Nubarrones en el horizonte

El Gobierno que resulte ganador de las próximas elecciones deberá hacer frente a aspectos que, a esta altura, significan un frente de tormenta.

Más allá del crecimiento y de la mejora de algunos índices socioeconómicos, el nuevo gobierno tendrá a partir de diciembre varios desafíos importantes conformados por un frente de tormenta que deja la actual gestión, debido a la postergación de muchos puntos de la economía que no tuvieron ningún tipo de avance.

El primer aspecto que deberá superar el Gobierno electo en las próximas elecciones es la espiral inflacionaria en la que ingresó la economía argentina y que la actual gestión trató de minimizar y tapar con distintos instrumentos, como por ejemplo, los controles de precios, que este año no dieron ningún resultado.

La inflación real en la Argentina acumulada en lo que va del año, según diversos especialistas privados, trepa a una cifra que oscila entre 15 y 16 por ciento, mientras que el número oficial es de 5,8 por ciento. Es más, desde el oficialismo y particularmente la candidata Cristina Fernández de Kirchner, se trató en los últimos días de convencer que la inflación de este año se ubicará en un dígito.

El segundo desafío de la próxima gestión será justamente recomponer la confianza en los números que difunde el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), organismo que vive desde principios de año una severa crisis interna.

La falta de credibilidad en el Indec no abarca solamente a las cifras de inflación, sino también a los números que se dan del costo de la canasta básica de alimentos, de desempleo y hasta los números del Producto Bruto Interno.

El tercer punto esencial para el próximo gobierno será provocar una recuperación de la inversión, un ítem económico que mostró una significativa expansión entre el año 2003 y mediados de 2006, pero que en este momento se ubica en un franco descenso.

El ritmo de inversión hace un año crecía en el orden del 18 al 20 por ciento del Producto Bruto Interno y ahora se sitúa entre el 12 y el 13 por ciento.

Otro aspecto significativo que figura como frente de tormenta para el nuevo gobierno es la crítica situación energética que tiene el país, con déficit en la producción y distribución de electricidad y de gas, a tal punto que, durante gran parte del invierno, se tuvieron que imponer cortes en distintas industrias.

Paralelamente, quedó siempre postergado y se lo considera un problema “explosivo” el gran retraso tarifario que tienen los servicios públicos en la Argentina.

Algunos especialistas coinciden en que el retraso en el costo de las tarifas de los servicios públicos oscila entre el 60 y el 80 por ciento.

Pero hay más aspectos pendientes, sobre todo de carácter financiero. En este caso, Argentina todavía no resolvió la normalización de la deuda con el Club de París, un grupo de acreedores a los que se les debe 6.300 millones de dólares.

También deberá buscar alguna alternativa para los tenedores de bonos por más 20.000 millones de dólares que no se adhirieron al canje de deuda que se realizó en marzo de 2005.

Paralelamente, muchos analistas comentaron que el nuevo gobierno deberá poner un freno a las crecientes presiones de los sindicatos para aumentar los salarios, atenuar el incremento del gasto público y lograr mayor competitividad, porque la balanza comercial argentina está registrando en los últimos meses una significativa caída de casi 30 puntos.

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