La Cámara baja discute un proyecto para que la mayoría de edad se establezca a los 18 años. La propuesta -ya sancionada en el Senado- pretende adecuar la legislación a la realidad.
¿A qué edad un pibe deja de ser pibe? ¿A qué edad se deja el mundo de la niñez y se pasa a la adolescencia? ¿A qué edad termina la adolescencia? El debate sobre la adultez y el momento adecuado abarca la psicología, la medicina, la filosofía, la religión, los usos y costumbres…y, por supuesto, la legislación, que casi de manera autoritaria cierra el debate. Como no se puede tomar un examen de “madurez” a cada chico, la ley tiene que poner un número.
En la Argentina a los 18 se puede tomar alcohol, comprar cigarrillos, entrar a la mayoría de los boliches, adquirir pornografía legal, votar al presidente de la Nación, empezar la facultad (si el joven siguió sus estudios) y trabajar de forma legal.
Ahora se analiza la posibilidad de que puedan votar desde los 16; ya desde esa edad son responsables penalmente por cualquier ilícito que cometan. A partir de los 17 pueden conducir un auto, pero no ser responsables civiles por lo que hacen con ese auto.
Hoy la edad de iniciación sexual de una persona promedio es entre 15 y 17 años. En la Argentina el 14,6 por ciento de los bebés nacidos vivos son hijos de madres menores de 20 años, según datos de 2003. Estas menores no pueden ser tutoras responsables de sus hijos.
Hasta los 21 años un joven sigue siendo menor de edad. Puede hacer todas esas cosas, pero no puede comprar una propiedad, casarse, irse del país sin autorización, poseer cuenta en un banco o poner un negocio a su nombre. Hasta los 21, siguen necesitando para muchas situaciones la autorización de los padres.
Manos a la obra
Ahora, la Cámara de Diputados está estudiando un proyecto de ley que ya cuenta con media sanción del Senado para bajar la mayoría de edad. La propuesta -presentada por el socialista Rubén Giustiniani- tuvo un tratamiento récord en la Cámara alta, teniendo en cuenta que fue elaborada por un legislador de un bloque minoritario y sin el apuro presidencial.
Ingresó por Mesa de Entrada el 6 de octubre de 2005 y el 23 de noviembre de ese año fue tratada sobre tablas, e introducida casi por la ventana cuando se debatía la ley de Financiamiento Educativo. En aquel entonces obtuvo un apoyo casi unánime: sólo un legislador se opuso. Cristina Fernández de Kirchner, curiosa, quiso saber quién fue el encargado de esa oposición. Había sido Guillermo Jenefes, quien no dio ninguna explicación al respecto.
Recién ahora, a poco más de un año de su sanción, la Comisión de Legislación General de la Cámara baja se aprestó a tratar el tema, cuando su presidenta Ana María Carmen Monayar (FpV-Córdoba) decidió convocar a distintas reuniones para estudiarlo. Para ello, Giustiniani cruzó a Diputados y disertó en un panel junto a Cecilia Grosman -letrada especialista en familia- y Marcos Córdoba, titular de una cátedra al respecto.
Parlamentario se comunicó a la comisión, donde aseguraron que el tema está en debate y que todavía restan varias reuniones más antes de poder llegar a un consenso definitivo. Giustiniani se mostró confiado en que su propuesta pueda ser aprobada durante este año. Sin embargo legisladores de la comisión no son tan optimistas, aunque aventuran tratarlo antes de que pierda estado parlamentario.
Coincidencia
“Hay que adecuar las normas a la realidad social y cultural y dejar de ser uno de los pocos países de la región que tiene la mayoría de edad a los 21. Además, hay que adecuarlo a la nueva Constitución Nacional que -como adhirió a la Convención Internacional de los Derechos del Niño- fija los 18 años como fin de la niñez”, expresó a Parlamentario Rubén Giustiniani.
- Se dice que cada vez la adolescencia se estira más…- le preguntó este medio al legislador.
- Es verdad que en sectores medios y altos hay jóvenes que siguen viviendo con sus padres. La ley no contradice esta cuestión sino que otorga un derecho y da respuestas a una necesidad de una joven que no está casada, tiene un hijo y en el hospital no le atienden al hijo si no va con la abuela. O muchísimas parejas que están casadas y tienen que hacer emprendimientos comerciales para subsistir.
Otra de las críticas es que dejaría abierta una posibilidad para que los padres se deslinden de la responsabilidad de sostener a sus hijos materialmente. Por eso, el proyecto aprobado por el Senado deja el régimen alimentario como está en la actualidad: hasta los 21 años. “Incluso se dio un rico debate -cuenta Giustiniani- porque mi proyecto planteaba mantenerlo hasta los 25”.
En Diputados existen otras iniciativas que se discuten a la par. Una de ellas es de autoría del radical mendocino -mandato cumplido- Víctor Fayad, quien expresó que “los jóvenes han alcanzado un grado de madurez intelectual, de criterio y emocional como para que sus obligaciones sean equiparadas con sus derechos, como para poder dirigir sus acciones y administrar y disponer de sus bienes”. En ese sentido opinó que “no resulta viable que una persona incapaz, sometida a la representación de sus padres, ejerza las responsabilidades más trascendentes de la vida política y social como son los deberes ciudadanos, ejerza actividades profesionales y laborales sin la necesidad de autorización paterna, debiendo en graves circunstancias -incluso- armarse para defender a la Patria”.
Por su parte, la arista Marcela Rodríguez presentó un proyecto para modificar la edad, pero sólo para que puedan contraer matrimonio sin autorización de los padres. Por último, Heriberto Mediza (FpV-La Pampa) también ingresó una propuesta por Mesa de Entradas. “Establecer la mayoría de edad a los dieciocho años permitiría que coincida el punto de vista jurídico con el social”, dijo.
La mayoría de los países otorga la mayoría de edad a los 18 años. España, Alemania, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Francia, Italia, Perú, Israel, Hungría, México, Ecuador y Costa Rica modificaron sus legislaciones que eran similares a las de la Argentina. En los países del Mercosur esto también se da así, lo cual es un problema frente a la posibilidad de asegurar el libre desplazamiento de las personas y la libertad de establecimiento.
Por último, como expresara Giustiniani, la Constitución dice que los menores a los 18 dejan de ser niños.
Obviamente, no se puede negar que la adolescencia se ha extendido y que los padres hoy tienen que ayudar a sus hijos en los estudios universitarios. Sin embargo, las libertades de los hijos frente a los padres también han crecido y no se puede pensar que una persona a los 18 años no tiene la capacidad para ejercer determinados derechos y obligaciones.
Ojalá la Cámara baja pueda dar respuesta a esta necesidad, que sólo sirve para adecuar la normativa a una realidad que en la práctica ya existe.