“No se va a dar la unión de la oposición”

Muy crítica del kirchnerismo, la senadora Hilda Chiche Duhalde admite que todavía no ve ningún liderazgo lo suficientemente fuerte como para poder suceder a este Gobierno, como ella desea. Imagina para octubre dos corrientes opositoras que confrontarán con el oficialismo y se ilusiona con un Parlamento que a partir del próximo año muestre un gran equilibrio de fuerzas.

Por José Angel Di Mauro

Eduardo Duhalde confesó hace pocas semanas estar arrepentido por haber apadrinado en su momento la candidatura de Néstor Kirchner. Más de uno podría imaginar que su esposa, la senadora Hilda González de Duhalde, se arrepintió antes, tal vez desde el momento de la elección del nombre del santacruceño. Ella aclara que no es así, que tenía una confianza que hoy, claro está, ya perdió.

“A mí me pasó lo mismo que le pasó al justicialismo”, cuenta, en referencia a la confianza de que un candidato oficialista llegara a la presidencia “después de las deserciones que habíamos tenido”. Chiche no los nombra, pero el recuerdo remite a Carlos Reutemann y al fallido intento con José Manuel de la Sota. “Yo tenía la misma esperanza que después construyó la sociedad argentina, porque a los pocos meses Kirchner tenía una imagen positiva altísima, de más del 70% -asegura enfática ante Parlamentario-. Creo que lo que me pasó a mí, le pasó a la mayoría de la sociedad, y el desencanto fue viniendo a posteriori, desde mi tarea legislativa en la Cámara de Diputados y después en Senadores, donde pude ir observando la forma de construcción de poder, los errores que se cometían con respecto a las leyes que votábamos. Esto es lo que me pasó a mí, pero ya en 2005 tenía claro quién era el Presidente”.

– La primera discrepancia pública que usted tuvo puntualmente con Cristina fue en Parque Norte. ¿En esa oportunidad ya pensó que la relación no tenía retorno, cómo lo vivió?

– Lo viví mal, porque no me gustan las actitudes soberbias y esta defensa que ella hace en su momento del género y la descalificación de las mujeres que habíamos llegado a la política, por ahí ciertamente de la mano de nuestros esposos. Pero tanto Olga Ruitort como yo habíamos trascendido más por esto, pero mucho más Olga Ruitort que yo tenía una tarea militante reconocida previa a Juan Manuel de la Sota. Y en mi caso, yo me había ganado claramente el espacio en el que estaba. Fue una descalificación realmente innecesaria, sobre todo observando lo que vino después, que fue una utilización escandalosa del apellido Kirchner durante su campaña como senadora.

– ¿Cree que la Presidenta hace una sobreactuación del género? Eso de insistir con que la atacan por ser mujer…

– Yo no creo que nadie la ataque por ser mujer. Pienso que ahí tiene una dualidad: por un lado, el día que lanza su candidatura como senadora, pide hasta que le saquen el apellido del cartel. Después, utiliza durante toda la campaña la K de Kirchner en su nombre; uno veía en los carteles “Kristina” con K, o sea que hace una utilización del apellido de su marido. Después termina convirtiéndose en víctima, diciendo que por ser mujer le pasan las cosas que le pasan… Ni una cosa ni la otra; en general cuando un matrimonio político llega a la política, están atados indisolublemente, es muy difícil que la gente, la sociedad los separe. Y en el caso específico de su actuación como Presidenta, lo que le pasó no le pasa por ser mujer, le pasa porque comete errores gravísimos.

– ¿Cuáles son los peores errores de los Kirchner?

– El primero, claramente, fue la resolución 125. Ese es el que pone en el tapete su desconocimiento sobre los temas y la forma, que es algo de los dos, tanto de Cristina Kirchner como de Néstor Kirchner, de tomar decisiones con grupos muy cerrados, sin consultar con los que saben: los ministros, por ejemplo. Pero creo que el gran golpe para ella fue la resolución 125 y a partir de ahí una serie de desaciertos mostrando desconocimiento de los temas que abordaba.

– Hablábamos al principio del partido. ¿Cómo interpreta la búsqueda inicial del kirchnerismo por volcarse a la transversalidad en su momento y después inclinarse decididamente al partido?

– Bueno, es una actitud de conveniencia, no es una cuestión ideológica. El intento primero de hacer desaparecer al justicialismo, crear la transversalidad, que le fracasa; entiende que el apoyo lo tiene dentro del peronismo, vuelve al peronismo y ahora uno escucha a este personaje nefasto como D’Elía diciendo que Kirchner no es progresista, que es ortodoxo y es peronista… Cuando hace un tiempo se alejó porque Kirchner se había apoyado en el peronismo. Son todas acciones de conveniencia, más que convencimiento.

– Así como hablábamos de una sobreactuación del género, ¿hay una sobreactuación del peronismo hoy por parte de los Kirchner?

– Claro, ellos saben que en la población hay un sentimiento peronista o radical muy fuerte, más allá de que la gente hoy esté descreída de la política, o de los partidos políticos, pero hay un sentimiento muy grande. Sabe que el apoyo que le queda lo tiene fuertemente en el peronismo de la provincia de Buenos Aires, en el conurbano bonaerense, entonces peroniza su discurso. No nos olvidemos cuando Aníbal Fernández en la etapa del 2005 nos dice que nos metamos la marchita donde usted sabe… y después de esa cosa espantosa, hoy van a los actos peronistas, cantan la marcha, toda una simbología con la que él intenta demostrar que es más peronista que ninguno.

– Ya que menciona a Aníbal Fernández, ¿se siente muy defraudada de personajes como él?

– No, la verdad que no me interesan esos personajes que actúan de acuerdo con las conducciones que tienen sobre sí. Si la conducción es agresiva, prepotente, autoritaria, terminan actuando de la misma manera. No era la misma persona Aníbal Fernández cuando estaba bajo la conducción de mi esposo, que era un hombre que hablaba prudentemente… Son personajes que van imitando a quien los conduce.

– Hablando de los que fueron colaboradores del duhaldismo en su momento, el kirchnerismo los heredó…

– … Por decisión de Kirchner. El se queda con parte del gabinete por decisión suya, porque él no tenía equipos. El país había arrancado, estaba funcionando, y él toma la decisión de quedarse con hombres que fueron muy importantes los primeros años. Y él venía casi sin experiencia, porque la verdad que de gobernar un pueblito como Santa Cruz con 150, 200 mil habitantes, a conducir un país, hay una enorme diferencia…

– Esos dirigentes duhaldistas hicieron y hacen una gran defensa del gobierno de Kirchner primero y de Cristina después. ¿Usted hace una diferencia por ejemplo entre la actitud del ministro de Justicia y el papel de otros?

– Hay una diferencia enorme, pero tiene que ver con las condiciones morales de las personas y sus valores. Yo no recuerdo haber escuchado jamás a Ginés (González) tener una expresión escalificadota hacia mi marido, jamás; no se la he escuchado a Roberto Lavagna… Tiene que ver con el tipo de persona que uno es y en consecuencia actúa.

– Usted cohabitó con Cristina en el Senado prácticamente dos años. ¿Cómo fue esa convivencia?

– No hubo convivencia, hubo nada más que participación conjunta en el recinto. Un recinto difícil, porque era nada menos que la esposa del Presidente, y había en Daniel Scioli una actitud de obediencia, de prudencia muy marcada, que hacía que ella le faltara el respeto en más de una oportunidad.

– Hablando de Daniel Scioli, a un año de gobierno en la Provincia, un ámbito que usted conoce perfectamente, ¿qué balance hace de esa gestión?

– Estoy muy preocupada por lo que pasa en la provincia de Buenos Aires, la verdad que en materia social, que son los temas que yo investigo, en los cuales me involucro, la verdad que me preocupa mucho lo que está pasando no solamente en materia de inseguridad, que es lo más fuerte, pero también es muy fuerte lo que está pasando en materia de salud y educación. Hay muchas escuelas que están quedándose sin alumnos; las escuelas públicas están quedándose sin alumnos y ustedes que están en el Congreso saben muy bien que hemos votado hace dos años una Ley de Educación que prevé doble jornada para todos los chicos de escuelas públicas. Y muchas se están quedando sin alumnos, pero no es que van a las privadas -algunos deben hacerlo, otros también que están cerca van a alguna escuela de la Capital-, pero en general abandonan el sistema educativo y están en la calle. Cuando hablamos de 450 mil jóvenes que no trabajan ni estudian y que abandonaron el sistema… Ayer me estaban pasando una información según la cual la Argentina es el país con más deserción escolar…

– A propósito del tema de educación, ¿el Polimodal, que usted apoyó fuertemente, fracasó?

– Creo que no fracasó, que habría que haberle dado continuidad. Vamos a ver lo positivo y lo negativo. El Polimodal logró incorporar alrededor de dos o tres millones de chicos al sistema educativo de la provincia de Buenos Aires, que lo hubieran abandonado si no tenían al lado de su escuela primaria la posibilidad de por lo menos hacer tres años de secundario. Eso permitió incorporar muchos chicos y fue lo positivo. Por ahí, después sobre la marcha lo que notamos fue la dificultad de convivencia entre adolescentes y pequeños; de alguna manera, en algún punto, se encuentran en un recreo, por más que estén separados. Pero sí se habían incorporado masivamente; porque otra cosa que funcionaba muy bien en la Provincia era el sistema de becas. Entre las becas y la cercanía de la escuela, había aumentado la matrícula enormemente. De cualquier manera, el sistema educativo más allá del modelo que se imponga, el cambio de nombres, está pasando por una crisis muy profunda, donde el docente no tiene autoridad, no es respetado por los padres, por los chicos, y tampoco por las autoridades, que no lo ayudan a que pueda recuperar esto. Y el docente hoy se encuentra atendiendo más que nada cuestiones sociales cada vez más complejas.

– A propósito de estas cuestiones sociales, hubo una cosa que durante la gestión bonaerense de su esposo se aplicó, que fue la nocturnidad. Que es una cuestión que ahora probablemente no sería vista con los ojos críticos con los que se la vio en su momento. Muchos esperaban que durante la gestión presidencial de su esposo se aplicara a nivel nacional esa cuestión del cierre de los boliches a las 3 de la mañana. ¿Por qué no se aplicó?

– Cuando mi esposo saca la ley de nocturnidad lo hace con la intención de ayudar a los padres a poder ejercer con amor una acción de responsabilidad. Siempre lo conversábamos, es muy difícil en este momento tener hijos adolescentes; es muy difícil decirle al hijo de uno “no vas a bailar más allá de las 3 de la mañana”, si los demás van hasta las 8… Uno termina convirtiéndose en una mosca blanca. Cuando el Estado toma esa determinación, ayuda a los padres en su conjunto, porque tiene la posibilidad de decir: “Bueno, este es el horario que fijó el Gobierno”. Pero en ese momento la sociedad no estaba madura para entender esto y una parte lo aceptó, otra no. Yo creo que hoy la sociedad entendería mucho mejor la necesidad de ponerle límite a la nocturnidad; pero en el año y cuatro meses de gestión como Presidente, frente a la enorme cantidad de problemas que había por resolver, había que abocarse a las cosas esenciales. Esto se hace cuando un país está puesto en marcha, cuando en el caso de Kirchner tiene seis años de crecimiento, la gente adhiere a su figura, cuando se dan varias condiciones, ese es el momento cuando se aplican ese tipo de normas. En el año y cuatro meses de Duhalde era muy difícil, porque había que atender otras cuestiones.

– ¿En octubre, provincia de Buenos Aires es la madre de todas las batallas?

– Es una elección muy importante; primero porque creo que va a ser importante políticamente para que quede clara la adhesión que tiene el kirchnerismo en la Argentina; pero también va a ser importante porque necesitamos un Congreso de fuerzas equilibradas, donde el oficialismo no saque los proyectos que se le ocurren, que en general, con algunas excepciones como esta Ley de Educación de la que le hablaba, son perjudiciales para la sociedad.

– ¿Y usted de qué lado se ubica, de aquellos que piensan que la oposición debiera hacer el esfuerzo para ir unida, o del que dicen que tiene que ir por separado y unirse en el Congreso?

– Mire, es muy difícil plantearse la posibilidad de unir a toda la oposición; yo creo que eso no se puede dar, no se va a dar, creo que va a aparecer una vertiente radical, que va a sumar al radicalismo tradicional, con Morales, a Elisa Carrió, seguramente a López Murphy, a parte del socialismo; y por otro lado tendrá que haber otro agrupamiento que tenga que ver con los partidos afines al peronismo, el peronismo de aquellos que hoy están en la vereda opuesta al kirchnerismo. Me parece que hay dos grandes grupos, no se si sería buena la unidad de estas dos corrientes.

– Usted fue muy crítica estos días con Reutemann, cuestionando su capacidad de decisión, ¿cómo lo ve para 2011?

– No se, me parece muy prematuro pensar en Reutemann 2011, me parece que tiene que pasar mucho agua bajo el puente, me parece que recién después de lo que suceda en 2009 se va a poder hablar. Creo que es un hombre con falta de decisión, que nos confunde con sus declaraciones, que en el Parlamento ha tenido una actitud de acompañamiento casi permanente, con una o dos excepciones…

– ¿Y Solá?

– Pasa lo mismo, me parece muy prematuro hablar de eso… Yo hoy todavía no veo ningún liderazgo tan importante como para decir esta es la persona en la que me entusiasmaría acompañarla, que despierta sentimiento de adhesión, todavía no veo a nadie tan fuerte. Me parece que es producto de la crisis política que estamos viviendo.

– ¿Qué opina de Macri?

– Me parece un dirigente joven con mucha fuerza, muchas ganas, pero que tiene que tener éxito en su gestión como intendente municipal de la Capital Federal.

– ¿Cuáles son las deudas pendientes suyas?

– Mi gran vocación, le diría que mi única vocación es lo social. Yo estoy muy preocupada por lo que veo que está pasando; hemos abandonado literalmente a los sectores más pobres. En nuestra provincia, cada vez que voy a un barrio y me vengo con algún caso grave de esos a los que el Estado tiene que responder sí o sí y no los resuelve porque se queda atado a la burocracia, por todo lo que sabemos, o porque no interesa, a mí me duele mucho. Mi vocación y mi deuda es seguir avanzando en materia social.

– ¿A qué proyectos se piensa abocar este año?

– Fundamentalmente a las cuestiones sociales. Yo he presentado una variedad de proyectos, treinta y pico, y no he logrado que ni siquiera sean tratados en comisión. Así que… estoy un poco cansada de esta omnipotencia del oficialismo, de esta falta de diálogo y de búsqueda de acuerdos.

– Usted estuvo en dos períodos como legisladora, como diputada hace muchos años y ahora como senadora. ¿Qué diferencia hay entre el Congreso de entonces y el de hoy?

– Creo que el Congreso se ha ido deteriorando en cuanto a la calidad de personas que lo componen. En el Congreso había hombres y mujeres muy importantes, que daba placer escucharlos como oradores en el recinto, tanto del radicalismo como del justicialismo. Creo que ese nivel de gente ha desaparecido.

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