La política educativa y la democracia

Por Marta Maffei*

En nuestra historia nacional, la educación pública construye cimientos. Obligatoria, gratuita y laica acuñada en valores de referencia: alfabetización castellana, una ciudadanía adquirida por pertenecer al Estado (“ius soli” con preeminencia sobre el “ius sanguinis”), un ciudadano cargado de patriotismo y deberes, un modelo productivo (granero del mundo) y una historia novelada de héroes y villanos generando pertenencias, la educación pública se convirtió en la herramienta que simultáneamente otorgaba un piso de conocimientos y consolidaba el Estado.

El sistema educativo en el que reinaba de modo absoluto una racionalidad, que se transformó en la verdad, la Biblia laica y el docente sacrosanto que distribuía el acceso a esa verdad y esa racionalidad únicas sostenidas en la certeza del progreso indefinido y la confianza absoluta en la razón.

Se construyó así el paradigma de la certidumbre, la pedagogía de las certezas, la linealidad de las ciencias y la idea optimista que igualaba desarrollo y progreso.
Se consolidó la Nación bajo esta mirada y ése era el objetivo de la educación. El que tenía éxito educativo se aseguraba inclusión y promoción.

Lo distinto, lo plural, lo diverso eran contrarios a la unidad. Lo uniforme, lo homogéneo, aseguraban la cohesión y la formación de una identidad nacional e individual.¿El sistema?: autoritario, vertical y uniforme.

Un modelo educativo que fue (expresión de una sólida hegemonía de la oligarquía, de adscripción al eurocentrismo cultural, al imperialismo anglófilo y a su proyecto agroexportador) y luego una política de Estado (por su continuidad) y perduró por eso a los largo de casi una centuria.

Desde la escuela primaria a la universidad el paradigma lineal (con base en la ideología liberal) se universalizó y el feudalismo disciplinario puso el saber en compartimentos estancos. La fragmentación llevó el pensamiento a un grado tan profundo que disoció conocimiento, pensamiento y acción.

Ese pensamiento soterró la diversidad, la pluralidad y la complejidad (en cuanto lo uno encierra lo múltiple) ocultó la esencialidad de la diversidad cultural y biológica
Lo distinto se trató en términos de oposición y no de complementariedad. La fragmentación desplazó al holismo.

Las ciencias no se equivocan. La ambigüedad y la duda deben ser desterradas. Si ocasionalmente hay error, la misma ciencia lo corregirá.

Alrededor de los 40 sobre la misma concepción científica, comenzó a girar el proyecto de Nación hacia el desarrollo industrial. Sustitución de importaciones. El peón sustituido por el obrero y el surgimiento de una ciudadanía más activa. Los ciudadanos accedían al derecho, además de las obligaciones. Derechos del ciudadano, del trabajador, del niño, de la mujer, del anciano.

Aparecen las políticas sociales, la mujer se incorpora el proceso político y productivo industrial. Es el desarrollo de las tecnologías. Las escuelas técnicas. La política educativa incorpora a los programas la formación para la producción, para el trabajo. Somos parte de un nuevo proyecto y se achican los tiempos educativos destinados a la lógica, la filosofía, la literatura, la historia y se incrementan los tiempos de las ciencias “duras”.

El sistema no se ha democratizado, las directivas siguen siendo verticales. Crece la burocratización, pero comienzan a debatirse corrientes de pensamiento que lo cuestionan en el proceso de enseñanza, en la concepción del sujeto y en la colonización pedagógica que lo atravesaba. Jauretche es el mayor emblema de esto. La democratización quiere abrirse camino.

Del 75 para adelante se cierra la posibilidad de profundizar el cuestionamiento. Autoritarismo, dictadura, violación sistemática de las instituciones y los derechos. Desmantelamiento del proyecto de país. Oscurantismo, persecución y muerte dentro de las propias instituciones educativas, 250 alumnos y 600 docentes asesinados o desaparecidos. El horror del genocidio.

Cuando en los 80 comenzamos el período de apertura, partimos de “tierra arrasada”: desmantelamiento, estancamiento y miedo. Las propuestas democratizadoras del Congreso Pedagógico que también soportó reiterados embates de hegemonía, fueron devorados por la hiper manipulada inflación que arrasó el pensamiento popular.

En los 90 el economicismo depredador y saqueador que no ha desaparecido del sistema pero sí hizo desaparecer al Estado Nacional como vertebrador de una política educativa nacional nos sumió en la más absoluta fragmentación y desigualdad, dentro y fuera del sistema educativo librado ya a la voracidad de la comercialización. Solo la valiente lucha de los docentes de todo el país en la Carpa Blanca, evitó el remate final y el definitivo corrimiento del Estado Nacional.

Sin embargo, el economicismo favorecido por la fragmentación subyacente que crece en su carácter estructural, mantiene su carácter perturbador y obturador de las relaciones sociales y educativas. Encaramado en los medios de comunicación, los procesos de investigación y las políticas globales, haciendo gala de superficialidad, naturalizando la descomposición social, profundizando la alineación y la dependencia solo se dirige a la robotización del capital social y la absoluta dependencia del sistema de investigación y distribución del conocimiento en virtud de las demandas e intereses de los grupos económicos dominantes.

Con este legado nos encontramos debatiendo la aplicación de una Ley de Educación que pretende revertir la situación, sin discutir la política educativa. Los paradigmas, los fundamentos, la racionalidades, las claves, las causas de la conflictividad desatada

La educación no es una variable aislada

La crisis es epocal. Hay ruptura del viejo orden, de las formas del pensamiento, de los fundamentos, del sentido, de las formas de organización, del trabajo, del conocimiento, de la política, de la comunicación, del lenguaje, de la organización social, de los valores.

Crisis en los criterios de racionalidad. En los fundamentos. Al punto de cuestionar que existan verdaderamente fundamentos en los que pueda sustentarse esta irracionalidad humana, esta disociación con la naturaleza, esta profunda deshumanización de las relaciones sociales carcomidas por la voracidad de la única racionalidad dominante: la económica.

Carlos Cullen sintetiza: Si el avance de la ciencia y la tecnología permitiría resolver la mayor parte de los problemas de la humanidad. Si efectivamente hay posibilidades. ¿Cuál es la racionalidad que no permite la solución?

El pensamiento único no va más.

El escenario se mueve y lo hace tan aceleradamente que crecientemente enormes sectores sociales van sintiéndose extranjeros, por no comprender los códigos de la civilización en sus propias tierras. Las construcciones humanas resultan ser efímeras y la incertidumbre los amenaza.

Los problemas educativos están surcados por esa realidad. Alguien cree que esto se resuelve con una nueva estética o con el simplismo de más horas de clase, más esfuerzo, más dedicación, menos licencias.

Considero que estamos en el tiempo exacto de comenzar una reflexión colectiva profunda y ética y fundada en valores sociales que aceptando al sujeto social como motor del cambio comprenda también la diversidad y pluralidad de ideas, necesidades, proyectos e intereses que se mueven en su interior para volver a levantar los pilares de una identidad inserta en América latina que pueda priorizar la solución de las urgencias y desesperadas necesidades de los que hoy son excluidos, violentados en sus derechos elementales, los hambrientos en medio de los excedentes de producción, los atrapados por el negocio infame de la droga de la peor calidad, los pibes y los viejos infinitamente más débiles a la hora de hacer valer sus derechos. La educación no puede construirse a espaldas de esta realidad si no ¿de qué democracia hablamos?

Nuestro desafío en cuanto a la unidad en la diversidad requiere una genuina territorialidad educativa, regiones, provincias, localidades, espacios culturales, pueblos originarios, etc. y la profundización de las autonomías incluso la concepción de autonomía de la reforma. Autonomía pedagógica, autonomía provincial, autonomía local. Este es el mensaje de las luchas latinoamericanas de los movimientos sociales de la necesidad de genuina participación, de identidad cultural, ambiental y social.
Autonomía, no abandono de la responsabilidad estatal ni municipalizar, democracia, no demagogia.

Autonomía pedagógica para opinar, horizontalidad para alcanzar efectiva participación.
La democratización del sistema sigue siendo su ausencia más notable y su mayor deuda.
No se puede vivir en democracia, si no se educa en democracia, y es difícil educar en democracia si no se vive en democracia, pero algún resquicio vamos a encontrar, en esto, como en todo, los docentes seguimos siendo creativos.

* Marta Maffei es diputada nacional del ARI-Bs.As. En 1989 era dirigente de CTERA

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