Un 4 de julio de 1989 nacía el medio que empezaría a narrar desde adentro todo lo que pasaba en el Parlamento nacional.
Hace 20 años se comenzaba a escribir la historia del Congreso de la Nación Argentina. Hasta entonces, sólo los medios nacionales reflejaban lo que sucedía al interior de la Casa de la Democracia. Pero apenas destinaban unas páginas por semana para ello, y dejaban afuera muchas cosas que -aunque menos resonantes- son de importancia para el funcionamiento del país.
Proyectos de ley presentados, debates de leyes menos rimbombantes, acuerdos y desacuerdos dentro y fuera de los bloques parlamentarios, el rol de los legisladores del interior en cada una de estas situaciones… todo eso no tenía lugar en los grandes diarios nacionales. Semanario Parlamentario tenía espacio para eso y para mucho más. Así se empezaron a escribir algunas crónicas que en su momento sirvieron para entender un poco mejor lo que pasaba; hoy nos permiten explorar la historia de este Congreso. 20 años no es nada… pero mucho agua corrió debajo del puente.
Día de la Independencia
Para los Estados Unidos el 4 de julio es el Día de la Independencia. Los argentinos todavía teníamos que esperar cinco días más para los festejos. Aunque el mes de julio de ese año no habría mucho que festejar: el país estaba asediado por una brutal crisis económica hiperinflacionaria y los rumores de un golpe militar crecían, en caso que la democracia no pudiera sortear la crisis. Pocos días antes, había habido elecciones presidenciales: el peronista Carlos Menem había derrotado al radical Eduardo Angeloz con el 47,49% de los votos. El gobierno de Alfonsín estaba sitiado por la crisis, los militares y un presidente electo con toda la legitimidad del voto popular. Por eso no pudo terminar su mandato y tuvo que adelantar el traspaso para el 8 de julio. Un día antes del aniversario de la Independencia argentina; cuatro días después del nacimiento de este medio.
Los días previos a la asunción -ya con Parlamentario en la calle- se hablaba de las nuevas medidas que el gobierno de Menem llevaría al Congreso. El principal era un proyecto de ley de emergencia y reestructuración de las empresas del Estado. La idea -del vicepresidente del bloque de diputados peronistas, Augusto Alasino- era intervenir las empresas públicas “para racionalizar personal”. El proyecto eliminaba la estabilidad de los empleados y la condición de sumario previo, y sería cumplimentado con otro que declararía sujetas a privatización o transferencia a todas las propiedades del Estado. También se suspenderían todos los juicios contra el Estado.
Por esos días, la Cámara de Diputados era presidida por Leopoldo Moreau. Alasino y Manzano se tiraban de las mechas por la presidencia del bloque justicialista y César Jaroslavsky estaba al frente del bloque radical. El 6 de julio asumió, en lugar de Moreau, Alberto Pierri, quien fue presidente de la Cámara baja durante toda la gestión menemista.
Menem asumió en el Congreso un sábado: en su primer discurso se comprometió a dar una gran batalla contra la hiperinflación, alentar la revolución productiva, solucionar de manera “definitiva y terminante” la problemática militar. “Argentina, levántate y anda”, repitió tres veces, y luego comenzaron a entonar la marcha peronista. Los detalles de esa asunción fueron publicados en el segundo número de Parlamentario. Pero la historia recién comenzaba.
Viejos conocidos
Rastreando en los archivos de este medio se puede detectar el rol central que tuvieron en la argentina de la década de los ’90 quienes hoy denostan las políticas públicas. Miguel Angel Pichetto, Eduardo Fellner, Jorge Yoma, Patricia Bulrrich, Beatriz Daher, Alberto Herrera, Marcelo López Arias, Emilio Martínez Garbino, Oscar Massei, Mabel Müller, Mario Santander, Carlos Snopek, José María Díaz Bancalari, Adriana Bortolozzi, Hilda González de Duhalde, Guillermo Jenefes, Roxana Latorre, Julio Miranda, Ramón Saadi, Carlos Reutemann y Juan Carlos Romero son algunos de los hoy legisladores que participaron del bloque oficialista de aquella década en el Senado y la Cámara de Diputados. No es un dato menor.
Durante esos años se sancionaron todo tipo de leyes. Las más recordadas sin dudas serán las privatizaciones: Entel, Aerolíneas Argentinas, Gas del Estado, YPF, Banco Hipotecario, las AFJP…
De ellas, la más icónica -y grave- es la de Gas del Estado que fue lograda gracias al quórum brindado por un “diputrucho”: un asesor se sentó en la banca de un diputado, con la anuencia del entonces jefe de la Cámara baja, Alberto Pierri.
Otro de los temas clave que se trató en el Congreso fue la ampliación de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: se aprobó en apenas unos minutos, durante la madrugada y fue uno de los hechos lamentables de aquella época para lograr el visto bueno de la Justicia a las reformas que se estaban impulsando.
Todas esas leyes -sumada a la Ley de la Convertibilidad, que fue la pieza central del plan económico de los 90- eran requeridas por el entonces superministro de Economía, Domingo Cavallo. Durante más de la mitad de las dos presidencias de Menem, Cavallo fue la estrella del gabinete y sus deseos eran órdenes en el Congreso de la Nación. Sin embargo, poco antes de dejar su cargo debió sufrir una interpelación en el recinto de la Cámara baja, en una de las sesiones más recordadas de la década: allí denunció la existencia de mafias y señaló como máximo responsable al empresario postal Alfredo Yabrán.
Más allá de lo económico, varias leyes fueron importantes en el período: el tratado sobre los Hielos Continentales, donde el Senado tanto de Argentina como de Chile aprobaron en 1998, la ley de Cupo Femenino en 1994, la reformulación de las FF.AA y la derogación del servicio militar obligatorio y la Ley Federal de Educación.
En lo político, lo más importante fue la reforma de la Constitución nacional, cuya necesidad fue dictada por el Congreso de la Nación. En su reforma participaron muchos senadores y diputados nacionales en calidad de constituyentes. Además de incluir derechos sociales y políticos, implicó la mayor reforma política en años para la Argentina: reelección presidencial, fin del colegio electoral para nombrar el presidente, voto directo de senadores, la incorporación del tercer senador por la minoría, el Consejo de la Magistratura, el informe mensual del jefe de Gabinete y la creación de los DNU.
Hasta 1997 Menem contó con una cómoda mayoría en ambas cámaras del Congreso. Sin embargo, los dos últimos años de gestión -gracias a la rotunda victoria de la Alianza UCR-Frepaso en las legislativas- el Gobierno perdió su mayoría en Diputados. Así se logró por ejemplo, la derogación de la ley de Obediencia Debida, al menos de cara al futuro.
Efímera ilusión
El año ´99 nos encontró con las energías renovadas. Las urnas hablaron y los argentinos éramos más. La Alianza de la UCR con el Frepaso ganaba las elecciones presidenciales, con la fórmula Fernando De la Rúa-Carlos “Chacho” Álvarez. Prometían trabajo, justicia y educación. Sin embargo, el primer paquete de leyes que llevó al Congreso fue la famosa “Tablita” de Machinea, es decir, un impuestazo.
El gobierno de la Alianza no tuvo paz. A comienzo de 2000 llevó una reforma laboral al Congreso que flexibilizaba aún más el régimen de contratación de trabajadores (ya Menem había hecho lo suyo). El peronismo al principio amenazó con frenar la reforma laboral en el Senado, donde tenía mayoría, pero finalmente la ley pasó. Dicen que el entonces ministro de Trabajo, Alberto Flamarique (Frepaso) habría dicho: “Por los senadores del PJ no me preocupo. Para ellos tengo la Banelco”, en alusión al pago de ciertos sobornos.
Una vez sancionada esa ley, la sospecha de que existieron coimas para aprobarla empezó a crecer. El vicepresidente Carlos Álvarez, en su rol de titular del Senado, el cuerpo denunciado, se montó encima de la denuncia y dijo que investigaría hasta las últimas consecuencias. Mientras, la crisis económica se profundizaba y se hacía cada vez más fuerte. Tal vez por esto, tal vez por los escándalos de corrupción, Fernando de la Rúa decidió encarar un cambio de gabinete.
Pero lejos de remover a los funcionarios sospechados, ascendió a Flamarique. Chacho entendió esto como un desaire personal y renunció a su cargo de vicepresidente. Ahí comenzaría la crisis política que, junto con los problemas económicos, terminaría con el Gobierno de la Alianza.
La economía seguía sin funcionar. En marzo de 2001 se fue Machinea e intentó asumir López Murphy; pero como su programa económico no cayó bien, finalmente la Alianza cayó en Domingo Cavallo, el padre del modelo. Hiperactivo, volvió a exigirle al Congreso la aprobación de algunas leyes: superpoderes, facultades especiales, impuesto al cheque y cambios en la ley de la Convertibilidad eran algunas de las medidas que pidió como condición para asumir: todas fueron aprobadas. El último ajuste que le fue concedido fue el recorte del 13% a los sueldos de empleados públicos y jubilados.
En mayo de ese año se creó la Comisión Especial Investigadora sobre Hechos Ilícitos Vinculados al Lavado de Dinero en Argentina. Estaba presidida por Elisa Carrió e integrada por Gustavo Gutiérrez, José Vitar, Graciela Ocaña, Daniel Scioli, Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Soria, Margarita Stolbizer, Horacio Pernasetti y Franco Caviglia. El tema generó un escándalo.
En 2001 había elecciones y al Gobierno no le fue bien. Perdió en todo el país a manos del peronismo, aunque con altos niveles de ausentismo, voto en blanco e impugnaciones, en un fenómeno que se dio en llamar “voto bronca”.
El peronismo decidió aprovechar la estrecha victoria para hacerse con las presidencias de la Cámara de Diputados y el Senado. Eduardo Camaño reemplazó al radical Rafael Pascual y Ramón Puerta reemplazó a Mario Losada, entonces presidente provisional del cuerpo.
Diciembre amaneció con el Corralito, por el cual el Gobierno congelaba los depósitos. Cavallo prometía un recorte de diez mil millones de dólares más, algo que parecía imposible de lograr en la Argentina. Mientras tanto, diputados y senadores votaban la Coparticipación de la ley del Cheque, dejando aún más complicada la situación fiscal de la Nación. Algunos sectores pedían la dolarización de la economía; otros la devaluación
El 19 de diciembre comenzaron los saqueos en la provincia de Buenos Aires. De la Rúa intentó dictar el Estado de Sitio y esa noche, y al día siguiente, hubo cacerolazos en todo el país. De la Rúa renunció y se fue en helicóptero.
El Congreso, piloto de tormentas
En ese marco, el Congreso quedó a cargo del país. Ramón Puerta quedó como presidente interino y convocó a una Asamblea Legislativa que puso en el poder al gobernador puntano, Adolfo Rodríguez Saá, que como primera medida declaró el default de la deuda. Duró una semana, renunció y se convocó a otra Asamblea que nombró a Eduardo Duhalde como presidente transitorio hasta 2003.
El 6 de enero de 2002 el Congreso puso fin a la Ley de Convertibilidad. Un peso dejó de ser un dólar, gracias a una ley de emergencia que además congelaba las tarifas de servicios públicos y daba superpoderes al Gobierno.
Comenzaron las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional que exigió dos leyes claves: reforma a la ley de Quiebras y a la de Subversión Económica. Ambas fueron las leyes más difíciles para el gobierno de Duhalde, que amenazó con renunciar si no se aprobaban. La primera pasó sin más problemas. Pero la segunda se negó en Diputados y hubo que modificar el proyecto en el mismo recinto. En el Senado apenas se consiguió un empate gracias a que la senadora radical rionegrina Amanda Isidori se levantó de su banca por orden del gobernador de su provincia, Miguel Saiz. Como ella no votó, se forzó el empate y el entonces presidente provisional, Juan Carlos Maqueda, dio su voto positivo.
El resto del Gobierno de Duhalde transitó sin sobresaltos en el Congreso. Pero en la calle siguieron los problemas y él decidió anticipar la entrega del poder, luego del asesinato de Maxí Kosteki y Darío Santillán, en el Puente Avellaneda.
La era K
Néstor Kirchner asumió la Presidencia en el Congreso, el 25 de mayo de 2003, luego de que el ex presidente, Carlos Menem, se bajara del ballotage. En su discurso de asunción dijo que no dejaría sus ideales en la puerta de la Casa Rosada. Y al menos al principio cumplió. Anuló las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, decretó una forma más transparente de elección de jueces de la Corte Suprema, se llevó a juicio político a algunos de sus viejos miembros, intervino el PAMI… todo eso se hizo con la participación del Congreso de la Nación. Pero mientras muchos elogiaban ese estilo ejecutivo, otros empezaban a tildarlo de hegemónico: se quejaban porque el Gobierno no permitía modificar ni una coma a las leyes que enviaba. Así surgió la famosa frase de que el Congreso era una escribanía del Ejecutivo.
Otras leyes importantes se dictaron durante el Gobierno de Néstor Kirchner. Algunas de ellas positivas como la de Educación Técnica, financiamiento educativo o la Ley Nacional de Educación. Otras fueron negativas para el Congreso como las prórrogas a las leyes de emergencia, los superpoderes, la reforma al Consejo de la Magistratura o la reglamentación laxa de los DNU.
Luego de cuatro años de mandato de Néstor, éste fue sucedido por su esposa, Cristina Fernández de Kirchner quien también asumió en el Congreso y habló ante las Cámaras con un discurso que prefirió no leer.
Durante la primera mitad de 2008 el Congreso, se dedicó a analizar la resolución 125 que imponía retenciones móviles a la exportación de algunos productos agropecuarios. El tema se aprobó en diputados, pero se frenó en Senado por el voto no positivo de Julio Cobos. Luego, vinieron otras leyes importantes como la estatización de Aerolíneas Argentinas y las AFJP.
2009 todavía es una incógnita. El Congreso todavía casi no sesionó y las elecciones legislativas dejaron un resultado que deja un panorama incierto. ¿Cómo funcionará este nuevo Congreso en que ningún bloque parlamentario ostenta una mayoría propia? Seguramente Semanario Parlamentario estará analizando éstos y otros temas desde sus páginas. Como siempre, con la mirada de quienes hace 20 años estamos en el Congreso.