“Tenemos ahora la oportunidad de pagar la deuda social pendiente con nuestros pueblos”, aseguró el vicepresidente de la Nación en la Asamblea Nacional de la República de Ecuador.
El titular del Senado Julio Cobos participó de la Comisión General en la Asamblea Nacional realizada en Ecuador. La recepción, realizada en el salón Plenario del Palacio Legislativo, estuvo a cargo de Fernando Cordero Cueva, presidente de la comisión Legislativa y de Fiscalización de dicha Asamblea de la cual participaron también delegaciones de otros países de Sudamérica.
Precedieron al vicepresidente argentino Hernán Andrade Serrano; presidente del Senado de la República de Colombia, Ricardo Alarcón Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba; la senadora argentina Selva Judith Fortsmann, presidenta de la Confederación Parlamentaria de las Américas y finalmente Ivonne Baki, presidenta del Parlamento Andino.
A continuación, parlamentario.com publica el texto completo del discurso del presidente del Senado, Julio Cobos:
“Estimados miembros de la Asamblea Nacional de la República de Ecuador, autoridades que nos acompañan. He tenido, en este viaje, la posibilidad de conocer este hermoso país y he apreciado no sólo la riqueza patrimonial y las bellezas naturales de su hermosa ciudad; sino también la amabilidad y la cordialidad de su pueblo y su gente. Agradezco entonces la invitación que me fuera realizada para estar aquí y poder hablar de oportunidades.
Nos convoca hoy, el desafío de enfrentar una nueva crisis mundial, que nadie acierta a definir claramente sus causas y, menos aún, prever su profundidad ni su duración. Tampoco se percibe por ahora, a pesar de las apabullantes cifras que se manejan, una clara orientación de cuales serían las políticas y programas para detener la caída y comenzar a remontar la cuesta que, ahí sí, todos parecen coincidir en que será escarpada, difícil de superar y prolongada.
En medio de esta incertidumbre, sin embargo, lo único evidente es que debe surgir un nuevo paradigma, ya que el anterior hizo implosión y ha llegado a su fin. Las políticas neoliberales sostenían que el mercado podía autorregularse, corregir sus desviaciones, dar solución a los problemas cíclicos de la economía y proveer la mayor cantidad de bienes de la mejor calidad si se dejaba actuar libremente el interés individual. En consecuencia se reclamó un estado mínimo y la privatización de sus empresas sin tener en cuenta su valor estratégico o que fueran importantes fuentes de recursos para sus rentas, imponiéndose la apertura indiscriminada de la economía y la desregulación financiera absoluta.
De este modo, la sacralización del mercado junto a la descalificación inapelable del estado, terminaron siendo el verdugo del sistema del que decían ser su fundamento.¿Cuál será el modelo que lo reemplace?, es incierto determinarlo todavía y dependerá, en gran medida, de los valores que prevalezcan en su adopción.
En mi opinión, la dolorosa situación en la que estamos inmersos, debería servir para que el mercado y el Estado, inauguren una nueva forma de convivencia, en la cual este último asuma la tarea de armonizar los requisitos del correcto funcionamiento de la economía con el resguardo de las necesidades de la población. Es decir, que reconociendo al mercado como un instrumento fundamental de la economía capitalista moderna, el Estado asuma el rol de atemperar sus consecuencias negativas para lograr una sociedad más equitativa y más justa en la cual, el derecho al bienestar de la población y el bien común sean prioritarios, y la económica y el funcionamiento del mercado, instrumentos a su servicio. Para esto creemos imprescindible cambiar la historia de los últimos años, por una estrecha colaboración entre el sector privado y el estado en el abordaje de los problemas no sólo de la economía, sino también los de la sociedad, debiendo ser éste el eje central.
En lo que a América Latina concierne, sin haber participado en la generación de esta crisis, sufrirá sus consecuencias que se manifestarán en tres aspectos diferentes: el financiero, el económico y el que más duele, el social. Estamos ante la presencia de una mayor retracción de la demanda mundial y de una marcada caída de los precios en el mercado internacional, que tendrán en nuestras economías claros impactos en el PBI y en las fuentes de trabajo. En este marco, es de prever que cada país continúe generando diferentes políticas tendientes a morigerar los efectos de la crisis, en cualquiera de las expresiones descriptas: financieras, económicas y sociales; conforme a las realidades de cada uno.
Los Parlamentos, donde toda la sociedad está representada, tienen la responsabilidad de apoyar y enriquecer las acciones emanadas de los poderes ejecutivos, como así también, generar propuestas acordes a las circunstancias actuales. Debe ser prioritario que, estas políticas no afecten ni comprometan las economías de los otros países de la región sino que, por el contrario, aporten en forma concurrente a una solución integral, lo que nos permitirá en conjunto establecer una relación más equilibrada en el nuevo orden mundial. Orden que está signado por la aparición de poderosos actores económicos como Japón, Corea, China, India y los países del sudeste asiático que, junto con otros, han dado lugar a la conformación de un nuevo eje económico en el Océano Pacífico, un mundo multipolar y un mayor desarrollo del proceso de globalización. Estos actores, por sus dimensiones demográficas y económicas, darán a su demanda, carácter de permanente y creciente, lo que implica, en el mercado internacional, precios más altos y sostenidos, sea quien fuere su comprador.
Como contra parte, América Latina tiene una generosa y diversa dotación de recursos naturales:
- Las reservas energéticas, ya sea en petróleo, gas, hidroelectricidad y la posibilidad de desarrollar fuentes alternativas, son enormes y exceden nuestras posibilidades de consumo a mediano plazo.
- La minería ha alcanzado un desarrollo muy importante y las riquezas de sus yacimientos garantizan la posibilidad de la expansión necesaria.
- La capacidad de producción de alimentos y las agroindustrias derivadas, en virtud de la diversidad de climas propicios tiene la variedad y dimensión para satisfacer las demandas a futuro.
Hemos tomado sólo tres grandes rubros a título de ejemplo pero podríamos, sin gran esfuerzo extender la lista. En todos ellos existió una activa incorporación tecnológica y una excelente calificación del recurso humano, que permitió incrementar en cantidad y calidad la producción. En resumen, la excelencia de los recursos naturales de América Latina, el avance tecnológico, la diversificación e incremento de su producción, el nivel de competitividad logrado por sus productos y el significativo grado de industrialización alcanzado, crean una oportunidad histórica y excepcional.
Si bien no podemos desconocer la magnitud de la crisis que se avecina, tampoco debemos ignorar esta oportunidad decisiva para nuestro destino como región. Es necesario alzar la voz para que se escuche en todos nuestros países: América latina, ahora es nuestra oportunidad. La oportunidad de pagar la deuda social que tenemos con nuestros pueblos, que poseen amplios sectores sumidos en una marginación que es un baldón para quienes tenemos el deber de evitarla.
La bonanza no puede ser sólo para unos pocos. Se necesitan ya, las medidas asistenciales que la urgencia impone, pero además debemos progresar mucho todavía en la distribución del ingreso nacional, mediante políticas fiscales que permitan generar riqueza, pero que además garanticen una equitativa y justa redistribución. Debemos lograr que el estado asegure mediante una financiación solidaria el goce de un conjunto de derechos sociales de cobertura universal y acceso igualitario: Salud, educación gratuita y obligatoria, vivienda y habitat, jubilaciones y pensiones, seguro de desempleo y protecciones específicas para grupos de riesgo, constituyen el único modo de asegurar, la igualdad de oportunidades en el punto de partida, y así avanzar en la democratización de nuestros pueblos y hacer que la libertad sea libertad para todos.
Debemos garantizar la tranquilidad necesaria a los trabajadores mediante una adecuada legislación y la vigencia de las convenciones colectivas de modo tal de proteger sus derechos. Apoyar enérgicamente la investigación científica, el desarrollo tecnológico y su incorporación a renovados modos de producción para poder insertarnos en la nueva economía del conocimiento.
Nuestra vocación latinoamericana debe traducirse imperiosamente en una mayor integración regional que nos permita participar en esta globalización en un pie de igualdad con otros hiper bloques. Para ello, necesitamos obras de infraestructura que atraviesen nuestras selvas y desiertos, perforen nuestras montañas, sorteen nuestros cursos de agua, acortando distancias y vinculando cada rincón de nuestro continente, haciendo de nuestros países una sola nación. Surge aquí la necesidad de consolidar una banca supra nacional, capaz de atender los requerimientos de financiamiento de los países y apoyar las inversiones para su desarrollo y por ende el de su conjunto. Necesitamos también el intercambio educacional, académico y cultural con vista a potenciar recíprocamente la capacidad y perfeccionamiento de nuestros recursos humanos, achicar las posibles diferencias en el dominio de instrumentos científicos tecnológicos y afianzar los lazos de hermandad que nos unen.
Debemos apuntalar nuestras democracias constitucionales para que el estado pueda sumir sin retaceos la obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, de modo tal de garantizar el estado de derecho, las instituciones republicanas, el origen democrático del poder, la paz, la justicia y la libertad. Pero la integración no se logrará sin esfuerzos, sacrificios, tolerancia y solidaridad. Esto nos exigirá, en el ámbito intraregional, la decisión de postergar circunstancialmente algunos intereses sectoriales, renunciar temporalmente al uso de ventajas estructurales y otorgar concesiones.
Deberemos también asumir la necesidad de un esfuerzo sostenido no exento de algunos sacrificios. Se trata, de una opción por la solidaridad y la cooperación.
Estamos en momentos de nuestra historia con verdaderos desafíos, pero no exentos de oportunidades. Somos un eslabón de este tiempo histórico. Si asumimos nuestra particular responsabilidad, la cadena de generaciones que nos sucedan podrá, seguramente, concretar nuestros sueños".