Caminos difíciles

La reforma constitucional en la Ciudad comenzó a tomar vuelo. Según el macrismo es necesario para dinamizar la gestión. Las fuerzas políticas opositoras consideran que la jugada tiene otras intenciones.

Las principales espadas del macrismo tienen intenciones -si los tiempos soplan a favor- de modificar la Constitución porteña. La reforma, más allá de realizarla o no, ya se coló en la discusión política. En las huestes macristas están analizando seriamente esa posibilidad, mientras que desde la oposición surgen voces discordantes, aunque algunos de ellos lo hacen tibiamente.

Para la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, el espíritu de la reforma “no va por el lado electoral, sino por hacer una Constitución que nos permita una gestión más dinámica; además habrá consultas previas con otras fuerzas políticas para saber si están de acuerdo con las cuestiones que se buscan cambiar”.

“La única razón que justificaría una reforma sería poder bajar el costo de la política, el clientelismo y la corrupción. Siempre lo hemos planteado”, sostuvo Michetti, para agregar luego que “la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires tiene algunos temas para mejorar, como inversión y el recorte de todo gasto corriente que no tiene control”.

Sin embargo, el presidente del bloque PRO, Oscar Moscariello se manifestó tajante al responder sobre el tema. “El Gobierno no plantea una reforma constitucional, tiene todas sus energías puestas en la gestión”, sostuvo, aunque más temprano que tarde, aclaró, “desde el punto de vista político, desde mi posición como legislador, si me pregunta de que si es necesario revisar la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, le digo que sí; es necesario. Muchos de los institutos que la Carta Magna contiene, lo que en teoría fue una buena idea, en este momento, en la realidad diaria, está teniendo gravísimos problemas de funcionamiento”, afirmó.

Para sostener sus argumentos, Moscariello dio ejemplos tales como el Consejo de la Magistratura y el Ente de Regulación de Servicios Públicos, ratificando que “desde ese punto de vista, la revisión de la Constitución es necesaria”, aunque afirmó que era la Legislatura “el ámbito natural para plantear la necesidad o no, de la reforma”.

“Cualquier modificación constitucional que quisiéramos encarar, necesita del concurso de otros espacios políticos de la Legislatura y podríamos llegar a plantear la discusión del tema”, reconoció.

Voces contrarias

Uno de los primeros en anotarse para fustigar la incipiente movida oficialista fue el titular de la bancada del Frente para Victoria, Diego Kravtetz, quien sin tapujos dijo que “quieren modificarla porque van a eliminar el ballottage y van a proponer la reelección indefinida y no sólo una forma de ajustar costos superfluos”.

Recordó además que “no es la primera vez que Mauricio Macri impulsa una reforma similar; ya que fracasó en su intentó tanto en el 2004 como en el 2005, cuando hasta públicamente se pronunció a favor de eliminar las segundas vueltas en las elecciones a jefe de Gobierno”, sostuvo.

“Lo que están proponiendo es una aberración jurídica, y además es mentira: no quieren ninguna transformación, no quieren hacer nada más eficiente, sólo van por el ballottage, la reelección indefinida y la eliminación de las comunas”, subrayó el diputado K.

Asimismo reconoció que “que el macrismo se pronunció a favor de la búsqueda de consensos para reformar la Constitución, pero advirtieron que para que haya una instancia de diálogo previa a cualquier proyecto, antes deben blanquear sus verdaderas intenciones”.

“No nos vamos a prestar a hacer nada de espaldas a la sociedad: si quieren reelección indefinida, si quieren eliminar el ballottage, que lo digan, y entonces sí empezamos a discutir”, señaló Kravetz.

Por su parte, el jefe del bloque de la Coalición Cívica, Enrique Olivera, también salió al cruce de la jugada, puntualizando que “las constituciones están para ser cumplidas, no para adecuarlas al gusto del Gobierno de turno”. Olivera afirmó luego que el macrismo pretende “con el proyecto para reformar la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires evitar las elecciones comunales”.

El legislador aclaró que la reforma constitucional “es una excusa para no compartir el poder, ya que descentralizar significa trasladar poder a los barrios, y esto es siempre resistido por el que gobierna”, y recordó que “por ley, el próximo 10 de agosto, se deben realizar elecciones de autoridades comunales. Ahora si el problema es que generan gasto político, que reformen la Ley de Comunas, no la Constitución”, concluyó.

También se hizo oír el diputado del bloque Igualdad Social, Martín Hourest, quien considera que Mauricio Macri “apuesta al achicamiento de lo público a través de plantear la necesidad de una reforma constitucional, si quiere modificarla tiene que recurrir a los canales formales. Aunque en primer lugar, se debe empezar a cumplir con la Carta Magna que hace 12 años propuso para la Ciudad avanzar en temas como la participación ciudadana y la descentralización, la democratización y la autonomía”.

Hourest sostiene que el jefe de Gobierno debe proponer una agenda de puntos a reformar. “Si Macri quiere mayor autonomía y control en la Ciudad de Buenos Aires -que incluye la regulación de los servicios públicos y el transporte- no se entiende porque propone la disolución del Ente Regulador de Servicios Públicos”, expresó a manera de duda.

En cuanto a los fundamentos reformistas, el diputado señaló que “ Macri quiere reformar la Constitución porque su modelo de gestión, no participativo y concentrado, se agota en el acuerdo con actores concentrados y constituidos: en apenas cuatro meses de gestión, demostró que elige negociar con el sindicalismo, los grandes contratistas y el Gobierno nacional, a espaldas de los intereses de la ciudadanía porteña y desvirtuando el principio de Autonomía que garantiza la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, sancionada en el año 1996”.

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