El fracaso de las terceras fuerzas

Por Ricardo Rouvier

Seguimos atravesando la crisis política en asincronía con la recuperación del país. Prueba de ello, es el estado actual de los partidos que protagonizaron la vida política de gran parte del siglo pasado.

La historia argentina puede comprenderse a través de las alternancias de dominio, y las dificultades de constituir un orden jurídico-político equilibrado: Partido Militar, peronismo, radicalismo, fueron sus actores. En democracia funcionó como una forma de bipartidismo. Y decimos así, por la tensión que el sistema ha sufrido por los intentos hegemónicos. Por lo tanto, no puede compararse con experiencias como la norteamericana o la inglesa.

En las borrascosas crisis de Colombia y Venezuela quedó al desnudo el costado más temido, la descomposición del acuerdismo, que demolió la legitimidad. El derrumbe de la partidocracia colombiana favoreció la desintegración política y en Venezuela abrió la oportunidad de Chávez.

Cuando gobernó el peronismo, lo hizo con su capacidad de poder. En cambio la UCR, lo hizo condicionada, y con ineficacia. Por eso el radicalismo es hoy la cara más dramática del desmoronamiento.

La corporación militar intervino cuando se debilitaba la gobernabilidad, y estimulaba la intervención del virus autoritario. Virus que hiberna en democracia, mantiene su latencia, y es estimulado muchas veces al disminuir las defensas republicanas. Hoy el Partido Militar no tiene entidad, pero el virus se presenta en versiones más benignas.
El escenario excluyente de dos fuerzas políticas; fue generando la tentación de crear otras alternativas. Desde la derecha o la izquierda se fueron conformando otros canales de participación, que iban a cubrir o completar aspectos ideológicos.

Tal como el liberalismo económico de la UCeDé -con el liderazgo de Alsogaray- que enfrentaba al PJ y a la UCR acusando a ambos de ser estatizantes; o posturas que se ofrecían desde la otra ala. La experiencia que surgió de la división del radicalismo, generó al Partido Intransigente fundado por Oscar Alende en 1972, y convertida en Alianza Popular Revolucionaria para las elecciones del año siguiente, y luego en el 83 como PI, obtuvo poco más del 2%. La fuerte polarización que provocó el retorno de Perón fortaleció el bipartidismo; y en la segunda oportunidad, el progresismo terminó votando por Alfonsín. En cambio, la centroderecha sumó un 20% en el 73, cayó al 4% diez años después, y quedó en el 10% cuando ganó Menem. Luego, la UCeDé fue absorbida por el giro menemista, tomando sus propuestas económicas e incorporando a sus principales dirigentes.

El FrePaSo asomó como una creciente alternativa en los 90, antagonizando a Menem y como una fuerza de centro izquierda, que creció electoralmente. Alcanzó el poder en el 99 con la alianza con la UCR, que fracasó estrepitosamente.

Vemos que algunas opciones distintas fueron cooptadas por la polarización, a pesar de la creciente pérdida de credibilidad en los partidos históricos.

El ARI, hoy en caída, es una partición del radicalismo. Otra más, en el seno de la Alianza. Su fundadora, Elisa Carrió, dio inicialmente un tono de centroizquierda, y obtuvo el 14% en las presidenciales de 2003.

Otro desprendimiento del mismo tronco sale por derecha y es encabezado por López Murphy. Aparece también, el liderazgo de Macri como algo nuevo, con escasa presencia territorial, y aliado a Recrear. Pero, ésta también, es una coalición con pronóstico reservado.
Las terceras fuerzas tienen mejor actuación a nivel provincial o municipal. Su irrelevancia a nivel nacional, muestra que no constituye una alternativa. Hoy, Kirchner colabora en la demolición del bipartidismo, y se abre una oportunidad para otros realineamientos y para reconstituir la política. Esta es la posibilidad y el interrogante.

* Ricardo Rouvier es sociólogo y consultor político

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