Moralistas vs. Pecadores

Fuerte réplica de una senadora oficialista hacia un diputado del mismo sector, en torno a la cuestión del tabaco.

Por Liliana Fellner

Con gran consternación y estupor, he leído el artículo publicado en el semanario Siglo XXIII, del 14/02/08, pág. 30/31, donde dos diputados nacionales, con una sorprendente arrogancia, caen en la odiosa inclinación de reducir a sólo dos, todas las alternativas posibles frente a cualquier problema. Una suele representar el bien absoluto y la otra, el mal. Este infantil maniqueísmo los lleva a confrontar sin poner en duda lo razonable o no de una posición distinta a la que ellos sostienen, sin buscar el equilibrio para la composición de los conflictos por las vías de un debate maduro. Además revela cierto malestar en sus egos que parecen necesitar ser refrendados continuamente, y quizás, por falta de virtudes que exaltar, se ven obligados a remarcar lo que consideran defectos en quien piensa diferente a ellos.

Llamar pecadores y ridiculizar histriónicamente a aquellas personas que en todo caso necesitan ayuda y comprensión por su adicción, es verdaderamente lamentable en un legislador nacional, especialmente agravado por su condición de médico, que se precia de ser uno de los más fervientes (y hasta diría fundamentalistas) “cruzados” que “velan sus armas” para dar la batalla final en la “guerra contra el tabaco”.

He sido, soy y seré una firme defensora de las acciones que combatan al tabaquismo con herramientas razonables. Tiene razón el diputado Begnis al decir que he sido una opositora sistemática, pero se equivoca de medio a medio en el objeto de mi oposición. He sido, soy y seré opositora a la consagración legal del engañoso “precio protección salud”, que es más bien la protección monopólica de la industria tabacalera. Ahora bien, jamás luchare contra una fuente vital de trabajo para muchísimas familias argentinas, como lo es la producción de tabaco porque actuaría en contra de mis convicciones y en perjuicio de las provincias tabacaleras.

No comparto para nada esta falsa antinomia de “tabaco o salud”, o como se ha titulado la nota referida “Saludables vs. Fumadores”, y yo agregaría “moralistas vs. pecadores”, es decir la ingenua y mal intencionada idea de que el tabaco es la causa de todos los males del mundo. Hay una diferencia muy grande entre decir que luchamos contra el tabaco, a decir que esa lucha es contra una adicción llamada tabaquismo. Como profesional de la salud, conozco bien los problemas que esta adicción (tabaquismo) genera a los fumadores activos y pasivos. Jamás se me ocurriría burlarme, ni tratar con desprecio o epítetos denigrantes a quienes la padecen, y mucho menos a una colega legisladora.

A los que dicen que soy lobbysta de la industria tabacalera, les respondo que soy senadora nacional por la provincia “tabacalera” de Jujuy, y como tal, tengo el deber principal de defender los intereses de esta. La lamentable confusión del Dr. Begnis sobre lo que es la industria tabacalera, que para su conocimiento está concentrada en los grandes conglomerados urbanos de nuestro país, con lo que es la producción de tabaco, me resulta verdaderamente incomprensible. Prefiero pensar que se debe a una ignorancia supina de su parte y no a una acusación maliciosa.

También me produce gran estupor que alguien que en todo momento se vanagloria de ser autora o co-autora de la ley que regula el consumo de productos de tabaco en la ciudad de Buenos Aires, de la noche a la mañana, cambie de criterio y con total desparpajo, ahora nos diga que la ley que impulso ayer, en la cual se contempla la posibilidad de habilitar espacios para fumadores en determinados lugares cerrados, está bien para la ciudad de Buenos Aires pero está mal para la Nación. Realmente me parece lamentable que una legisladora sostenga semejante doble criterio para legislar.

Pero lo más indignante es que estos fundamentalistas de la lucha anti-tabáquica, en su afán por lograr su alegado propósito de proteger la salud de todos los argentinos, se olvidan completamente de los argentinos más necesitados. El trabajo también hace a la salud, y en mi provincia, al igual que en Misiones, Salta, Tucumán, Corrientes, Catamarca y Chaco, el tabaco es sinónimo de trabajo. En mi labor como legisladora nacional siempre tengo presente mi pertenencia política, que me indica ante todo, que la gente debe tener trabajo, salud y educación.

La importancia social de la actividad tabacalera primaria se evidencia no bien tomamos conciencia de los puestos de trabajo genuinos que genera y el alto valor agregado que posee como producto agrícola. Según datos de publicaciones oficiales, mientras los cultivos tradicionales de la región central del país, tales como el maíz, la soja o el trigo, insumen entre 0,19 a 0,44 jornales por hectárea, el tabaco, en promedio, requiere de 100 a 140 jornales/ha. De ahí su enorme implicancia social en las zonas donde se desarrolla, ya que ni aun en otros cultivos de intensivo empleo de trabajo, como el algodón, la vid o la caña de azúcar, se alcanza el nivel que requiere el tabaco. Así, por ejemplo, el algodón demanda, en promedio, 28 jornales por ha, la vid, 85 y la caña de azúcar, otra de las agroindustrias con mucho desarrollo en mi provincia, 65. En la provincia de Jujuy, la producción de tabaco genera trabajo directo para alrededor de 20 mil personas, que son 20.000 familias, lo que convierte al sector tabacalero en el primer empleador privado de la provincia (los puestos de trabajo del sector público provincial, entre planta permanente y transitoria, ascienden a 28.000 en total). En las provincias de Salta y Misiones el número de puestos de trabajo directamente vinculados al cultivo de tabaco abarca a un universo de personas no menos significativo. No hay cultivo que pueda reemplazar la escasa superficie que le dedican los productores: la extensión media de la producción agropecuaria en nuestro país es de 587 hectáreas, la del tabaco es de 3, 67 hectáreas.

Si ponemos “el carro delante de los caballos” seguramente no vamos a llegar a ninguna parte. No hay en los proyectos de ley tan restrictivos que estos legisladores impulsan, ni una sola medida o política para amortiguar el impacto negativo que van a provocar a las economías regionales de las provincias tabacaleras del norte argentino, que insisto, es la región más postergada del país. Una auténtica política pública de control del tabaquismo no puede implementarse ignorando que la producción de tabaco es una de las actividades más intensivas en la generación de trabajo: una hectárea que se deja de cultivar es un puesto de trabajo que se pierde, y no hay sustitución posible ni en el corto, ni en el mediano plazo, mucho menos cuando se soslaya completamente la situación de los productores y trabajadores del sector. El mismo Convenio Marco de Control del Tabaco, expresa e insta a los países que lo adopten la necesidad de atender con políticas adecuadas de apoyo la situación de los productores y trabajadores tabacaleros. Ahora estos legisladores parece que no terminan de entender que no se trata de una lucha antitabáquica, como se quiso alguna vez, sino de controlar el tabaco, precisamente porque se tuvo en cuenta en las distintas rondas de negociaciones previas a su aprobación, la fuerte incidencia social y laboral inherente al cultivo de tabaco.

Con toda sinceridad, no creo que una ley excesivamente prohibitiva sirva para eliminar el tabaquismo, por la misma razón que la Ley Seca en EE.UU. fue absolutamente ineficaz para eliminar el alcoholismo. Sirvió para lo que todos sabemos (promover el gangsterismo y la mafia) pero no para lo que fue pensada. Una ley prohibitiva como la que quiere esta “cuadrilla”, podrá servir para coquetear en algunos foros o vaya a saber dónde. Pero para hacer que la gente deje de fumar, lo dudo. Para esto se necesita promover un cambio cultural y eso requiere mucho esfuerzo, tiempo, continuidad y avances paulatinos de la política pública respectiva.

Soy co-autora de un proyecto de ley de lucha contra el tabaquismo (Expte. S-772/07), también de uno sobre modificación a la ley de lucha contra el alcoholismo (Expte. S-1702/07), ley del año 1997 que aún no ha sido reglamentada, y también de un proyecto de ley sobre presupuestos mínimos para el control de todo tipo de adicción (Expte. S-2869/07). Creo que tienen que dejarse de hipocresías de una vez por todas, han apuntado los cañones contra el tabaco pero no hacen nada para revertir la gravísima situación de consumo abusivo de alcohol existente, que es causa directa de enfermedades y muertes, de accidentes de tránsito, de violencia familiar y juvenil, entre otros males. Sepan que los niveles de consumo de productos de tabaco se encuentran estables desde hace más de 20 años, mientras que el consumo de bebidas alcohólicas, principalmente de cervezas, ha crecido en progresión geométrica.

Hemos trabajado arduamente en la Comisión de Salud del Senado a fin de alcanzar el consenso necesario para sancionar una ley que proteja a los no fumadores, prevenga a los niños y jóvenes y desaliente el consumo de productos de tabaco pero sin que perjudique en forma directa a la producción tabacalera, la cual reitero es medio de vida y sustento de muchas familias argentinas.

Yo me pregunto ¿estos legisladores conocen lo actuado en la Cámara alta en este sentido? ¿Dónde está la prioridad en la agenda de la Presidencia de la Comisión de Salud? En el Senado ya estamos trabajando para legislar de manera integral el flagelo de las adicciones, entre las cuales, la del consumo excesivo de alcohol figura a la cabeza, también el tabaquismo y las drogas prohibidas. Para lograr un ley con ese objeto es fundamental que trabajemos con seriedad, respeto y sobre todo con conocimiento.

Liliana B. Fellner es senadora nacional por la provincia de Jujuy

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