Entretenimientos

Por Hugo Martini

Primer entretenimiento:

El Presidente Bush visitó Brasil, Uruguay, Colombia y Guatemala. La izquierda esta indignada.

El Presidente Chávez vino a la Argentina y los piqueteros le organizaron un acto con el apoyo del Presidente Kirchner. La derecha esta indignada.

Las derivaciones de ambas visitas reflejan -y reflejarán- el descuido con el que se manejan nuestras relaciones exteriores. La política exterior argentina no debería emplearse como un instrumento de diversión a fin de generar apoyos políticos internos, principalmente en vísperas electorales.

Segundo entretenimiento:

La mayoría de los dirigentes políticos descalifican a sus oponentes por lo que suponen son sus cuestiones personales y no por las propuestas que formulan. Los comentarios de esta disparatada forma de actuar se mueven desde expresiones que dicen: “fulano es corrupto” hasta “qué bien estuvo cuando dijo eso”. Casi todos parecen felices agrediendo o comentando las agresiones.

Tercer entretenimiento:

Uno de los temas más encantadores y atractivos de nuestras conversaciones –sin distinción de clases sociales- es el rechazo horrorizado a la calidad de la dirigencia política.

Pregunta: ¿los dirigentes políticos son miembros de alguna tropa de desembarco extranjera que tomó al país por asalto? ¿Los dirigentes no se parecen siempre –en una democracia- a la gente que los elige? ¿De qué estamos hablando sino de nosotros mismos –los argentinos- cuando decimos que nuestros dirigentes son ineptos y corruptos?

Cuarto entretenimiento:

La senadora Fernández de Kirchner será la candidata presidencial del gobierno -en un sofisticado movimiento de su marido que la hará presidenta por cuatro años- para que él pueda volver en 2011 por otros ocho y completar, sin escalas, dieciséis años de gobierno controlado por su autoridad.

Ninguna organización de los derechos humanos se ha presentado para declarar su repudio a la sola idea, más que machista, de que un marido ponga y saque a su mujer en una posición de cualquier clase, según su conveniencia.

Quinto entretenimiento:

Existen en la Argentina afirmaciones que no se discuten. Por ejemplo: “el Presidente gana fácil en la primera vuelta”. En 2005 las encuestas le daban una intención de voto a nivel nacional de 51 a 54% y obtuvo un promedio de 40%. Ahora las encuestas le dan aproximadamente lo mismo y, obviamente, con el 40% no ganaría “cómodo” en la primera vuelta. ¿Por qué casi todos los dirigentes, incluido la mayoría de los medios, dicen que el Presidente es imbatible?

Sexto entretenimiento:

Además de lo que dicen las encuestas, la expresión popular dice: “a Kirchner no lo mueve nadie”. Los argentinos, como los chicos, somos fanáticos de estas historias sobre la eternidad laica.

En 1966 el general Onganía se preparó para gobernar por lo menos 20 años dividiendo, nada menos que el futuro, en tres tiempos históricos: económico, social y político. Menos de cuatro años después sus propios camaradas de armas lo habían mandado de vuelta a su casa.

En 1985 el presidente Alfonsín se preparaba para reformar la Constitución y disparar el Tercer Movimiento histórico. En junio de 1989 abandonó de prisa el gobierno en medio de la hiperinflación agravada por una incontrolada violencia popular en las calles.

En 1995 el presidente Menem fue reelecto por más del 50% de los votos y empezó a fabular, con la ayuda de eminentes juristas, otro período presidencial a partir de 1999. Terminó procesado y preso en junio de 2001.

¿Cómo abandonar estos entretenimientos –funcionales al gobierno- que no resuelven los problemas de la gente y nos mantienen inútilmente ocupados?

Sería saludable, casi como un ejercicio, mirar el proceso político actual en el contexto de la historia argentina de los últimos 40 años. Es probable que desde esa visión los empresarios y sindicalistas puedan limitar sus demandas pensando que éste no será el último Presidente generoso.

Esta actitud permitiría, también, que el gobierno disminuya su soberbia y que la oposición incremente su optimismo.

Los juegos de distracción nos impiden recordar, por ejemplo, que la Argentina está aislada del mundo real, que la mayoría de los senadores y diputados nacionales decidieron que el Congreso y la Justicia sean apéndices del Poder Ejecutivo, que cada vez más gente vive en villas miserias y que 5.000 chicos piden limosnas en la calles de Buenos Aires.

Son pocos los que evaden la tentación de distraerse.

* Martini es diputado nacional del PRO-Capital Federal

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password