Ambas cámaras no tienen una fluida comunicación y elaboran proyectos de ley sobre el mismo tema y con el mismo objetivo por separado. Se acaba de aprobar en la Cámara baja un proyecto para crear un registro de violadores, a pesar que ya existía una media sanción del Senado sobre este tema. Ahora, hay dos iniciativas con aprobaciones de una cámara. Para rubricar este aislamiento, el acceso que comunica ambas cámaras legislativas está cerrado con doble candado.
Cadenas y candados separan a la Cámara de Diputados de la Cámara de Senadores, obstruyendo así la comunicación entre ambos recintos a través del Salón de Pasos Perdidos.
En este marco institucional trabaja el Parlamento nacional, que en un año electoral sigue funcionando con resoluciones de los titulares de ambas cámaras emitidas por “celos” entre las disposiciones de seguridad.
Este aislamiento y problemas de “cartel” -como en el ámbito de los artistas– quedó demostrado en la primera sesión de Diputados de 2009, cuando se aprobó un nuevo proyecto de ley que crea un registro de violadores que es de autoría de varios diputados oficialistas, mientras que el año pasado el Senado había aprobado un proyecto similar también de senadores oficialistas.
Si bien es cierto que en las comisiones de la Cámara baja se había empezado a elaborar el proyecto de registro de ADN, el Senado se anticipó a dar media sanción a una iniciativa similar a la que se estaba conformando en Diputados. Lo que afirma su similitud es que a ambas cámaras concurrieron las mismas organizaciones sociales, pero hubo un problema de “vedetismo” político y el Senado ganó la pulseada. Igualmente, en los pasillos ya se rumorea que el proyecto de Diputados será quien finalmente sea ley.
En este mismo sentido, la senadora ex oficialista Sonia Escudero reconoció a Parlamentario.com que “no se sabe en lo que se está trabajando en la otra Cámara y hay poca colaboración”.
“La mayoría nos enteramos por los medios”, señaló.
En conclusión, a pesar de tener 25 años, la democracia está muy inmadura y falta mucho por hacer, principalmente comprender que las instituciones son más importantes que los hombres y los nombres.