La diputada Norma Morandini (PN-Córdoba) se resiste a aceptar lo que define como “la prepotencia numérica” en el ámbito parlamentario.
- Usted es periodista y escritora. ¿Cuál sería la nota de la experiencia legislativa?
- Al ingresar al edificio del Congreso Nacional, el guardia me anuncia: “Ingreso 125”, atiendo en el despacho 726, recibo la correspondencia en el 150 y cuando voy al recinto me siento en la banca 232, donde siempre se impone la mayoría de los casi 140 diputados, una prepotencia numérica que cancela el debate aunque proliferen los discursos.
- ¿Quiere decir que sólo es una cuestión de números?
- Exacto. El debate parlamentario no existe, por lo que los legisladores nos convertimos en un número. Pero no es sólo la Cámara de Diputados la que está dominada por las cifras. Nuestra sociedad fue simplificada o reducida al número de las cifras de la economía, el porcentaje de la encuesta, el índice de la audiencia, esa falsa urna que se llama “rating”.
- ¿Considera inapropiado medir el trabajo legislativo por los proyectos presentados?
- Se mide el trabajo legislativo por el número de proyectos presentados como si las leyes fueran vestidos que alcanzan con una buena modista, un centímetro y ya tenemos un traje a medida. Otra simplificación a la que sólo responde otro número: si cada uno de los 257 diputados que integran la Cámara de Diputados presentara diez proyectos de ley, más los que vienen del Ejecutivo, sumarían unas 3.000 leyes. Un absurdo legislativo. Por eso, a la hora de los balances, prefiero la simbología de dos leyes marco del año que se va: la reforma del Consejo de la Magistratura y la de la nueva Ley Nacional de Educación.
- ¿Fue un año positivo en materia legislativa?
- El 2006 fue un año que no termina como empezó. Estrenamos los calores del verano pasado con un debate típico del invierno, la resistida reforma del Consejo de la Magistratura. Esta fue la primera del año pasado donde se impuso la lógica del número y la disputa del ganar o perder que rige nuestra vida con los otros. El proyecto terminó aprobado, pero también se anticipó lo que iba a ser una costumbre legislativa, la prepotencia del número.