Se trata del dirigente ubicado en el vigésimo segundo lugar de la nómina de candidatos del Frente para la Victoria que se presentó en octubre de 2007. Si el ex gobernador decide dejar su banca para volver a ingresar a través de una lista propia, el oficialismo recuperará un escaño.
El diputado nacional Felipe Solá sigue deshojando la margarita en este verano 2009, mientras decide qué será de su destino en función de las negociaciones que desarrolla con otros sectores. Negociaciones que presumía más sencillas, pero en las que la realidad le está demostrando que pueden ser bastante complicadas, más allá del aura que lo acompaña.
En rigor, el ex gobernador debiera saber ya que los pergaminos de poco valen en política. Le pasó con sus amigos kirchneristas: de nada le valió encabezar la lista de candidatos a diputados nacionales en 2007, aportando lo suyo a la nómina que candidateaba para gobernador a Daniel Scioli y para presidenta a Cristina Fernández de Kirchner. Concluida la elección, ni le concedieron la presidencia de la Cámara de Diputados -como creyó que le correspondía-, ni siquiera le dieron la presidencia de alguna comisión trascendente. Por el contrario, le ofrecieron alguna embajada -como para tenerlo bien lejos- que elegantemente rechazó, y luego le dieron una anchoa para transitar ese desierto al que debió avanzar hasta que hace menos de un año, aun antes de la sequía, descubrió que no le debía nada al kirchnerismo, sino todo lo contrario. Y rompió con el Gobierno.
Pero al hacerlo definitivamente, Solá pensó que se convertiría en un imán para toda la dirigencia peronista disidente con los K, aunque no fue así. Ni pensó que debiera lidiar de igual a igual con su colega empresario Francisco de Narváez. Pensó que el antecedente de haber sido gobernador en dos períodos y pintar como presidenciable, le alcanzaría para ni siquiera tener que sentarse a negociar. No fue así con De Narváez, quien se ha plantado en la provincia con deseos de encabezar la lista del peronismo disidente, y tampoco con vistas a 2011, donde ya le apareció un competidor de fuste como Carlos Reutemann, quien es verdad que deberá sortear antes el escollo nada sencillo de la pelea con el socialismo santafesino en octubre.
La cuestión es que el pobre Felipe anda analizando las jugadas por venir, cual ajedrecista avezado, a sabiendas de que hay dos cosas que no puede hacer: equivocarse, obviamente, por un lado; ni ganarse nuevos enemigos, por el otro.
Así es que por estos días especula con la posibilidad de no presentarse como candidato a diputado nacional, cosa con la que especuló en su momento como para nutrir su bloque propio en la Cámara baja, y repotenciar su figura para las presidenciales de 2011. A esa decisión llegaría en caso de arribar a un acuerdo conveniente con De Narváez, por el cual el diputado de Unión Celeste y Blanco iría por la reelección y él se guardaría para las presidenciales.
Diferente sería si finalmente Néstor Kirchner decidiera competir -probablemente para senador-, en cuyo caso él sería quien saliera a darle batalla.
Pero de momento nada está resuelto y si uno se guía por la posición que hasta ahora ha expuesto Solá, el hombre sería candidato en octubre, en cuyo caso renunciaría -a su debido tiempo- a la Cámara de Diputados.
¿Cuál es su debido tiempo? Avanzado el año, por cuanto igual que Julio Cobos, Felipe sabe que no se puede abandonar ningún espacio que ya se tiene, y el Congreso es un ámbito ideal para hacerse escuchar y, de vez en cuando y si se puede, dificultarle la aprobación de alguna ley al Gobierno.
Así es que mientras decide su destino, hay quienes aguardan expectantes lo que vaya a resolver. Particularmente Juan Carlos Lorges, quien en el hoy lejano 2007 ocupó el puesto 22 en la nómina que Felipe Solá encabezó. Una lista que en función del arrasador triunfo kirchnerista ubicó nada menos que a veinte diputados en el Congreso.
El último en acceder en forma directa a la Cámara de Diputados fue el socialista K Ariel Basteiro, sistema D’Hont mediante. Inmediatamente después, se abrió el espacio para los suplentes que, en honor a la verdad, esperaban una mejor suerte que hasta ahora no tuvieron. Es que contaban con el antecedente de 2005, cuando gracias a todos los integrantes de la lista que siguieron en sus cargos ejecutivos y renunciaron a sus bancas, llegaron a las mismas muchos de aquellos que ni soñaban con esa posibilidad.
Esta vez las renuncias fueron menos y, hoy por hoy, sólo la radical K Silvia Vázquez -ubicada 21°- llegó al Congreso de los suplentes, en su caso porque Florencio Randazzo -quinto en la lista- fue designado ministro del Interior. Detrás aparece Juan Carlos Lorges, quien hasta ahora aguardaba una definición respecto al también socialista K Jorge Rivas, que figura noveno en la lista pero nunca pudo jurar, condenando desde entonces a la Cámara de Diputados a funcionar con 256 miembros. En razón de su estado, se ha resuelto dejar el cargo vacante, aunque es un secreto a voces que Rivas jamás lo ocupará. Pero en función de la holgada mayoría de la que goza el oficialismo, se optó por dejar las cosas como están.
Después de diciembre, según queden los números de los unos y los otros, se decidirá ocupar o no esa banca.
Por lo pronto entonces las expectativas de Lorges están puestas en lo que vaya a decidir Solá. ¿Quién es Lorges? Un referente kirchnerista que encabeza junto a Liliana Di Leo Convocatoria Kirchnerista en La Plata, un espacio que a nivel nacional lideró el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández.
Como Alberto y junto a dirigentes como Julio Alak, Aldo San Pedro y el intendente de San Miguel Joaquín De la Torre, todos de Conovocatoria Kirchnerista, Lorges se reconoce fundador del Frente para la Victoria.
Volviendo a la lista kirchnerista votada en 2007, de los 20 legisladores que llegaron a sus bancas por la provincia de Buenos Aires, hay varios que ya no son K. Comenzando por los primeros dos de la lista, nada menos: Felipe Solá, y Daniel Katz, quien ahora integra el cobismo en la Cámara baja.
A ellos habrá que sumar ahora a Victoria Donda Pérez, alejada hoy del kirchnerismo por discrepancias ideológicas y tal vez a Graciela Camaño, aunque la esposa de Luis Barrionuevo sigue figurando dentro del bloque oficialista, aunque no siempre vote lo que piden desde Olivos.