Parlamentario dialogó con Jorge Argüello y Carlos Raimundi, ambos referentes del Congreso en materia de política exterior. Dos visiones.
El Gobierno de Néstor Kirchner es discutido por donde se lo mire. Pareciera que es difícil encontrar puntos de equilibrio, porque mantiene actitudes erráticas en muchas áreas. ¿Es progresista la política económica? Algunos pueden decir que sí: aumentó el sueldo mínimo casi al doble, aumentó a los docentes (que ahora cobran sueldos casi dignos, al menos en comparación con el resto de los trabajadores), hay crecimiento económico que pareciera sustentable… Pero, la distribución del ingreso se mantiene igual que en los años 90.
¿Expresa Kirchner la renovación política? Por un lado se pelea con Menem y Duhalde, pero por el otro pacta con gobernadores e intendentes de los más desprestigiados.
¿Y en materia institucional? Otra vez: por un lado la reforma al Consejo de la Magistratura y los denominados Superpoderes, pero por el otro la reforma de la Corte.
Y otro terreno en que las aguas están divididas es la política internacional, tema del que poco y nada se habla. ¿Impulsa Kirchner una política de integración regional o sus continuos enfrentamientos están demorando la posibilidad de construir en conjunto al resto de los países? ¿Se manejó adecuadamente el conflicto con Uruguay? ¿Qué pasa con el acercamiento a Chávez?
Para hablar sobre estos temas, Parlamentario decidió convocar a dos legisladores con posturas opuestas: uno, titular de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados; el otro, especialista en temas internacionales del ARI. Jorge Argüello y Carlos Raimundi debaten sobre la política exterior del Gobierno. Mientras el primero la define como “acorde a los intereses nacionales” y “con una mirada estratégica a la región”, el otro la marca como carente de “visión de planificación estratégica”.
De Argentina al mundo
- ¿Cómo evalúan la política exterior de este gobierno de Kirchner, desde 2003 hasta hoy?
ARGÜELLO: - La política exterior del Gobierno de la Argentina es la que este país necesita. Es una estrategia basada en el derecho internacional que se origina en el reconocimiento de la propia situación. Es decir, a partir de nuestra singularidad el Gobierno nacional ha insinuado un camino, y esto es muy positivo. La política internacional es apoyarse en lo que el país es y expresa.
RAIMUNDI: - Creo que, en rasgos generales, se puede ver una falta de estrategia. Parece que reina una sensación de corto plazo respecto de los problemas, en lugar de una visión de planificación estratégica en cuanto al rol que debería cumplir la Argentina en la región y en el mundo.
- Argüello, usted dice que la política exterior de este gobierno es clara. Sin embargo Raimundi expresa lo contrario. ¿Podría definir esa política?
ARGÜELLO: - Diría que en primer lugar hay una mirada estratégica a la región. Nadie negaría que la Argentina cumple un rol central en el contexto regional. En un debate en Londres desafié a los presentes a hacer un ejercicio de imaginación y que por un momento borraran de la realidad latinoamericana a dos hombres: a Kirchner y a Lula. Con el contexto de una región que tiene 12 elecciones presidenciales en un año, estos dos líderes tomaron el rol de equilibradores y de buscadores de consensos regionales. Eso es una política exterior clara, estratégica, que atiende el interés nacional y que entiende ese interés como algo asociado al interés regional. Por eso, la segunda parte de este énfasis está puesto en la consolidación del espacio del Mercosur, donde se han dado pasos importantísimos.
- Una de las críticas constantes al Presidente son los continuos enfrentamientos...
RAIMUNDI: - Yo no vería esto como algo solamente de Kirchner, sino de toda la región, que adolece un problema, que es plantearse los conflictos entre países como una suma de problemas bilaterales, y no abordarlos con una perspectiva regional. El tema de las papeleras es emblemático, pero también podríamos decir lo mismo de la cuestión del precio del gas en Chile o con Bolivia. Creo que todo eso habría que afrontarlo desde una perspectiva regional, y poniendo también en la agenda la cuestión de la salida al mar de Bolivia. Esto no es una intromisión de la Argentina en los problemas de otros países, sino que es un aporte a una mirada regional. La cuestión energética, las políticas agrícolas, las comerciales, las del régimen de patentes, de inversiones… deberían ser tratadas desde una perspectiva regional y no como la suma de problemas bilaterales.
A:-Yo no creo que haya que hablar de peleas sino de conflictos de intereses entre los distintos países de la región. Cualquier proceso de integración y acercamiento entre naciones contiene necesariamente la aparición de ruidos, que no están presentes cuando las partes no se están acercando. Lo mismo ocurre entre las personas: una cosa es cuando se ven una vez al año y otra cuando deciden irse a vivir juntas. Lo mismo con los países, hay lío, hay tensiones, hay diferencias de intereses, que deben ser abordadas como tales, y no pensar que hay algo más.
- Con Uruguay pareciera que hay más que una diferencia de intereses...
ARGÜELLO: - Nadie puede negar que tenemos diferencias de intereses con la República Oriental del Uruguay, en distintas franjas. Pero éstas son las cuestiones naturales del proceso de acercamiento de integración. Cuando hagamos el balance vamos a ver que ésta ha sido una etapa de tremendo avance en la integración.
Mucho ruido, pocas nueces
- ¿Se manejó bien el tema de las pasteras?
RAIMUNDI: - Defender al Gobierno en la cuestión de las papeleras es tan imposible como criticarle la renovación de la Corte Suprema… Al principio se actuó con la lógica de “sigan construyendo pero monitoreemos en conjunto”. Después se negó esa estrategia, y se escuchó el reclamo de la gente de Gualeguaychú y se planteó una intransigencia en la relación con Uruguay que llevó el conflicto a una dimensión equivocada. Se llevó a un enfrentamiento entre Estados cuando lo que realmente había que hacer era poner el eje en el derecho de vivir en un ambiente sano por un lado, y por el otro controlar el proyecto de explotación de los recursos naturales por parte de los grandes capitales internacionales.
ARGÜELLO: - Creo que para hablar de las pasteras, primero habría que analizar exactamente qué es lo que pasó. Objetivamente se violó el Tratado bilateral del Río Uruguay. La Argentina se comprometió -por ese tratado- a recurrir a la Corte de Justicia Internacional si existía un diferendo y eso es lo que hizo. Por lo tanto, actuó conforme a lo que estaba establecido en el acuerdo…
- Pero se dice que llegó tarde...
ARGÜELLO: - Eso no es verdad, los reclamos de Argentina se vienen haciendo en forma sostenida desde el comienzo de la convocatoria decretada por el gobierno uruguayo -en ese entonces colorado-, que es el que puso en marcha este proceso. Recuerdo que el partido de Vázquez se oponía a estas construcciones por razones de naturaleza ambiental. Aunque esa posición ha cambiado, en este momento me parece que no puedo seguir opinando al respecto, porque hay una gestión que está llevando adelante el Reino de España, en la cual nosotros estamos depositando muchas expectativas, al igual que los representantes del Uruguay.
- ¿Entonces la respuesta no fue errática como señalan algunos?
ARGÜELLO: - No fue errática. Fue coherente.
RAIMUNDI: - Hay que reconocer que las vías de protesta regulares han fracasado porque han estado mal presentadas desde el inicio. Creer que un problema entre Argentina y Uruguay no tiene que ser resuelto por La Haya, sino por el acercamiento entre las partes, y en el último de los casos por el Mercosur; o creer que el tema de las papeleras tiene que ser resuelto por el rey de España es caer en una visión que sería lógica del imperialismo. Nosotros no podemos resolverlo, entonces -como no somos capaces- tenemos que acudir a la potencia imperial. Me apena profundamente que un gobierno de izquierda -como el de Tabaré Vazquez, donde tengo muchos amigos- justifique que el Ejército tenga que custodiar los intereses de la multinacional en contra de un reclamo popular.
- ¿Qué respuestas debería dar el Congreso frente a este conflicto?
RAIMUNDI: - Muchas, porque desde el Congreso inclusive nos pusimos en contacto con nuestros colegas uruguayos para encarar un debate de diplomacia parlamentaria. El bloque mayoritario planchó la propuesta lisa y llanamente “para dejar el protagonismo al Presidente”. Esas fueron las palabras que a mí me dieron los representantes de la mayoría cuando pedí explicaciones.
ARGÜELLO: - Creo que no se dieron las condiciones para que los Parlamentos se encontraran y pudieran ensayar un mecanismo de ese tipo.
- Hablando del Congreso, ¿qué responsabilidad debería tener en el dictado de la política exterior?
RAIMUNDI: - El Congreso debería ser una caja de resonancia y el espacio de discusión de la política exterior. Lamentablemente, la Comisión de Relaciones Exteriores, salvo el Observatorio Parlamentario de Malvinas, se ha convertido en una máquina de aprobación de tratados. Por ejemplo, la cuestión de los fondos estructurales para los países de menor desarrollo del Mercosur se aprobó sin debate; lo mismo pasó con la inclusión de Venezuela… Si bien nosotros apoyamos estas iniciativas, creo que son lo suficientemente importantes para dejar lugar a un debate profundo sobre la situación regional. El Congreso no quiere hacerlo porque se tilda absolutamente a las realidades que le marca el Poder Ejecutivo.
ARGÜELLO: - Creo que nosotros estamos desarrollando la democracia parlamentaria. Esto implica el contacto directo entre Parlamentos de distintos países de la región y fuera de ella. Gracias a eso hemos llegado a la aprobación unánime del Parlamento del Mercosur. El Parlamento está muy involucrado en la política exterior, más allá de que esto es competencia del Poder Ejecutivo. La diplomacia parlamentaria complementa las definiciones del Poder Ejecutivo y lo estamos haciendo eficientemente.
¿Relaciones carnales?
- ¿Cómo ven el acercamiento de la Argentina a la Venezuela de Hugo Chávez, que algunos definen como “alineamiento automático”?
RAIMUNDI: - La última actitud que han tenido con el embajador Capella desmiente eso. No se trata de alineamiento. Creo en la política de integración, que incluye a Venezuela, no por coincidir plenamente con Hugo Chávez. Creo que ese país es importante, primero porque amplía el margen de integración y, segundo, porque es un país cuya economía es complementaria de la Argentina, que además cuenta con una matriz energética y una proyección de mediano a largo plazo que no lo tiene ningún otro de la región, salvo Bolivia con el gas. Desde ese punto de vista, veo correcta la integración de Venezuela al Mercosur. También veo correcto el enfrentamiento que tiene Chávez con la política exterior de los Estados Unidos. Pero no veo bien que Chávez alimente la lógica escalada, visitando países muy hostiles a la paz como Irán o Siria. Me parece que el tema de Chávez hay que tomarlo con las luces y sombras que este personaje tiene.
ARGÜELLO: - La República Bolivariana de Venezuela y la Argentina son aliados estratégicos, que responden al esquema “gana/gana”. No hay un país que gana y otro que pierde, los dos ganan, porque en el encuentro ganan los dos países y la región. Me parece que las críticas están más centradas en una cuestión estética que en una cuestión de interés y de poder. Kirchner se ha manejado con una prudencia total con respecto al tema. En las cuestiones que estamos muy de acuerdo vamos juntos; y en las otras, no.
- Por ejemplo Venezuela ha tenido acercamientos a Irán.
- No es la posición de la Argentina, que votó en contra de las posiciones de Irán respecto de la ampliación de sus dispositivos nucleares.
- En conclusión general, ¿cómo ve la región de cara al futuro?
RAIMUNDI: - Veo que están desaprovechando una oportunidad histórica porque América latina tiene condiciones objetivas, tanto de estabilidad política como de estabilidad macro-económica, como para poder afrontar una senda mucho más ambiciosa de lo que está haciendo.
ARGÜELLO: - 50 años le llevó a la Unión Europea llegar a esta instancia. En mucho menos de la cuarta parte estamos este grupo de países haciendo un esfuerzo grande y alcanzando, salvando las distancias, un nivel importante. La región se está integrando al mundo con mucha identidad, con mucha presencia y armando dispositivos que le permitan no ser solamente un mero espectador.