La aceptación social que por estos tiempos tienen los proyectos de ley que buscan limitar los espacios públicos para aquellos que gustan fumar, garantiza alguna cobertura en los medios de comunicación y los legisladores no parecen descuidar estas cuestiones.Sabido es el perjuicio para la salud que ocasiona el tabaquismo, y así lo ratifican distintas estadísticas […]
La aceptación social que por estos tiempos tienen los proyectos de ley que buscan limitar los espacios públicos para aquellos que gustan fumar, garantiza alguna cobertura en los medios de comunicación y los legisladores no parecen descuidar estas cuestiones.
Sabido es el perjuicio para la salud que ocasiona el tabaquismo, y así lo ratifican distintas estadísticas que los mismos legisladores incorporan a los fundamentos de los proyectos. Pero en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires no solamente reina el concepto de “cero humo”, sino que también, en la práctica legislativa, se actúa con “cero de ética”.
Una vieja norma de “ética legislativa” era la que un proyecto se modificaba pero no se reemplazaba por otro, máxime cuanto ese proyecto tenía la aprobación de una de las cámaras. Precisamente, en el tema del “chau pucho” esta ética legislativa se desconoció y el proyecto del senador José Eseverri fue al archivo en la Cámara de Diputados luego de ser aprobado en el Senado, y se dio luz verde a un proyecto que comprende la misma temática pero de otros autores. Cuando este proyecto fue para el Senado, aprobó otro cuya autoría es de un legislador. Y así quedaron las cosas, todas cruzadas y sin sanción.
Se desconocen estadísticas sobre los efectos que produce la pérdida de esta ética legislativa cultivada a lo largo de los tiempos. Nada dice la OMS sobre sus consecuencias.