Presidente bis

Para la Casa Rosada, Néstor Kirchner pareciera seguir gozando de los mismos privilegios que antes del 10 de diciembre.

Por José Di Mauro

Sería injusto decir que el ex presidente Néstor Kirchner es quien maneja los hilos del Gobierno nacional, allende la finalización de su mandato, el pasado 10 de diciembre. Tan injusto como cuando se anticipaba, allá por 2003, que NK sería el Chirolita de Eduardo Duhalde.

E incluso recordemos que no faltaban los desconocedores que vislumbraban que el hasta entonces gobernador santacruceño sería manejado por su mujer, conocedores del carácter arrollador de la ex senadora.

A la postre, todo resultó errado, y es el riesgo al que se exponen quienes anticipen que Néstor será el verdadero poder detrás de su mujer. Digámoslo de una vez: si Cristina Fernández de Kirchner aceptó ser la presidenta, debe haberlo hecho con la condición de que ella será quien tenga la última palabra en las decisiones. Lo cual no implica que no vaya a consultarlo todo con su esposo; como así también él la consultó siempre a ella entre el 25 de mayo de 2003 y el 10 de diciembre pasado.

Son una dupla política; un equipo, para decirlo con más precisión, y como tales se han manejado hasta ahora y se manejarán en el futuro, cualquiera sea el que ostente la primera magistratura.

Por eso no dejó de llamar la atención que el ex presidente mantuviera un perfil más alto del que se vislumbraba, en las primeras semanas de su mandato. Es que se esperaba de Néstor Kirchner un comportamiento similar al de Cristina en 2003, que a partir de la asunción de su esposo dio un notorio paso al costado, pasando a un segundo plano que no dejó de llamar la atención por su histórico alto nivel de exposición.

Empero, debe destacarse que el perfil bajo de la entonces primera dama -o ciudadana, como decía querer ser llamada, ¿se acuerdan?- fue aun más ostensible a partir de 2004. De hecho, Cristina terminó 2003 concediendo los que fueron sus últimos reportajes en mucho tiempo: a las revistas Gente, Caras y Veintitrés. Y almorzando junto a su esposo con Mirtha Legrand en El Calafate. Después, literalmente se guardó.

¿Habrá que esperar lo mismo de Kirchner, que terminó el año a toda orquesta, amén del sinsabor por la manera como concluyó su incursión selvática? Puede ser, y habrá que imaginar en ese caso que, conforme baje la intensidad de los problemas y no aparezcan nuevos coletazos por valijas venezolanas, por ejemplo, el ex presidente reasuma un perfil de menor exposición, que no necesariamente deberá ser asumido como mínima exposición. Como tampoco la tuvo Cristina K, quien mantuvo desde su banca del Senado un alto perfil en temas puntuales, que la tuvieron una vez más como principal ariete.

Lo que no deja de llamar la atención es que los Kirchner sigan mostrándose como una dupla gobernante. Lo hacían cuando en las giras internacionales, por ejemplo, Cristina trascendía el papel tradicionalmente asignado a las primeras damas, como cuando participó del primer encuentro con George Bush en Estados Unidos. O como cuando la Casa Rosada cubría sus actos como si fuera el Presidente.

Ahora, con Néstor en un elevado llano, el hombre sigue recibiendo un trato preferencial, ajeno al que reciben otros ex presidentes. Como bien precisó el periodista de Parlamentario Marcelo Pensa en su blog, megalomania-mfp.blogspot.com, en el que se pregunta sobre la preponderancia que tienen las fotografías de Néstor Kirchner en el sitio web de Presidencia de la Nación. En efecto, allí aparecen numerosas fotos de la incursión de Néstor por la fallida Operación Emanuel. Eso podría justificarse, incluso que casi no haya imágenes de la actual presidenta, actualmente de vacaciones, pero lo que bien advierte el blog es que en ese espacio aparezca una nota de Kirchner con Maradona durante el acto celebrado en Ezeiza, resulta más que curioso.

Porque si de ex presidentes se trata, entonces bien merecerían un trato igualitario otros antecesores, ¿no?

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