Una cuestión de necesidad

El Gobierno se aferra a las retenciones por serios problemas de caja.

El Gobierno no está empecinado porque sí en las retenciones para las exportaciones agropecuarias. Lo concreto y real que se admite por lo bajo tanto en la Casa Rosada como en el Ministerio de Economía es que empiezan a observarse dificultades de caja y de financiamiento en el Estado.

A pesar del superávit en las cuentas del Estado, que se ubican en alrededor del 3,2 por ciento del Producto Bruto Interno y de los intentos del Gobierno por demostrar la solvencia fiscal, lo cierto es que los números no son tan espectaculares como parecen.
El panorama muestra que este año el país debe hacer frente a vencimientos totales de deuda de casi 4.900 millones de dólares y para el próximo año se estima que los compromisos alcancen unos 9.500 millones de dólares.

También se debe hacer frente a los constantes aumentos del gasto público, el cual se incrementó en el transcurso del año pasado en 30 por ciento y en este año, en principio, un 25 por ciento.

El horizonte es incierto. Al desprenderse del Fondo Monetario Internacional, el Gobierno tuvo que recurrir a otras fuentes de financiamiento para cumplir con sus obligaciones de deuda.

Así, las necesidades de financiamiento que ha tenido el país desde mediados de 2003 hasta fines del año pasado fueron solventadas por la compra de bonos por parte de Venezuela, por emisión de títulos en el mercado local y por artilugios especiales y poco comunes como los autopréstamos dentro del Estado por parte de la AFIP, de la ANSES y del Banco Central hacia Tesorería.

Ese esquema funcionó parcialmente hasta que se desató la fuerte crisis hipotecaria de los Estados Unidos, que está afectando a la economía mundial y sobre la cual no hay un panorama concreto cuándo y cómo puede culminar.

Es por eso que el Gobierno optó por incrementar las retenciones.

Pero además hay otras movidas que está haciendo el Poder Ejecutivo para buscar endeudamiento y mostrar “una pantalla distinta”. Se comenzaron a realizar gestiones concretas con el Club de París, para cerrar el capítulo del default que mantiene argentina con ese grupo acreedor por más de 6.000 millones de dólares.

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