Cómo será el papel de Kirchner

Omnipresente durante los últimos cuatro años, ¿cuál será la presencia que tendrá el ahora ex presidente?

Por José Angel Di Mauro

Las dudas respecto al paso al costado que daría Néstor Kirchner cuando anunció que finalmente sería “pingüina” la candidata del FpV en octubre pasado subsistieron hasta que ya no hubo tiempo para dar marcha atrás. Hasta entonces, siguieron las especulaciones respecto a que prevalecerían las encuestas que daban mayor certeza de un triunfo K con Néstor, y él iría por otros cuatro años.

Pero al final, no hubo más remedio que hacerse a la idea de que la candidata sería ella y, dando por descartada una victoria, comenzaron las suposiciones sobre cuál sería el papel de Néstor en el llano.

La historia vuelve a repetirse inexorablemente. Y el matrimonio K parece estar en camino a volver a demostrarlo. Metódicos como son, Néstor y Cristina lo deben tener todo resuelto desde que decidieron cómo sería la sucesión. Y pragmáticos al fin, no tienen dudas en apelar a las mismas estrategias que ya les han dado buenos resultados.

Así han hecho con ministros o secretarios a los que todos daban fuera del gabinete cristino, ratificados por la fuerza de los hechos: si dieron buen resultado, ¿para qué cambiarlos?, es el razonamiento primario de la lógica kirchnerista.

Así harán con el papel del componente matrimonial que debe quedar en un segundo plano.

Cuando el matrimonio Kirchner llegó a la presidencia, el 25 de mayo de 2003, Cristina era mucho más conocida que Néstor y su imagen superaba a la de su esposo en por lo menos diez puntos. El arrancó con poco más del 22% de los votos y si bien la consagración presidencial lo encumbró en la consideración pública, la entonces primera dama siguió midiendo mejor en encuestas que el Gobierno conocía, pero guardaba celosamente.

Cristina adoptó inmediatamente un perfil bajo que llamó poderosamente la atención de quienes acostumbraban a frecuentarla y tenían en ella una “hábil declarante” que jamás eludía las entrevistas. Como “primera ciudadana”, como infructuosamente quiso hacerse llamar desde entonces, bajó notoriamente su perfil y dio sus últimos reportajes a revistas de actualidad hacia fines de 2003, compartiendo entonces con su esposo un almuerzo con Mirtha Legrand en Calafate. Después, desapareció de escena y sólo se la podía escuchar en el recinto del Senado, aunque tenía más presencia en su oficina de la Casa Rosada que en el Palacio del Congreso.

Se decía que Kirchner podría ser el “Chirolita” de Duhalde, y aun hubo quienes sugirieron que su esposa lo manejaría. Los hechos parecen haber demostrado lo contrario. Ahora muchos sospechan que con la esposa en el poder, será el varón quien gobernará desde la trastienda. Igual que en 2003, el matrimonio se esmerará para demostrar lo contrario cuanto antes.

Habrá que ver cuál fue el papel de Cristina, con su esposo en el Gobierno, para imaginar cómo será la imagen calcada de Kirchner en el llano. El ahora ex presidente seguirá haciendo política, como ya lo anticipó, pero en un segundo plano en el que no se siente incómodo. Hará política como su esposa cumplió con su papel legislativo durante los últimos cuatro años y medio: con mínimo nivel de exposición, pero con todo el poder del que podía disponer. A la postre, ella fue durante todo el período presidencial de su esposo la mujer fuerte del Senado, qué duda cabe.

Sólo se destacaba en los viajes al exterior, donde cumplía un papel superior al que le cabe tradicionalmente a una primera dama. Ese sí será un cambio: no esperen que Néstor acompañe a la Presidenta en sus viajes al exterior, salvo contadas excepciones. El viajará solo –como solía hacerlo ella- seguramente invitado para dar conferencias; pero evitará llevar problemas a los encargados de protocolo de otros países cumpliendo un difuso papel de “primer caballero”. Y como nunca le gustaron las cuestiones diplomáticas, no se pondrá mal por evitarlas.

Ya lo anticipó Kirchner el último fin de semana en un reportaje indirecto: “olvídense de mí por un tiempo largo”. Ese será el comportamiento futuro del ex presidente, quien no hablará con los medios por un buen tiempo -cosa que no le costará el menor esfuerzo- y le dejará absolutamente todo el protagonismo a su esposa.

Pero a no confundirse: nada implica que su pensamiento deje de ser tenido en cuenta en el seno de la pareja. Así como sucedió en el pasado reciente, habrá que seguir pensando que la de su pareja es la voz que más escuchará quien preside este país. Precisamente la última voz que escucha al acostarse y la primera al levantarse.

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