El credo de Lilita

Desde su irrupción en la política nacional por su participación en la Constituyente de 1994, Elisa Carrió, siempre ha estado en la vidriera por sus definiciones y por sus cambios partidarios. Ahora regresa electoralmente a la UCR.

Atrás, muy atrás quedaron sus primeros pasos en Chaco, donde su activa militancia en el radicalismo le posibilitaron arribar a la lista de convencionales para la reforma constitucional impulsada por el menemismo, pese a que nunca tuvo una relación fluida con los dirigentes de esa provincia, los que nunca le dejaron de reconocer su capacidad intelectual y predicamento en vastos sectores de la sociedad por sus posiciones. Rápida de reflejos, Elisa Carrió comprendió que la disputa del poder no pasaba por el interior, sino que estaba en la Capital Federal, el centro donde se libran todas las batallas.

El recinto de la Cámara baja fue el primer ámbito donde desplegó su arrasadora personalidad y sus intervenciones no pasaron desapercibidas por la erudición de las citas a la hora de fundamentar los proyectos de su autoría o para defender los que ella compartía. Un trabajo que no pasó desapercibido por el resto de sus colegas, pese a no compartir sus posiciones, y en seis de oportunidades, en los años 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, y 2003 figuró entre los diez diputados más laboriosos del año según la encuesta anual de Semanario Parlamentario.

Precisamente en una de sus intervenciones despertó el cuestionamiento de quien hoy es una de sus principales operadoras: Patricia Bullrich, por ese entonces en el bloque de diputados del PJ. Se molestó por los aportes teóricos de Carrió con gestos y palabras, para dejar sentado que no estaba dispuesta a soportar una clase magistral, como se reflejó entonces en estas páginas.

Un discurso que sedujo a más de uno, en particular a los medios de comunicación, lo que le abrió las puertas para ser una cita permanente, en particular en la TV, una herramienta estratégica para la construcción política moderna. “Si no apareces en televisión no existís”, es una frase común en la dirigencia. Y razones no les faltan.

Elisa Carrió probó diferentes espacios partidarios en donde su prédica resulta creíble, lo que le ha permitido sobrevivir y reconstruir siglas por afuera de las estructuras tradicionales, es decir el PJ y la UCR.

Casualmente el centenario partido fue el primer cimbronazo de su carrera. Un buen día, a su estilo, dijo que lo dejaba y que regresaba al llano.

Sucedió durante el gobierno de la Alianza, y el tema detonante fue nada menos que los superpoderes que entonces pidió Domingo Cavallo al desembarcar en esa administración para tratar de sacar a la Argentina de la recesión. Esa ley delegaba facultades en el Poder Ejecutivo y ya había sido buscada por el Mingo en tiempos de Menem, pero entonces el Parlamento consideró que ya le había concedido suficiente a ese presidente. Lo que no logró Menem lo obtuvo Fernando De la Rúa, aunque todo el mundo hablaba de los superpoderes otorgados a Cavallo.

Durante esa votación se produjo la renuncia formal de Elisa Carrió al bloque radical, donde ya venía mostrando sus disidencias, pero con los pies dentro del plato. De ahí tal vez que el anuncio de su renuncia, formulado por ella misma en pleno recinto, recibiera como respuesta aplausos de muchos correligionarios. No porque estuvieran de acuerdo con sus conceptos, sino por librarse finalmente de ella.

De idas y vueltas

Tras ese adiós bien a su estilo formó su propia fuerza y como en esos momentos entrevía que el futuro pasaba por la centroizquierda tendió puentes de amistad con el socialismo, aunque con mayor énfasis con Alfredo Bravo, a quien admiraba como a un padre.

En esos años los intercambios de opiniones con los líderes del menemismo en la Cámara baja fueron memorables, lo mismo que cuando se cruzaba con Cristina Fernández de Kirchner, con quien compartió la Comisión Investigadora de Lavado de Dinero, donde terminaron totalmente peleadas y presentando informes separados y bien diferentes.

Sin lugar a dudas que su intervención en el debate en el que se impidió que asumiera como legislador a Antonio Bussi fue memorable por los argumentos jurídicos esgrimidos. También se recuerda cuando amenazó en más de una oportunidad a los legisladores del justicialismo por delitos de traición a la Patria por las leyes que sancionaban.

Todo hasta que se le cumplió su mandato como diputada y dijo sentirse “aliviada de no seguir en este ámbito”, palabras más, palabras menos.

Paralelamente insistía con el crecimiento del ARI, el que sólo en los principales distritos alcanzó éxitos relativos, ya que en el resto del país no pasaba nada. El papel de esa dirigencia parecía ser eminentemente testimonial, nada más.

Claro que Carrió paulatinamente fue dejando atrás sus banderas de centroizquierda, avanzando hacia posiciones más liberales. En ese marco procedió a convocar a figuras de centroderecha para avalar ese giro.

Una situación que aprovechó el Gobierno para cooptar a los dirigentes y ex diputados nacionales que no compartían esas posiciones, siendo el caso de Graciela Ocaña el más simbólico de todos los que la abandonaron, en este caso de la mano del ex jefe de Gabinete Alberto Fernández. En ese cambio de camiseta, a Rafael “Balito” Romá le tocó la embajada de Paraguay.

Después de las elecciones presidenciales en las que compitió con Cristina Fernández de Kirchner se produjeron las deserciones de ocho diputados con argumentos más que rebatibles, porque llegaron a sus bancas con la Coalición Cívica ya en vigencia, e integrando esas mismas listas, pero recién después de la elección anunciaron su malestar. “Nos deben las bancas”, es una chicana que siempre sale a flote, aunque nadie se da por aludido.

No hagan olas

No está demás recordar que inmediatamente después de los comicios en los que fue derrotada por CFK armó sus bártulos y se fue a Punta del Este. “Fue mi última elección, nunca voy a ser presidente -asumió-. Estoy libre, me voy al mar”. Palabras que generaron un gran desconcierto entre sus seguidores, en particular porque imaginaban su futuro sin Lilita: algo así como cruzar el desierto electoral con una anchoa en la boca.

Sus allegados iniciaron rápidamente un operativo clamor, como confesó uno de ellos a Parlamentario bajo riguroso off the record, el que al final dio sus resultados positivos y la mujer emprendió la vuelta, renaciendo las esperanzas de estar nuevamente en carrera rumbo a Balcarce 50.

Pasaron los meses, se agudizó la crisis económica, sobrevinieron las revueltas del campo y en septiembre de 2008, en un congreso del ARI en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, les prometió a sus seguidores que será presidenta en 2011.

A propósito de ello, ¿quiénes son seguidores? La consulta a sus allegados da como resultado la presencia de radicales y peronistas desencantados con las conducciones de sus partidos, o porque visualizan que ya no tienen cabida en los mismos, o en sus planes estratégicos. Agregan a la lista de aristas a religiosos, socialistas, independientes, ex Montoneros, ex presos políticos, piqueteros y un largo inventario que depara más de una sorpresa.

A todos ellos les acaba de recitar su máxima partidaria. “La mayoría de las personas no tiene perspectiva ideológica. La tienen los centros urbanos y los bares de la ciudad. Hay un fuerte pensamiento de clase. Otro origen intuitivo, vinculado a la religión. Pero lo que puede unir al electorado son los principios, no las ideologías. Y entre las fotos que elige la sociedad hay que optar por esas que detrás tienen conductas. Si en alguna gente del PRO veo conductas que coinciden con nuestros principios, ¿por qué negarse a estar en una lista juntos?”, es el nuevo credo de Lilita que circula entre los suyos, y nadie ha salido a rebatirla. Más bien todo lo contrario, como una muestra de fidelidad a su persona.

En ese contexto, Carrió y la Coalición Cívica salen a disputar el poder en las elecciones de octubre, porque para ellos -al igual que para toda la dirigencia política de todos los signos- no hay 2011 sin 2009.

Entonces, a Carrió no le quedó más remedio que unirse en una boleta con quienes siempre descalificó, como si nada hubiera pasado. Lo mismo podría decirse del radicalismo, embarcado en esta alianza con la CC, salvo algunas voces que ya han salido a cuestionar al titular del Comité Nacional, Gerardo Morales.

La de la UCR y la CC será unidad concreta fundamentalmente en la provincia de Buenos Aires y Capital Federal, ya que en Santa Fe el socialismo a través de Hermes Binner ya anticipó que el frente electoral mantendrá su impronta, es decir que no habrá modificaciones en el esquema que los llevó al poder.

Puertas adentro de la CC, admiten en conversaciones con Parlamentario que no les quedaba otra salida en relación al armado con la UCR, “ya que en el resto del país no se tiene la fuerza suficiente para demostrar que tenemos una presencia nacional, razón para buscar aliados al precio que sea”.

Un dato que se corrobora cuando señalan las andanzas del diputado nacional Héctor “Toty” Flores. En su distrito, La Matanza, el más importante de la provincia, tiene la misión de seducir a las huestes de la Corriente Clasista y Combativa, brazo del maoísta PCR, y al inefable piquetero Raúl Castells, los que aceptaron intrigados el convite de dialogar con la líder de la CC. Una tarea que ya ha sido compensada: Carrió le prometió públicamente a Flores que será su ministro de Desarrollo Social cuando arribe a Balcarce 50 por “cuatro años”, nada más.

Un ejercicio de pragmatismo que se expresa también con el tendido de puentes hacia el mundo empresarial nacional e internacional, donde juegan un papel preponderante Alfonso Prat Gay, primer candidato a diputado nacional por la Capital Federal, y el legislador porteño Enrique Olivera.

Simultáneamente coquetea con el PRO, aunque excluye a Mauricio Macri, para meter cuña más que todo en sus filas, pero ya redondea un frente concreto con el partido que la vio nacer y partir, y ahora regresar silbando bajito. Ya están trabajando en una especie de comité de campaña Adrián Pérez y María Eugenia Estenssoro, junto a Oscar Aguad y Ernesto Sanz, los jefes de bloques de la UCR, mientras Patricia Bullrich ejerce su afinidad con Ricardo López Murphy, de quien fue socia política allá lejos y hace tiempo.

En el caso de Buenos Aires, el puesto número ya tiene nombre: Margarita Stolbizer, los demás casilleros serán materia de conversaciones. En Capital Federal sucede lo mismo.

En cuanto a la participación del socialismo en este acuerdo, ese es un misterio a develar. Por lo pronto en Capital Federal, el diputado nacional Roy Cortiña plantó bandera y dijo no a esas alianzas. En el resto de los distritos están en conversaciones.

Un entramado que excita a más de uno en cuanto al final, más precisamente cuando llegue el turno de hablar de candidaturas y fundamentalmente de lugares en la boleta. Esa será la madre de todas las batallas.

Queda un largo camino por recorrer, y en el ínterin Elisa Carrió seguirá predicando su credo anti K, base fundamental de un futuro común.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password