Hubo un tiempo en que los intendentes de la provincia de Buenos Aires debían gestionar aportes de distinta naturaleza ante la Casa Rosada y en muchos casos debían esperar horas para que el primer mandatario, Néstor Kirchner, los atendiera.El esquema de compensaciones del poder central a los jefes comunales que manifiesten simpatías política por la […]
Hubo un tiempo en que los intendentes de la provincia de Buenos Aires debían gestionar aportes de distinta naturaleza ante la Casa Rosada y en muchos casos debían esperar horas para que el primer mandatario, Néstor Kirchner, los atendiera.
El esquema de compensaciones del poder central a los jefes comunales que manifiesten simpatías política por la conducción K sigue activo, según relató un legislador bonaerense del conurbano a un cronista de Parlamentario.
Pero increíblemente ahora las cosas son distintas. Ya no son los intendentes los que visitan la Casa Rosada en búsqueda de fondos frescos para la gestión sino, que son operadores de la administración K los que deambulan por el conurbano facilitándole las cosas a los mandamás distritales. Los tiempos cambian y los dirigentes también, ni qué hablar de los jefes comunales del primer cordón de la provincia de Buenos Aires.