Las papeleras y los tiempos de la diplomacia

Por Juan Carlos Lucio Godoy

Cuando en el año 2003 Emilio Martínez Garbino -por ese entonces presidente municipal de la ciudad de Gualeguaychú- cruzó junto a los adelantados en la defensa del medioambiente el Puente Gral. San Martín que une a esa ciudad con Fray Bentos en el Uruguay y ante la decisión del emprendimiento de pasta celulósica más grande de estas regiones del globo, seguramente tuvieron una visión de futuro que no es común en estos países subdesarrollados. Imaginaron, supongo, que afectaría claramente sus vidas y, más aun, la de sus conciudadanos. Y en una actitud solidaria y de buen gobernante y vecinos, hicieron el intento de parar lo imparable.

Claro, digo esto porque después de esa “atropellada” apareció la diplomacia, una de las ciencias más antiguas, tanto como lo es la existencia de las naciones mismas, porque su fin es el reracionamiento que entre ellos tienen los Estados. ¿Y quien maneja la diplomacia? Pues los diplomáticos, personas preparadas para un trabajo muy especial. ¿Y qué hacen o como actúan los diplomáticos? ¿Es una actividad de la improvisación o por el contrario está inmersa en la planificación y la estrategia? Fijémonos por un momento lo que dice nuestra Real Academia cuando intenta definir al personaje que actúa en la Diplomacia o Diplomáticamente “Circunspecto, Sagaz, Disimulador.” ¿Habrá alguna relación entre esta definición de la Real Academia y la realidad que nosotros conocemos?

Cuando uno imagina sobre estos actores del mundo político que actúan en los más altos niveles internacionales de la actividad de los Gobiernos, en general, para el hombre y la mujer común, se hace la idea de altos niveles intelectuales, que son personalidades no conflictivas, que esa es su esencia, y además que por su forma circunspecta, en general, están diciendo siempre la verdad y hasta con aires de que son infalibles. Se podría decir que es el ser más perfecto de la galería de los hombres públicos y hasta los mas creíbles dentro del “zoológico” político.

Bueno, estos hombres y mujeres de la diplomacia argentina son los que manejaron el conflicto con el Uruguay después de aquel cruce del puente en el año 2003. Circunspectos, sagaces, disimuladores; fueron tomando cartas en el asunto y han llevado las cosas con “la prudencia” que nadie tiene y menos los asambleístas, en su entender. En todo caso, apenas para demostrar que algo de político hay, se hizo una vez un acto en el Corsódromo de la Capital del Carnaval y además -como soporte de poder y obviamente con poca diplomacia, porque no es un disimulador precisamente- apareció el Jefe de Gabinete, el Dr. Alberto Fernández para poner toda su impronta, que yo no puedo alegar desconocerla, para demostrar que a los circunspectos se le agregaba un hombre con todos los atributos de Galicia.

Rafael Bielsa, Jorge Taiana, Carlos García Moritán, Raúl Estrada Oyuela, Hernán Patiño Meyer, son algunos de los circunspectos, sagaces y disimuladores de esta novela que ya muchos están escribiendo y que otros esperan el capitulo final. Pero son ellos los que alternando cargos en los diferentes ámbitos de privilegio de la Política Internacional fueron rotando de uno a otro lugar: para hacer siempre lo mismo pero simulando como que algo cambia.

En la C.A.R.U., García Moritán -que después de haber sido su Presidente y haberse pedido su decapitación en ese cargo- como premio al ensartar la sortija de la calesita del Palacio San Martín pasó a detentar nada menos que el puesto de Vicecanciller, como lo es hoy. A partir de ese momento no dice “esta boca es mía” en la cuestión de las papeleras. Por su parte Jorge Taiana, era Vice Canciller en pleno conflicto y después, como si antes no hubiera participado, aparece como Canciller para iniciar “una nueva etapa”. Rafael Bielsa, que se olvido o reentendió lo que hizo desde el 2 de marzo del año 2004 en la C.A.R.U. con el Canciller Operti del Uruguay y luego pasó a ser Diputado Nacional y desde allí iniciar otra “nueva etapa”. Estrada Oyuela que en mi entender ha sido el Gran Simulador, ha dicho en mi presencia en la Casa de los Residentes Entrerrianos en Buenos Aires que el “objetivo del Gobierno Nacional era morigerar el impacto ambiental de las papeleras” y después pasó a ser el campeón de la relocalización.

En realidad a veces uno debe detenerse en los roles de las personas para entenderlas. Quizás en otro rol son distintas pero en la diplomacia son diplomáticos y no les queda otro remedio que apegarse a la definición de la Real Academia Española: circunspectos, sagaces y disimuladores. Y en ellos se ha creído. No es mi caso pues son varios lo que se han ofendido cuando uno dice verdades, jamás un improperio, jamás una falsedad, jamás un sofisma, sólo la verdad. Pero ante eso aparece el diplomático, niega todo, “patea la pelota para adelante”, nos deja off side, descolocados ante la sociedad y ellos con absoluta paciencia y disimulo van permitiendo que el tiempo pase y los hechos se consumen.

¿Qué hizo sino el Uruguay? Mucho de hecho consumado. ¿Qué esta haciendo nuestra defensora, la Cancillería Argentina? Reunirse cada tanto, en distintos lugares del mundo, nunca en Gualeguaychú, y “dejar para una próxima reunión el desenlace ante la intransigencia uruguaya”. Y esto no es otra cosa que permitir el hecho consumado. No es el Uruguay sólo el que está en las reuniones, también están los argentinos, pero la planta de celulosa sigue avanzando. ¿Avanza por la intransigencia de los uruguayos exclusivamente? ¿Es que en el equipo de enfrente son de palo, o no hay equipo o -lo que sería peor- al más puro estilo de la diplomacia, están simulando que hay equipo e ideas hasta que La Haya o Dios decidan?

Hace mucho tiempo que no quería emitir opinión sobre este tema porque veo que a veces el ser acolito del Presidente de la Nación de parte de algunos dirigentes les provoca enojo por mi pensamiento que es libre, en primer lugar y fundado, en segundo, que es para mí lo más importante. Pero las últimas acciones de los asambleístas -que parecen retomar el rumbo inicial y que significa retrucarle en serio al orden establecido de la diplomacia y de los organismos internacionales y además considerar responsables por acción a los uruguayos y por omisión a la diplomacia Argentina -me parece que obliga a decir de nuevo, con respeto pero con necesidad de expresión, lo que se piensa sobre este largo periplo.

Aquello que empezó un pueblo, con autonomía y razones tan valederas que cada vez son más fuertes, no es posible que lo terminen por su cuenta los sagaces y disimuladores que responden a ese orden internacional pero nunca al pueblo que, además de no haberlos elegido, seguramente les molesto a la hora de hacer pesar sus intereses personales o corporativos, sobre todo cuando del patio trasero se trata

*Juan Carlos Lucio Godoy es diputado nacional de Concertación Entrerriana

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