Dibujando un Presidente

Por Hugo Martini

¿Tiene algún valor para las elecciones presidenciales de octubre la exitosa campaña de Macri basada en la no agresión y en la permanente presentación de propuestas?

Los mismos analistas y periodistas que sostenían que Macri nunca podía ganar en la segunda vuelta son los que hoy aseguran que su estrategia de campaña no puede extenderse al resto del país. En este momento nadie recuerda aquellos análisis porque la memoria humana es deliberadamente frágil.

En el Epílogo del más personal de sus libros Borges relata el intento de un hombre que se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años descubre que en ese laberinto de líneas no ha hecho otra cosa que trazar la imagen de su propia cara.

Ningún candidato se está preguntando por qué ganó Macri, cómo es el rostro del éxito y, eventualmente, el de la presidencia. Han salido a buscar la presidencia con la vieja receta: ganaré sobre la destrucción de mi adversario. Los candidatos y sus consultores deberían contestar esa pregunta haciendo, también, un dibujo. La técnica consistiría en describir la imagen de un candidato que pueda ser presidente y después ver qué candidato se parece al dibujo.

El argumento de que el voto del 24 de junio en Buenos Aires es irrepetible en el interior no toma en cuenta tres realidades:

1. La gente (para dejar contentos a todos digamos, los ciudadanos, el pueblo o el mercado) está absolutamente harta de las agresiones recíprocas entre los dirigentes que, además, han sido incapaces de solucionar sus problemas. Cansada de vivir en el show mediático de los políticos.

2. En la ciudad con mayor nivel socio-cultural de la Argentina la mayoría no tomó en cuenta la división entre izquierdas y derechas. ¿Por qué razón habrá una distinta actitud en el interior, en el cual esa mayoría nunca estuvo determinada por el voto ideológico?

3. El Presidente es imbatible –en todo el país- si el tema del concurso es gritar, agredir, atacar o recordar las supuestas miserias de los adversarios. El que quiera ganar tiene que hacer otra cosa.

Estas tres realidades no tienen que ver con los hospitales, los baches o la poda de los árboles. Tienen que ver con el desprestigio.

¿Que ésta no es una tendencia nacional? La realidad está mandando algunas señales que indican lo contrario: el triunfo de candidatos no agresivos.

1. El 3 de junio ganó en Neuquén Jorge Sapag.

2. El 24 de junio ganaron Fabiana Ríos en Tierra del Fuego y Mauricio Macri en Buenos Aires.

3. El 2 de septiembre seguramente ganará Hermes Binner en Santa Fe.

¿No es esto un cambio en las preferencias del electorado?

En el laberinto de Borges el hombre descubre la imagen de su rostro poco antes de morir. Sería bueno que los candidatos presidenciales lo adviertan bastante antes.

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