Basta de “presionar” a jueces y fiscales

Por Jorge Reinaldo Vanossi

La mejor forma de expresar lo que no se es, es simplemente no siéndolo. Tal vez la percepción de inocencia que tiene una persona de sí mismo está en relación inversa a sus esfuerzos para demostrarlo. Pero, si es necesario decir explícitamente que uno no trata en absoluto “invadir otro poder” y, a la vez, es reconocida su vocación por el mando autoritario: entonces, poco queda para la sana candidez de quienes quieren creer en la honradez de sus gobernantes.

La Justicia ha recibido “instrucciones” sobre cómo debe proceder, pero estas no son, según el Sr. Presidente, intromisiones de un poder sobre el Judicial y el Ministerio Público. El titular del Poder Ejecutivo Nacional cree que al utilizar un lenguaje coloquial que incluye párrafos como el siguiente: “basta, por favor, basta, juicio y castigo, necesitamos que los juicios se aceleren…”; o bien: “Yo les puedo asegurar que empujo, empujo y empujo, pero algunos se hacen los distraídos…”

¿No está ejerciendo una presión inadmisible sobre otros poderes independientes?. ¿Supondrá, tal vez, que algo que se parece a una charla de café entre amigos, no tiene la trascendencia pública de las declaraciones presidenciales?. El Sr. Presidente, por necesidades políticas y supuestas certezas, ha incursionado más allá de lo que exige la prudencia de quien debe ejercer su alta magistratura entre los límites admitidos por la Constitución. Cabe preguntarse si el Poder Judicial y los Fiscales, luego de esas declaraciones extemporáneas, tendrían que revisar profundamente sus actuaciones, porque podrían ser acusados de obstruccionismo o, algo peor, cómplices de los represores que violaron la ley antes y después de 1976.

Hemos dicho: “cómplice de los represores”, porque con el otro protagonista no es preciso hacer justicia, según creen quienes ocupan el poder, ya que existen para ellos razones políticas que hacen que sus asesinatos, robos, secuestros y violaciones no sean tales sino “luchas por causas populares y sociales”. Poco se puede argüir en estos casos, porque no son a partir de argumentaciones racionales que se hacen estas apreciaciones. Muy por el contrario, son los requerimientos sectoriales de quienes no respetan la democracia ni el derecho, en mérito a supuestos arcanos revelados exclusivamente a aquellos que se sienten predestinados para gobernar sin dar explicaciones, acompañados por la soberbia de otros que tampoco necesitan demostrar nada, ya que las utopías fracasadas en todo el planeta no necesitan la más mínima demostración. Volver a la vieja polémica de qué terrorismo es peor, es propio de una necedad apabullante. Nadie discute ya que las prácticas ilícitas llevadas a cabo por el Estado son absolutamente inadmisibles, pero esta convicción no faculta a pasar por alto las desarrolladas por las organizaciones terroristas.

Puede parecer que existen causas ubicadas más allá de la Justicia, pero este criterio es insostenible y ha quedado probado en todos los regímenes providenciales que han plagado la tierra de víctimas inocentes inmoladas en beneficio de supuestos objetivos “populares”, pero que a la larga mostraron lo que realmente eran: burdos intereses personales de una elite “revolucionaria”: la “nomenklatura” enquistada en el poder.

Una vez más el Gobierno debería reflexionar acerca del significado de la Justicia, que siempre aparece representada con una venda en los ojos (para no discriminar) y una balanza en la mano (para asegurar la equidad), e intenta aplicar la ley a quienquiera que la haya violado, sean estos propios o ajenos.

*Diputado Nacional. Presidente del Bloque PRO

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