La pelea de fondo

La disputa por la presidencia del PJ bonaerense es el telón de fondo de cara a las próximas elecciones. Alberto Balestrini y José María Díaz Bancalari están en la línea de fuego. Algunos dicen que hay un tapado: ¿Carlos Kunkel?

Todas las voces consultadas por Parlamentario sobre el sentido de la disputa por la presidencia del poderoso y estratégico PJ de la provincia de Buenos Aires -no sólo porque aporta más de 300 congresales al congreso nacional partidario sino porque su presencia es decisiva a la hora de las definiciones electorales, más allá de que en las últimas elecciones prevaleció el dedo mayor de Néstor Kirchner- no dejan de marcar una obviedad: la última palabra la tiene el ex presidente de la Nación, no desde la sede del PJ, sino de las recoletas oficinas de Puerto Madero. Todo un símbolo de los cambios.

¿Y qué dicen los contendientes? Tienen un doble discurso: en privado admiten que son los candidatos a la presidencia, mientras que en público se mandan flores y aseguran, sin mucho convencimiento, que no es tiempo de candidaturas. “No es de candidaturas, sino de acuerdos, de negociaciones bajo la mesa”, afirman y no se equivocan, ya que más de un intendente o dirigente regional ha sido consultado sobre sus posiciones por oficiosos voceros del vicegobernador Alberto Balestrini y del diputado nacional José María Díaz Bancalari, quien en la intimidad no deja de reconocer que los vientos no le son propicios y no se cansa de destilar contra Osvaldo Mércuri, que salió a blanquear la nominación de Balestrini. “Está pasando viejas facturas”, aseguran en las inmediaciones de Díaz Bancalari.

Claro que algunos de los consultados deslizan que puede haber un tercero en discordia: el ex subsecretario General de la Presidencia durante los dos primeros años de la gestión de Néstor Kirchner, el diputado nacional de paladar negro Carlos Kunkel quien, como recordarán los lectores de Parlamentario, en sus primeras declaraciones a esta revista cuando arribó al Congreso expresó su ambición de presidir el PJ.

Precisamente Kunkel salió a la palestra y subrayó que no es tiempo de candidaturas, en alusión a las pretensiones del gobernador Daniel Scioli de encabezar la lista de congresales. “Falta mucho para conversar sobre el tema, hay que hablar con todos los dirigentes y militantes”, dijo Kunkel.

Es que los primeros nombres de la lista de candidatos a congresales representan la primera señal de quienes están en condiciones de pelear por la presidencia. “Una vez que Kirchner defina esa lista se aclara el panorama”, afirmó uno de los allegados al senador José Pampuro, uno de los hombres que tendrá incidencia en el armado.

Un armado que, en principio, se está planteando cuesta arriba para Díaz Bancalari, y entre las objeciones que algunas voces levantan es que en las elecciones del 2005 compartió la boleta con Luis Patti, cuyo ingreso a la Cámara baja fue taponado por el kirchnerismo. Otros recuerdan que pese a tener línea directa con Néstor Kirchner hasta ahora no ha sido graficado con ningún cargo de importancia en la grilla de diputados. A lo sumo -chicanean- le pueden tirar la presidencia de una comisión…

A todo esto, el hombre de San Nicolás traza su estrategia sin levantar pistas. Es consciente que debe esperar y no caer en el juego de las provocaciones. Una obvia actitud ya que conoce a fondo lo que es el peronismo bonaerense.

Los planes K

En tanto, en las oficinas de Puerto Madero, lejos de la furia de la ciudad y de los piquetes, Néstor Kirchner sigue recibiendo todos los días a dirigentes, intendentes, gobernadores y militantes de los movimientos sociales. De acuerdo con una versión, pone la oreja a todas las sugerencias y se guarda las respuestas, las que son más que evasivas.

Claro que nunca faltan las deliberadas filtraciones de cómo se imagina el devenir del PJ. En primer lugar, aseguran que su intención es que el Consejo Nacional del PJ funcione como una especie de mesa chica con varones y mujeres provenientes de la Patagonia, NEA, NOA, Centro, Capital Federal y la provincia de Buenos Aires.

Esas serían las seis regiones en que dividiría el funcionamiento del PJ, con lo cual se infiere que va por la fragmentación para facilitar la negociación con la dirigencia de esas zonas. Es que la división es una de las acciones que más le rinden a Néstor Kirchner: llegar y mantenerse donde está y, como se anticipó en la edición anterior, consolidar una estructura afín para seguir como moradores de Balcarce 50, a pocos metros de sus oficinas de Puerto Madero.

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