Un mazazo para la UCR

Por José Angel Di Mauro

Impensado, como aquel triunfo que allá lejos y hace tiempo le permitió al radicalismo acceder al poder en una provincia hasta entonces inexpugnable para ellos, el Chaco. Impensado fue el resultado de esta elección en la que nada menos que Angel Rozas, el protagonista de aquella epopeya radical de doce años atrás, resultaba derrotado por quien tantas veces había visto frustrado el acceso a la gobernación.

Ahora, como sucediera con José Manuel de la Sota en Córdoba, que de tanto intentarlo finalmente consiguió llegar al poder en su provincia y ser reelecto, Capitanich ganó quizá la elección más imprevista. Porque si el Gobierno nacional no le tenía fe, al punto tal de no haber concurrido a esa provincia para hacer campaña en su favor -a contramano de lo que hace habitualmente el Presidente-, no mucha más se tenía el propio candidato, al punto tal de haberse asegurado al decidir su participación en la elección para gobernador, un lugar al frente de la lista para senador, en busca de otros seis años de mandato en una Cámara alta en la que se destaca como pocos.

Un Senado en el que el Gobierno nacional, que tan poco reconoce a sus mejores espadas, deberá ahora buscar a alguien que sepa defender tan bien sus ideas como ese contador chaqueño que a partir de diciembre dejará el Cuerpo para instalarse en la Casa de Gobierno de Resistencia. Y le costará encontrarlo, seguramente.

Pero el mazazo ha sido para el radicalismo, que no tenía en sus planes perder esa provincia. No podía llegar además ese resultado en peor momento, en vísperas del plato fuerte de la elección nacional, en la que el oficialismo radical se ilusionaba con hacer un buen papel, con Roberto Lavagna a la cabeza y el presidente del partido como vice, capitalizando el desgaste kirchnerista exacerbado en los últimos meses.

Todavía se ilusionan, dirá con razón un radical optimista, pero no podrá ocultar seguramente su desazón por lo del último domingo. Es que Chaco era la única provincia gobernada por el radicalismo “no K”. Y el derrotado no fue el delfín del caudillo Angel Rozas, que lo sucedió hace cuatro años porque la Constitución chaqueña no permite más de una reelección. El derrotado fue nada menos que el mismísimo artífice de la victoria radical sobre el peronismo chaqueño, el mismo que había encabezado también el Comité Nacional radical post-Alfonsín, con una postura férrea antioficialista que luego mantuvieron Roberto Iglesias y Gerardo Morales.

La impensada derrota llega justo cuando el radicalismo oficial se fortalecía a fuerza de intervenciones partidarias y del supuesto desencanto de no pocos radicales que no ven con buenos ojos el acercamiento partidario al kirchnerismo. Así, en las últimas semanas se supo de notorias resistencias en el radicalismo rionegrino, como así también en el de Mendoza, donde la presencia de su gobernador en la fórmula presidencial oficialista no es garantía de nada.

Los radicales no dejan de quejarse por lo bajo por el pobre papel que le asignan al radicalismo K en los actos partidarios de la fórmula presidencial, donde deben aguantarse silbidos y el canto de la Marchita cada vez que se menciona a la Concertación…

Se ilusionaban entonces en el Comité Nacional con una resonante victoria en la provincia que expresaba un bastión del radicalismo no concertador, y resultó ser esa la única provincia radical perdida.

Lógico es entonces admitir que no podía llegar semejante resultado en peor momento.

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