De acuerdo con todos los pronósticos, la que viene podría ser la más mala elección de la historia de un oficialismo en Capital Federal. Y también la peor del PJ.
Por Pablo Winokur
La Ciudad de Buenos Aires es el distrito más complejo de entender electoralmente hablando. Sus ciudadanos no siguen patrones estrictos, aunque tienen una tendencia al antiperonismo. En las elecciones de junio se podría dar una particularidad: sería la peor elección de un oficialismo en la historia del distrito, donde el marcador podría quedar en cero. También podría ser la peor elección del peronismo en la historia de una ciudad que siempre le fue adversa.
En lo que hace al número de bancas, sólo una vez el PJ pudo hacer pie en el distrito: en 1989, con la victoria en las urnas de Carlos Menem. En aquella oportunidad obtuvo cinco bancas, una más que el radicalismo. Cuatro años más tarde, en 1993, el justicialismo volvía a ganar en cantidad de votos, pero empató en bancas. Tanto el PJ como la UCR obtuvieron cinco bancas cada uno.
Para obtener una diputación en la Ciudad de Buenos Aires se requiere entre 5 y 10%, dependiendo de la fragmentación electoral vigente. Cabe recordar que el sistema de representación D’Hont, favorece con más bancas a las mayorías en detrimento de las minorías. Cuantos más votos se obtiene, más bancas se ganan en proporción. Por ejemplo, en 2007, la Coalición Cívica obtuvo el 15,29% de los votos y eso le valió tres escaños. En cambio en 2005, el Frente para la Victoria necesitó el 20,49% para obtener la misma cantidad. En 2001 la Alianza ganó la elección con 19,49% y obtuvo cuatro bancas. Es decir, los porcentajes varían en función de la fragmentación del voto.
Hoy, el kirchnerismo/Frente para la Victoria/PJ, no tiene ningún candidato oficial. La pregunta es si, en un escenario de fragmentación, logrará los votos mínimos para colocar un diputado nacional.
Historia electoral del distrito
Para entender hay que trazar una línea en antes y después de 2001. Hasta ese año la Ciudad de Buenos Aires era un bastión radical. El PJ apenas había podido obtener buenos resultados en 1989, gracias a la tracción del candidato presidencial Carlos Menem y en 1993, con un radicalismo desconcertado y en el mejor momento de la Convertibilidad, incluso, en este año no logró superar en cantidad de bancas a la UCR.
En busca de una opción verdaderamente opositora, en 1995 ganó el Frepaso, también gracias a la tracción de la fórmula presidencial Bordón-Alvarez. Fuera de estas excepciones el radicalismo siempre fue hegemónico: ganó en 1983 (14 bancas), 1985 (7), 1987 (6) y 1991 (6).
Cuando en 1997 se conformó la Alianza UCR-Frepaso se batieron todos los récords. Ese año la fórmula, encabezada por el mismo Chacho Alvarez, obtuvo nueve escaños. En la elección presidencial de 1999 llegó a obtener ocho bancas. Y luego volvió a ganar en 2001, en plena crisis política del que se vayan todos. Pero esta vez sólo ganó cuatro diputaciones, que se repartieron entre los restos del Frepaso y la UCR.
Ya en 2003 se vio la verdadera eclosión. Con el camino despejado a nivel nacional (las elecciones presidenciales habían sido en abril) la elección para diputados nacionales se convirtió en una disputa distrital. Se hicieron el mismo día que la elección de Jefe de Gobierno, con lo cual nadie se acordó de las legislativas. El macrismo ganó ese año y se quedó con cinco escaños, merced a la buena performance de su líder como candidato.
En 2005 otra vez hubo elecciones legislativas, esta vez sin que hubiera en juego un premio mayor. Macri fue como candidato y volvió a ganar. Ese año el PRO se quedó con seis bancas, superando la histórica performance del radicalismo en el distrito.
2007 fue la peor elección para una mayoría. La Coalición Cívica obtuvo apenas tres bancas y el 15,29% de los votos. Claro que, como la elección de diputados fue pegada a la de presidente, en el distrito ganó Elisa Carrió, pero los votos para legisladores se dividieron entre los candidatos de la CC y los del Socialismo que obtuvo otras dos bancas.
Resulta casi imposible predecir qué sucederá en este distrito en lo que respecta a distribución de bancas. Las encuestas preliminares indican que ningún espacio político tiene los votos atados, sino que dependen fuertemente de quienes encabecen las candidaturas.
Sea como fuere, se vislumbra una polarización entre el PRO y la CC. Seguramente sería la peor elección de la historia de un oficialismo, aún peor que la del PJ menemista en 1997 que había llegado a cosechar dos bancas.