nombre del pueblo de mi provincia, en nombre de los que no se conforman con ser mudos cómplices de tal latrocinio, de los que se levantan a cotidiano a construir este gran país, de los hombres y mujeres que se niegan a que les roben su futuro y el de sus hijos, en nombre de todos ellos a pedirles que votemos la ley de los glaciares como se pensó en su origen, sin falsas triquiñuelas, sin burdos engaños que sigan dejando puertas abiertas a los que quieren robarnos el futuro. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sr. Thomas.- Señor presidente: compartiendo el término con mi compañero Pansa, no es casualidad que en mi caso me haya dedicado especialmente teniendo en cuenta todo el tiempo que le hemos podido dar y la discusión bastante profunda que se llevó a cabo en nuestro bloque. Para ello contamos inclusive con la presencia de técnicos especialistas.
Ha sido muy difícil consensuar en este debate, porque como lo sabemos en nuestro bloque integrado por representantes de doce provincias argentinas, las experiencias individuales de cada compañero muchas veces no son iguales.
Hemos trabajado mucho, y para los mendocinos, si esto no fuera así, sería imperdonable. Para que tengan una idea, en mi provincia el 70 por ciento del agua de nuestros ríos depende de las áreas glaciares y periglaciares. En época de sequía estival –como aparentemente será el año que viene el 85 por ciento del recurso proviene de esas áreas.
Con lo cual, no es que yo tenga libertad de pensamiento y pueda especular si políticamente conviene o no votar este proyecto. No hay ninguna alternativa para un diputado mendocino, como en mi caso, que para colmo soy ingeniero agrónomo y dedicado a la actividad agropecuaria durante muchos años.
Como anticipé, hemos trabajado mucho y estábamos realmente festejando un acuerdo que a mi leal saber y entender era histórico, porque el que ha conducido y liderado el proceso para la sanción de la nueva ley de glaciares –más allá del fatídico veto de la presidenta de la Nación a una ley votada por unanimidad fue un senador del oficialismo a quien le tengo profundo respeto, mucho más allá de las diferencias que podamos haber tenido. Ese trabajo fue bastante arduo. En realidad, tanto él como el diputado Bonasso, el diputado Mansur, la diputada Reyes, el diputado Mauricio Ibarra y otros diputados nos hemos dedicado exhaustivamente al estudio de ese acuerdo, que hoy aparentemente no es tal.
Eso es preocupante, así como la coincidencia con el apuro en dictar leyes provinciales en provincias cordilleranas que evidentemente están tratando de soslayar algunas limitaciones muy sabias y responsables que propone el proyecto que tratamos hoy.
En el último siglo, con un grado que ha aumentado la temperatura a escala mundial, los glaciares han retrocedido un 30 por ciento. Se calcula que si en el siglo XXI, siguiendo todo igual, aumenta 4 grados por el cambio climático, se pueden imaginar que a fines de este siglo prácticamente no tendremos glaciares en la Cordillera de los Andes.
Tengo cuatro hijas, así que este tema no es negociable. No se puede especular con esto, porque no sólo se va a acabar la actividad industrial y minera sino también la vida humana en las provincias cordilleranas como la mía.
Se calcula que se necesitan 1.700 metros cúbicos de agua por cada ser humano por año. En mi provincia estamos hoy en 1.600 metros cúbicos y se estima que en los próximos cinco años vamos a disponer de 1.100 metros cúbicos, mucho menos de lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda para preservar un bien tan preciado.
No creo que pueda haber otra conclusión. No tengo una posición antiminera de ninguna manera. Creo que esa actividad llevada responsablemente –en nuestra zona hubo algunas experiencias es compatible con otro tipo de producciones, inclusive con el concepto de preservación del medio ambiente más estricto. Esto se puede hacer.
Ahora, es importante decir que desde la Nación Argentina –porque es un bien de todo el país tenemos la responsabilidad de dictar una ley de presupuestos mínimos y a partir de allí podremos discutir lo que genuinamente las provincias reclaman en ejercicio de sus facultades constitucionales. La provincia de San Juan, la de La Rioja, la mía, perfectamente tienen facultades para legislar de ahí en adelante y creo que se debe hacer así.
Si a eso le agregamos la existencia de un instituto como el IANIGLA, que es ejemplo a nivel mundial y que tiene los técnicos glaciales más importantes de América latina, tenemos todos los elementos en nuestras manos para trabajar bien.
A eso podemos sumarle el acuerdo político con un referente del oficialismo, lo que nos lleva a no entender por qué estamos discutiendo lo que estamos discutiendo.
Espero que el Frente para la Victoria cumpla con este acuerdo ya que no veo ningún otro motivo como para decir que esto se ha hecho entre gallos y medianoches o para perjudicar a uno o a otro.
Desde el Peronismo Federal pensamos que más allá de que lo perfecto es enemigo de lo posible, seguramente vamos a tener que seguir trabajando en el tema.
Este es un muy buen proyecto de ley que combina lo mejor de la propuesta que fue votada por unanimidad junto al enriquecimiento que le llegó desde el Senado con el aporte de prácticamente todos los bloques. Todo eso sirve para conjugar muy buena propuesta.
Sin más que decir, creo que esta noche va a ser muy importante para nuestras provincias y para la Argentina en general. Por eso pido y exhorto al Frente para la Victoria que acompañe el acuerdo global que se hizo anoche y que pensaba votar por unanimidad. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Reyes.- Señor presidente: hoy en vez de estar votando esta ley tendríamos que contar ya con la ley de presupuestos mínimos para proteger los glaciares en la Argentina.
Pero vino el veto y la historia cambió. El veto no fue una cuestión extraña sino que se dio en el marco de una ley de la que aquí el diputado Gioja dijo que habían votado, aunque él no sabía de la actual situación.
El diputado Gioja votó la ley de presupuestos mínimos de los glaciares en el 2007. Cuando la presidenta vetó la ley en realidad en sus argumentos ha puesto distintas cuestiones, por ejemplo, que las provincias cordilleranas no estaban de acuerdo con esa ley. Y las provincias cordilleranas tienen sus representantes en la Cámara de Diputados y en el Senado, que también habían acompañado este proyecto.
Nos empezaron a decir que mezclábamos la cuestión minera con el veto y en realidad no lo hemos mezclado; sí lo hizo la presidenta y en uso de sus facultades terminó respondiendo a los intereses de las empresas mineras.
No digo esto porque sí sino porque casualmente a los pocos meses del veto tuvieron el encuentro con Peter Munk, de la Barrick Gold, para cerrar el emprendimiento de Pascual Lama, en el límite entre Chile y la Argentina. Y no sólo eso, ya que poco después se aprobó un acuerdo tributario sobre el cual tanto esta Cámara como esta diputada no recibió respuestas de los funcionarios del Ministerio de Economía. Dicho acuerdo tributario aparece en este nuevo país que parece ser gobernado por la Barrick Gold.
Debe destacarse que se contemplan más exenciones impositivas que las que hoy tiene la minería en la Argentina, lo que ha generado la renuncia de muchos funcionarios del Ministerio de Economía, que no quisieron firmar el acuerdo porque iba en contra de los intereses del país.
A eso hay que sumarle otra denuncia que hemos presentado con la señora diputada Carrió y que tiene que ver con el secretario de Minería, el señor Mayoral, quien, como bien lo explicó el diputado Bonasso, tiene una participación accionaria en una empresa y esa empresa comparte domicilio con la Barrick Gold.
Nosotros no incorporamos el tema, que ya está incorporado porque aparte cuando volvió el proyecto para ser discutido por esta Cámara, agregaron un nuevo giro, a la Comisión de Minería, cuando inicialmente se había discutido en la Comisión de Recursos Naturales.
La realidad es que aquí no hay confusiones técnicas. Tampoco hay ingenuidades ni arrepentimientos. Aquí hay voluntad política para que esta ley no exista.
Pero hemos ganado una batalla. Hay que reconocer que hemos ganado la batalla porque la ley que se va a sancionar es una norma que realmente protege el agua de cualquier argentino. Se protegen las fábricas de agua del país.
No somos ingenuos. Sabemos que mientras se da este debate en la Cámara de Diputados, se están sancionando leyes de supuesta protección de glaciares en el resto de las provincias, como San Juan y La Rioja.
La provincia de La Rioja está gobernada por Beder Herrera, quien llegó a la gobernación estando en contra de la minería a cielo abierto. Apoyaba una ley en ese sentido, pero cuando fue elegido efectivamente, la derogó. Así no se juega con los pueblos.
Durante el último año y medio han pasado muchas cosas en el país. La presidenta se estuvo reuniendo con la Barrick Gold en varias circunstancias; ojalá haya sido sólo en la ocasión de la foto.
Además, en el resto de las provincias, aquellos asambleístas y vecinos de diferentes pueblos se han visto perseguidos, criminalizados y agredidos por estar en contra de este tipo de emprendimientos; otros están presos.
¿Hasta qué punto hemos llegado? En este año y medio, al no haberse sancionado una ley como la que estamos tratando se produjo un avance indiscriminado de este tipo de minería en la Argentina. El saqueo no es sólo económico y ambiental, sino que hablamos de persecución y violación de los derechos humanos, lo que no podemos permitir.
La situación hay que sacarla a la luz, y no puede quedar en la provincia de La Rioja, en Famatina o en Chilecito. Tampoco puede quedar en la provincia de Catamarca, en Andalgalá, en Tinogasta o en Chambalá.
La lista sigue, porque hemos estado con cada una de estas personas recorriendo el país. No estamos detrás de un mostrador o de una oficina. Esta fuerza ha puesto el cuerpo durante años, y no hay oportunismo político.
En 2004 Elisa Carrió decía que venían por el agua, y vinieron. Esta fuerza recorre el país desde antes del 2004, denunciando este tipo de saqueo en la Argentina, pero nunca creímos que íbamos a llegar a este punto.
Por sobre todas las cosas, la conquista ha tenido que ver con esta lucha. Sería arrogarse demasiado decir que fue sólo nuestra fuerza. Esto ha tenido que ver con la lucha de las asambleas ciudadanas y de los intelectuales, como Pérez Esquivel, Norma Giarracca o Stella Maris Svampa. También con las personas que todas las mañanas se encuentran con esas montañas y no quieren que se las destruyan ni entregar su agua.
Que hoy discutamos esta iniciativa tiene que ver con la lucha que están dando todas y cada una de las personas en el país, y esto es lo que debemos festejar. Hemos llegado a un punto en el que no sólo hay que recorrer el país y estar cuando las circunstancias son contrarias, sino también tener el valor de denunciar cuando se observa lo obvio.
La denuncia que hicimos la semana pasada trajo como consecuencia que se dé a la luz lo que ocurre con esta iniciativa y que hayamos logrado que todos vean los intereses que se persiguen de un lado y del otro.
Hoy estamos ante dos debates fundamentales. El primero se vincula con el tipo de minería que se quiere llevar adelante en la Argentina, porque este tipo de minería implica el saqueo económico y el saqueo ambiental. Digo esto porque, por ejemplo, las retenciones son sólo del 5 por ciento, cuando la onza cotiza a 1.100 dólares. Además, se les asegura estabilidad fiscal por treinta años. Esta actividad ha recibido más beneficios tributarios que cualquier otro emprendimiento productivo de la Argentina. Para el año en curso esos beneficios ascienden a la suma de 300 millones de pesos. Con esta política se llevan todo y no dejan nada.
Se han presentado muchos proyectos que necesariamente tienen que ser debatidos. Por eso, como bien dijeron algunos diputados del oficialismo, invito a todos a asumir esa discusión, porque las propuestas ya han sido presentadas: derogación de la ley de promoción de inversiones mineras, modificación del Código de Minería, creación de una comisión bicameral que estudie y proteja el agua de la Argentina y creación de una comisión para investigar el saqueo de nuestros recursos naturales. Todos estos proyectos han sido presentados por nuestra fuerza política, e invitamos a los integrantes de esta Honorable Cámara a dar el debate, porque hace al futuro pero también al presente de los argentinos.
Para finalizar, debo hacer dos aclaraciones. En primer lugar, esta Honorable Cámara va a sancionar una ley de presupuestos mínimos que se ajusta plenamente a lo que establece la Constitución Nacional en su artículo 41. Por lo tanto, estos presupuestos mínimos tienen que ser respetados por todas las provincias, porque cuando hablamos del agua nos estamos refiriendo al agua de todos y cada uno de los argentinos.
En segundo lugar, si hoy sancionamos este proyecto seguramente vamos a evitar lo que ocurrió en la década del 90. En esos años las empresas mineras “entraron” por el Congreso de la Nación y, por eso, hoy cuentan con las leyes más saqueadoras del país.
Por lo tanto, no tengo dudas de que en este Parlamento vamos a lograr establecer los presupuestos mínimos que cuiden el agua de todos los argentinos. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Piemonte.- Señor presidente: me permitiré felicitar a mi compañera de bloque, porque ha descripto con absoluta claridad la situación que hemos atravesado en los últimos tiempos.
Para no reiterar conceptos que ya se han vertido en esta sesión quería tomar algunos comentarios que hizo el señor diputado Rossi cuando en esta Cámara tratamos el tema de la UNASUR. Durante esa sesión manifestó que la discusión que se viene en el mundo es por los recursos naturales. Esto lo planteó en el marco de la potencialidad que tiene América del Sur en cuanto a sus recursos naturales. La verdad es que compartimos esa visión. Es más, varios diputados ya han dicho que lo que aquí está en juego es el agua, que no sólo tiene importancia estratégica para el país y la región, sino también para el conjunto de la humanidad.
Lo que no nos queda claro es cómo compatibiliza el oficialismo esa posición, al plantear la defensa de los recursos naturales, con el veto de la señora presidenta de noviembre de 2008 a una ley que había sido aprobada por unanimidad en ambas Cámaras. No entendemos cómo compatibilizan el argumento de que están a favor de la defensa de los recursos naturales y del medio ambiente con un veto que permitió que se siguiera desarrollado la megaminería a cielo abierto, que utiliza grandes cantidades de cianuro en varias provincias argentinas.
Decía bien hoy el señor diputado Bonasso que Europa acaba de prohibir el uso del cianuro en la minería, luego del vertimiento de 100 mil metros cúbicos de cianuro en el río Danubio, lo cual provocó una de las catástrofes ambientales más grandes de Europa del Este.
Al escuchar el discurso del oficialismo caemos en la cuenta de que una vez más se apela a la capacidad discursiva para construir un relato utilizando el doble discurso, donde se dice una cosa y precisamente se hace lo contrario.
Tal vez el ejemplo más palmario sea decir “asignación universal por hijo”, cuando todos los que estamos acá sabemos que no es universal; o decir: “vamos por la estatización de los recursos del sistema jubilatorio”, y después sostener que con esos recursos no se dará el 82 por ciento móvil para seguir destinando los recursos de la ANSES para otros usos.
Por eso también el oficialismo dijo que iba por una ley de presupuestos mínimos para la protección de glaciares, aunque luego vetó la ley y sancionó otro proyecto en el Senado que precisamente habilitaba la actividad de Barrick Gold en áreas periglaciares.
Tal vez los presupuestos mínimos que plantea el oficialismo sean tan mínimos que esos presupuestos terminan no protegiendo nada.
Lo cierto es que yo prefería discutir sobre la cuestión de los recursos naturales que planteaba el señor diputado Rossi. Obviamente que nosotros cuestionamos el veto de la señora presidenta. Ya lo ha dicho la señora diputada Reyes: de haberse promulgado aquella ley hoy la Barrick Gold no estaría funcionando en un área periglaciar.
Esa empresa –la Barrick Gold-, por medio de la ley de inversiones mineras, recibe beneficios comerciales, financieros y tributarios. ¿Por qué no hablamos de la ausencia total del Estado en materia de fiscalización y control de la actividad minera? ¿Por qué no hablamos del desaduanamiento que se produce por el hecho de que las mercaderías llegan en containers a las empresas? ¿Por qué no hablamos de los puertos privados? ¿Por qué no hablamos de los puertos patagónicos? ¿Por qué no nos explican cómo hizo la Barrick Gold para pasar de un capital de 1.700.000 pesos en siete años de kirchnerismo a uno de 41.875.000 pesos? ¿Por qué se la eximió del régimen de retenciones mineras?
Es cierto que eso fue llevado a la Justicia, como ha dicho la señora diputada Reyes. Se llevó a la Justicia porque gran parte de esos beneficios se alcanzaron con acuerdos secretos e irregulares con esa empresa.
Es cierto también que el proyecto de la Barrick Gold hoy ya está dañando las áreas de los glaciares. La bióloga Micaela Heisig ha mostrado fotos que documentan el daño producido por la empresa, depositando material sólido ya sobre el Glaciar Esperanza, produciendo una oscuridad que implica mayor radiación y derretimiento más rápido.
También es cierto lo que ha dicho el señor diputado Bonasso de la cantidad de agua que se necesita para la lixiviación. Es necesario plantear el riesgo que significa el depósito de agua contaminada en diques de cola en zonas precisamente de movimientos sísmicos. Esto implica un claro riesgo para la vida.
Por eso preferimos seguir discutiendo el tema desde los recursos naturales y la defensa estratégica de dichos recursos y el medio ambiente.
En temas como estos, como ocurrió con la UNASUR o en la discusión de trata, no deberían existir diferencias entre oficialismo y oposición. Hay temas que deberían unir a los diputados, porque no tienen que ver con cuestiones puntuales del gobierno, salvo que ese gobierno tenga intereses en esas empresas.
Acá tengo los datos de lo que se cobra a la Barrick Gold en concepto de impuestos en Canadá. Paga el 43 por ciento de impuesto a la renta, mientras que aquí se la beneficia con un sistema impositivo escandaloso.
A veces parece que repetimos la historia. Escuchaba al diputado que habló en defensa del dictamen del oficialismo, como también al señor diputado Gioja, que se refirieron a los beneficios que significaba el hecho de que la empresa se instale en San Juan: beneficios laborales, riqueza para la región, etcétera. La verdad es que a veces deberíamos repasar un poco la historia. Son los mismos argumentos que hace cien años se dieron cuando se instaló La Forestal y se terminó con el quebracho en el Chaco. Son los mismos argumentos que se generaron en este país para la extracción del tanino, diciendo que se trataba de recursos para la región. Se dijo que era un proyecto creador de riqueza. También se le dio la potestad a una empresa y se le otorgaron beneficios impositivos escandalosos. En aquel momento sólo unas pocas conciencias advertían lo que el saqueo de los recursos naturales significaría para la región y para el país. Hoy se dice exactamente lo mismo, es decir, lo que significa ahora, pero nada se menciona sobre lo que va a significar en el futuro: una provincia desolada, sin trabajo, sin agua o con agua contaminada.
Por eso, hoy es Pascua Lama y Veladero y todos los emprendimientos mineros, pero también estamos discutiendo cuál es la ley, porque es la que prefigurará el modelo que le vamos a dar a este país para defender nuestros recursos de las empresas que vendrán a invertir, pero que también van a venir en función de la extracción de nuestras riquezas y recursos naturales.
Por eso hoy existe la posibilidad de acotar el desguace provocado por la política menemista en el área minera. El Código Minero otorgó beneficios impositivos escandalosos a las empresas mineras, y el gobierno nacional debería revisar su posición.
Tengo aquí el discurso del ex presidente Kirchner en oportunidad de inaugurar el plan minero 2004-2005, quien decía que el sector minero durante la década del '90, con cambios importantes en su legislación, tuvo un punto de inflexión que le permitió avizorar un destino estratégico diferente.
Me pregunto cómo se explica que a un gobierno que fue condenado incluso por el propio ex presidente, diciendo que dilapidó el patrimonio nacional, se lo reivindique sosteniendo que tuvo una correcta política minera. Esa política consistió en el plan de inversiones mineras y en el acuerdo federal minero, donde se establecieron exenciones impositivas escandalosas que hicieron de nuestros recursos mineros un “pase y llévese gratis”.
Más allá del logro de esta sanción del proyecto de ley de presupuestos mínimos de glaciares, nosotros seguimos denunciando la ausencia del Estado en la fiscalización y control de las actividades mineras. Insisto en que dicha ausencia del Estado pasa por el “desaduanamiento”, la posibilidad de que los containers lleguen directamente a las empresas y también por el hecho de que las empresas ponen las mercaderías en transportes propios y las llevan hasta los puertos privados sin ningún tipo de control, salvo la documentación respaldatoria. También pasa por los reembolsos en los puertos patagónicos, ya que a las empresas exportadoras se les reembolsa entre el 2,7 y el 7 por ciento.
Tal como decía el señor diputado Fiad, nosotros creemos que no solamente el artículo 41 es una manda constitucional que dice claramente que las actividades productivas no se pueden realizar si no es en beneficio de las generaciones futuras. No se trata solamente de una decisión constitucional sino que tiene que ver con la ética y con la política. Nosotros necesitamos defender los intereses nacionales, los recursos naturales y el futuro de nuestro país. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.
Sra. González (G.E.).- Señor presidente: sin duda el agua es un recurso natural vital que debemos proteger y es un derecho humano fundamental que ha sido reconocido como tal por el Comité de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas, allá por noviembre de 2002, cuando afirmó que el acceso a cantidades adecuadas de agua limpia para uso doméstico y personal es un derecho humano fundamental de todas las personas.
Este derecho humano al agua está íntimamente relacionado con el derecho a un medioambiente sano y equilibrado, tal cual lo establece nuestra Constitución Nacional en su artículo 41; un medioambiente apto para el desarrollo humano en el que las actividades productivas satisfagan sus necesidades presentes sin comprometer las generaciones futuras. Así lo dice nuestra Constitución Nacional: está hablando sobre lo que llamamos desarrollo sustentable.
Este Congreso, con el objetivo de procurar el uso racional del agua, este recurso tan valioso y estratégico, sancionó la ley 25.688, de aguas, estableciendo los presupuestos mínimos para su preservación, aprovechamiento y uso racional, y también la ley general de ambiente –25.675 , vinculada con presupuestos mínimos destinados al cuidado del medio ambiente.
En línea con cuidar un recurso tan importante, estratégico y vital como es el agua, tenemos el imperativo de proteger las reservas de agua. Hoy el Congreso tiene nuevamente la oportunidad de sancionar una norma de presupuestos mínimos que proteja específicamente dichas reservas; es decir, una ley que considera a los glaciares como reservas estratégicas de los recursos hídricos y proveedores de agua de descarga de cuencas hidrográficas.
En efecto, los glaciares actúan como bancos de agua: almacenan hielo y nieve durante el invierno y a medida que la temperatura asciende, liberan agua hacia los ríos y lagos que pertenecen a su cuenca. La Argentina tiene innumerables y asombrosos glaciares a lo largo de los tres mil kilómetros de Cordillera de los Andes. Esta situación nos hace comprender la necesidad de protegerlos y establecer un marco jurídico especial en materia de presupuestos mínimos que sea coherente con la ley general de ambiente, la ley de aguas y la Constitución Nacional, que en su artículo 124 señala que “corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”.
Hoy no estamos discutiendo si protegemos o no a los glaciares; existe consenso tanto en esta Cámara como en el Senado de que resulta indiscutible proteger el agua y los glaciares. Lo que estamos analizando ahora es cuál de los dictámenes resuelve mejor dicha necesidad de protección. Advierto que ninguno de los dictámenes originarios fue escrito por una minera.
La observación presentada por nuestro bloque tuvo la intención de mejorar técnicamente y plantear una propuesta superadora de la ley sancionada oportunamente por unanimidad y que fuera vetada por la señora presidenta.
Por los motivos expuestos, votaremos afirmativamente en general el dictamen de mayoría, pero plantearemos algunas modificaciones con un criterio superador a fin de evitar ambigüedades y definir técnicamente el bien que se pretende proteger. Obviamente, estamos hablando de los glaciares, pero también queremos proteger al ambiente periglaciar, y aquí es donde residen los mayores disensos. ¿Qué es un ambiente periglaciar, cómo lo entendemos? Lo cierto es que en el dictamen que conocemos hoy -e incluso en el consensuado por el señor diputado Bonasso y el señor senador Filmus- se insiste en la definición de ambiente periglaciar como el área de suelos congelados que actúa como regulador de los recursos hídricos.
Seguimos sosteniendo que esta definición de suelos congelados es ambigua y arbitraria. ¿Qué significa “suelos congelados”? ¿Hablamos de suelos congelados de manera permanente todo el año, dos meses al año, algunos días? Si hablamos de suelos congelados y de alta montaña, ¿nos referimos a cualquier suelo en temperatura menor a cero grado centígrado? Si esto es así, hacemos referencia a toda la montaña, porque en el proyecto consensuado se habla de media y baja montaña, y estamos prohibiendo, en el artículo 6°, la minería y la actividad hidrocarburífera en toda la montaña, porque los suelos congelados, tal cual se están definiendo, se encuentran en ese estado durante dos semanas, tres meses o el tiempo que sea en toda la montaña.
La observación que hicimos es que no se debe tratar de una definición abstracta y semántica sino de una definición que tenga que ver con el área geográfica que vamos a proteger y, en virtud de ello, con qué actividades se van a prohibir y cuáles estarán permitidas. Entonces, no es un dato menor.
Hoy siento que otra vez estamos, quizás, ante una presión política, ante la definición de ganar o perder o de elegir entre agua o desarrollo, cuando en verdad para nosotros se trata de agua y desarrollo. El agua es un recurso estratégico y prioritario a proteger, obviamente, pero podemos desarrollar la minería de manera sustentable, y entonces es “agua y desarrollo”.
Nuestro bloque sostiene que la minería sustentable es posible. Puede convertirse, por la potencialidad que tiene la Argentina, en un eje estratégico conjuntamente con el turismo y la agroindustria, por supuesto de manera sustentable.
Hoy la tecnología nos permite exigir estándares de calidad altos en cuanto al cuidado del medio ambiente y garantizar que la minería se desarrolle sin impactar negativamente en el medio ambiente ni poner en peligro las aguas de provincias que, como lo ha expresado algún diputado preopinante , necesitan esas aguas mucho más que otras provincias por su característica árida y de montaña.
Por lo tanto, es bastante irracional pensar que alguno de nosotros en esta Cámara no quiera proteger el agua de las provincias cordilleranas. Queremos protegerla, pero también permitir la minería sustentable. Esta es nuestra posición.
Se ha hablado mucho de funcionarios corruptos, de emprendimientos mineros que no hacen las cosas como es debido. Ahora bien, ¿eso es suficiente para prohibir una actividad como la minería? La verdad es que no lo creo.
Yo entiendo –y con esto termino para ceder la palabra a mi jefe de bloque, Federico Pinedo que tenemos el desafío de sancionar una ley superadora de la vetada, incorporando estas mejoras en las definiciones técnicas, tratando que no haya una definición ambigua que genere conflictos, de no avasallar las competencias provinciales y de respetar el federalismo, sin elegir entre el agua y el desarrollo sino, justamente, compatibilizando y armonizando el cuidado del medio ambiente con actividades económicas que son fundamentales para provincias que dependen de los recursos naturales de sus montañas. Esto se llama desarrollo sustentable.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Pinedo.- Señor presidente: si los señores diputados se fijan cuál es el proyecto presentado en la Cámara para derogar los reembolsos a las exportaciones de productos de minería en los puertos patagónicos, observarán que es un proyecto mío. Se trata de un proyecto que nunca se trató, que tiene estado parlamentario desde el año 2004 o 2005 y que duerme el sueño de los justos.
Me pareció una barbaridad que la ley minera diga que las regalías máximas para las provincias son del 3 por ciento, y que si se exportan productos minerales en la Patagonia los reembolsos pueden ser del 5 o 7 por ciento. Esto quiere decir que hay que pagarles por encima de lo que tienen que pagar las mineras a las provincias, que por ley nacional son las dueñas del mineral.
Dicho esto, quiero ratificar la posición de la señora miembro informante de mi bloque, la diputada González, en cuanto a que nosotros queremos defender los glaciares y el recurso del agua, pero sin prohibir la minería.
- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 2ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Susana Fadel.
Sr. Pinedo.- Esta tarde ha habido muchos discursos sobre este tema. Hay señores diputados que utilizan este proyecto para obtener otro efecto, que es la prohibición de la minería en la Argentina. Esto nos parece grave y, desde el punto de vista de las provincias, seguramente debe ser considerado inconstitucional.
La discusión se da sobre la definición aparentemente técnica de una palabra extraña, “periglaciar”, que no está en el diccionario de la Real Academia Española.
“Glaciar” quiere decir lo que todos sabemos. ¿Qué quiere decir “peri”? Ustedes recordarán las palabras “perímetro” y “periferia”. “Peri” quiere decir “alrededor de”, “colindante”, “periférico”, “cerca de”. Entonces, ante la discusión que se trabó sobre este tema, después de que voté a favor de la ley anterior me hicieron ver que la definición de “periglaciar” que tenía anteriormente no era correcta. Por eso acompañé la observación de la diputada González.
El diputado Bonasso me comentaba que su intención era proteger las cuencas hídricas de los glaciares y que, en consecuencia, esta iniciativa también tenía que contemplar a los periglaciares que regulan sus cuentas hídricas junto con los glaciares.
Entonces, le dije al diputado Bonasso: “Miguel: yo estoy de acuerdo con eso. ¿Por qué no ponemos lo que vos decís en lugar de lo que dice el proyecto que firmaste?”. Quedamos en eso también junto a otros sectores de la oposición, y mandé una propuesta que no tuvo repuesta que, básicamente, decía que se define como periglaciar a las áreas cercanas, que están alrededor o que circundan los glaciares y que, junto con el glaciar, regulan los recursos de las cuencas hídricas que abastece el glaciar.
Como no tuvimos respuesta, el senador Filmus que era el principal abanderado de la lucha de los periglaciares acordó con el diputado Bonasso la definición que hoy estamos discutiendo, que es la misma que estaba antes, que dice así: “El ambiente periglaciar es el área con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico”. Si se trata de suelos congelados, quiere decir que lo que se congeló es el agua. Si es agua congelada, obviamente, regula los recursos hídricos, porque “hídrico” quiere decir “agua”. No quiere decir “cuencas hídricas reguladas por el glaciar”.
Entonces, con este criterio, como dijo la diputada González, en la ley de defensa de los glaciares se habría prohibido la minería en toda la Cordillera de los Andes.
Conozco mucho la Cordillera de los Andes. La conozco a mil, a dos mil, a tres mil, a cuatro mil y hasta a cinco mil metros de altura. En todas ellas hay áreas con aguas congeladas. En cualquier altura. De manera tal que, si la definición es la que acabo de mencionar, habremos prohibido la minería en toda la Cordillera de los Andes.
Este no es un tema hipotético; es una cuestión de definición. Se dice que de todas maneras solamente estarán protegidas las áreas que integren los inventarios hechos por un instituto técnico con la intervención de las provincias.
Lo cierto es que las provincias no intervienen. Lo cierto es que nada dice que solamente van a estar protegidas las que estén en el inventario.
Lo que surge del texto del dictamen es que todos los periglaciares, de acuerdo con el inciso c) del artículo 6°, no pueden tener minería. O sea, todos los suelos congelados que, obviamente, regulan recursos hídricos
–porque se refieren al agua , tendrían vedada la actividad minera en toda la Cordillera de los Andes.
Hay un punto en el que quiero ser sincero. Si queremos atacar o evitar la minería lo que tenemos que hacer es privarnos del uso...
Sra. Presidenta (Fadel).- El señor diputado Bonasso le solicita una interrupción. ¿La concede?
Sr. Pinedo.- Sí, pero le pido que por favor me permita terminar este concepto.
Deberíamos ser sinceros y privarnos del uso de todos los minerales. Porque si lo que se está defendiendo es el ambiente, éste es global, de todo el mundo, y no estaría bien que usáramos cobre de Chile, Australia u otro lugar, o cualquier otro mineral que se saque de otro lugar y no de la Argentina, si en verdad queremos defender el ambiente de todo el mundo.
Para atacar la minería se esgrimen algunos argumentos efectistas, como por ejemplo, que se gasta toda el agua. Si se pretende defender el agua, además de evitar la minería deberíamos dejar de utilizar la agricultura, que usa el 70 por ciento del agua del planeta. Hay cosas que hay que hablarlas dentro de determinados parámetros y no de otros.
Básicamente nosotros queremos defender los glaciares y por eso votaremos en general a favor del proyecto, aunque en la consideración en particular propondremos una modificación al artículo 2º, que define los periglaciares, no en los términos de nuestra observación sino en los que hemos interpretado que el diputado Bonasso quiere defender, que son las cuencas hídricas gobernadas por los glaciares.
De todas maneras, antes de terminar, encantado concedo la interrupción al señor diputado Bonasso.
Sra. Presidenta (Fadel).- Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Bonasso.- Gracias, señora presidenta y señor diputado Pinedo.
El área periglaciar no es cualquier charco congelado en la montaña, sea alta, media o baja, como dice el proyecto consensuado, sino que forma parte de un ecosistema en el cual está el glaciar, y por delante de éste y rodeándolo hay un área periglaciar que a veces contiene lo que el proyecto inicial del Senado tenía solamente bajo protección, que es el llamado glaciar de escombro, que es un glaciar tapado.
El área periglaciar está definida de manera más genérica porque incluye, en algunos casos, al glaciar de escombro, en una proporción que, por supuesto, varía entre un 40 y un 70 por ciento según los distintos lugares, pero que forma parte de ese ecosistema.
Esto significa, en primer lugar, que el proyecto no está referido a cualquier agua congelada en cualquier lugar de la Cordillera de los Andes. En segundo lugar, quiero aclarar muy rápidamente que este proyecto de ley no es antiminero sino de protección de los glaciares. El debate se ha convertido en un cuestionamiento de la mega minería a cielo abierto en función de que el veto de la ley original de protección nace, precisamente, del lobby y la presión de la Barrick Gold, como lo dice un alto funcionario técnico de este gobierno, que es el presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Enrique Martínez.
Sra. Presidenta (Fadel).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Pinedo.- La verdad es que a mí me importa un pito Barrick Gold, pero comparto lo que acaba de decir el diputado Bonasso. Me alegra, porque lo que él acaba de definir como periglaciar es lo que nosotros definimos como tal, pero no es lo que dice el texto que acordó con Filmus. En consecuencia, en la consideración en particular propondré algo parecido a lo que Bonasso dijo recién y espero que nos acompañe en la votación.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Cortina.- Señora presidenta: tenemos sobre las bancas el texto consensuado sobre presupuestos mínimos para la preservación de glaciares y ambiente periglacial en la Argentina, en el marco de la atribución de dictar normas en la materia que otorga al Congreso el artículo 41 de la Constitución Nacional.
Este texto mejora el de la ley 26.418, que fue vetada por el Poder Ejecutivo nacional, y deja atrás algunas propuestas de modificación introducidas en la sanción del Senado.
Esto lo hemos charlado con senadores de otras bancadas y con nuestro propio senador. Lo digo antes de que en el cierre algún diputado del Frente para la Victoria lea nuevamente la lista de los senadores que votaron ese proyecto de Filmus. Podemos equivocarnos, pero también podemos rectificar nuestro error. Desde nuestro punto de vista los alcances protectorios de esa sanción proveniente del Senado eran menos restrictivos.
Este texto toma esa sanción, por las conversaciones y consensos a los que hacía referencia el señor diputado Bonasso con el senador Filmus, y algunas cuestiones las mejora técnicamente. Por ejemplo, la mención expresa a las instancias de participación ciudadana, que ya están previstas en la ley general del ambiente, pero lo que abunda no daña. También la injerencia como autoridad competente de la Dirección de Parques Nacionales y la inclusión entre las facultades de la autoridad de aplicación de aportar una política referente al cambio climático.
Para nosotros es importante que se sostenga la definición del proyecto inicial de Maffei, presentado nuevamente por el diputado Bonasso, que tiene que ver con la última discusión a que hacía referencia el representante del PRO y que fue muy bien corregida por el diputado Bonasso, en relación con el concepto de área periglaciar. De acuerdo con la sanción del Senado parecía existir un ambiente periglaciar y un ambiente periglaciar protegido, por lo que se concluía que si había uno protegido, otra parte del ambiente periglaciar no estaba protegida.
También se habla de un área periglaciar de escombros y un área periglaciar de suelos congelados, y la sanción del Senado protegía la primera pero no la segunda.
Entonces, está muy bien la aclaración que hizo el diputado Bonasso porque, efectivamente, lo que plantean las organizaciones ambientalistas y los científicos es que en los suelos congelados de un área periglaciar la parte superior se descongela en primavera o verano mientras que la parte inferior siempre queda congelada, lo cual no sucede con muchas laderas de montañas, donde incluso en primavera o verano se cultiva, aquí en la Argentina y en el resto del mundo.
Además, es un error confundir una montaña con nieves eternas, que no es una reserva de agua, con un glaciar, que sí lo es.
Por ello, nos parece que insistir en el proyecto original de Maffei, presentado nuevamente por el diputado Bonasso, fue un acierto por parte de las bancadas que emitieron el dictamen de mayoría en la Comisión de Recursos Naturales.
No es real, como se pretendió argumentar falazmente en contra de la definición del ambiente periglacial, contenida en este despacho de mayoría, que por su extensión tenía que ser precisada por la reglamentación.
¿Alguien puede pensar seriamente que si la presidenta Cristina Kirchner tenía la posibilidad de acotar por vía reglamentaria los alcances de la protección de la ley 26.418 hubiera recurrido a un veto en el que expresamente y sin tapujos se sostiene “la prohibición de la exploración y explotación minera o petrolífera incluyendo en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial saturado de hielo daría permanencia a los aspectos ambientales por encima de actividades que podrían autorizarse y desarrollarse en perfecto cuidado del medio ambiente”?
Si lo iban a hacer por vía de la reglamentación, ¿para qué la vetaron?. En realidad, lo único extenso en esta propuesta es la protección. Las zonas periglaciares van a quedar definidas a partir de la realización del inventario nacional, y la reglamentación no va a poder desconocerlo so pena de inconstitucionalidad.
Otro aspecto relevante del texto que estamos tratando es el referido a la realización de una auditoría ambiental en la que se identifiquen y cuantifiquen los impactos ambientales potenciales y generados respecto de las actividades prohibidas por la ley que ya se encuentra en ejecución con anterioridad a su sanción.
Hay que reconocer por supuesto el aporte de muchas organizaciones ambientales en cuanto a la precisión de los plazos. No sé si esto lo ha manifestado en su informe el señor diputado Bonasso, pero sé que en esto trabajaron muchas organizaciones ambientalistas.
Asimismo, consideramos central que esa responsabilidad no quede exclusivamente en manos de las autoridades provinciales, como lo proponía la sanción del Senado. Obviamente, sabemos que a partir de la reforma de la Constitución de 1994 corresponde el dominio originario de los recursos naturales a las provincias.
No estamos en una discusión de unitarios o federales, como a veces se repite hasta el hartazgo en este recinto. Lo que estamos discutiendo es otra cosa. No es que corresponde a la Nación o a las provincias, corresponde a las futuras generaciones. Los sanjuaninos no van a vivir toda la vida en San Juan. Este es un país. Esto es para las futuras generaciones.
Además, por el artículo 41 de la Constitución el Congreso de la Nación puede dictar y sancionar presupuestos mínimos de protección. Este es el equilibrio que debe haber en un país federal.
Voy a decir algo que tenía miedo de plantear al principio de mi exposición porque veo que ahora estamos más tranquilos, llevando adelante el debate con altura y con fundamentos, defendiendo una y otra posición.
En verdad, no cuenten con el socialismo para los agravios y las denuncias personales, que quizá se hicieron al fragor del primer debate o cuando apenas se inició el debate de esta ley.
No venimos aquí a acusar a nadie que sea empleado de una minera. Me parece que nadie puede tirar la primera piedra en este Congreso.
En este Parlamento también se dijo que muchos sectores de la oposición éramos empleados de Magneto. No cuenten con nosotros ni para una cosa ni para la otra.
Lo que interesa a los socialistas es tratar de hacer una caracterización que nos lleve al hilo conductor de la ubicación política del proyecto que estamos discutiendo, y ese hilo conductor lo encontramos cuando leemos los términos del veto.
Me refiero a la sanción del Senado y a la sanción a contrareloj y a las apuradas que están haciendo muchas legislaturas provinciales. Cuando se unen estos tres elementos se encuentra un hilo conductor, más allá de los gritos e insultos. El hilo conductor es que esta iniciativa se alza contra la promesa que pidió la Barrick Gold de no alterar las reglas de juego que rigen en los emprendimientos mineros en nuestro país.
Esta es la realidad; si no, sería imposible explicar que la presidenta de la Nación vete una norma que habían sancionado por unanimidad la Cámara de Diputados y la de Senadores. Luego, casualmente aparece el proyecto de Filmus, y cuando se está dictaminando en la Comisión de Recursos Naturales las legislaturas provinciales empiezan a sancionar leyes de estas características.
No se trata de acusar a nadie de ser empleado, sino de describir una realidad de intereses económicos objetivos, que se está dando en la Argentina. Algunos tenemos posiciones diferentes a otros.
Pascua Lama es uno de los controvertidos emprendimientos de la Barrick Gold. Se trata de un proyecto minero binacional: el más grande de Latinoamérica, oscuramente autorizado por las autoridades provinciales y nacionales, pese a las denuncias.
Hablemos de los números. En su defensa, los voceros gubernamentales de la empresa hablan de la creación de 6.500 empleos directos durante la construcción y de 1.660 durante la operación, además de puestos indirectos y beneficios económicos derivados del fomento productivo que tendrá lugar durante los veintitrés años de vida útil del emprendimiento.
Se esperan extraer 18 millones de onzas de oro, 731 millones de onzas de plata y 662 millones de libras de bronce. Aun cuando esto fuera cierto, muchos se preguntan qué será de la vida de Pascua Lama en el año veinticuatro, una vez que se hayan llevado todo el oro, el bronce y la plata. ¿Qué pasará con los oasis vitivinícolas y frutícolas, con la agricultura y con las familias en Pascua Lama después de veintitrés años? Los glaciares son justamente una reserva de vida, porque la vida es agua.
Pese a su trascendencia, estos glaciares hoy se encuentran atravesando una situación de degradación, no sólo por estos emprendimientos, sino también por el avance del cambio climático.
Por eso, aprovechando la discusión de este dictamen, voy a insistir –me lo ha prometido el presidente de la Comisión de Recursos Naturales en la sanción de una iniciativa como la que he presentado –también creo que lo ha hecho la señora diputada Reyes , sobre marco regulatorio de políticas públicas, a fin de adaptar muchas regiones del país al avance del cambio climático y para mitigar sus efectos y causas.
Sería un marco que debería cumplir con una triple finalidad. En primer lugar, instalar una agenda pública. Segundo, elaborar un plan nacional que avance en un tratamiento integral y no fragmentado, provincia por provincia. Además, se debería comprometer política y presupuestariamente al Estado nacional, a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Por eso vamos a insistir con este dictamen.
Culmino señalando que vamos a votar por la afirmativa el proyecto presentado por la ex diputada Maffei, que luego contó con el dictamen de mayoría de la Comisión de Recursos Naturales. Lo haremos como una forma de ratificar la vocación y el compromiso del partido Socialista de asumir la defensa de nuestros recursos naturales, no sólo para el país sino también para las futuras generaciones.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Salta, quien compartirá el tiempo con el señor diputado Morejón.
Sr. López Arias.- Señora presidenta: como se anticipó parte de esta discusión luego del cuarto intermedio, ya dije muchas de las cosas que pensaba expresar respecto de esta cuestión. Por lo tanto, voy a ser muy breve para ceder luego el uso de la palabra a mi compañero de bancada, el señor diputado Morejón.
Además, debo aclarar que algunas de las cosas que voy a manifestar son a título personal.
Hechas estas aclaraciones, tengo que decir que me interesa el proyecto; quiero votarlo, porque estoy convencido de la necesidad de proteger los glaciares. Mi posición no responde a ningún otro interés, porque no tengo nada que ver con la Barrick Gold. Sin embargo, no puedo dejar de tener en cuenta las preocupaciones que me llegan de mi provincia, a la cual me debo.
En más de una oportunidad le he manifestado al señor diputado Bonasso que una de mis preocupaciones radica en la forma en las que se han definido las áreas periglaciares. Me preocupa que esta definición trabe en el futuro la realización de actividades lícitas y legítimas.
En ese sentido, mi provincia tiene expectativas puestas en el desarrollo de la minería. Las provincias del Norte -entre las que se encuentra Salta- están muy angustiadas por el elevado nivel de necesidades básicas insatisfechas, por los altos índices de pobreza y por las dificultades que tienen para crear fuentes de trabajo y así atender las necesidades de nuestra gente. Debemos hacer los esfuerzos necesarios para enfrentar estos problemas sociales y económicos que hoy vive el Norte de nuestro país.
Sin duda, uno de los elementos que nos puede ayudar para mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo es el desarrollo de la actividad minera. Para nosotros ese desarrollo se tiene que dar de manera tal que las provincias no sigan cobrando las miserables regalías que surgen por la aplicación de las viejas leyes; por el contrario, nuestras provincias tienen que ser socias en esos proyectos para conseguir otros beneficios y, al mismo tiempo, ejercer un estricto control de la cuestión ambiental. De este modo no habrá dudas de que estamos hablando del desarrollo de una actividad de manera sustentable, con todo lo que implica ese concepto.
Reitero que me gustaría acompañar este proyecto, pero no podré hacerlo si no precisamos los alcances del artículo 2º. En este sentido, quiero poner de ejemplo algo que no tiene nada que ver con el oro. Uno de los productos estrella que ha dado lugar a una fuerte actividad de exploración en mi provincia y en muchas otras del país es el litio, que se extrae fundamentalmente de los salares. El tema es que por lo general en los salares hay afloramientos de agua, por lo que de aplicarse en un sentido laxo el artículo 2º del proyecto que ha propuesto el señor diputado Bonasso podríamos terminar prohibiendo el desarrollo de una actividad que puede ser beneficiosa para el país y que también es amigable con el ambiente.
En esa actividad no se utiliza ningún producto químico. Por el contrario, el litio se ha puesto de moda porque tiene una alta capacidad para almacenar energía limpia. Incluso, permite mejorar la matriz de energía del mundo, que a través del calentamiento global está provocando la destrucción del planeta.
Recurro a ese ejemplo porque como salteño quiero que esa actividad se desarrolle, pero aclaro que no tengo ningún interés particular en ella.
Por estas razones, solicito al señor diputado Bonasso que tratemos de evitar efectos no queridos. Protejamos las áreas glaciares y periglaciares, pero démosle al artículo una redacción técnica precisa para no afectar a otras actividades que estoy seguro no están dentro de las preocupaciones del señor diputado Bonasso.
Como el tema en discusión no lo domino técnicamente, hice una consulta con gente de mi provincia sobre la propuesta de la diputada González. Inmediatamente me enviaron una redacción que coincide en gran medida con lo que propusieron los diputados Pinedo y González. Creo que con esta redacción llevaremos tranquilidad, ya que no vamos a trabar la realización de otras actividades que no forman parte de los objetivos de este proyecto de ley.
Adelanto que voy a votar favorablemente en general, como también en particular, salvo el artículo 2°, que no puedo apoyar por la forma como ha sido redactado. Insistiré en plantear alguna otra alternativa como la que ha expuesto el señor diputado Pinedo, con el fin de tener una precisión técnica que nos posibilite proteger los glaciares y periglaciares.
Debemos precisar bien que no estamos trabando ningún otro tipo de actividad legítima o lícita, donde nuestras provincias tienen enormes expectativas puestas como para mejorar la calidad de vida de nuestra gente con una actividad generadora de empleo y de puestos de trabajo. Cuando está bien controlada, como corresponde, también debe ser amigable desde el punto de vista ambiental.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Chubut.
Sr. Morejón.- Señora presidenta: en principio quiero destacar el esfuerzo realizado por los distintos bloques, principalmente los autores de estos proyectos, como el senador Filmus y el diputado Bonasso. Han arribado a un acuerdo respecto de un dictamen que imponga una mayoría contundente en la sanción de un proyecto de ley de presupuestos mínimos para la preservación y el futuro de los glaciares y periglaciares.
El veto presidencial a la ley 26.418, casualmente votada con mayorías contundentes de ambas Cámaras, resultó una ofensa no sólo para la voluntad expresada por el Poder Legislativo sino también para aquellos que consideraban urgente establecer criterios básicos de protección ambiental frente al avance depredador del hombre como especie, que basado en supuestos beneficios económicos para su supervivencia termina destruyendo su propio hábitat y el de otras especies, además del aceleramiento y calentamiento global del planeta.
El proyecto de ley que estamos debatiendo significa la protección de nuestras aguas dulces en forma de hielos glaciáricos, que junto con los hielos polares representa el 79 por ciento del total del agua dulce del planeta. Sólo representa el escaso 2,5 por ciento del total del agua dulce y salada.
Estamos hablando de glaciares que abastecen ríos, lagos, bosques y poblaciones de distintas especies que terminan formando distintos ecosistemas. De allí la importancia de establecer pautas estrictas de conservación respecto de las actividades que realiza el hombre de conformidad con lo normado por el artículo 41 de nuestra Constitución Nacional, en particular en lo que tiene que ver con la actividad minera e hidrocarburífera en su etapa de exploración y explotación que afecta a los glaciares o periglaciares con la construcción de caminos, perforaciones, uso de explosivos, levantamiento de polvo que se deposita en los glaciares y la cobertura de los mismos que se deposita con material de descarte, acelerando su derretimiento, más allá de que se utilicen o no elementos químicos como el cianuro. Se reduce la acumulación de hielo y su posterior retroceso.
En eso quiero dejar en claro que el artículo 6° del proyecto sobre actividades prohibidas en sus incisos a), c) y d) es claro en cuanto a los nuevos agregados sobre el ambiente periglacial. De la misma forma, la redefinición del artículo 2° sobre periglacial de alta, media y baja montaña como regulador de los recursos hídricos.
Es evidente que de aprobarse este proyecto habremos dado un paso a la protección del medio ambiente, pero esto no es suficiente.
Es necesaria una ley sobre política climática del país que preserve los ecosistemas existentes y que se cambie la matriz energética, reduciendo la combustión de combustibles fósiles que aumenten el efecto invernadero o el derretimiento de los hielos. Se debe zonificar la actividad minera para su explotación, evitando el riesgo ambiental.
En la provincia de Chubut se ha decidido que en la zona cordillerana –nacimiento de las cuencas hídricas que alimentan la población y la agricultura de nuestra provincia y Chile- no se realiza actividad de la megaminería.
Atento a que nos encontramos ante la sanción de un proyecto de ley de presupuestos mínimos aboguemos para que las jurisdicciones provinciales legislen aumentando la tutela brindada por la ley nacional.
Adelanto que acompaño con mi voto el proyecto propuesto.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Solanas.- Señora presidenta: después de todo lo dicho, trataré de centrarme en algunos temas que no han sido tratados. Sobre todo, queda bastante confusión como producto de la falta de información sobre una cuestión tan grave como es la explotación de la minería a gran escala en la Cordillera de los Andes.
Por supuesto, en muchas intervenciones se dijo: “queremos minería, no nos oponemos a ella”. Esto equivale a decir que hay un grupo que no quiere la agricultura porque cuestiona cuando en ella se utilizan agrotóxicos a gran escala. Aquí nos estamos refiriendo a los estragos y daños ambientales comprobados que se han producido a partir de la puesta en marcha de la megaminería hacia fines de la década de los 90.
Si hoy discutimos la ley de protección de los glaciares es porque hay un peligro que acecha sobre estos bienes, que como bien se dijo son la fuente de vida o el tanque de agua que tenemos en cada una de nuestras casas, porque cuando hay una enorme sequía los ríos se siguen alimentando a partir de estas fuentes.
Hagamos un poco de historia. ¿De dónde viene esta megaminería? A finales de los años 80 se sabía que el desarrollo enorme de algunos grandes países iba a requerir de una muy importante masa de metales. El Banco Mundial lanzó y financió un plan de modificación de la legislación minera en más de setenta países con grandes reservas. En la Argentina colocó más de sesenta millones de dólares. Esto figura en las memorias del Banco Mundial. No se sabe a manos de quién fueron a parar.
Esa reforma de la legislación minera es muy semejante en casi todos estos países, y su común denominador es que sorprende la indefensión con respecto a los intereses nacionales y a las poblaciones. O sea que está todo hecho para favorecer las corporaciones mineras.
¿Qué ha sucedido en la República Argentina en estos años? Al final de la década del 80, conociendo esta tendencia, las corporaciones mineras compraron buena parte de los grandes yacimientos detectados por el Estado nacional en la Cordillera de los Andes y en otros macizos montañosos.
Recuerden que según el Código de Minería el Estado está obligado a hacer prospección minera y a brindar toda la información a los privados, y pone reparos y prohíbe la participación minera.
Por otra parte, debemos tener en cuenta que en el año 1994 –con la reforma constitucional los recursos del subsuelo pasaron a las provincias, que quedaron en manos de la tentación de las grandes corporaciones. Estoy hablando de las provincias secularmente pobres donde las corporaciones desembarcaron con grandes campañas publicitarias ofreciendo desarrollo, riqueza y trabajo para todos.
Por supuesto, el canto más oído fue que la megaminería no produciría daño ambiental alguno. Las poblaciones se contaminaron con ese canto, las comunidades se dividieron y estos proyectos finalmente se aprobaron.
Después de muchos años se empezó a conocer la otra cara de la moneda: lo que se había derramado sobre las poblaciones instaladas al pie de los yacimienots no fueron las riquezas sino la contaminación. Por supuesto que nadie muere por beber un vaso de agua, como muestran las publicidades de las corporaciones que invitan al visitante del yacimiento, pero cientos o miles de vasos de agua bebidos a lo largo de varios años con una carga de metales distinta a la que el organismo está preparado provoca alteraciones como las que se han advertido en la salud de los habitantes aledaños a los grandes yacimientos.
Se ha demostrado que esta contaminación ambiental produjo una enorme contaminación social y también corrupción. En este sentido, los informes de impacto ambiental eran elaborados por las propias corporaciones. Estas corporaciones terminaron siendo socias de los gobiernos provinciales; el caso más elocuente es Catamarca, que resultó ser socia de la minera Bajo de La Alumbrera. Los informes de impacto ambiental mintieron y fraguaron la información. Reitero: el caso de la minera Bajo de La Alumbrera es el más paradigmático. La investigación llevada a cabo por Gendarmería Nacional y otros organismos demostró que los índices de contaminación eran otros, que la provincia de Tucumán había alterado la información y que las cifras habían sobrepasado los límites que la propia legislación establece en defensa del medio ambiente.
En síntesis: el cuidado del medio ambiente quedaba en manos del zorro que debía cuidar a las gallinas. Todos estos peligros concretos provocaron que las comunidades tocadas por la megaminería, es decir minería a gran escala, se pusieran de pie y comenzaran una movilización extraordinaria, que terminó convenciendo a las legislaturas de siete provincias acerca de la necesidad de prohibir este tipo de minería a cielo abierto con sustancias contaminantes. Esta es la minería que se intenta poner en práctica en la Cordillera de los Andes.
Otro tema muy importante a tener en cuenta es que el peligro que acecha sobre los glaciares está directamente ligado al Tratado de Complementación Minera Chileno Argentino firmado a fines de diciembre de 1997 y puesto en vigencia a partir del año 2000. Este tratado, según el Manifiesto del Cobre firmado por técnicos chilenos, denunciaba que es un fenómeno inédito en la historia contemporánea; es el inicio de una gran transformación de la organización territorial del mundo que se superpone a los países y se corresponde con la globalización actual de la economía mundial. Constituye un paso adicional en el dominio universal del capital sobre la sociedad y la naturaleza. En definitiva, es la expropiación más grave de las riquezas básicas de un país en toda su historia mundial contemporánea y un despojo más al pueblo, desconocido por la ciudadanía en su conjunto.
¿Cuál es este tratado de complementación argentino chileno? Es el que entre otras empresas –la nave insignia, como diría el gran investigador Javier Rodríguez Pardo iba a vender a las Legislaturas y a los gobiernos de Chile y la Argentina una zona fronteriza de 100 kilómetros a cada lado de la frontera a lo largo de 3.000 kilómetros de la cordillera de Los Andes.
Esa zona fronteriza significa la creación de un país virtual, del territorio de las corporaciones mineras. Significa el establecimiento de un área de operaciones de 346.000 kilómetros cuadrados donde las compañías mineras pueden explotar sin ningún tipo de restricción todos los recursos naturales. Es decir, operan como un país dentro de nuestro propio país; tienen aduana, aeropuerto, estaciones, bases, policía propia, barreras, cortan caminos, etcétera.
El objetivo de este tratado era poder sacar los minerales de la cordillera vía Pacífico, ya que el negocio no es rentable si estos son sacados 1.000 ó 1.200 kilómetros abajo hacia el Atlántico.
Dos años más tarde este tratado –al que la Argentina no opuso ningún reparo fue denunciado por inconstitucional en Chile, país donde recibió severos reparos. Chile prohibió las servidumbres mineras que se necesitaban para sacar el mineral de la Argentina hacia Chile, y esto empezó a petardear el convenio. De todas maneras, los reiterados viajes de Peter Munk y la Barrick Gold junto a su grupo político asociado, que es el clan Gioja en la provincia de San Juan, ha permitido el apoyo de varios gobiernos, entre ellos el de Cristina Fernández de Kirchner. Esta es la realidad.
El peligro concreto existió y existe, porque ya se alteraron los glaciares. Hay tres casos en la cordillera sanjuanina, al costado de Pascua Lama, que son los glaciares Toro I, Toro II y Esperanza, donde intervino Barrick Gold. No es cierto que no hay agua y que por eso no se puede extraer, porque se hacen perforaciones. Las intervenciones son perforaciones a profundidad, y de allí sale el agua.
Estamos ante una situación de extremo peligro que pone en riesgo esta fuente extraordinaria de agua que son los glaciares. Tendríamos que rendir homenaje a las asambleas ciudadanas porque han creado desde las provincias, por primera vez en nuestro país, una conciencia ambientalista que antes no existía. Si hoy estamos discutiendo esta ley es porque ha sido empujada desde esas movilizaciones.
Hoy, por primera vez en la Argentina, se discute lo que antes no se discutía. Es un gran triunfo –como bien dijo una diputada que me antecedió , aunque está opacado. El triunfo que seguramente se obtendrá en el Parlamento ya está opacado por el surgimiento en algunas provincias mineras –La Rioja, hoy San Juan, Jujuy de leyes exprés de falsa protección de los glaciares que con una serie de argucias dejan las cosas más o menos con el control que tienen hoy. Son los controles Sr. Presidente (Fellner).- En consideración el plan de labor leído por Secretaría.
- Resulta afirmativa.
Sr. Presidente (Fellner).- Queda aprobado el plan de labor.
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mociones de preferencia y de tratamiento sobre tablas
Mociones de preferencias con despacho de comisión
Sr. Presidente (Fellner).- Corresponde pasar al término previsto por el artículo 168 del reglamento destinado a mociones de preferencia y tratamiento sobre tablas.
A Secretaría se han hecho llegar los pedidos de los distintos bloques políticos y se procederá a su lectura. A continuación de dicha lectura –y antes de los homenajes , le daré la palabra al diputado Recalde.
Sr. Secretario (Hidalgo).- Solicitudes de preferencias con despacho para la próxima sesión.
Bloque Frente para la Victoria PJ.
Expediente 3.395-D.-2010. De ley. El campo del cielo ubicado en las provincias del Chaco y Santiago del Estero. Se lo declara bien de interés histórico.
Expediente 3.124-D.-2010. De ley. Declárase el 7 de mayo de cada año como Día Nacional de la Mujer, en conmemoración del nacimiento de María Eva Duarte de Perón.
Expediente 4.015-D.-2010. De resolución. Expresar reconocimiento a la tarea desarrollada por el Banco Nacional de Datos Genéricos, que posibilitó la identificación de personas como hijas e hijos de desaparecidos en la última dictadura militar.
Expediente 1-P.E.-2010. De ley. Creación del régimen de contrato de trabajo para el personal de casas particulares.
Expediente 2-P.E.-2010. De ley. Modificación de la ley 24.522, de concursos y quiebras, en lo referente a la participación activa de los trabajadores.
Expediente 3-P.E.-2010. De ley. Régimen penal tributario. Modificaciones sobre sanciones a la evasión del pago de tributos al fisco nacional.
provinciales de sus propios funcionariatos que responden a las órdenes de sus gobernadores ligados y asociados a corporaciones que al año facturan tres, cuatro y hasta cinco veces más que el presupuesto de esas provincias, que son rehenes de estas multinacionales. Esto hay que decirlo de una vez por todas.
Entonces, es muy importante que la Nación salga a proteger los glaciares porque constituyen un patrimonio público. Los glaciares son un bien público de interés de todos los argentinos, y no sólo de las provincias donde se encuentren ubicados. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Basteiro.- Señora presidenta: nuestro bloque va a apoyar, tal como lo hemos venido haciendo desde el comienzo del debate, el marco regulatorio establecido en el proyecto de ley que estamos considerando.
Dicho marco regulatorio fija pautas para la explotación minera principalmente en la zona de la cordillera y donde existan glaciares.
El principal motivo de nuestra preocupación es que entendemos que en los glaciares abundan recursos naturales, como los reservorios de agua. Es muy importante comprender que este es uno de los bienes más preciados, y seguramente nuestro país y el mundo los necesitarán a futuro.
Hoy por hoy, se hacen conjeturas relacionadas con las guerras que vivimos debido a la escasez de petróleo y recursos mineros por parte de las potencias mundiales. Seguramente, a futuro será el agua ese bien preciado e indispensable que necesita la humanidad. Nuestro país lo tiene depositado en cantidad en estas zonas. Por eso, quiero afirmar nuestro compromiso para discutir y apoyar un proyecto que este plenario debe debatir.
Desde un principio los integrantes de nuestro bloque político fueron cofirmantes del proyecto que presentó hace algunos años la diputada Marta Maffei. La aprobación unánime que oportunamente se llevó a cabo en esta Cámara implica un antecedente más que importante para poder estar discutiendo esta iniciativa en el día de hoy, con la certeza de que no es la primera vez que la estamos discutiendo. No es algo nuevo. No es algo que nos esté sorprendiendo a partir de algunos cambios. Se trata de un debate que ya lleva mucho tiempo dentro de este Congreso, y fue aprobado por unanimidad en esta Cámara y en el Senado.
Cuando se hizo una insistencia a posteriori del veto del Poder Ejecutivo, nuestro bloque planteó la necesidad de que dicho veto fuera superado para poder contar con ese marco regulatorio que hoy reclamamos. Por eso nos alegra que hoy hayamos podido encontrar un consenso.
Durante este último tiempo veíamos con preocupación cómo existían dos proyectos. Uno venía del Senado, presentado por el senador Filmus, que había llegado a esta Cámara para ser debatido y votado. Además, había un proyecto elaborado por la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano –me refiero al proyecto de la ex diputada Marta Maffei, reproducido ahora por el diputado Bonasso que había sido suscripto por suficiente cantidad de legisladores como para poder ser tratado en este recinto. Sabíamos que eran proyectos que no tenían grandes diferenciaciones ya que tenían similitudes importantes en la mayoría de sus artículos. Veíamos que tenían un mismo espíritu y un mismo objetivo: defender el ambiente, los glaciares, los recursos naturales y la soberanía misma de la Nación a partir de plantear la intervención de determinados organismos que comenzarán a poner un poco de luz en esto que hasta el momento nuestra legislación nunca había atendido.
Observábamos cómo estos dos proyectos bastante disímiles confrontaban abiertamente. Lo cierto es que la mayoría de los diputados carecemos de conocimientos técnicos en esta materia. Personalmente me niego a convertirme en esta sesión en un especialista en glaciología. Lo importante de este debate y los acuerdos alcanzados es que abren la posibilidad de no entrar a realizar definiciones técnicas y que haya organismos especializados que comenzarán a hacer una evaluación de la cantidad de glaciares que existen en nuestro país.
Todavía ignoramos ese número, esa referencia principal, como para saber hasta dónde puede influir cada una de las propuestas y definiciones que se adopten en adelante. Para dar un ejemplo, en el Parque Nacional Los Glaciares, provincia de Santa Cruz, en un área de 6 mil kilómetros cuadrados aproximadamente existen no menos de 50 glaciares de grandes dimensiones, calculándose que hay otros 200 pequeños. Si esto lo extendemos a los más de tres mil kilómetros de nuestra cordillera en el límite con Chile el número de glaciares será muy importante. Por eso deberemos trabajar para defenderlos y no permitir que estas empresas como la Barrick Gold hagan en la Argentina lo que no les permiten hacer en sus países de origen.
Muchas veces estos desarrollos empresarios se vienen a hacer a nuestras tierras porque en sus países de origen no les permiten incidir abiertamente sobre el proceso natural de un glaciar y mucho menos utilizar materiales que pueden generar contaminación ambiental, de las aguas o del subsuelo. Por ende, me parece sumamente importante apoyar el dictamen de mayoría.
Estuve en PascuaLama, en El Rodeo, el pueblito más cercano a la mina. El portón de entrada está a cientos de kilómetros de la mina y allí no vale ser diputado nacional, autoridad de aplicación nacional, ministro ni presidente de la Nación. Es un territorio privado donde hay un ejército privado y caminos privados a los que se imposibilita el acceso por más que uno tenga un motivo más que certero y necesario para ingresar. Estas son algunas de las medidas que seguramente a futuro este Congreso de la Nación deberá debatir para no permitir algunos abusos. Por eso creo que también estamos discutiendo e intentando modificar una cuestión de soberanía.
Me parece importante marcar la actitud que tienen estas empresas dentro de nuestro territorio al no respetar la legislación laboral. Pocos meses atrás en la Comisión de Legislación del Trabajo tuvimos que recibir al delegado general de los trabajadores de un sindicato que se había conformado en esa mina, quien había sido despedido por el sólo hecho de reclamar cuestiones mínimas, elementales y fundamentales de trabajo. Hubo una gran pelea para restablecer a ese trabajador en su puesto. Hoy lo hemos logrado pero principalmente por la movilización, los conflictos y los paros que los propios trabajadores tuvieron que llevar adelante para defender a este compañero. Él planteó en la Comisión de Legislación del Trabajo los abusos que cometía la empresa, ya no con los trabajadores formales sino con gran número de empleados informales que tiene en ese lugar, que aunque se sabe que hay trabajadores no registrados o en negro se le permite seguir funcionando.
Para no desviarme del tema en consideración, que es la necesidad de defender ese recurso natural que son los glaciares, entendemos que es lógico y necesario empezar a defender esos recursos que están en la cordillera así como en cada rincón del país, tomando conciencia clara, plena y absoluta de la necesidad de defender el recurso natural del agua.
- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.
Sr. Basteiro.- Todos los que habitamos este país federal tenemos que preocuparnos por llevar adelante los mecanismos que garanticen un mejor funcionamiento de cualquier tipo de explotación minera que se quiera realizar.
También es importante remarcar, coincidiendo con las opiniones de muchos diputados, que se debería trabajar sobre las condiciones favorables que tienen estas empresas, que retiran los recursos naturales y prácticamente no pagan ningún tipo de impuesto o retención. Algunos planteaban que habría que imponerles más retenciones, y eso me parece excelente. Pero no nos sorprendamos que cuando intentemos discutir una renta extraordinaria trayendo el tema a debate a este Congreso algunos bloques que hoy pueden estar opinando favorablemente sobre esa posición, después se nieguen a discutir retenciones porque afectan determinados intereses, como ya nos sucedió con la resolución 125.
Adelantamos nuestro voto positivo al dictamen de mayoría y lamentamos que el acuerdo que existe entre los autores de los dos proyectos no pueda ser acompañado por la totalidad de la Cámara.
Cuando comenzó este debate, creí que iba a ser diferente, que iba a haber coincidencias plenas y absolutas. Lamento que en algunos casos se aprovechara esta oportunidad que genera la oposición o el intento del bloque oficialista de rechazar el debate hoy para sacar provecho político, lo cual no tendría que estar discutiéndose en un caso como este. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Alcuaz.- Señor presidente: luego de tantas fundamentaciones, argumentaciones, debates, difusiones periodísticas sobre las posturas, casi como una verdad de Perogrullo corresponde aclarar que lo que estamos discutiendo hoy es la preservación o no de las fuentes de agua dulce de nuestro territorio. No hay ninguna opción, más allá del valor de la fuerza en términos económicos que pueda tener, que distorsione esta cuestión de fondo que estamos discutiendo.
En esta cuestión hay sólo dos posiciones: o se preserva el agua o se permite que se la siga contaminando y derrochando.
En estas dos posiciones hace dos años hubo dos ubicaciones muy fuertes y firmes: la de los diputados y senadores que aprobaron el proyecto de la diputada Maffei y la de la presidenta de la República que vetó esa ley aprobada en el Congreso. Unos optaron por preservar el agua dulce en nuestro territorio, y la otra optó por seguir permitiendo que se derrochara y contaminara.
La propia presidenta al vetar esta ley cambió el eje de esta discusión. Al convocar a los gobernadores de las provincias andinas para que convergieran en un nuevo proyecto, fue ella la que cambió el eje y relacionó el tema de la preservación de los glaciares y del agua dulce con la cuestión minera.
Fue usted, señor presidente, cuando decidió girar el proyecto del diputado Bonasso a la Comisión de Minería, el que mostró cuál era la verdadera posición del oficialismo con respecto a este tema.
También este año hubo dos posiciones absolutamente claras sobre esto: los diputados que apoyamos y firmamos el dictamen, basado en el proyecto del diputado Bonasso, en las dos comisiones, y también la de la presidenta reuniéndose con los funcionarios de la Barrick Gold, que la recibieron en forma bochornosa tratándola de igual a igual como si fuera de soberano a soberano.
En realidad no era muy distante de lo que está sucediendo, que se podrá apreciar si se analizan las facultades que la Barrick Gold tiene en el emprendimiento de Pascua Lama, si se ve cómo esa frontera casi diluida a partir de ese acuerdo vergonzoso entre la Argentina y Chile, le ha cedido prácticamente la soberanía en un amplio sector sobre toda la cordillera, como bien decía el diputado Solanas hace un rato, para que ellos ejerzan desde ahí facultades que son realmente vergonzosas.
Es algo inaceptable para las soberanías nacionales y lo cierto es que hoy los diputados tenemos dos posibilidades: votamos a favor o lo hacemos en contra de la contaminación. Votamos a favor o lo hacemos en contra de la preservación.
La introducción del tema minero en la defensa de los glaciares ha permitido que se desarrollen algunos argumentos que serían prácticamente inaceptables si no entendiéramos que detrás de esto está la relación de dependencia con las grandes potencias, que prohíben la actividad en su territorio pero que la traen a nuestras repúblicas a partir de las grandes multinacionales que vienen a explotar la minería.
Así encontramos a lo largo de estos meses distintas propuestas a favor de estas explotaciones, con empresarios, funcionarios, legisladores que han sostenido que esta actividad produce un gran desarrollo y bienestar en las sociedades que se encuentran en la zona de influencia de las mineras.
Incluso se ha hablado en forma ridícula del aumento de la cantidad de 4x4 y de casas de fin de semana en algún sector social de una provincia, que de esta manera se vería agraciado con los beneficios de la explotación minera.
En verdad esto no sucede en Andalgalá, donde la única actividad económica comercial que ha crecido en los últimos diez años ha sido la farmacéutica, a pesar de que el hospital local todavía no ha encontrado la oportunidad de hacer una estadística seria sobre el aumento de las enfermedades respiratorias y de las alergias.
Pero no es extraño porque es el mismo hospital cuyos profesionales no han sabido discernir lo que era la herida de una bala de goma de una pedrada cuando la policía reprimía a quienes se manifestaban en contra de un nuevo emprendimiento con el que sale premiada Andalgalá, que es el de Agua Rica.
Andalgalá tiene 17 mil habitantes. Sesenta puestos de trabajo ha generado el emprendimiento Bajo La Alumbrera que está a 17 kilómetros, un número idéntico a la cantidad de procesados que hay hoy en la ciudad de Andalgalá por haber reclamado en contra de la instalación de la nueva minera.
Sin embargo, ni uno sólo de los que defienden el desarrollo potencial y el crecimiento económico de esas sociedades denunció la complicidad y la subordinación de la policía provincial con respecto a las decisiones de la empresa. Ni uno sólo dijo ni cuestionó la amenaza pública de muerte del propio intendente hacia quienes reclamaban en Andalgalá.
No hubo una sola manifestación en contra de esos jueces que han hecho de la criminalización de la protesta el mecanismo de chantaje para que el pueblo de Andalgalá se quiebre y se subordine a las decisiones de las mineras.
También hubo en los últimos tiempos legisladores que descubrieron que el 3 por ciento en concepto de regalía era poca plata.
Así encontramos en la Cámara algunos proyectos que dicen que el 3 por ciento es poco. También debemos tener en cuenta que no pagan impuestos por la importación de los equipos que utilizan y que pueden deducir del impuesto a las ganancias las inversiones en infraestructura, que aprovechan solamente ellos en la explotación.
Pueden descontar del impuesto a las ganancias la construcción de caminos, que están vedados –como bien decía el diputado Basteiro para la circulación de cualquier ciudadano; solo los pueden utilizar ellos en la explotación.
También obtienen beneficios por la exportación por puertos patagónicos. En algunos casos se les devuelve hasta el 7 por ciento por hacer la exportación a través de esos puertos. Reciben el gran beneficio de trabajar con declaraciones juradas propias sin ningún tipo de control. Además, se les han garantizado treinta años de estabilidad tributaria para desarrollar su trabajo, que en realidad consiste en llevarse nuestras riquezas y luego desaparecer.
¿Qué dicen los diputados? Aumentemos lo que cobramos y apliquemos el 3 por ciento al precio de facturación en lugar del precio en boca de mina. Entonces le estamos diciendo: sigan contaminando y depredando, pero ahora les saldrá un poco más caro aquello que hacen a los argentinos.
En estos últimos meses también hubo la intervención de algunos especialistas. He escuchado decir a algún entendido que las universidades no tenían derecho a opinar en la Argentina con respecto a la contaminación que las empresas mineras producían con el cianuro, porque esas entidades obtenían dinero y beneficios de la explotación.
Lo que debían hacer sus técnicos era guardar silencio y dedicarse a buscar otra alternativa que reemplazara al cianuro para no contaminar tanto el agua. Los expertos nos recomendaban no sólo que nos calláramos la boca, sino que pusiéramos a nuestros profesionales a resolver los problemas que nos generaban quienes venían a depredarnos y llevarse nuestro dinero.
Hay algo que escuché en la comisión y sinceramente pensé que no iba a oír nunca más. Ahora lo volví a escuchar en el recinto y, lamentablemente, algunos diputados acompañaron con el aplauso.
Se dice que como tenemos el quinto lugar de contaminación del mundo, que es el Riachuelo, no podemos quejarnos por el cianuro, por el arsénico o por el ácido sulfúrico de Catamarca o San Juan. Ello sería así porque en la Capital y en el Gran Buenos Aires tenemos la contaminación del Riachuelo.
En aquél momento creí que habíamos herido la susceptibilidad provinciana de algún legislador, quien en un arranque de furia antiporteña había hecho esas declaraciones.
Desgraciadamente, lo volvimos a escuchar de los técnicos y hoy nuevamente en el Parlamento, como si el medio ambiente perteneciera a unos u a otros, o como si tuviéramos el derecho de decidir que la contaminación puedo permitirla porque es mi pueblo.
Por otro lado, también hemos escuchado argumentos de quienes dicen que acompañan el dictamen de mayoría, pero cuando llegue la hora de votar en particular van a transformar la verdadera discusión del día de hoy, que es la definición de las áreas periglaciales, y terminarán coincidiendo prácticamente con el dictamen del senador Filmus.
No le mientan más al diputado Bonasso; no nos mientan más a quienes acompañamos el dictamen de mayoría. Si lo que quieren es preservar la actividad económica de las grandes mineras, voten la propuesta del senador Filmus; no tengan vergüenza de votar con el oficialismo. No incurren en ninguna contradicción si votan con el oficialismo; en todo caso la contradicción es del propio oficialismo, que sigue dando discursos por izquierda, pero vota por derecha. (Aplausos.)
Después de los comentarios que escuchamos en el sentido de que el senador Filmus acompañaría la propuesta del señor diputado Bonasso, teníamos alguna esperanza de que el oficialismo se sumara a esta iniciativa, para que todos juntos diéramos un mensaje contundente de defensa de los recursos naturales, de las riquezas y del medio ambiente. Pensamos que ese hubiese sido un mensaje extraordinario para las grandes empresas explotadoras de la minería y sus acólitos locales. Lamentablemente, parece que eso no va a ocurrir.
De cualquier forma, guardamos la esperanza de que en el Senado puedan acompañar lo que hoy vamos a votar en esta Cámara. Además, esperamos que las provincias no recurran a esas leyes sospechosas -por calificarlas de manera elegante- que se están votando en estos días, con el objetivo de contraponerlas a la normativa nacional y así evitar que se aplique seriamente.
Reitero que vamos a acompañar el proyecto impulsado por el señor diputado Bonasso. También estamos de acuerdo con las modificaciones que se han propuesto. En definitiva, nosotros vamos a votar por la preservación del agua dulce, contra la expoliación de nuestras riquezas, por el cuidado del medio ambiente, por nuestra soberanía, en contra de la dependencia y por el futuro de las nuevas generaciones, porque desde nuestro bloque seguimos creyendo que el agua vale más que el oro. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa Fe.
Sra. Benas.- Señor presidente: sin duda hoy es un día muy importante para las organizaciones ambientalistas y para los que desde hace tiempo venimos trabajando por la sanción de una ley de presupuestos mínimos de protección de nuestros glaciares y de las áreas periglaciales.
Es cierto que antes de llegar a esta jornada pasaron muchas cosas. Entre ellas, hubo un veto presidencial, que en realidad fue un veto del lobby minero hacia una propuesta que impulsó una compañera de nuestro bloque, la diputada mandato cumplido Marta Maffei, y que hoy sostenemos quienes con convicción entendemos que con los recursos naturales y estratégicos -como los glaciares- no se pueden hacer negocios.
Hoy cada uno de nosotros debe fijar claramente su posición, es decir, si estamos a favor de una ley de protección de los glaciares o si vamos a convalidar la política de exacción y de depredación antinacional que se está llevando adelante en muchas provincias de nuestro país en desmedro de los recursos naturales, pero también de la calidad de vida de nuestros hermanos. Lo cierto es que en este debate son muchas las cuestiones que consideramos. Existe una cantidad de conflictos que no se resuelven solamente con el hecho de aprobar una buena ley. De por sí estamos discutiendo cuál es el modelo de desarrollo de nuestro país. Hemos escuchado argumentación variopinta, donde con la pretensión del desarrollo de alguna provincia que cree estar favorecida por la presencia de minerales en su territorio, se cree con el derecho de contaminar, asfixiar e impedir que el resto de los argentinos podamos acceder a cuestiones tan elementales como el agua de calidad.
Debemos tomar posición en esos conflictos. En realidad, estamos definiendo con nuestro voto si acompañamos este intento de resucitación de la ley 26.418, que aprobamos por unanimidad a pesar de que luego fue vetada.
Como vamos a tomar una definición muy importante, corresponde que toda la población sepa qué estamos votando para apoyar este proyecto o rechazarlo. Debemos especificar si estamos de acuerdo con seguir con el modelo extractivo, exportador y privatizador que se está desarrollando mediante la presencia de estas empresas mineras en nuestro país o si vamos a promover la sanción de estos proyectos de ley y de una cantidad de normas que nos hacen falta, como por ejemplo la modificación del vergonzoso Código de Minería que hoy tiene vigencia. Debemos saber si vamos a promover un desarrollo sustentable.
Cada uno de nosotros debe tomar una posición política en el sentido de si está a favor de la entrega, del saqueo y de la extranjerización de nuestros recursos. Estamos hablando de lo que está por encima y debajo del suelo. Debemos definir si estamos de acuerdo o no con la soberanía nacional y la protección de los recursos que son estratégicos y de todos los argentinos.
Con el voto de la norma también debemos definir si estamos de acuerdo con que el agua –como bien de dominio público que es- merece la protección del Estado nacional y corresponde que sea entendida como un derecho humano inalienable para todos y cada uno de los argentinos, independientemente de la provincia que uno habite, o si entendemos que el agua es un insumo para la megaminería, con los suculentos beneficios que esos negocios le reportan.
El debate está situado en el plano que debemos situarnos: en la importante toma de decisiones y en la definición de qué país queremos para nosotros y para las futuras generaciones.
De todas formas, no podemos obviar que en todo este proceso ya hemos perdido dos años. Estamos hablando de dos años que ganaron aquellos que favorecen los intereses foráneos de estos emprendimientos megamineros. Sin ningún pudor actúan sobre funcionarios provinciales y nacionales, induciéndolos a sancionar leyes vergonzosas como las que se están aprobando en este momento en varias provincias. También promueven la justificación de lo que fue en su momento el veto. Por eso saludo que el senador Filmus haya reflexionado respecto de las implicancias que todo esto tiene, tal vez por el conocimiento que se ha generado luego del debate que se logró instalar en la sociedad.
Me parece que el senador entre dos opciones ha elegido la de protección del recurso, en vez de proceder como otros que sostienen la postura de favorecer a las empresas que están depredando el recurso.
Antes y después del veto se extendieron los encuentros entre la presidenta, los gobernadores y otros funcionarios con los directivos de la Barrick Gold. En los diarios los vimos sonrientes mientras acá, en nuestro país, se dilataba la discusión y la sanción de una norma que jamás debió haber sido vetada. Lo cierto es que lamentablemente muchos operaron para que la presidenta de la Nación cometiera ese gran error que fue el veto total de una norma que por todos fue reconocida como impecable.
Hoy se han pronunciado varios discursos, uno de los cuales me afectó particularmente. Me refiero al diputado Tomas, por San Juan, quien dijo “Le guste a quien le guste, los recursos son nuestros”. Esa expresión me hizo acordar a aquella otra frase poco feliz que dijera Maradona. En realidad, estaba hablando del agua de todos los argentinos. Entonces, que un diputado de la Nación se arrogue en nombre de una provincia o de quien sea –porque aquí estamos representando al pueblo de la Nación Argentina, lo cual no es un detalle menor el derecho de disponer del agua de todos los argentinos en una falsa disputa de si la provincia puede hacer lo que quiera, tal como lo dijo, sobre un recurso que es estratégico, nos remite a varias cuestiones que debemos saldar en este Congreso. Me refiero, por ejemplo, a si es correcto que en la Constitución de 1994 se haya renunciado desde la Nación al dominio de los recursos del suelo y del subsuelo. Creo que este es un debate que también vamos a tener que retomar, porque puede llegar a ser muy tarde cuando esto evolucione en el sentido de la estrategia que han acordado empresas multinacionales con algunos políticos de nuestro país.
Hoy, no solamente tenemos grandes problemas que tienen que ver con los glaciares y el agua como un recurso estratégico para el desarrollo sustentable de nuestro país, sino que además existen graves problemas de soberanía nacional. En este sentido, en territorio argentino y también chileno hay instaladas prácticamente sucursales de otros países, o países cuasi soberanos.
Además de la cuestión de la minería a cielo abierto contaminante –sobre lo cual no me voy a explayar porque fue profusa la información que aquí se dio y el testimonio que se ha brindado , existen otras consecuencias no menores de estas prácticas extractivas y devastadoras. Por ejemplo, tenemos problemas que afectan directamente la vida y subsistencia de nuestra población. Tenemos hermanos aborígenes, pueblos originarios que son desplazados por el funcionamiento de estas actividades. Tenemos una cantidad de hermanos y hermanas que ya no son dueños de la tierra en la que habitan. Asimismo, como decía algún otro diputado, tenemos presencia militar expulsando a los argentinos de nuestro territorio para hacer grandes negocios.
Entonces, debemos entender que esta discusión nos habilita a todos a repensar en un cambio de paradigma y no sólo en la falsa discusión de cuántos pesos vamos a obtener para nuestra provincia en desmedro de los intereses nacionales, o si el Riachuelo, o si el Veladero, o si Pascua Lama, o si La Alumbrera, etcétera. Pongámosle los nombres que queramos, pero nada justifica el renunciamiento obsceno que hemos tenido a lo largo de muchos años, con las banderas que enarboló el menemismo, de lo cual muchos diputados que hoy están acá no se hacen cargo. Está claro que todo este proceso se aceleró en función de la modificación de las leyes no sólo mineras sino también de todas las relacionadas con los recursos naturales que se propusieron e impulsaron en la década del 90, y que fueron acompañadas por muchos.
Debemos avanzar en un cambio de paradigma que implique sacrificar algunos esquemas que producen crecimiento económico pero no desarrollo. Tenemos que pensar en el desarrollo como una forma de garantizar a nuestra gente una vida mejor, y asegurar salud y justicia a nuestros hermanos y hermanas en lugar de pensar en cuánto dinero se repartirán las empresas y algunos gobiernos, que promueven dentro de sus propias provincias una situación terrible en contra de cualquier criterio de solidaridad.
Cuando varios diputados visitamos la provincia de Catamarca para acompañar a la gente de Andalgalá que había sido víctima de una brutal represión, ellos mismos nos decían que era muy difícil que los vecinos los acompañaran en el reclamo porque quienes no viven cerca del emprendimiento minero Bajo de la Alumbrera y no tienen que tomar esa agua, se hacen los distraídos a la hora de recoger las monedas que las regalías les reportan.
Sr. Presidente (Fellner).- Ruego a la señora diputada que vaya redondeando su exposición.
Sra. Benas.- Corremos el riesgo de que lo que discutimos hoy se repita en cada norma de presupuestos mínimos que este Congreso intente sancionar.
Los gobiernos provinciales que en dos días sancionaron leyes supuestamente protectoras, en realidad están planteando una estrategia para que cualquier situación tenga que dirimirse después en sede judicial. Van a tratar de imponer leyes provinciales, mientras que nosotros hoy estamos propiciando una ley a nivel nacional. Todos debemos estar alertas a este debate.
La burla de las legislaturas provinciales debe plantearnos la convicción de defender el proyecto iniciado por Marta Maffei, los acuerdos logrados con el senador Filmus y lo que vendrá después de la aprobación de esta norma en el Senado de la Nación. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Neuquén.
Sra. Comelli.- Señor presidente: nuestro bloque está a favor de la preservación de los glaciares como fuente de agua dulce.
Hoy venimos acá pensando en que se había arribado con satisfacción a una situación de sensatez y consenso sobre un tema que es sensible y urgente. Honestamente, se volvió a suscitar una polémica poco feliz entre el proyecto del senador Filmus y el reproducido por el señor diputado Bonasso. Ambos proyectos tienen disposiciones, en algunos casos pertinentes y en otros, objetables.
Celebro el esfuerzo de diálogo y de honestidad intelectual a fin de elaborar un texto alternativo y superador para lograr la efectiva protección de los glaciares y las zonas periglaciares.
Este tipo de leyes son un instrumento imprescindible para monitorear y proteger los glaciares, y seguramente deberá ser cumplimentado con políticas ambientales coherentes a nivel de la Nación y de las provincias con el objeto de integrar –como se ha dicho aquí el agua como derecho humano.
Para eso necesitamos una urgente actualización del Código Civil. Hace años que se habla de voluntad, y en este sentido, en el expediente 1.517-D.-2009 planteamos la necesidad de dicha actualización, basada en el concepto del agua, de la navegación, de la agricultura y de la inmigración, hasta llegar al presente que nos impone los paradigmas vinculados al cambio climático, a la escasez de los recursos naturales, a la necesidad de una equilibrada convivencia frente al aumento de la población y de la acción indiscriminada sobre los recursos naturales. Planteábamos la necesidad de avanzar en la cuantificación del stock ambiental para lograr verdaderas políticas sustentables.
Ya dijo una diputada no lo voy a repetir que nosotros no solamente tenemos que hacernos eco del Pacto Internacional de los Derechos Económicos y Sociales sino también del pacto que ha firmado la Argentina a través del convenio de Ramsar, cuando habla del dominio público. Ya en ese proyecto nosotros nos referíamos a los glaciares, modificando el artículo 2340 del Código Civil. O sea que en este sentido compartimos la preocupación por el agua y lo escribimos, pero no fue tratado. No solamente se trata del derecho al agua sino también de proteger las reservas de agua dulce y el acceso a este recurso. Ojalá que pronto lo podamos debatir.
No obstante el acompañamiento que dimos al despacho de mayoría, firmamos en disidencia parcial. Esto lo repetimos en cada ley de presupuestos mínimos porque entendemos que el tratamiento de las normas ambientales no puede enmarcarse en esta histórica confrontación y desconfianza de los poderes centrales hacia las provincias. Ni las provincias ni la Nación pueden hacer lo que quieran ni lo que crean.
Para que no exista esa confrontación me parece que tenemos que rever, ya desde un punto de vista estrictamente jurídico, algo que venimos proponiendo desde el año 2007. Pero no voy a referirme ahora a lo que propusimos sino solamente a dos párrafos que, si se me permite, pasaré a leer porque considero que vale la pena hacerlo. Se trata de algo que está en discusión en todos los ámbitos académicos donde se plantea el tema de los presupuestos mínimos.
Horacio Franco, en su trabajo referido a los presupuestos mínimos, publicado por la editorial Cátedra Jurídica, dice que el instituto de los presupuestos mínimos ambientales entró en crisis debido a la mala praxis legislativa cuando fue desvirtuado por el artículo 6° de la Ley General del Ambiente, que introdujo una definición vaga e inespecífica de los “presupuestos mínimos de protección ambiental”, muy ajena a la claridad del texto constitucional. Se violó así una regla básica de técnica legislativa, que indica que las normas reglamentarias sólo deben definir aquellos términos que requieren un significado más preciso que el que tienen en el uso habitual. Desde entonces, el concepto de presupuestos mínimos de protección ambiental se tornó mentalmente ingobernable. Cualquier juez puede dar prueba cotidiana de ello. Seguidamente, el autor cita los fallos pertinentes.
Luego expresa que este pecado original de la Ley General del Ambiente hizo metástasis en diversas leyes de presupuestos mínimos dictadas por el Congreso que hoy languidecen como normas no operativas.
¿Por qué hago esta cita? Porque –como dije al principio queremos preservar los glaciares; no queremos que sea una ley que languidezca y no se pueda tratar.
La necesidad de integrar y de respetar a las provincias, y de avanzar en forma concreta –no en tutelas generales, como ocurre con esta ley , es lo que nos llevó a todos –provincias, Nación, ciudadanos en la versión original, tal como lo hicimos con la ley de bosques y con la Ley General del Ambiente, a firmar en disidencia parcial, que es lo que quería justificar con esta intervención, que en gran medida fue salvada con el acuerdo. Por eso digo que es una satisfacción.
Volviendo al tema del cambio climático, quiero decir que también hay un proyecto sobre ese punto, contenido en el expediente 33 D. 2007, que hace ya tres años que languidece sin tratamiento. Por ello, nos parece importante que en esta discusión se hayan aclarado muchos términos, incluso la palabra “periglacial”. En algo coincido en este sentido y, si aún hay dudas, el presidente de la comisión definió claramente a qué se refería o, por lo menos, estaba hablando de la cuenca hídrica que le pertenecía al glaciar que estaba siendo objeto de análisis.
Creo que todavía podemos avanzar para que esta iniciativa se transforme en una ley que nos contenga a todos, con claridad de conceptos, entendiendo que, sin perjuicio de lo que sostenía el diputado Basteiro, este no es un proyecto que pretenda ir en contra de la minería. Ese es otro tema.
Se trata de preservar los glaciares. Nosotros venimos de una provincia que tiene la cuenca hídrica más grande del país, que nace y discurre íntegramente fronteras adentro del país. Esa cuenca también viene del único glaciar que tenemos: el Lanín Oeste.
Nosotros no vivimos en la Capital Federal sino en localidades muy chiquitas ubicadas en la cordillera, pegadas al Lanín Oeste. Por lo tanto, imaginen que si una familia lleva cien años viviendo en esa área, debe tener un preciado afecto por preservar no solamente la naturaleza y el glaciar sino también los recursos que hacen –como en este caso el agua al desarrollo turístico de toda nuestra región.
Por ello, con esta salvedad que hacemos en forma permanente ya que no queremos que las leyes terminen siendo normas que no puedan ser operativas¬, entendemos que si complementamos esta iniciativa con un sistema de cuencas patrimoniales de los recursos naturales estaríamos avanzando verdaderamente en un compromiso que hoy, por suerte, también estamos discutiendo en la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano.
De esta manera, encontraríamos esta ansiada vocación que todos tenemos tendiente a encontrar un modelo de desarrollo que responda equitativamente a las necesidades ambientales de las presentes y futuras generaciones.
Por lo tanto, con la disidencia que quería fundar, a esto aspiramos con nuestro voto.
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sr. Alvaro.- Señor presidente: ya se ha hablado mucho a lo largo de la noche y creo que es oportuno precisar el eje de esta discusión porque, si no entiendo mal el castellano, estamos discutiendo la ley de presupuesto mínimo para la protección de los glaciares.
He escuchado discursos que abandonan rápidamente el tema de los glaciares y nos llevan involuntariamente a discusiones que tienen que ver con la minería en general -propia del Código de Minería-, con la contaminación -propia de la ley de presupuestos mínimos ambientales-, con la independencia nacional, etcétera, etcétera.
Con todo respeto, creo que si nos centráramos con serenidad estrictamente en el tema de la preservación de los glaciares no caeríamos, por ejemplo, en el desborde de decir que estamos protegiendo el agua de los argentinos. Esto no es así.
Los glaciares están en las cordilleras. Disculpen el tono de maestro Siruela. Los que tomamos agua de los glaciares somos los que vivimos en las provincias cordilleranas. El resto de los argentinos toma agua de los ríos litoraleños; del Paraná, del Río de La Plata y de las aguas subterráneas de la Pampa Húmeda. No es que yo quiera sobrar a nadie ni faltarle el respeto, pero si acotamos la visión podemos encontrar un camino de entendimiento.
Otra cuestión que no es menor es que no podemos hablar imaginando los glaciares como montañas altas, hielos perennes, y a partir de ahí hablar del agua. No es así tampoco. Según a qué latitud de nuestra Cordillera de los Andes estén ubicados, seguramente vamos a hablar de distintos tipos de glaciares. Me estoy refiriendo a la tipificación de los glaciares que da el Instituto Argentino de Glaciología, Nivología y Ciencias Ambientales del Conicet. No es lo mismo un glaciar en Mendoza a 4.400 metros de altura que el Perito Moreno, que está a 168 metros de altura. Toda la visión del glaciar es distinta. El glaciar Perito Moreno seguramente tiene que ver con lo turístico y lo paisajístico, y el glaciar de Mendoza con la provisión del agua al oasis del centro oeste argentino.
Al avanzar en el texto del proyecto de ley nos encontramos con algunas distorsiones y algunas potenciales distorsiones. Las voy a precisar y diré por qué, así como está redactado, lamentablemente no podemos acompañar el dictamen de mayoría.
Hay dos cuestiones fundamentales. La primera es que estamos violando el artículo 124 de la Constitución Nacional si no incorporamos de modo explícito que los recursos naturales son de dominio exclusivo de las provincias. Además, cabe señalar que el núcleo de la discusión no es inocente por parte de los que lo sostienen ni por parte de quienes queremos modificarlo, y tiene mucho que ver la política coyuntural.
Digo “lamentablemente” porque este es un proyecto de ley trascendente; aunque sea para 4.400.000 argentinos es tan trascendente como si fuera para todos.
Si nos pusiéramos de acuerdo en la definición de periglacial este proyecto de ley se sancionaría y no tendríamos necesidad de arrojar sospechas respecto de connivencia con empresas multinacionales, de las cuales es muy difícil defenderse y que motivan discusiones de lo más bajas, porque no es lo mismo discutir con conceptos que contra acusaciones. Esta es la única referencia que haré, porque de no ser así me voy a sentir ofendido y me voy a ir a los caños, me voy a enojar, como lo hacen algunos diputados.
Esto se puede discutir racionalmente. Pongámonos de acuerdo en lo que es el periglacial. Leeré la definición que da el IANIGLA, la única institución estatal con autoridad para expedirse sobre este tema, que tiene su sede en la provincia de Mendoza, en el Consejo Regional de Investigaciones Científicas y Técnicas, con dependencia del CONICET. Supongo que con los más de treinta años de vida que tiene estudiando tanto los hielos continentales como los antárticos tiene legítima autoridad para opinar.
No sé por qué se sacó del acuerdo entre Filmus y Bonasso esa clasificación íntima de glaciares que mencioné, que son los tres tipos de glaciares: el descubierto, el cubierto y el llamado de escombro, que es el que se ubica en un nivel de altura menor y el único que produce agua.
Me parece esencial lo que dice el IANIGLA respecto del glaciar de escombro y que debería figurar en el artículo 2º, con lo cual todos nos iríamos a nuestras casas aplaudiendo en forma unánime. El IANIGLA dice que los glaciares de escombro, que es la expresión más importante del ambiente periglacial, desde el punto de vista hidrológico se pueden identificar y definir espacialmente con precisión, que es lo que no sucede con el ambiente periglacial.
Acá es donde no somos inocentes en los conceptos, porque si decimos que La Violeta es periglacial, viene un científico y mide el suelo congelado, luego viene otro científico y dice que no produce agua y el primero dice que sí; de todos modos, tal cual está el texto de la norma, entra en el rango de las prohibiciones, y ahí es donde se prohíbe la actividad minera.
Seamos sinceros, honestos y francos. Escuché a la diputada González y al diputado Pinedo, y paradojalmente tengo que decir que coincidí especialmente con el diputado Pinedo. Aquí no se trata de llevar la discusión a agua que es de lo único que he hablado hasta ahora versus minería. Por favor, no dramaticemos, porque no es una contradicción real. Lo que tenemos que ver es cómo hacemos para compatibilizar el cuidado de las fuentes de agua y garantizar una minería sustentable.
Como dije al principio, si queremos discutir regalías, formas de explotación, lugares de explotación, composición de capital, etcétera, no lo tenemos que hacer esta noche porque no es el motivo de discusión. Hoy estamos discutiendo el agua y algunas de las fuentes de agua potable que tiene nuestro país, pero no si la política minera es neodesarrollista, si es de libre mercado o si es como es. Tenemos que centrarnos en la discusión y hacer un aporte en serio, porque si no, esto es puro “tribuneo”, puras frases efectistas y conmovedoras, pero no se trata de eso.
Voy a poner unos pequeños ejemplos de los riesgos que correríamos con el texto del dictamen de mayoría, referidos a la provincia donde vivo.
En Mendoza está el glaciar El Plomo, que se encuentra a 1.800 metros de altura. Cuando cae mucha nieve en un invierno muy riguroso, ésta se consolida y genera en endicamiento natural. En 1970 ese endicamiento se rompió y produjo un trágico aluvión. Imagínense que en línea recta debe estar ubicado a ochenta kilómetros de la ciudad, y esa gran masa bajó como si se rompiera un dique, se deslizó por el cauce del río Mendoza y por el canal Cacique Guaymallén y ocasionó muchas muertes. La imagen era de destrucción, puentes rotos, árboles por las calles céntricas, un desastre. Dos años después vino el “Mendozazo”, que fue parte de otra imagen.
En 1997 volvió a darse el fenómeno y hubo un alerta. Lo que se iba a hacer era romper ese endicamiento con cohetes de la Fuerza Aérea antes de que tomara más volumen y produjera un desastre como el de 1970. Con esta ley no se podría hacer.
El señor diputado Enrique Thomas habló de las consecuencias que tiene el aumento de la temperatura media por el cambio climático y el consecuente retiro de los hielos. Yo consulté a los científicos del IANIGLA –presten atención a lo que voy a decir para que vean la trascendencia que tiene lo que se va a votar y lo que ellos tienen previsto ante el agotamiento de los hielos y la menor caída de nieve es que las vertientes acuíferas de Mendoza se van a secar y se va a agotar el agua.
Mendoza tiene ocho mil pozos de riego en el oasis norte para destinar el sistema de vitivinicultura y frutihorticultura. Imaginen ustedes el agotamiento de la alimentación de esas cuencas subterráneas. ¿Qué hay que hacer a cuarenta años de distancia? Hay que hacer reservorios del agua anual, el agua de las nieves, y generar espejos de agua para que infiltren esas napas y así poder tener riego en Mendoza. No lo podríamos hacer con esta ley, porque hay que hacerlo arriba de los tres mil metros de altura.
Para terminar, quiero rendir un sincero homenaje al senador César Gioja, con el que me une la única amistad de compartir a veces los aviones. El senador César Gioja ayer fue desacreditado en un programa de televisión porque confesó tener una pequeña empresa que vende bentonita, y se la vendió a la Barrick Gold.
¿Qué es la bentonita? Es una tierra que tiene la particularidad de ayudar a conservar la humedad y tiene dos usos: en el petróleo, en las perforaciones para las paredes, y también como dispersor o como contenedor de humedad para cuando alguien en forma eléctrica construye un pararrayos en una tierra árida.
La bolsa de diez kilos de bentonita vale 32 pesos. El diputado Gioja vendió 1.500 kilos de bentonita, que son 4.800 pesos, al emprendimiento de Veladero, donde Barrick Gold invirtió 1.500 millones de dólares.
Por eso reivindico y desagravio a ese senador nacional con el que tengo acuerdos y desacuerdos. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por La Pampa.
Sr. Robledo.- Señor presidente: creemos conveniente aclarar previamente algunas cuestiones que, a nuestro entender, deben ser tomadas en cuenta para no caer en la aprobación de una norma legal que desproteja lo que pretende proteger y prohíba lo que no debe prohibir.
En 1972 el General Perón proclamó que había llegado la hora de que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobraran conciencia de la marcha suicida que había emprendido la humanidad a través de la contaminación del medio ambiente, la biosfera, y la dilapidación de los recursos naturales.
Sin embargo, la concepción justicialista del desarrollo no se opone al equilibrio del ambiente y sólo reclama armonía entre el razonable cuidado del ambiente y la explotación de los recursos que garanticen el desarrollo sostenible que demanda el progreso de la humanidad.
Las críticas a este proyecto no persiguen autorizar actividades que afecten glaciares o sus funciones. Por el contrario, nuestro anhelo es asegurar su protección sin que de ello se deriven prohibiciones genéricas que afecten el principio del desarrollo sustentable.
Como prueba de nuestra vocación para alcanzar este equilibrio hemos ingresado a esta Honorable Cámara un proyecto de ley con el objetivo de implementar en todo el país el sistema de locación seca para la actividad petrolera y minera.
La implementación de este sistema generaría importantes ventajas desde el punto de vista ambiental, por cuando reduce las posibilidades de contaminación del suelo producido por el derrame de los fluidos de perforación y disminuye los desperdicios.
Volviendo a la ley que nos ocupa, se ha dicho en reiteradas oportunidades que con este proyecto se avanza sobre la autonomía de los recursos de las provincias. Es cierto; no cabe duda de que la Constitución Nacional otorga a las provincias el dominio originario sobre los recursos naturales que se encuentran en su territorio y este proyecto prohíbe ciertas actividades, vulnerando la jurisdicción exclusiva de las mismas.
En el mismo sentido el proyecto pretende la centralización en la autoridad nacional de la confección del inventario de glaciares. Dicha confección debería coordinarse con cada provincia, como titular de los recursos existentes en sus territorios.
En este punto el proyecto vuelve a afectar las facultades y competencias provinciales, las que se verían agravadas por la forma imprecisa en que esta ley define los conceptos de glaciar y periglaciar, lo que permitiría incluir en el inventario cualquier geoforma sin que las provincias puedan opinar al respecto.
Además, resulta incorrecto suponer la existencia de un marco normativo que protege los glaciares. De acuerdo con la legislación actual, no se pueden desarrollar actividades que afecten la condición natural de los glaciares. Es decir, ya se encuentran acabadamente protegidos a través del sistema legal vigente.
Entendemos que en su preconcepción protectora y preservadora primó la actitud de prohibir por sobre el mantenimiento de una dinámica de desarrollo armónico y sin discriminación.
Sus contenidos y pretendidos alcances tampoco exhiben la altura, mesura y racionalidad que merece el tratamiento de un tema tan delicado. Apunta con una norma que prohíbe las actividades de manera genérica, sometiendo a nuevas auditorías ambientales a las actividades que ya se están desarrollando.
También pondrían en riesgo posibles obras de infraestructura, muchas de las cuales tienen carácter público y son de uso comunitario, como los pasos fronterizos.
Finalmente, recordemos que es de público conocimiento que el retroceso de los glaciares se origina, fundamentalmente, en el calentamiento global, y que la principal fuente de contaminación es la emisión de dióxido de carbono producido por los automóviles, plantas de generación de energía y otras fuentes de combustibles fósiles. Es decir, mientras nosotros prohibimos genéricamente actividades de explotación de recursos con estos nobles fines, nada se dice al respecto de que en los grandes centros urbanos se siguen derramando toneladas de dióxido de carbono.
Por estas razones adelantamos nuestro rechazo al proyecto en tratamiento de la diputada Maffei, mandato cumplido. Hubiera sido necesaria una discusión serena para aprobar una ley mejor. En las comisiones abundaron la prepotencia y las imposiciones.
Necesitábamos una ley hecha en común, sobre la cual se pudiera construir una política de Estado. Se requiere un mejor tratamiento científico y técnico de las definiciones del objeto y de los métodos propuestos.
Tantas prohibiciones, con su ilusión de protección impiden organizar un sistema, una cultura y una ética de control. La creación de iniciativas y de proyectos contra el deterioro del ambiente debe apoyarse en instrumentos científicos y técnicos en favor de intereses económicos y sociales que actúen en un marco de una política de Estado. Esta política debe tender hacia una real protección del ambiente, que sea capaz de crear empleo y producir riqueza.
- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 2ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Susana Fadel.
Sr. Robledo.- Por lo expuesto, adherimos al proyecto enviado por el Senado y presentado por el senador Filmus. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Tierra del Fuego.
Sra. Fadul.- Señora presidenta: hace diecisiete años el Congreso sancionó un proyecto de ley cuyo fin era crear incentivos para el desarrollo económico de nuestro país.
En esa oportunidad se aprobaron una serie de privilegios impositivos para capitalistas que realizaran inversiones de alto riesgo; me refiero específicamente a los incentivos y privilegios para el desarrollo de la actividad minera.
Sin duda, habría sido ideal que se promoviera fundamentalmente la inversión privada nacional de nuestros propios empresarios, pero no podemos soslayar que nuestros recursos naturales están en riesgo. El agua va a estar en riesgo y, en consecuencia, también la vida.
Tenemos el deber de ajustar la legislación y evitar consecuencias cuyos daños podrían ser irreversibles. Ante los serios problemas que enfrenta el mundo por el cambio climático, no es posible pensar en una legislación que nos deje indefensos, permitiendo la cómoda explotación de nuestros recursos naturales por empresas extranjeras en detrimento de nuestro futuro.
Debo recordar que la lucha por nuestros recursos naturales es de especial interés para los fueguinos, a los que representó. También debo destacar que así como una empresa ha provocado el desastre natural más grande de la historia del continente americano en la zona del Golfo de México, corremos el riesgo de que la exploración de los recursos hidrocarburíferos que ilegítimamente se realiza en la zona de las islas Malvinas provoque daños de consecuencias inconmensurables. Por lo tanto, no quiero dejar pasar esta oportunidad para volver a denunciarlo.
Retomando el tema que nos ocupa -la ley de glaciares- quisiera leerles una pequeña parte de un informe de la Dirección General de Aguas de Chile, que señala. “Queda aprobado que los glaciares de la zona de Pascua Lama disminuyeron hasta un 70 por ciento; en algunos casos desaparecieron masas de hielo, producto de la actividad de exploración, comprometiendo además la formación de los mismos en el futuro”.
Como todos saben en mi provincia, específicamente en la isla Grande de Tierra del Fuego, existen glaciares que constituyen reservas de agua pura. A esto debemos agregarle la gran reserva de agua que mantenemos en nuestra Antártida. Justamente, dos de las fuentes de agua que abastecen a la ciudad de Ushuaia están en los glaciares Martial y Vinci Guerra. Estos glaciares son de una necesidad básica, vital e imprescindible. Pero en los últimos años el cambio climático, sumado al enorme crecimiento que ha registrado la ciudad, ha provocado que se redujeran sensiblemente. Esto genera gran preocupación.
Entonces, cómo no preocuparnos por las consecuencias que la explotación minera indiscriminada y desmedida puede provocar sobre los glaciares.
En mi opinión, la actual legislación nos coloca frente a un gran riesgo. En este sentido, no quiero dejar de señalar que en Tierra del Fuego tenemos una historia reciente que pone de manifiesto que miles de personas lograron la derogación de leyes que comprometían recursos naturales de la provincia, con las implicancias que esto representaba para nuestro futuro. Miles de firmas acompañaron proyectos de iniciativa popular en defensa de los recursos naturales y del cumplimiento de la ley, y tuvimos éxito.
Por lo tanto, esta Cámara hoy también tiene la oportunidad de defender los recursos naturales, como lo hizo el pueblo de Tierra del Fuego en los últimos años, dando un ejemplo de participación y de toma de conciencia ciudadana.
Por las razones expuestas, adelanto con absoluta convicción que mi voto será a favor de la protección de la vida; por ende, mi votó será a favor de la protección de los glaciares. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Salta.
Sr. Wayar.- Señora presidenta: el tema que hoy nos ocupa se refiere a la implementación de una ley de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares. Creo que el ciento por ciento de los legisladores que integran esta Honorable Cámara están de acuerdo con ese objetivo, es decir, con la necesidad de preservar los glaciares y las áreas periglaciares.
Entonces, si la totalidad de los legisladores presentes estamos de acuerdo con ese objetivo, me pregunto por qué el debate es tan extenso. La respuesta a ese interrogante es que no pudimos determinar con precisión qué se entiende por área periglaciar. Es ahí donde los hombres y mujeres de las provincias del interior que estamos a la vera de la precordillera tenemos una luz de alerta. Y tenemos todo el derecho de poseer esa luz de alerta.
Quiero recordarles que desde el inicio mismo de la construcción de la patria las provincias vienen aportando para la soberanía y el desarrollo, esperando la concreción de una Argentina federal, equitativa y justa.
Se habla de saqueos y de que se llevan nuestras riquezas. Les quiero recordar que cuando se inició en la Argentina la política hidrocarburífera y gasífera no fueron los extranjeros los que saquearon nuestras provincias. Fueron compatriotas argentinos, porque una empresa estatal conducida por conciudadanos de este país central y unitario, tomaba la determinación para beneficiar, enriquecer y engrandecer una región de la patria en desmedro de otra.
Hasta el día de hoy, ciudades que por décadas han aportado gas y petróleo para el desarrollo de esta parte del país, no tienen gas en sus casas y deben pagarlo más caro por el valor de la garrafa.
Todavía no hemos logrado la equidad: no lo hicimos con la empresa estatal ni con las privatizadas. Por eso, cuando se tratan leyes que involucran la autodeterminación de los pueblos y el federalismo, los hombres y mujeres del interior queremos estar bien atentos. Queremos que quede bien determinado que no estamos en desacuerdo con el hecho de cuidar los glaciares y los periglaciares. Si hubiéramos invertido el tiempo en determinar y coincidir en qué son glaciares y periglaciares, tengan la seguridad de que este proyecto de ley hubiera sido sancionado por unanimidad.
A mí no me van a venir a llevar como furgón de cola porque un senador de la Nación –representante de la Capital Federal- se haya reunido con diputados nacionales también de la Capital Federal- para ponerse de acuerdo. Para no quedar como alguien desubicado, no me voy a sumar así nomás porque se pusieron de acuerdo y nos dieron un papel al mediodía diciéndonos que esas eran las coincidencias, para votarlo por unanimidad.
Cuando leí ese borrador menos claro tenía el tema que cuando discutimos en las comisiones de Minería y de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano los proyectos de mayoría y de minoría.
En ese momento fijé posición. No me estuve escondiendo. Dije claramente cuál era mi posición, adhiriendo al proyecto de minoría, que era la iniciativa que venía del Senado. Pero también lo hice en disconformidad, porque formulé reservas.
Posteriormente veo que en nombre del Senado y con algunos diputados se hace un acuerdo que deja mucho más enrarecido el tema de la determinación de los glaciares y periglaciares.
Por eso estoy totalmente de acuerdo tanto con el señor diputado Alvarado, de Mendoza, como con la diputada González, que directamente han hablado del tema en cuestión. No se pusieron a discutir otros temas que fueron motivos de otros proyectos de ley.
Si hay que perfeccionar la ley de minería, daremos el debate y discutiremos. Pero tengan la seguridad de que este diputado que ahora está hablando no dice una cosa y hace otra.
Creo fervientemente en el desarrollo de la minería. Entiendo que la minería bien manejada, con leyes claras y con Estados fuertes que la hagan cumplir, puede generar equidad, desarrollo y riqueza. Por lo tanto no nos vamos a oponer y no vamos a cerrar las puertas.
Al hablar de la minería, con total liviandad se empezó a mancillar la honra de los políticos. No voy a decir de qué poder, o si eran o no de provincias; pero se generalizó: gobernadores, diputados, legisladores nacionales y funcionarios nacionales. Y se nombró una compañía: Barrick la mala. Se dijo que parecía que esta compañía compraba políticos y se sembró la duda. Siempre a los argentinos se les siembra la duda de que los políticos están en los arreglos. Entonces, al sembrarse estas dudas, como aparte de ser político soy argentino, podría pensarse que existe una competencia de Barrick la mala que está pagando a los que están poniendo palos en la rueda para el desarrollo de la minería, o tal vez algún país potencia que no quiere que nuestros minerales vayan al mercado porque ellos tienen sus preferencias.
Yo también podría pensar que quienes dicen ser patriotas están siendo vendepatrias porque se están entregando a una potencia o tal vez a otra compañía. Pero no quiero dudar de mis pares porque no vengo aquí a ser juez de nadie. Vengo a ser la voz de un pueblo que me ha elegido y no a dejarme llevar y arremeter con la vaina o a dejarme cantar falta envido sin puntos. Vengo a decir lo que pienso y lo que creo.
Legislemos sobre los glaciares y periglaciales determinándolo claramente, pero el presidente de la Comisión de Recursos Naturales dijo claramente: “Este es el acuerdo al que hemos llegado, cumplan la palabra y no dejo que se modifique nada”. Entonces, ¿para qué venimos si no podemos modificar las cosas con el diálogo, con los argumentos y con las convicciones? Si no se va a poder modificar nada, mi voto entonces será en contra del dictamen que acordaron el senador Filmus y el diputado Bonasso. No vamos a dejarnos atropellar ni a quedar como vendepatrias o retrógrados. Vamos a quedar como quienes ponemos los puntos sobre las íes. Si quieren discutir sobre el tema de los glaciares, discutiremos sobre el tema de los glaciares; cuando quieran que discutamos sobre la minería, discutiremos la minería; cuando quieran que discutamos de infraestructura, discutiremos de infraestructura.
Quiero decir que cuando se han talado la mayoría de los bosques, primero se lo hizo en esta región del país. Se talaron los bosques de nuestras regiones, pero todavía tenemos más de dos millones de hectáreas de bosques. Ustedes por aquí tienen unos cuantos árboles, pero la madera que sale de allá viene a dar privilegios aquí, donde está el mayor lujo y el ingreso per cápita más alto y no adonde están los recursos naturales que generan mayormente esos ingresos.
Entonces, hablemos claro, discutamos con precisión; dejemos de escupir permanentemente para arriba. ¿O acaso creen que luego la calle piensa que hay un político bueno y un político malo? Hay muchos que están sentados aquí porque integraron listas sábanas y no porque tuvieron votos propios. (Aplausos.) Yo he peleado al gobernador de la provincia, a todos los legisladores y a todos los intendentes, y si bien no he llegado como mayoría, sí lo he hecho con la representación legítima de un político de fuste, de convicción, que se para y le pelea al que tiene poder.
He visto a diputados hacer silencio cuando permanentemente el gorilaje ataca a gobiernos peronistas, ya sea de Juan Domingo Perón, de Carlos Menem o del mismo Kirchner. Pero esos muchos diputados que hoy miran para abajo se codeaban y hacían zancadillas para estar en la foto, primero con Carlos Menem y después con Néstor Kirchner. (Aplausos.) Por suerte nunca necesité colgarme del saco de nadie.
Los peronistas, muchas veces por verticalidad partidaria, apoyan a un candidato que tal vez no les guste tanto. Hay políticos que no son peronistas, pero cuando les ha tocado colgarse del saco de un peronista para lograr ocupar una banca, entonces ahí sí éramos buenos los peronistas. Basta con eso de que hay unos malos y otros buenos. Somos representantes de una sociedad en la que hay buenos y malos. Seguramente en esta Cámara estaremos representados así.
Quiero dejar fijada mi posición claramente. Si durante el tratamiento en particular existe la posibilidad de establecer con claridad qué significa periglaciar, mi voto será afirmativo. De lo contrario, sin sentirme traidor a la patria ni un hombre al que ni la Barrick Gold o cualquier empresa minera le paga nada –simplemente vivo de mi laburo , diré “no” al dictamen de mayoría acordado entre el señor senador Filmus y el señor diputado Bonasso, y que debemos seguir trabajando en la elaboración de leyes más serias y responsables que tengan en cuenta a todos los argentinos.
Para finalizar quiero citar algunos conceptos de ciertas personas que tenían más capacidad que muchos de los que estamos aquí sentados, y me incluyo. Estas palabras están dirigidas a los peronistas y por supuesto a los demás legisladores que integran esta Cámara.
“Siempre he tenido un gran cariño, tanto para los señores mineros como para los trabajadores, porque ellos van a las entrañas de nuestra tierra a sacar la riqueza que nos hará un país grande, libre y poderoso, como ambicionamos todos los argentinos para felicidad de nuestros hijos y de las generaciones futuras”. Estas palabras fueron dichas por Eva Perón, una grande de este país y del mundo.
“Tenemos necesidad de todos los minerales que poseemos, poseemos todos los minerales que necesitamos. Tenemos una industria que alimentar. Si tuviéramos un mineral sin una industria que lo utilizara, habría que crear la industria, si tuviéramos una industria sin minerales, habría que buscarlos, porque esta tierra tiene, afortunadamente, todo lo que necesitamos. Por todo ello, no considero riqueza lo que está debajo de la tierra, sino lo que se ha extraído”. Estas palabras fueron dichas por Juan Domingo Perón, otro grande de esta tierra argentina.
Sostenemos el concepto de que debemos producir conservando y conservar produciendo. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Catamarca.
Sr. Paroli.- Señora presidenta: tal vez diré cosas redundantes que ya se han expresado en el recinto, pero todos sabemos que hoy debatimos un tema de vital importancia y de carácter estratégico.
Tomaremos decisiones que afectan las posibilidades del desarrollo regional y las regulaciones ambientales y su compatibilidad con las actividades productivas, así como también los márgenes de las potestades provinciales para definir el uso de los recursos naturales que les pertenecen.
Para fundamentar mis palabras cito la Constitución Nacional, que en su artículo 41 dice: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo”.
Más adelante señala: “Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales.”
Reforzando esta potestad, en la reforma constitucional de 1994 se introdujo el artículo 124 como una clara normativa que expresa: “Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”. Es decir, prescribe en el ámbito del derecho ambiental un federalismo concertado. Al respecto considero que una ley que prohíbe indeterminadamente actividades en ciertos ámbitos geográficos atentaría taxativamente contra las jurisdicciones provinciales y su desarrollo económico. En este sentido, Catamarca es una de las pocas provincias donde la Constitución provincial se expresa en su articulado de manera contundente sobre la promoción de la actividad minera en su territorio. Así, el artículo 67 dice textualmente: “El gobierno propenderá obligatoriamente a la extracción de los minerales y al establecimiento de plantas de concentración e industrialización mineral en las zonas estratégicas y económicas convenientes.”
Es difícil obviar a un sector que representa más del 30 por ciento de nuestro producto bruto, un sector que coloca a nuestra provincia como una de las primeras exportadoras del NOA y quinta a nivel nacional. Esto se explica fundamentalmente por la alta mineralización del suelo montañoso, que ocupa el 80 por ciento del territorio provincial.
La minería históricamente fue la actividad económica fundacional y vital para el desarrollo económico y social, como así también el aporte en la última década para que Catamarca fuera una de las provincias que más creció relativamente en la región NOA. Para reforzar mis argumentos, tomemos el caso de la empresa Minera Alumbrera a la que tanto se nombró , que emplea a 1.800 trabajadores, con un efecto multiplicador del empleo del 9,2 por ciento, es decir que por cada puesto de trabajo directo Minera Alumbrera genera el 8,2 por ciento de puestos de trabajo indirecto.
El flujo de ingresos totales a la economía argentina es de treinta millones de dólares anuales, y las compras de insumos y servicios nacionales del proyecto equivalen aproximadamente al 50 por ciento en comparación con otras empresas mineras. A esto debemos agregar que en el período 2008 2009 esa empresa aportó más de cincuenta millones de pesos a las universidades nacionales de nuestro país.
Es cierto que el sector minero genera los recursos fiscales que en mayor medida recauda la Nación y no la provincia. Para ejemplificar nuestra realidad basta decir que es sabido que cada 100 pesos de producción minera, 41 pesos quedan en el Estado nacional por retenciones e impuestos nacionales, y sólo 5 pesos corresponden a la provincia y sus municipios.
Esta temática seguramente también abrirá la discusión a futuro en esta Cámara legislativa. Por eso debemos entender que la búsqueda y el logro de la armonía entre el desarrollo minero y la protección del ambiente, por su carácter de interdependientes e inseparables, se convierten en un eje sustancial y estratégico para el progreso de los pueblos.
Creemos en el desarrollo minero sustentable, cuyo objetivo debe incluir la participación de diversos actores de la sociedad civil y otros vinculados a la actividad y la producción minera de las comunidades locales, a efectos de que promovamos el desarrollo de proyectos socioeconómicos productivos.
Ahora bien, si nos abocamos en particular al proyecto que se debate debemos definir claramente y de manera precisa los términos “glaciar” y “ambiente periglacial”. No podemos consagrar una norma que prohíba la realización de obras de infraestructura o de cualquier tipo sobre una superficie cuyo alcance no se ha precisado de manera rigurosa.
Por otra parte, considero que en los artículos 8° y 9° no está manifiestamente expresado el derecho ambiental, que es un ámbito donde las provincias y el Estado federal tienen competencia concurrente, con lo cual queda definido explícitamente cuál es la participación de las provincias en la autoridad competente.
En conclusión, como presidente del Bloque del Frente Cívico y Social de la provincia de Catamarca quiero reiterar mi voto negativo al proyecto en discusión porque considero que el Estado no sólo tiene el deber de proteger
el medio ambiente sino también de proveer las medidas necesarias para el desarrollo social y económico.
Quiero finalizar mi exposición solicitando a los diputados que apoyen a las provincias cordilleranas para fortalecer el federalismo y afianzar las economías regionales sin estigmatizar a la región andina en el desarrollo de sus actividades productivas. Absolutamente todos propendemos al desarrollo común y a un ambiente sano para nuestras generaciones futuras. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por La Rioja.
Sr. Paredes Urquiza.- Señora presidenta: a esta altura del debate hemos escuchado exposiciones que por precisión, contundencia y convicción de parte de quienes las han expresado, hacen muy difícil el agregado de conceptos nuevos.
De todos modos, creo que es oportuno remarcar algunos de ellos para entender bien dónde estamos parados, sobre todo hablando con la más absoluta sinceridad y honestidad política e intelectual al hacer los planteos.
Quiero volver sobre un tema que me parece absolutamente fundamental y que ya se ha reiterado aquí por parte de varios colegas diputados. Está absolutamente claro, y lo establece la Constitución Nacional, que corresponde a las provincias el dominio originario de sus recursos naturales.
¿Cómo es entonces que vamos a abdicar –tal como he escuchado manifestar a algunos diputados del interior del país de la potestad que tiene cada una de las provincias de legislar sobre aquellos temas que le pertenecen porque constitucionalmente así se ha establecido , como son los recursos naturales? ¿Cómo es eso de que las provincias no pueden apresurarse a dictar normas? ¿Quiénes son ustedes para decirle a una legislatura provincial que se ha apresurado?
Disculpen, colegas diputados, pero me parece que esto constituye una total falta de respeto para las provincias argentinas. Este Congreso no tiene ninguna autoridad para tratar de esta manera a las provincias ni a sus legislaturas.
Además, en la mayoría de dichas provincias, la expresión política de defensa de sus recursos naturales ha sido dada prácticamente por unanimidad de las fuerzas políticas que, al parecer, cuando se presentan con sus delegados ante este Congreso, cambian totalmente el discurso, su acción, y su proceder político. No son capaces de hacer estos discursos en las provincias de donde provienen pero, para preservar una camiseta política o quedar bien ante una cámara de televisión, lo quieren hacer de todos modos.
Saben perfectamente que en las provincias cordilleranas no pueden decir: “Miren, para apoyar la idea de un representante de la Ciudad de Buenos Aires o de la provincia de Buenos Aires –que no tienen nada que ver con nuestra cordillera, con nuestras aguas o glaciares , hemos votado esa ley. No importa que ustedes se queden sin trabajo. Ya veremos qué vamos a hacer”.
Nadie es capaz de dar este discurso en las provincias porque es sabido que uno de los escasos recursos que tenemos está siendo severamente afectado por una normativa de esta naturaleza.
La provincia de La Rioja fue fundada por un señor que se llamaba Juan Ramírez de Velasco, que vino de Santiago del Estero a buscar los recursos minerales que tenía esa parte del territorio.
La minería es la razón de ser fundacional de la provincia de La Rioja, y por desgracia es una de nuestras casi únicas oportunidades de desarrollo. ¿A quién se le ocurriría pensar que aquello que es casi nuestra única fuente de recursos lo vamos a malgastar, usar mal o emplear para contaminar, traer muerte en vez de progreso, contaminación en lugar de desarrollo? Los que venimos del interior, señores, vivimos allí, al igual que nuestras familias, y tomamos agua de la canilla y no agua mineral en botella como aquí en Buenos Aires.
Debemos ser sinceros. ¿Queremos proteger a los glaciares y al ambiente periglacial? Pues hagámoslo; estoy seguro de que si eso es lo que realmente queremos vamos a sancionar nuevamente por unanimidad un proyecto en este recinto.
¿Queremos atacar a la minería? Todos estaríamos de acuerdo en atacar a la minería contaminante y lo estableceríamos en el proyecto de ley. Pero resulta que en el texto se dice que queda prohibida toda actividad minera no sólo la contaminante y toda actividad industrial. Señores: esta ley está hiriendo de muerte a mi provincia porque la cuestión minera es la razón de ser de su fundación y su historia. Pero además el 60 por ciento de la geografía de mi provincia es de cerros y montañas, y en algún momento el suelo se congela.
Es tan impreciso, vago e indefinido el concepto que se pretende imponer para el ambiente periglacial que nosotros, que no tenemos glaciares, ni siquiera un río, no podremos realizar ninguna actividad industrial en el 60 por ciento de nuestro territorio. Dígannos entonces qué derecho tenemos a los pocos recursos que la naturaleza nos ha dado. Si no podemos utilizar nuestra propia agua para nuestras pocas posibilidades de trabajo, creo que sería justo que nosotros pudiéramos saber en qué van a emplear las otras provincias la gran cantidad de agua que usan. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa Cruz.
Sra. Alvarez.- Señora presidenta: el artículo 41 de la Constitución Nacional establece: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.
“Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.
“Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales.”
El proyecto de ley sancionado por el Honorable Congreso de la Nación el 22 de octubre de 2008 procuraba establecer los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas.
El Poder Ejecutivo dispuso la observación total del proyecto de ley sancionado en ambas Cámaras del Congreso de manera casi unánime. A mi entender, la interpretación constitucional en la que se fundamenta el veto contraría absolutamente el artículo 41 de la Constitución precedentemente citado, precisamente cuando se refiere al dictado de normas que contengan los presupuestos mínimos de protección.
El veto a la ley de glaciares, trabajados en ambas Cámaras con un amplio consenso y sentido de responsabilidad, que se reflejó en la votación casi unánime del proyecto de ley, como así también la actitud demostrada en la postergación por más de un año en la reglamentación de la ley de bosques, que permitió dilatar su correcta aplicación, habilitando el desmonte masivo de amplias zonas del país, trayendo como consecuencia la tragedia de Tartagal, entre otros efectos, nos muestran una vez más que los problemas derivados de la despreocupación ambiental y la falta de gestión afectan principalmente a los más pobres.
El agua es un recurso natural fundamental para el desarrollo de la vida. Sólo el 3 por ciento del total del planeta es agua dulce, y un 77 por ciento de ella está congelada en los polos y glaciares de latitudes medias. Los glaciares, tanto los continentales como el hielo continental argentino-chileno, como Groenlandia y la Antártida misma, están disminuyendo rápidamente de volumen.
Basta ver fotografías de cualquier masa glaciar, por ejemplo del glaciar Viedma en el Parque Nacional Los Glaciares al pié de los cerros Fitz Roy-Torre, para observar su evidente retroceso, que no sólo implica la pérdida de belleza paisajística sino una grave pérdida de agua potable. Cuidar esa agua reservada en los glaciares a lo largo de nuestra cordillera es una necesidad urgente.
Analizando los proyectos que hoy nos ocupan, el presentado por el diputado Miguel Bonasso insistiendo en el proyecto original de la diputada mandato cumplido Marta Maffei y el de autoría del senador Filmus de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente periglacial, cabe definir acabadamente lo que significa el área periglacial: es la parte de la superficie de la tierra donde durante la mayoría del año las temperaturas son frías, y por lo tanto donde la congelación de las áreas superficiales es muy frecuente. Pero también existe una época de temperaturas más templadas, que dura cuatro meses, que permite una fusión de las áreas superficiales. En estas zonas la erosión del suelo no depende solamente del hielo sino también del agua. Es un proceso importante dentro del ciclo geográfico.
Otra fuente como Arthur Strahler, geomorfólogo y catedrático de la Universidad de Columbia, autor entre otras publicaciones del libro Geografía Física, dice: “El domino morfoclimático periglacial se localiza en las márgenes del dominio glaciar y comprende todas las áreas de clima frío en las que la temperatura crítica de cero grados centígrados provoca frecuentes ciclos de hielo-deshielo”.
El proyecto Filmus sólo protegía dentro del ambiente periglacial a los glaciares de escombro, diferenciándose del proyecto Bonasso, cuya protección se extiende a todo el ambiente periglacial, incluso los glaciares de escombro.
El proyecto Filmus incorporaba como servicio ambiental de los glaciares y del ambiente periglacial la reserva de recursos hídricos para las actividades industriales. De esta manera se diferencia del proyecto Bonasso, estableciendo implícitamente que sirven y son necesarios para la actividad industrial.
Con esto, entre otras cosas, las actividades industriales podrán captar nieve de los glaciares y convertirla en agua. No lo dice la ley, pero lo puede hacer si la autoridad de aplicación provincial considera que el glaciar no sufre impacto.
En relación con el artículo 15, el proyecto Filmus establecía que la auditoría ambiental sobre los emprendimientos actualmente funcionando se realice en un plazo máximo de ciento ochenta días a partir de la culminación del inventario de glaciares de cada jurisdicción. La diferencia con el proyecto Bonasso es sustancial, ya que el plazo de ciento ochenta días para la realización de la auditoría empieza a correr a partir de la sanción de la ley.
Con la redacción del proyecto aprobado en el Senado, la auditoría ambiental es facultativa de cada provincia, la que realizará el inventario de glaciares que la propia norma establece, pero sin plazos determinados para dicha labor. Es decir que si una jurisdicción omite o retrasa realizar un inventario de glaciares, tampoco se realizará la auditoría ambiental sobre los proyectos actualmente en ejecución.
Estoy convencida de que hay un fundamento ideológico que debe servir como base central para impulsar una nueva ley de protección de glaciares, y que debemos priorizar, por sobre todos los intereses económicos, políticos, comerciales o de cualquier otra índole, el derecho esencialmente protegido en el artículo 41 de la Constitución Nacional, pensando en nuestro derecho a un ambiente sano y equilibrado, apto para el desarrollo humano presente y para las generaciones futuras.
Como se advierte en la redacción de dicho artículo, hago propias las palabras de la jurista doctora María Angélica Gelli, quien sostiene: “El desarrollo humano constituye el objetivo de la preservación del ambiente, imponiendo limites a la actividad productiva, en tanto esta comprometa la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y venideras. Se exige, en consecuencia, que el logro del crecimiento económico se sostenga y sea racional a fin de garantizar el desarrollo humano, actual y futuro. Es el criterio que impone el artículo 4° de la ley 25.675 de política ambiental.”
Para finalizar debo destacar que el desarrollo económico debe ser sustentable económica, ecológica y socialmente. En consecuencia, esta ley es imprescindible para la futura explotación de nuestros recursos naturales.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por San Juan.
Sr. Ibarra.- Señor presidente: hoy nos toca tratar un tema de absoluta responsabilidad para quienes poseemos una visión trascendental en términos intergeneracionales.
Hoy venimos a discutir, como pocas veces, un tema que nos exige claridad y firmeza en términos de valores, ya que estamos tratando intereses superiores, que van más allá de quienes somos parte del presente.
Para las decisiones que hoy adoptemos, nos propondrán un futuro más largo o más corto del que todos quisiéramos establecer. Hoy venimos a este Congreso indefensos, agotados, rendidos intelectualmente, sabiendo que a esta ley que enfrentamos no le alcanzan los acuerdos políticos ni las coyunturas. Las leyes de la naturaleza nos sobrepasan; no podemos prorrogarlas, modificarlas o derogarlas. Han sido ellas quienes nos han tomado en su comprensión, poniéndonos en el lugar que corresponde que ocupemos.
-Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, doctor Eduardo Alfredo Fellner.
Sr. Ibarra.- El fenómeno climático del calentamiento global, como conflicto presente, nos exige respuestas ambientales, tales como poner el agua y a los glaciares en un plano destacado de la agenda pública en la Argentina.
Es alarmante la regresión de los bloques de hielo, y de allí la necesidad imperiosa de preservarlos como fuente de agua dulce. Vengo de una bendita provincia, acordonada de macizos montañosos que cobijan a fértiles valles que durante siglos nos permitieron sembrar nuestras tierras, vivir, subsistir, crecer y valorarnos como hombres de esfuerzos laboriosos. Nuestros abuelos nos enseñaron el amor por lo nuestro. A la adversidad la confrontamos con el trabajo ingenioso de conducir nuestras aguas, direccionándolas a las raíces de nuestro progreso, símbolo del crecimiento de nuestros pueblos. Fueron nuestros viñedos los que nos hicieron ser reconocidos; fueron nuestros productos engendrados desde la entraña de nuestros suelos los que nos permitieron crecer y ser lo que somos.
Mesías eventuales hoy nos invitan a confrontar entre nuestra historia y nuestro futuro. Algunos que olvidan de donde vienen nos pretenden confrontar con el espacio hacia el que vamos. Confunden la riqueza de algunos con el desarrollo de todos; confunden el hoy sin darle oportunidad al futuro.
Debe haber sido la voluntad creadora la que nos llevó a la utilización de todos nuestros recursos, pero seguramente alguien pensó en la existencia de un mandamiento que le permitiera agotar los recursos en un período de gobierno.
Nuevos imperativos nos exponen al desafío de lograr un marco jurídico de presupuestos mínimos de protección de glaciares, tal como surge del mandato constitucional, tratando de no incurrir en redacciones legales mezquinas que luego generen interpretaciones equívocas por parte de las autoridades de aplicación. Eso nos puede conducir a un sistema protectorio carente de eficacia, con una posibilidad cierta de afectación del bien jurídico que pretendemos proteger con esta norma.
Un glaciar no está abandonado en lo alto de una cordillera sino que integra un esquema natural complejo, dotado por lagos, vegas, nacientes de ríos subterráneos que luego forman cuencas endorreicas, áreas periglaciales y una exquisita flora y fauna, con un marco estable de precipitaciones y vientos que regulan la propia existencia humana.
Estoy convencido de que para resguardar y garantizar a nuestros hijos, a nuestros nietos y a los que vendrán los reservorios de agua dulce más importantes del planeta –como lo son los glaciares- se necesita renunciar a otros menesteres; se necesitan actos de humildad que, en definitiva, nos permitan vivir con dignidad.
Por estas razones apoyo el dictamen en tratamiento. Este apoyo no lo expreso sólo en esta ocasión, porque también lo hice durante el debate que se mantuvo en la reunión conjunta de la que participé como miembro de la Comisión de Minería. Lo hice porque estoy convencido de que este proyecto es el que mejor protege a los glaciares como reservorios de agua dulce en cualquiera de sus formas, sin distinción de clases y tipos, cuidando además esa área tan importante de alta montaña con suelos congelados, que actúa como regulador del recurso hídrico, que es definida como zona de ambiente periglacial.
Comparto la decisión de brindarle protección al ambiente periglacial porque es un regulador natural de las descargas de las cuencas vacías de los ríos en las zonas áridas, como las de mi provincia, además de ser una zona de gran impacto en la estabilización del recurso hídrico.
Si observamos los convenios y tratados internacionales referidos a la temática del agua y de los glaciares suscriptos por nuestro país, como la Convención sobre la Lucha contra la Desertificación en los Países Afectados por Sequía Grave o Desertificación, el convenio marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático o el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medioambiente, vemos que en ninguno de los casos se han introducido definiciones específicas, como las que hoy pretenden introducir algunos legisladores o ciertos sectores políticos que integran esta Honorable Cámara. Está claro que el bien jurídico a proteger son los glaciares como reservorios de agua dulce en cualquiera de sus formas, sin distinción de clases y tipos.
En ese sentido, debo referirme a lo que ha sido una técnica parlamentaria de este Congreso. Así, en oportunidad de discutirse la ley de protección de los bosques nativos, se los definió como ecosistemas forestales naturales; en ningún momento se dijo qué se debía proteger. Cuando el Congreso sancionó el régimen federal de pesca, tampoco se especificó qué variedades o especies había que proteger; simplemente se limitó a establecer, en forma general, que se debían aprovechar racionalmente los recursos vivos marítimos. Cuando se discutió la ley de presupuestos mínimos para la gestión ambiental del agua, se definió el conjunto de cursos y cuerpos de agua natural superficial y subterránea. Cuando tratamos el proyecto de presupuestos mínimos sobre residuos industriales, se definió como cualquier elemento, sustancia u objeto en estado sólido, semisólido, líquido o gaseoso.
Para terminar quiero hacer alguna distinción con conceptos que se vertieron en este recinto.
No pertenezco a un sector que viene a discutir en el día de hoy si somos patria o colonia; tampoco soy de un sector que viene a discutir progreso o caos, como han dicho otros diputados. Venimos a discutir un proyecto de ley que proteja a los glaciares y las aguas de la República Argentina; venimos a proteger el futuro de nuestros hijos, el futuro de nuestras provincias, como la provincia de San Juan, donde no llueve todos los días y no existen los paraguas. Solamente existen las aguas que provienen de las nieves de las altas montañas.
Sé que algunos tienen intereses para proteger y otras construcciones que tienen que ver con intereses económicos. Pero yo hoy vengo a defender el futuro de mi provincia. Vivo en la misma provincia de Tomas y de Gioja que votaron esta ley. ¡Pero el día que se aprobó la norma en el Congreso de la Nación, el control remoto desde San Juan no funcionó! ¡La votaron a favor y hoy vienen a acusarnos de que estamos votando una ley que ellos mismos aprobaron en noviembre de 2007, cuando se estaba terminando el año legislativo! (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Santa Fe.
Sra. García (S.R.).- Señor presidente: aunque el oficialismo pretenda presentar este debate como técnico y complejo –que por cierto lo es-, entiendo que hoy debemos discutir una iniciativa que es estratégica.
Nuevamente venimos a poner en consideración el proyecto de presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y del ambiente perigracial. Ahora, a diferencia de lo que fuera la ley 26.418 -vetada por la presidenta Cristina Fernández-, el oficialismo ha tomado una postura clara y específica sobre este debate estratégico. Digo esto porque quedará en la historia no un veto por parte del Poder Ejecutivo -facultad posible según lo establece nuestra Constitución Nacional-, sino el hecho de haberse votado una ley que había sido aprobada en forma unánime por ambas cámaras. Se quiere imponer ahora una modificación automática sobre la posición de los bloques oficialistas al respecto.
Es decir que hoy se demuestra que el ejercicio de poder kirchnerista se aprecia aquí como un ejemplo constante y sonante: lo que se dice en la Rosada es lo que debe ser. Alcanza para que sus parlamentarios cambien de postura de manera automática.
A esos efectos me reservo lo que ha dicho y expuesto el senador Filmus cuando defendió el proyecto votado en el Senado.
Decía que más allá de las pretensiones oficialistas de provocar un debate lo suficientemente complejo para que la sociedad no pueda dilucidar con claridad los intereses en disputa, lo que debemos resolver es cuál es la mirada estratégica sobre el recurso agua, sobre el desarrollo regional y sobre el derecho a un ambiente sano para todos los habitantes de la República.
Quiero hacer mención al veto del Poder Ejecutivo y manifestar al respecto que no existen razones de peso que justifiquen un veto total a la ley si no es para garantizar mediante la dilación de la sanción de la norma y la garantía legal que sostiene el proyecto del senador Filmus la explotación minera actual de multinacionales en la zona cordillerana y habilitar mecanismos y vericuetos jurídicos que permitan el funcionamiento de las mineras en la zona del ambiente glaciar y preriglacial.
Ni la intervención de la Cancillería en zona fronteriza ni la autoridad competente en los Parques Nacionales, ni siquiera la interpretación restricta que hace el Ejecutivo respecto del alcance de las leyes de prespuestos mínimos son argumentos válidos para un veto total.
Señor presidente: existe la reglamentación, existe el veto parcial y también –está visto existe la decisión política de garantizar a las mineras su enorme negocio a costa de nuestros recursos naturales. Bastaba con leer la propuesta del artículo 15 del proyecto oficialista, en contraposición con la ley vetada, para darse cuenta de la pretensión del Poder Ejecutivo nacional en connivencia con los gobernadores mineros de garantizar a las empresas sus niveles de explotación y degradación del ambiente.
La importancia del agua como recurso estratégico está fuera de discusión y nuestro país tiene mucho para decir y hacer al respecto. Hemos escuchado hablar de la guerra por los recursos naturales. Hemos escuchado, con hermosa retórica, hablar de los recaudos que como Nación debemos considerar frente a la pretensión de otras naciones sobre la posición relevante que ocupa nuestro territorio por su extensión y recursos.
Pues bien, señor presidente, todo eso hay que tenerlo en cuenta y al respecto debe haber una política de Estado. Pero si queremos ser coherentes en discurso y acción debemos actuar en ejercicio de nuestra soberanía aquí, con nuestras leyes, sobre nuestro territorio y a través de sus representantes.
No es sano para el futuro nacional que no se debata en profundidad el modelo minero de la Argentina, pero mucho más perjudicial es evitarlo, por un lado, y garantizar a sus beneficiarios los resortes legales que aseguren sus intereses a costa del futuro nacional.
No voy a extenderme acerca del modelo minero porque ya se ha hablado mucho. Sólo digo que escaso favor hacemos a los actuales habitantes de la zona cordillerana al llevarlos a un callejón sin salida que parece largo y próspero, pero que sabemos que tiene un fin y graves consecuencias ambientales y sociales.
El dictamen de mayoría que tenemos en consideración tiene vocación estratégica. Custodiar los glaciares no es sólo una cuestión estética o turística. La reserva de agua dulce es una preocupación mundial. La Argentina tiene una ventaja comparativa enorme respecto de otras naciones. No podemos poner en riesgo esta ventaja por malas decisiones.
El modelo de desarrollo regional y aun el minero no puede ser expoliatorio. Debe ser justo, planificado y sustentable. En este sentido es que debemos insistir en el texto original, aquel que hace no mucho votamos todos. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por San Juan.
Sra. Caselles.- Señor presidente: más que como diputada, quisiera hablar como sanjuanina, como representante común de mi querida provincia y quizás también de todas las de la cordillera de los Andes.
Durante el transcurso de esta sesión se han dicho muchas cosas. Por eso, repetirlas tal vez sería un error, pero la mayoría tienen en común muchas mentiras, muchos ataques e incluso algunas afirmaciones hipócritas acerca de lo que hacemos los sanjuaninos con nuestra tierra y con nuestra gente. Se ha cuestionado incluso el accionar de pares nuestros, como por ejemplo diputados provinciales de San Juan, de Jujuy o de La Rioja. ¿Qué clase de dignidad de legisladores nacionales tenemos para ofrecer al pueblo argentino si cuestionamos a los que son representantes genuinos en nuestras provincias?
Se dice que nosotros los sanjuaninos no sabemos defender uno de los recursos más sagrados que tenemos y que incide en la vida de todos: el agua. ¿Cómo no vamos a saber defender el agua si desde San Juan se han construido los sistemas de riego más importantes de Latinoamérica? Si no fuéramos defensores de nuestra agua, este año que fue de sequía habríamos muerto de sed. Esto se vincula con el hecho de que en San Juan se planifica, piensa y analiza qué necesita nuestra gente y nuestra tierra para convertirse en fértil, sobre todo en los lugares donde es infértil.
Me duelen las afirmaciones que se hicieron esta noche en contra de la dignidad de mi pueblo y de mi gobierno. Quieren hacernos creer que los sanjuaninos no sabemos elegir nuestro propio destino. Hoy tengo el honor de presidir el Partido Bloquista de San Juan, un partido provincial con casi cien años de historia, que fue pionero en la defensa de los derechos sociales de la Argentina y que brindó a la mujer la posibilidad de votar. Es mentira que fue la Nación, fue San Juan la primera en darle ese derecho; fue San Juan la primera en reivindicar las ocho horas de trabajo, después la Nación se hizo dueña de estos logros, y también lo hizo con honor el Partido Justicialista. Los partidos Bloquista de San Juan y Justicialista fueron de un gran corazón popular.
Cantoni, el fundador de mi partido, pensó junto con toda su gente, a lo largo de la historia de San Juan, en trabajar para que una provincia que tiene el ochenta y dos por ciento de su tierra de cordillera pudiera transformar el suelo infértil en fértil, para que los sanjuaninos –al igual que las demás provincias del interior no tuvieran la necesidad de mirar hacia Buenos Aires y para que no hubiera más sanjuaninos tirados por las veredas de San Juan.
A lo largo de toda su historia se trabajó en favor de ver cómo los sanjuaninos tomamos el despegue propio. Fíjense lo que está pasando en San Juan cuando se nos trata de indignos, de no cuidar la vida, de no defender los derechos de la gente. Se han erradicado cincuenta y tres villas de emergencia; todos los días se inauguran obras, caminos, hospitales, escuelas de educación especial en todos los departamentos de la provincia; se ha diversificado la agroindustria. Es decir, a los sanjuaninos se les ha dado la posibilidad de ser considerados personas dignas, incluidas en un país federal. Hemos convertido a la minería en política de Estado; hemos trabajado para que lo infértil se haga fértil y les dé vida a los sanjuaninos.
Hoy con mucho agrado quiero decirles que miles de jóvenes que se habían ido de la provincia de San Juan están volviendo, porque hay fuentes de trabajo genuinas; porque los bloquistas y los justicialistas estamos haciendo de la justicia y la igualdad de oportunidades una realidad; porque el orgullo de ser sanjuaninos ha vuelto a nuestra provincia. Ya no somos una provincia pobre sino una provincia de avanzada, y eso se da porque todos juntos hemos recuperado las ganas de trabajar y mirar para el mismo lado.
Por eso, a aquellos que se quieren meter en la vida de mi provincia, a los que quieren decir no a la vida, no a los niños, no a los ancianos, y no a las personas especiales, les pregunto: ¿quiénes son para legislar en contra de nosotros, para decir a los sanjuaninos que no podemos crecer, para decir a las provincias del interior lo que deben hacer? Yo, como sanjuanina, como defensora de una provincia luchadora por los derechos de todos, digo a los porteños que el país es para todos, que la riqueza es para todos los argentinos, y las provincias del interior –sobre todo las de la cordillera están formadas por gente sana que quiere mirar para adelante y que tiene derecho a definir su destino.
Yo, como presidenta de mi partido, voy a defender al gobernador de la provincia. Por algo los bloquistas y los justicialistas nos hemos enfrentado, pero la madurez de los sanjuaninos nos hizo ver que hay que priorizar la provincia y no las especulaciones. Hoy, el gobernador de la provincia goza de más del 80 por ciento de imagen positiva en San Juan. ¿Somos tontos los sanjuaninos, o acaso nos dimos cuenta de que juntos podemos? Digo a los porteños que nos respeten, porque a San Juan le va bien y espero que a toda la Argentina también. (Aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Cardelli.- Señor presidente: la verdad es que se está haciendo difícil encontrar aspectos donde uno pueda hacer un aporte, pero hay un tema que a lo largo de la noche, de diferentes formas, ha quedado oculto.
Parecería que la economía, la minería y otras actividades de nuestro país fueran actividades sin sujeto, es decir, actividades que no realiza nadie. Parecería que cuando discutimos sobre la minería hablamos de una industria en general y no hacemos referencia a las corporaciones ni a las trasnacionales mineras, que son aquellas contra las que han peleado las asambleas ciudadanas a lo largo del oeste de nuestro país. No es que haya una minería en abstracto: hay corporaciones y trasnacionales mineras, y estas últimas tienen naciones que las protegen.
Nuestro país es verdaderamente contradictorio. Con la ley de inversiones extranjeras que teníamos en 1974, ni remotamente una trasnacional minera se iba a llevar la ganancia como ahora, sin ninguna cuenta. En ese año teníamos una ley universitaria que decía que estaba absolutamente prohibido trabajar en una universidad nacional y ser miembro de una trasnacional minera. Hoy las trasnacionales mineras se dan el gusto de financiar parte de la actividad universitaria, y no solamente eso: condicionan los propios desarrollos curriculares y son activas ideológicamente, porque nadie puede negar que en muchísimas provincias hacen aportes, y muchos: tomógrafos, escuelas, premios, etcétera. Lo que sí tienen a buen resguardo es que en esas escuelas ni por casualidad se puede cuestionar el papel que tienen estas trasnacionales en los propios lugares. Es más: han demostrado ser realmente eficientes, porque cuando nosotros estábamos avanzando aquí en este debate sobre el problema de ponerles coto a los glaciares, se empezaron a mover rápidamente hace un par de meses y a plantear cómo hacer para declarar inconstitucional la ley que salga de aquí, cualquiera que sea.
Para emputecer todavía más la cuestión, se están largando a promover que en diferentes provincias aparezcan legislaciones y, más aún, que confrontemos y escuchemos que alguien nos diga cómo puede la Nación venir a meterse en las provincias.
¿Qué diferencia tiene esto con Standard Oil que, junto con Patrón Costas, querían sacar el petróleo en Salta, mientras que Mosconi, junto con Yrigoyen, se opusieron tenazmente? ¿Qué es eso? ¿O resulta que Patrón Costas y la Standard Oil eran los progresistas y representaban el desarrollo mientras que Yrigoyen era la entrega y el atraso? (Aplausos.)
Hay que aceptar que estamos ante una ofensiva del capital minero que se está apropiando de nuestro propio territorio. Pero en este país se desaloja sin piedad a cualquier campesino que ocupe un área donde se va a construir una mina, donde van a meter un emprendimiento turístico o donde van a sembrar soja.
Hoy existe una operación del capital, que no es una entelequia. Tiene naciones que lo apadrinan. El capital es norteamericano, chino o europeo. No hay capitales argentinos que anden sacando plata de allá y trayéndola para acá. Los de acá mandan plata para afuera y los que vienen de afuera siguen mandándola para afuera.
Entonces, para nosotros esta ley es importante. Seríamos muy tontos si pensáramos que con esta iniciativa vamos a parar esta ofensiva del capital minero y de todos los socios que tienen acá.
Los que somos peronistas y hemos estudiado la historia de la dependencia de nuestro país sabemos con absoluta claridad que la oligarquía y el capital nunca operaron sin socios internos. No operan en abstracto.
Me podrán decir ahora que no existe el capital imperialista. Claro que existe. Me podrán decir ahora que no tiene socios internos. Claro que tienen socios y operadores internos.
Para nosotros esta ley es sumamente importante porque va a ayudar a todos los compañeros y compañeras que pelearon a lo largo de la cordillera defendiendo los recursos naturales y nuestros propios derechos.
Al mismo tiempo, vamos a dar una muestra de sentido nacional porque cuando estamos hablando de presupuestos mínimos por lo menos hacemos referencia a un cierto marco de encuadre nacional. Vamos a dar lugar a la posibilidad de la evaluación ambiental y de tener un inventario en nuestro país. Pero hagámonos cargo: simplemente estamos poniendo una pequeña valla porque hasta ahora el capital viene mostrando que es más poderoso que nosotros. Mientras avanzábamos a paso lento, ellos ya estaban dando varios pasos más.
Es necesario fortalecer el tema de la conciencia ambiental y la denuncia a este capital imperialista que viene a saquearnos. Esta es la única forma posible de derrotarlos. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Mendoza.
Sra. Juri.- Señor presidente: esta noche veníamos dispuestos a celebrar un acuerdo -que entendíamos estaba por demás debatido y analizado- para que finalmente la Argentina tuviera la ley de glaciares que todos nos merecemos.
Después de dos años de frustraciones, por culpa del veto de la presidenta, la Argentina continúa –insisto¬ sin su merecida ley de glaciares.
Esta noche íbamos a decir a los argentinos que finalmente esta Cámara había dado sanción a esta iniciativa, pero no sé qué pasó. Quisiera que alguien me explique qué es lo que pasó.
El Frente para la Victoria estaba dispuesto a acompañar el proyecto del senador Filmus, quien había dado su palabra para que esta iniciativa siguiera adelante, pero ahora no nos acompañan. ¿Será que tenemos que resolver nosotros la interna del Frente para la Victoria? ¿Qué es lo que está pasando, señor presidente? De todas maneras, como creo en la palabra, pienso que esta noche podremos avanzar en lo que nos habían prometido y que finalmente tendremos nuestra ley de glaciares. Eso hay que celebrarlo. Muchos de nosotros nos habíamos comprometido con gran parte de los argentinos que desde hace mucho tiempo estaban intentando tener esta ley y muchas otras que contribuyan a la preservación del ambiente. Ellos pretendían una ley de glaciares que, como aquí proponemos, por sobre todas las cosas preserve un bien tan vital como el agua.
Había entendido –insisto, espero que así sea-, que el oficialismo había comprendido que los recursos hídricos no son negociables bajo ningún concepto, y que habíamos acordado que el bien jurídico a proteger era mucho más amplio que en aquel proyecto, por lo cual veníamos a celebrarlo.
Insisto, porque creo en la palabra que nos habían dado y que el senador Filmus reiteró desde el Frente para la Victoria en el sentido de que nos iban a acompañar, quiero celebrar que se haya aceptado que este imprescindible inventario que contempla la norma quede bajo la responsabilidad del Ianigla.
También celebro que, tal como lo establece el artículo 6º, se prohíban las actividades que puedan afectar la condición natural de los glaciares, como asimismo que en este acuerdo hayamos podido avanzar en lo que proponíamos originalmente. Me refiero a que una vez definida la zona del inventario, eso se realizaría en un plazo de 180 días como máximo, y sobre todo a que las actividades que ya están en ejecución se someterían a una auditoría ambiental inmediata. Además, si se comprobaba que estas actividades estaban contaminando se podría determinar su cese o traslado.
Hoy tendremos una gran satisfacción porque estoy segura de que podremos sancionar este proyecto de ley que nos permitirá cumplir con las futuras generaciones, a quienes debemos garantizar un recurso tan importante como el agua.
Para finalizar, me permitiré leer la primera parte del artículo 41 de la Constitución Nacional que con tanta claridad marca al Congreso de la Nación lo que debemos hacer en este sentido: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por San Juan.
Sra. Ferrá de Bartol.- Señor presidente: como representante del interior del país realmente conmueve haber escuchado las opiniones de los diputados preopinantes.
El tratamiento de este proyecto de ley se ha instalado desde la hipótesis de un conflicto total entre los sectores que han opinado esta noche.
Indudablemente la hipótesis de conflicto tiene que ver con una visión estereotipada de la realidad del país. El proyecto que estamos considerando involucra a las provincias que a lo largo de la Cordillera de los Andes se establecen de norte a sur, y que viven un mismo paisaje, que en la mayoría de los casos les ocupa las dos terceras partes de su superficie comprometiendo su espacio de tal manera que otra actividad es imposible en ese lugar donde la cordillera de los Andes es el común denominador.
Indudablemente, es un paisaje diferenciado del resto del país, fundamentalmente de la Pampa Húmeda, desde donde merced a un opulento puerto se manejó a todo el interior de este país a lo largo de muchas décadas.
Me pareció escuchar aquí, a través de las participaciones de los señores diputados, aquellas palabras que dijera Rivadavia cuando hablaba de “los catorce ranchos del interior”. Yo creía que el interior había dejado de ser un rancho para convertirse, en un sistema de equidad política e integridad nacional, en condiciones iguales entre las partes. Pero parece que indudablemente hemos progresado muy poco.
Estamos tratando un proyecto de ley de protección de los glaciares, con los cuales estamos comprometidos como nadie, porque tenemos un paisaje fuerte de glaciares.
Yo he nacido en un pequeño valle de la provincia de San Juan que lleva el nombre de Ullúm, que surgió gracias a la existencia previa de un lago y de tierra fértil que había que aprovechar con el agua de regadío.
Digo que soy de la provincia de San Juan porque es necesario que ustedes me identifiquen con una postura de esa provincia, alejada de la idea que muchos tienen que los sanjuaninos somos corruptos y delincuentes. Rechazo totalmente esas imputaciones que nos hacen por vivir en la provincia de San Juan, por participar de un proyecto de provincia que nos está sacando del atraso en el que estábamos desde principios de siglo.
Me extraña sobremanera que un colega diputado de la provincia de San Juan haya dicho que con la defensa de los glaciares estamos defendiendo los valores. Con la defensa de los glaciares estamos defendiendo el agua. El agua es vital y los sanjuaninos lo sabemos muy bien. Lo sabían ya nuestros ancestros incas y huarpes, que hicieron del sistema de regadío la posibilidad de vivir en los pequeños valles existentes.
Discúlpenme que me exprese con alguna energía pero realmente es muy difícil poder hacerlo con calma y templanza después de haber escuchado las participaciones de muchos colegas diputados, y cuando creíamos erróneamente que el interior podía ser respetado hasta institucionalmente.
¿Qué es eso de que las Legislaturas están dictando leyes? Esas Legislaturas están dictando leyes para defender los recursos naturales. Es un derecho constitucional. Ustedes están vulnerando un derecho constitucional que tienen las provincias. Están vulnerando el derecho federal del interior sobre los recursos, que nos permite defender de las agresiones, como está ocurriendo esta noche.
En otro orden de cosas, el texto del proyecto en tratamiento no resiste el menor análisis de corte científico desde el punto de vista del estudio de los glaciares.
Desde 1988 mi provincia mantiene un convenio con la Universidad Nacional de San Juan para hacer un estudio permanente y un inventario de los glaciares del tramo sanjuanino. Hace dos años que nosotros tenemos el inventario de glaciares, con participación del Ianigla. ¿O ustedes creen que es un invento de este proyecto de ley?
Tengo los informes pero no los voy a leer para no demorar más el debate. Los informes son recientes: hay muchos glaciares que desaparecen según estos informes y al mismo tiempo y simultáneamente nacen varios, porque la naturaleza tiene sus propios comportamientos.
Los sanjuaninos debemos agregar desde el punto de vista geológico que somos una zona sísmica. Nadie se acordó que gran parte de las provincias que están a lo largo de la cordillera tiene una fuerte sismicidad y es un factor muy importante para la ubicación de los glaciares, para la desaparición de algunos y la aparición de otros.
Por lo tanto, rechazo totalmente el proyecto que estamos tratando. En primer lugar, porque no respeta los adelantos científicos que se han hecho en la materia. En segundo lugar, ratifico mi adhesión al proyecto de desarrollo provincial que tiene la provincia de San Juan. No renuncio a él.
Por lo tanto, es probable que pase a engrosar las filas de delincuentes y corruptos que son los sanjuaninos. En buena hora: prefiero tener esta característica como sanjuanina y no la de muchos de ustedes que han hablado. Han utilizado por ese motivo una serie de situaciones que no han hecho nada más que enfrentarnos una vez más unos contra otros. Unos contra otros. ¡Viva la integración, viva la unidad nacional! La unidad nacional la verán algún día. No sé cuando, fundamentalmente cuando depongan las actitudes que he observado esta noche. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sr. Lozano.- Señor presidente: unas pocas reflexiones dada la contundencia que han tenido las presentaciones que han hecho otros compañeros de este interbloque. La primera es responder a la pregunta que por allí apareció, de por qué estamos hablando de minería cuando hablamos de protección de glaciares.
En verdad podemos hacer de cuenta que los contextos históricos concretos no existen. Pero lo cierto es que si hoy hay daño concreto sobre los glaciares en la Argentina, amenazas concretas sobre glaciares, peligro y por lo tanto razones para discutir lo que estamos discutiendo no es un ejercicio de abstracción filosófica sino el resultado de la vigencia del tratado minero argentino chileno, que ha transformado en territorio supranacional la Cordillera de los Andes y que ha puesto en marcha, y rige hoy, la vigencia de la exploración minera a cielo abierto con uso de cianuro.
Esa es la razón central por la cual tenemos que dar este debate como lo estamos dando hoy. Si no podríamos tener muchísimo más tiempo para darlo.
Por otra parte, me parece muy importante saludar lo que se concreta hoy en el plano institucional porque es la tarea de muchísimo tiempo, de muchas organizaciones ambientales, de asambleas que recorren a lo largo y a lo ancho del país dando este tipo de discusión y que hoy se corona institucionalmente reconociendo el trabajo de compañeros y compañeras como Marta Maffei y Miguel Bonasso.
También quiero decir que esto que estamos haciendo hoy es importante porque estamos poniéndole límites al saqueo ambiental, económico y fiscal que supone la vigencia de este tipo de explotación minera.
La verdad es que me parece atinado hacer una advertencia porque los que estamos aquí tenemos en claro que con esto estamos poniendo una baldosa más, un ladrillo más, en una pared o un camino para garantizar que en algún momento podamos resolver el tema. No lo estamos resolviendo acá. Para resolverlo vamos a tener que discutir el replanteo de la legislación minera de los 90. Para hacerlo vamos a tener que tomar una opción como país a favor de la minería a la que se refería Evita, que era la pequeña y mediana, y no la minería a cielo abierto; no había ningún socavón ni se bajaba a ningún lugar. (Aplausos.)
Vamos a tener que reorientar el acuerdo minero argentino-chileno y tendremos que desmontar la trampa que supone poner en marcha legislaciones provinciales que entran en contradicción o litigio con los presupuestos mínimos que se tratan de plantear aquí. El objetivo es que lo que decimos en el papel no se pueda cumplir en la práctica.
Varias cosas más formarán parte de la batalla política y cultural que integra el debate de esta noche. No creemos que con esto se resuelva el problema, pues es muy profundo, ha llevado suficiente tiempo y está enquistado en lugares demasiado importantes.
Cuando hablo de demasiado importantes me refiero a que tenemos un problema: hay corporaciones transnacionales que tienen influencia directa en la definición y contenidos de los acuerdos regionales que se establecen entre nuestros propios países.
En ese sentido, si se observa la propia página web de la empresa Barrick, www.barrick.com.ar, se encontrará que dice con toda precisión que el Tratado de Integración y Complementación Minera firmado en 1997 por los presidentes de Argentina y Chile y el Protocolo Adicional Específico suscripto en agosto de 2004 por los cancilleres de ambos países es los que han dado las condiciones adecuadas para llevar a cabo Pascua Lama. Ellos señalan cuál es la función que cumple el Tratado para sus intereses: no es un invento nuestro.
El segundo problema estratégico a resolver es la mirada que subsiste –gobierno tras gobierno con respecto al papel que cumple este tipo de explotación minera. Yo puedo tomar un protagonista importante y leer sus declaraciones: “El sector minero argentino es uno de los que durante la década de 1990, con cambios importantes en la legislación, empezó a tener un punto de inflexión que le permitió avizorar un destino estratégico diferente.” Luego agrega, dirigiéndose a los representantes del sector minero: “Todo lo que ayude al sector, y ustedes como empresarios vean como una perspectiva clara para incentivar la inversión y crean que esto podamos hacerlo, estamos absolutamente dispuestos a llevarlo adelante.”
¿Quién decía esto? ¿Era Menen? No; era Néstor Kirchner. Acá no hay ningún punto de inflexión, sino que se vuelve a las fuentes de los 90. Aquí los compañeros del Frente para la Victoria se dan la mano con el Partido Justicialista de los 90 de Carlos Menem. Esta es la realidad. (Aplausos.)
El otro punto que quiero marcar es que aquí se dieron argumentos con respecto a la casi actitud filantrópica de las corporaciones trasnacionales, como la Barrick.
Quiero que quede claro el volumen de riqueza con el que hay que comparar cuando se dice que han invertido mil o mil quinientos millones de dólares. ¿Saben cuál es la riqueza de las reservas probadas de Veladero y Pascua Lama? Sumadas, son 78.615 millones de dólares, y están invirtiendo 1.500. ¡Cómo tenemos que agradecerle todo lo que están invirtiendo en función de todo lo que estamos entregando!
¿Quieren que les diga cuál es la renta extraordinaria que se están llevando? En 2006, el precio de la onza de oro en el mercado mundial era de 600 dólares. El costo de producción de la onza de oro aquí era de 238, lo cual implica una ganancia de 362 dólares. En realidad la ganancia fue del 152 por ciento sobre el costo de producción. Pero eso fue aumentando, porque subió al 217 por ciento en 2007, al 260 por ciento en 2008, para llegar a acerca del 300 por ciento con los actuales precios internacionales.
Esa es la ganancia extraordinaria transformada en ganancia privada. Sin embargo, lo que en realidad tendríamos que hacer es la cuenta en forma completa, teniendo en cuenta lo que aportan fiscalmente. Digo esto porque estas empresas gozan de una serie de beneficios, como por ejemplo de la libre transferencia de sus utilidades al exterior, de inmunidad tributaria para que nada pueda cambiarse, de estabilidad fiscal por treinta años, tampoco se les pueden aplicar retenciones, gozan de la deducción del ciento por ciento del impuesto a las ganancias, de la amortización para las inversiones de capital, de exención del pago del impuesto a las ganancias, financiamiento y devolución del IVA, exención del pago de la ley de sellos, exención del pago de derechos de importación y otros tributos, exención del pago del impuesto a los activos, cheques y combustibles líquidos, límites a las regalías para las provincias y suscripción del acuerdo federal minero para evitar el pago de tasas municipales. Además de todo eso la Nación debe considerar el mantenimiento de las tarifas correspondientes a energía eléctrica, gas y combustible. Esta es la cuenta completa que debemos hacer, no sólo para medir el impacto de la minería sino también para hacernos cargo de los 40 mil millones de pesos en prioridades sociales que figuran en el presupuesto, que se podrían financiar si se les cobrara a los que realmente hay que cobrarles. (Aplausos.)
Por último, para poder transformarnos en Nación debemos cumplir con una condición: terminar con el saqueo ambiental, económico y fiscal que estamos permitiendo. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra la señora diputada por Catamarca.
Sra. Veaute.- Señor presidente: abordar el tema de la protección de los glaciares reviste vital y especial importancia, ya que es un asunto que tendría que causar gran preocupación en la sociedad actual. Lo cierto es que muchos viven en la indiferencia y sólo algunos le prestan atención a su cuidado y preservación.
Entendemos por medio ambiente el entorno que afecta y condiciona las circunstancias de vida de las personas y de la sociedad en su conjunto. Además, ese concepto comprende el conjunto de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y en un momento determinados, que influyen en la vida del hombre y en el de las generaciones por venir.
Tan así es que desde hace tiempo los retos del medio ambiente humano y planetario se han convertido en una de las mayores preocupaciones del mundo. Como estos problemas son globales y diversos las soluciones también tienen que tener bases diversas. Para ello hay que explorar los distintos entendimientos y las experiencias de las diferentes comunidades y culturas.
Nuestra realidad no puede separarse del medio ambiente. Esto requiere que los temas ambientales y todo lo que tiene que ver con el desarrollo sostenible sea tratado a nivel de principios y valores tanto éticos como morales.
Entonces, se hace indispensable promover la autogestión de los pueblos en lo que tiene que ver con sus recursos naturales, generando instancias de desarrollo de agroecología, concientizando a la sociedad sobre la relación profunda que existe entre el respeto que se debe tener a las personas y a la naturaleza.
- Ocupa la Presidencia la señora Vicepresidenta 2ª de la Honorable Cámara, doña Patricia Susana Fadel.
Sra. Veaute.- Hoy nos encontramos en este recinto para debatir sobre la protección de los glaciares, teniendo como marco la ley general del ambiente que establece los presupuestos mínimos para el logro de una gestión sustentable y adecuada del ambiente, la preservación y protección de la diversidad biológica y la implementación del desarrollo sustentable, que proyecte políticas de ordenamiento ambiental del territorio, de evaluación del impacto ambiental, de educación ambiental y un régimen económico de promoción del desarrollo sustentable. Se procuran establecer los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial, con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos y proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas.
Asimismo, se prohíbe una serie de actividades que puedan afectar la condición natural de los glaciares o que implique su destrucción o traslado o que interfieran en su avance, haciendo una enumeración pormenorizada, entre la que queda comprendida la prohibición de exploración y explotación minera o hidrocarburífera, incluyendo en esta restricción la que se desarrolle en ambiente periglacial.
Represento a una provincia esencialmente minera, como es Catamarca, cuya economía proviene en la mayor parte de los resultados de esta actividad minera. Pretender afectarla impediría el desarrollo y crecimiento económico de este lugar de la Argentina, ya que implicaría la prohibición de desarrollar cualquier tipo de actividad en zonas cordilleranas periglaciales.
No es más que hacer prevalecer aspectos ambientales por encima de actividades que pueden desarrollarse en perfecto cuidado del ambiente, con los debidos sistemas de evaluación de impacto ambiental, como marca la ley y como se viene haciendo en mi provincia. Catamarca quiere la protección de los glaciares, quiere el agua que le es escasa y sabemos que la minería es una actividad que se termina cuando se agota el yacimiento. A veces el daño sobre una fuente de agua puede ser irreversible si no se toman las precauciones necesarias; y también sabemos que es un tema que ha levantado muchas polémicas en nuestra sociedad, pero toda actividad extractiva realizada en el marco de todas y cada una de las estrictas medidas ordenadas por las normas de protección ambiental, es absolutamente segura.
Es por ello que recientemente, más precisamente el 6 de julio pasado, gobernadores de nuestras provincias cordilleranas han sellado una suerte de pacto federal -si se quiere-, justamente con el objeto de adoptar medidas en orden a la protección de los glaciares y del ambiente periglacial que se encuentren en sus respectivos territorios. Todo esto en ejercicio de las competencias previstas en el artículo 41 de la Constitución Nacional y el artículo 12 de la ley 25.675; comprometiéndose de este modo a impulsar en las respectivas legislaturas provinciales proyectos de ley en ese sentido, que en algunas de las provincias firmantes ya están en marcha.
Concretamente, las provincias firmantes manifiestan que resulta imprescindible la protección de aquellos glaciares existentes en sus territorios que cumplan funciones como reservas estratégicas de recursos hídricos o como proveedores de agua de recarga de cuencas hidrográficas. Por lo tanto, acuerdan la necesidad de su preservación como tales. Todo ello en el marco de un adecuado y equilibrado desarrollo sustentable que permita que las actividades productivas y de servicios puedan satisfacer las necesidades y desarrollo armónico de estas provincias, sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras, proveyendo así al derecho de todos los habitantes a tener un ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo y crecimiento humano presente y futuro.
De manera tal que, como lo establece expresamente nuestra Constitución, la Nación debe dictar normas que contengan presupuestos mínimos de protección ambiental y las provincias deben dictar las necesarias para complementarlas, sin que aquellas alteren las jurisdicciones locales, quedando como competencia de las provincias las atribuciones de legislar por encima de ello y establecer parámetros ambientales más rigurosos incluso, de acuerdo a la situación de cada una de ellas.
Para concluir, considero que no se puede apoyar un proyecto que sea excesivamente restrictivo para las actividades que en cada provincia involucrada puedan desarrollarse y que hacen esencialmente a su crecimiento económico, como lo es en Catamarca la actividad minera.
Catamarca merece desarrollarse y levantarse ante el país, y por eso considero inadmisible establecer normas de presupuestos mínimos fijando prohibiciones para el desarrollo de actividades en particular, más aun si estas constituyen una de las principales fuentes de ingresos de una provincia y también de toda la Nación.
Finalmente, pienso que no se puede apoyar una norma que no hace más que frustrar la vocación de desarrollo de las provincias. En este sentido compartimos criterio los cinco legisladores que representamos a Catamarca, a pesar de las diferencias ideológicas que mantenemos.
Por lo expuesto, señora presidenta, no voy a acompañar proyecto alguno que signifique atentar contra las autonomías y potestades de las provincias en el manejo de sus recursos naturales e impedir su progreso. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sra. Bullrich.- ¿Me permite una interrupción, señor diputado, con el permiso de la Presidencia?
Sr. Pereyra.- Sí, señora diputada.
Sra. Presidenta (Fadel).- Para una interrupción tiene la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Sra. Bullrich.- Señora presidenta: simplemente quisiera saber si podemos llegar a un acuerdo con respecto a la lista de oradores y determinar un horario adecuado de votación. O sea que es nada más que una cuestión de orden.
Sra. Presidenta (Fadel).- La Presidencia informa que quedan cinco diputados anotados para hacer uso de la palabra, cada uno de los cuales dispone de siete minutos. Luego vienen los cierres de debate.
Si hay acuerdo de los bloques, de esa manera queda cerrada la lista de oradores.
- Asentimiento.
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.
Sr. Pereyra.- Señora presidenta: después de haber leído los dictámenes de mayoría y de minoría del tema que estamos tratando, estoy convencido de que la sanción que viene del Senado es la mejor opción. Tengo ese convencimiento toda vez que desde diversos aspectos, ya sean técnicos o legales, establece con mayor precisión el valor que tienen los glaciares y el ambiente periglacial, no sólo en lo que respecta al fundamental uso del agua para consumo sino en lo vinculado a la agricultura, la producción energética y la protección de la biodiversidad.
Además, el proyecto que viene del Senado fue resultado de un proceso de consulta mucho más amplio que el de Maffei y Bonasso. En ese proceso tuvo activa participación no sólo la provincia de Mendoza sino todas las provincias cordilleranas, ya que intervinieron diputados y senadores de las comisiones que tratan el tema ambiental, así como también el Consejo Federal del Medioambiente y varios científicos, la mayoría de ellos del IANIGLA. Incluso hubo una audiencia pública en la que participaron organizaciones ambientalistas, incluida la emblemática Greenpeace.
Entonces, me parece una falta de respeto que no se nos permita, con el debido detenimiento y con la gente más calificada que ha intervenido en este proyecto del senador Filmus, examinar el acuerdo al que éste y el diputado Bonasso habrían llegado. Formulo esta crítica porque provengo de una provincia que ni siquiera mínimamente puede ser sospechada u objetada de no tener una política de protección ambiental. Esta política de la provincia de Mendoza no está únicamente encarnada por las actuales autoridades, sino que cuidar el medioambiente es tradición de toda la dirigencia política de Mendoza desde hace años.
Como decía, me encontré con este presunto acuerdo entre el senador Filmus y el diputado Bonasso, que nunca más acertadamente puede decirse que se ha hecho entre gallos y medianoche, ya que se ha llevado a cabo entre la tarde-noche de ayer y la mañana de hoy.
Me hubiera gustado poner todas estas modificaciones a consideración de los científicos y técnicos que en mi provincia conforman el Comité Asesor de la Agencia de Cambio Climático, que tiene como objeto fundamental la preservación del recurso hídrico y está formada por instituciones y organizaciones públicas y privadas. Una de las primeras recomendaciones que hizo fue la de inventariar los glaciares. Mendoza desde hace un año y medio está inventariando sus glaciares.
Entonces, es una falta de respeto que estas mismas autoridades con nivel científico y académico no hayan podido examinar los presuntos acuerdos a los que arribaron el señor senador Filmus y el señor diputado Bonasso.
Este consejo asesor está formado por instituciones públicas y privadas: el Instituto de Nivología, el Instituto de Energía y Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional de Cuyo, la Universidad del Congreso, la Universidad Tecnológica Regional Mendoza y representantes de diversos sectores de la sociedad civil, como el Consejo Empresario Mendocino, que nuclea a las más poderosas empresas de la producción en la provincia y a las pymes, como la Unión Comercial y la COVIAR.
Más allá de que todos los legisladores por Mendoza sabemos que es fundamental proteger a los glaciares en nuestra provincia, otros diputados preopinantes señalaron que cuando hay escasa precipitación nívea, el 70 por ciento del caudal de nuestros ríos lo producen los glaciares, y en épocas de precipitaciones medias o regulares, el 40 por ciento del caudal de los ríos lo producen los glaciares. Por eso este tema es primordial y fundamental.
Estoy de acuerdo con el proyecto del señor senador Filmus porque plantea las definiciones sobre área periglacial. Esa es una definición surgida desde el IANIGLA, desde los más altos niveles científicos y académicos, y no sé por qué en este presunto acuerdo hecho entre gallos y medianoche se los deja de lado.
Si leemos el articulado de este presunto acuerdo, surgen las primeras dudas. Por ejemplo, el artículo 2° expresa que se entiende por ambiente periglacial en la alta montaña el área con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico. En la media y baja montaña, al área con suelos saturados en hielo que funciona como regulador del recurso hídrico.
¿Cómo es esto de montaña alta, baja o media? Una montaña baja en Mendoza, de mil metros, es una montaña alta en Tierra del Fuego. Entonces, ¿quién va a categorizar cuáles montañas son altas, bajas o medias? Este es uno de los puntos que no se nos permitió verificar y clarificar con aquellos que tienen verdaderamente un nivel académico y científico elevado.
No veo las ventajas de estos cambios propiciados en estos presuntos acuerdos para mi provincia. Por eso me veo en la obligación de remitirme a la iniciativa del señor senador Filmus, donde sí está claramente definido qué es lo que estamos protegiendo a través de esta ley de presupuestos mínimos.
Reitero: es una falta de respeto que a las organizaciones académicas y científicas que más saben del tema no se les haya dado unos días para clarificar estos aspectos. Por estas razones, nos remitimos al proyecto del señor senador Filmus, porque creemos que es el correcto para preservar y proteger los glaciares y las áreas periglaciales. (Aplausos.)
Sra. Presidenta (Fadel).- Tiene la palabra el señor diputado por La Rioja.
Sr. Martínez (J.C.).- Señora presidenta: vengo de la provincia de La Rioja, en la que llueve, según la zona y el año, entre 180 y 350 milímetros por año, con el agravante de que esos pocos milímetros caen durante tres o cuatro meses y tenemos que sustentar el consumo a todo nivel durante los doce meses del año.
- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 1° de la Honorable Cámara, doctor Ricardo Alfonsín.
Sr. Martínez (J.C.).- Los glaciares, las zonas periglaciales, los cerros y las montañas, hacen un efecto buffer que nos permite suministrar este líquido, este vital elemento, durante todo el año a través de los deshielos, de los ríos, de las vertientes y del agua que también tenemos que traer para el consumo humano y la producción agrícola desde las profundidades del subsuelo, con un inmenso costo económico.
No tengo duda de la definición de “glaciares” y “periglaciales” que tiene este proyecto, pero si la tuviera, tampoco dudaría en apoyarlo, porque para nosotros, para quienes vivimos en esa tierra, que somos conscientes y no estamos detrás del negocio de las mineras, es más importante el agua que el oro.
Estamos legislando presupuestos mínimos que nos dicta nuestra Constitución en el artículo 41. Esta norma nos dice que como Nación debemos fijar el marco en el cual tenemos que movernos respecto de la protección y el uso de nuestros recursos naturales.
Tal como lo hablamos con constituyentes de la reforma de 1994, el espíritu de la Constitución es que la Nación nos dé el marco en el cual las provincias tienen que moverse. Pero aquí se invierte ese dictado constitucional. ¿Cómo no lo vamos a decir? ¿Qué nos impide opinar sobre el uso y abuso que en algunas legislaturas provinciales hacen las mayorías circunstanciales? Tenemos todo el derecho de criticar cuando se aprueban sobre tablas y a libro cerrado normas que van a trascender las generaciones, así como cuando nuestros bloques plantean el pase a comisión de algún proyecto para hacer consultas y discutirlo y no lo permiten. ¿Cómo no vamos a poder cuestionar eso? No se trata de interferir en las autonomías provinciales; es actuar como ciudadanos en la defensa de la vida.
Esta norma nace después de un viaje que nuestra presidenta hizo con muchos gobernadores de estas provincias cordilleranas, si así se las puede llamar. Cuando volvieron hicieron un acuerdo, y si uno compara las leyes que se aprobaron en cada una de las legislaturas advertirá que son un calco una de otra. ¿De qué debate me están hablando? ¿Qué consultas han hecho? ¿Qué posibilidades dieron a las asambleas y a los ciudadanos que se movilizan en esos pueblos?
Son las provincias que justamente hablan de minería responsable cuando allí se hacen actos de irresponsabilidad sin consultar a nadie. O sea que podemos discutir –seguramente lo haremos, como se hizo para judicializar este debate respecto de que el artículo 41 dice tal o cual cosa, pero lo que no vamos a poder discutir, porque no cabe duda de ello, es la mala fe con la que han actuado haciendo estas cosas en las legislaturas provinciales.
Pido disculpas a los que querían que habláramos de los glaciares sin hacer referencia a la minería. Yo no puedo hacerlo. Sería inocente hablar de esta ley de protección de glaciares sin tener en cuenta el marco en el cual nos movemos, sin considerar cada una de las realidades de nuestras provincias ni la importancia que tienen estas leyes para las provincias o los gobiernos que decidieron avanzar en la minería a cielo abierto con uso de cianuro, y lo están demostrando.
Queremos discutir estos temas. Ya llegará el momento de hacerlo, porque hay muchos proyectos que se están presentando. Vamos a discutir si hay cianuro bueno y cianuro malo, como se dijo aquí. Vamos a discutir si está bien que cobren el 3 por ciento de regalías, y cuando se exportan estos productos en el norte les dan el 5 por ciento de reintegro.
Alguien dijo por ahí que son provincias sísmicas. Vamos a discutir si esas provincias sísmicas no representan un riesgo para los diques de cola que quedan llenos de sustancias contaminantes a lo largo del tiempo.
Por lo tanto, si se trata de provincias sísmicas, quisiera saber si esto no constituye un riesgo adicional para estas explotaciones.
Celebro el acuerdo que logró el diputado Bonasso con el senador Filmus, más allá de que se haya hecho a último momento, porque ha servido para poner en blanco sobre negro este debate y para identificar a quienes se enmascaraban detrás del proyecto de Filmus en base a sus debilidades y falencias. Hoy ha quedado en evidencia que lo que buscaban era otra cosa: desproteger los glaciares y priorizar la minería.
Sr. Presidente (Alfonsín).- Diputado Martínez: por favor, vaya redondeando su exposición.
Sr. Martínez (J.C.).- Termino, señor presidente.
Quiero rendir un homenaje a las asambleas por la vida celebradas en nuestras provincias, que el viernes pasado movilizaron cinco mil personas para repudiar lo que hizo nuestra legislatura. Asimismo, en un hecho inédito, hace dos años corrieron a la Barrick Gold del territorio de la provincia de La Rioja. (Aplausos.)
Hemos ido a las embajadas de China y Canadá para decirles que no se les ocurra volver, que no tienen licencia social y que no van a andar por nuestros pueblos. A la Barrick Gold y a los chinos, que andan buscando a nuestro gobernador –que está con la señora presidenta en China en estos momentos queremos decirles que no tienen licencia social para operar en nuestros valles del Bermejo y del Famatina. Para los ciudadanos de esos lugares el agua es más importante que el oro. El Famatina no se toca. ¡No pasarán! (Aplausos.)
Sr. Presidente (Alfonsín).- Tiene la palabra el señor diputado por Salta.
Sr. Vilariño.- Señor presidente: a esta altura del debate, simplemente quiero incorporar al proyecto sancionado en el Senado una visión que me parece interesante: me refiero al rol de las provincias en cuanto a la potestad de los recursos naturales.
Creo que una de las cosas positivas que tuvo aquella reforma constitucional del 94 fue devolver la gestión y el manejo de los recursos naturales a las provincias, cuando la Nación había hecho abuso de ellos.
Fundamentalmente, puedo hablar del caso de la provincia de Salta en relación con los recursos gasíferos, petrolíferos y madereros que fueron a parar a la zona central de la Argentina fortaleciendo el crecimiento de esta zona del país en detrimento de la nuestra. Esto llevó años, y como nosotros conocimos estos castigos rápidamente, luego de la modificación del 94 nos pusimos a trabajar en lo que establecía el artículo 124, es decir, regular claramente el manejo de los recursos naturales.
Hicimos leyes ambientales y, obviamente, empezamos a descubrir que esta variable era parte de la agenda pública a partir de 1994. Muchos descubrimos que en este espacio multidisciplinario había principios ambientales, técnicas de evaluación de impacto ambiental e instrumentos de gestión ambiental. De esta manera, iniciamos un proceso abierto y de formación en 1995. Después de tres años, logramos tener la primera ley provincial de protección del medio ambiente. Luego nos siguieron otras provincias, hasta que después la Nación logró sancionar la ley general de presupuestos mínimos ambientales que, obviamente, fija ese marco referencial de los estándares ambientales.
¿Por qué digo esto? En la provincia que represento tenemos la suerte de contar con diversidad productiva, con áreas fitogeográficas distintas y con diferentes alternativas productivas, al contrario de otras provincias hermanas cuya única posibilidad de desarrollo y crecimiento económico radica en la roca y la piedra.
A pesar de ello tenemos una minería extractiva pero, fundamentalmente, hemos aprendido a mantener el equilibrio y a vivir con ella. Seguramente mucha de la sal que está en su mesa, como las mismas mesas de granito o de ónix, salen de las canteras de la Puna salteña y jujeña. También salen de allí el litio, los detergentes, las baterías de sus celulares o de esas laptops que veo en sus bancas.
Los salares, con los que nosotros convivimos, son sistemas naturales mucho más complejos que los glaciares. Obviamente en el salar no hay agua dulce sino salada, porque en su interior hay muchos componentes no metalíferos que extraemos. Sacamos la sal, el litio, los boratos, y volvemos a introducir el líquido en el interior profundo de los salares para que se mantenga el equilibrio.
Si alguno tuvo oportunidad de ir por Jama, por la Salina Grande de Jujuy o por Salta, habrán visto esos desiertos, esos mares salados, en los que también hay carreteras, porque hemos aprendido a vivir en ese equilibrio.
Lo mismo se puede decir de las fuentes de agua. En las localidades donde llega el Tren de las Nubes, que seguramente ustedes conocen, como San Antonio de los Cobres, las vegas son la única posibilidad de fuente de agua potable para consumo.
Las provincias somos las primeras interesadas en proteger nuestros recursos naturales, porque a lo largo de la historia hemos visto cómo se fueron dilapidando y entregando en aras de un crecimiento que favoreció a determinadas zonas del país, en un desarrollo que no fue equilibrado. Por eso es importante que las provincias hayan aprendido y empezado a legislar.
Fíjense lo que pasó con la buena intención de la ley de ordenamiento de los bosques nativos. Durante ese año de la prohibición, en Salta y en Santiago del Estero se dieron órdenes de desmonte de un millón de hectáreas de bosque. Observen cómo un buen objeto que no está defendido y protegido por las leyes ambientales de las provincias permitió este inconmensurable desmonte. Por eso me parece muy positivo que las provincias recuperen rápidamente ese rol y cumplan con su facultad.
Me hubiera gustado que este diálogo de Buenos Aires, que evidentemente lo logran dos dirigentes de mucha capacidad intelectual y muy buenas intenciones, fuera un diálogo argentino, de fuerte contenido federal. Por eso pedíamos quince días. Nosotros protegemos los recursos naturales y los glaciares, pero entendemos que aquí no hay una dicotomía.
Se suelen plantear contradicciones que a mi juicio son falsas. No se trata de estigmatizar a la minería y decir: los glaciares contra la minería. Hay que proteger los glaciares como fuente de agua potable, ser muy estrictos con el sistema de control y el marco sancionatorio, pero también permitir la viabilidad y el desarrollo económico de una actividad que, sin duda alguna, puede generar fuentes de trabajo de manera equilibrada.
Para eso está el concepto de desarrollo sustentable, que justamente vino a romper esta falsa contradicción. Podemos lograr el equilibrio entre el ambiente, el hombre y los recursos naturales.
Considero que el texto remitido por el Senado contenía definiciones muy claras de las zonas de glaciares, que obviamente compartimos, porque son muy taxativas las prohibiciones de las actividades, y de la zona periglacial, que es la que tiene que ser clara para evitar cualquier tipo de suspicacia.
Simplemente quería resaltar la potestad de las provincias que haciendo uso de su autonomía han empezado a proteger sus recursos naturales en pos de un equilibrio desarrollado. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Alfonsín).- Tiene la palabra el señor diputado por Jujuy.
Sr. Llanos.- Señor presidente: atento a lo avanzado de la hora trataré de hacer honor a la brevedad, y anticipo el voto negativo al dictamen de mayoría que se está considerando.
Vengo del interior, de un municipio de Jujuy donde me he desempeñado como intendente municipal hasta hace muy pocos meses, y no he hablado con ninguna corporación minera ni respondo a los intereses de grupo económico alguno.
Más allá de los acuerdos superestructurales que hayan llevado adelante algunos doctores de la Capital, considero que de aprobarse este proyecto será altamente perjudicial para mi provincia. Jujuy tiene las dos terceras partes de su geografía constituida por territorios áridos o semiáridos y gran parte es de alta montaña con superficies semicongeladas. Con lo cual tenemos un grave problema si no permitimos el desarrollo y la instalación de industrias en el lugar.
Cuando en Jujuy nos toca hablar de nuestras pocas alternativas de desarrollo, tenemos graves problemas: cuando queremos expandir la superficie sembrada de caña, nos dicen que atentamos contra la ecología y la existencia de las yungas; cuando defendemos la industria tabacalera, nos dicen que somos funcionales a esa industria y que el tabaco es pernicioso para la salud, y tampoco podemos hacer minería, con lo cual se nos van agotando las instancias.
Más allá de pertenecer a un bloque, no puedo acompañar este proyecto, porque sinceramente se vuelve a sentar un debate que ya lleva doscientos años en nuestra República, donde cada vez que existen facultades concurrentes, la Nación legisla por nosotros.
Más allá de lo que establece el artículo 41 de la Constitución Nacional, no hay que olvidar que después de la reforma de 1994 se devuelve a las provincias la potestad de legislar sobre sus recursos naturales.
Por supuesto que de sancionarse esta ley habrá algunos inconvenientes judiciales y problemas en su aplicación, porque las provincias no pueden renunciar tan fácilmente a la potestad constitucional de defender sus recursos.
Nosotros tenemos muy claro que debemos defender nuestras escasas fuentes de agua. En la Puna jujeña no podemos darnos el lujo de malgastar el agua. Dependemos del período de nieve para que se pueda mantener la agricultura de subsistencia y la ganadería precaria que tenemos en la zona. Cuando nieva poco, tenemos que auxiliar con máquinas pesadas para hacer aguadas y llevar de las zonas fértiles panes de melaza para que se pueda alimentar el ganado, porque ante la falta de agua el pasto no crece.
Conocemos cuál es nuestra realidad, y más allá de que tengamos leyes que podamos perfeccionar, creo que es en el ámbito de las provincias donde debemos defender nuestros recursos naturales y nuestro derecho natural a autodesarrollarnos.
En estos últimos años a los jujeños y al interior del país en general no le fue muy bien. El país se fue haciendo cada vez más macrocefálico. La Capital Federal tiene un estándar de vida comparable a cualquier país europeo, mientras nosotros vivimos como si fuéramos África. Vivimos en dos Argentinas diametralmente opuestas y desde acá nos quieren enseñar que nosotros no somos capaces de desarrollarnos ni de cuidar nuestros recursos naturales.
Es muy fácil acusar y hablar de la honra de los demás. Es muy fácil decir a un diputado que defiende su provincia que es un delincuente o que es cómplice de un delincuente. Nosotros vamos a defender nuestro derecho natural a desarrollarnos y las pocas alternativas que tiene nuestra gente.
¿Saben cuál es el mayor atentado contra los recursos naturales? La falta de oportunidades y la exclusión social, porque nuestra población se empobrece cada vez más y vemos cómo nuestros pocos recursos son transferidos a la Capital Federal.
Seguramente durante muchos años más vamos a depender de las limosnas que nos caen desde la Capital, de los gobiernos centrales a las provincias periféricas. Pero queremos cambiar esta historia, empezar a depender de nuestro propio esfuerzo y de nuestros propios recursos. Y no vamos a permitir que esa posibilidad nos la niegue nadie. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Alfonsín).- Tiene la palabra el señor diputado por San Juan.
Sr. Godoy.- Señor presidente: comparto lo que han dicho los compañeros de bloque, en particular cómo se han expresado los sanjuaninos. Hace un rato mi compañera de banca me señalaba cuántos sanjuaninos hablan hoy. Le dije que es así porque somos muchos y estamos comprometidos con la provincia de San Juan.
Somos muchos porque de los seis diputados que elige San Juan, tenemos cinco, y eso pone en evidencia el apoyo que tenemos de la ciudadanía de nuestra provincia. El pueblo de San Juan está comprometido con un proceso de desarrollo, de inclusión, de progreso, de bienestar, y eso se refleja en la cantidad de diputados que tenemos en la provincia. Hoy, hemos escuchado distintas posiciones. Creo que es un tema muy importante porque es trascendental la discusión de cómo protegemos y preservamos el medio ambiente.
Estamos como en una suerte de punto de inflexión porque por un lado pensamos en la necesidad de preservar los recursos naturales, los recursos que pone a nuestra disposición la naturaleza, pero también debemos pensar cómo planteamos un desarrollo sustentable donde podamos encontrar una relación que sea armónica entre el medio ambiente y la vida humana.
Por eso, me parece que estamos en un punto de inflexión: o preservamos y protegemos el medio ambiente, o inevitablemente entramos en un proceso de deterioro del medio ambiente, que nos llevará al deterioro como especie.
Me parece que todo este tema del cambio climático, del agotamiento de los recursos naturales, del efecto invernadero, son temas que debemos abordar con mucha responsabilidad y seriedad.
El tema que nos ocupa hoy tiene que ver con el agua. Aquí se ha dicho -varios oradores lo han sostenido- que casi el 70 por ciento del planeta está cubierto de agua. De ese 70 por ciento, el 2,5 por ciento es agua dulce y de ese 2,5 por ciento, el 70 por ciento está localizado en glaciares. Es decir que el glaciar constituye una fuente de agua vital para el desarrollo de la vida humana y para el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos.
Hemos estado abordando y trabajando sobre la sanción del Senado. Digo eso porque ahí se logró consenso con las distintas organizaciones ambientales. También se logró consenso con los Estados provinciales y justamente en el Senado tiene representación los estados provinciales.
Se logró el consenso y nosotros queremos ser respetuosos de ese consenso que se alcanzó en el Senado. Ahí se trabajó bien y hay que reconocer la labor del senador Filmus.
También cuestionamos que se hacen diagnósticos muy fáciles y muy livianos, se levanta el dedo acusador y se lo hace desde el microcosmos porteño. Eso no significa ninguna descalificación ni subestimación, pero creo que de ninguna manera expresa el pensamiento que tenemos en los distintos lugares del interior del país.
Nosotros pensamos que el proyecto de minoría es una iniciativa trabajada, nutriéndose de la información que dio el Instituto de Biología, de Glaceología y de Ciencias Ambientales, que tiene un alto nivel científico. Pudo superar distintas omisiones jurídicas tomando como base el proyecto de Marta Maffei.
Nosotros tenemos que reconocer que se ocupó y se preocupó por ver de qué manera defendía y preservaba los glaciares. A partir de ese proyecto es que se disparó esta posibilidad de consenso en el Senado.
Reivindicamos esta acción que llevó adelante Marta Maffei, pero creemos que la sanción del Senado es superadora porque aclara de mejor manera la definición de los glaciares. Asimismo, elimina omisiones jurídicas, declarando a los glaciares con el carácter de bien público.
También incorpora la preocupación climática, posibilita la evaluación ambiental, la participación ciudadana, tomar decisiones frente a acciones que pueden estar perjudicando los glaciares, a los fines de que se acomoden a la legislación.
Aquí se habla del tema del agua y yo les digo una cosa: en San Juan hace mucho tiempo que tenemos protegidos los glaciares porque contamos con normas que tienen que ver con proteger el agua. Tenemos leyes provinciales de preservación del medio ambiente.
Nosotros lo hacemos porque dependemos del agua. Si el recurso agua es escaso en el mundo, en San Juan es escasísimo. En el año llueve alrededor de cien milímetros, lo que equivale a la lluvia de un día o un día y medio en la Capital Federal. Dependemos de un solo río, que es el San Juan, que nace en la cordillera y llega al valle del Tulum.