“Creo que las viviendas las debe construir el Estado, no las Madres”

El diputado Miguel Bonasso advirtió que muy a menudo se confunde en nuestro medio Estado con Gobierno y consideró evidente “el uso que se hace de los organismos de derechos humanos”

Por José Angel Di Mauro

Miguel Bonasso supo estar muy cercano al Gobierno nacional en los primeros años de la gestión kirchnerista. Pero hubo un click y desde entonces está claramente ubicado en la oposición. Dentro del Grupo A, tal cual despectivamente define el oficialismo a los diputados opositores. Empero, en diálogo con Parlamentario recordó haber votado numerosos proyectos impulsados por Cristina Kirchner, aunque también precisó en qué momento se produjo el distanciamiento. Desde entonces, remarca, los integrantes del matrimonio con el que supo compartir numerosas comidas y largas sobremesas, jamás lo volvieron a llamar.

La Ley de Protección de Glaciares, el rol del periodismo y el uso político de los derechos humanos fueron algunos de los temas abordados en el diálogo con este diputado que, pese a la política, no deja de lado lo que más le gusta: escribir.

– Me imagino que estará satisfecho por la resolución de la ley de protección a los glaciares…

– Sí, realmente.

– ¿A pesar de que se haya eliminado el artículo 17?

– Bueno, sí, porque el artículo 17 no formaba parte ni de la Ley Maffei, ni del acuerdo al que llegué con el senador Filmus. El artículo 17 es una propuesta que hace en el recinto el diputado Mansur, de la Unión Cívica Radical, que es correcto en sí mismo, por el principio de lo que abunda no daña. Igual, ese artículo está de alguna manera en el artículo 15, pero el 17 es más detallado y claro en cuanto a tomar una precaución antes de que se realice el inventario, pero la verdad es que nunca estuvo ni en la ley original, ni en el acuerdo que hicimos. Cuando se trata el tema en el Senado, el senador Filmus me pide si podemos eventualmente sacarlo, si eso permitiera sumar algunos votos más y lograr la media sanción del Senado, lo que me pareció racional. En estos casos, por obtener lo complementario y secundario, perder lo principal, me parece peligroso.

– Descuenta que no va a haber un veto esta vez, ¿no?

– Usted recordará que el presidente de la bancada oficialista dijo que esta vez la Presidenta no iba a vetar y así se lo había comunicado telefónicamente. Descuento que el diputado Rossi dijo eso con algún nivel de seguridad. Y si no recuerdo mal, también el jefe de Gabinete salió a decir que esta vez la ley no sería vetada. Si la vetaran sería escandaloso y la Presidenta tendría que pagar un costo político gigantesco…

– ¿Esto lo reconcilia un poco con el kirchnerismo?

– No, pero me permite ver lo que siempre he sostenido yo, que uno puede ser opositor u oficialista, como yo soy opositor y fui un confeso oficialista, pero en un momento dado llegar a un acuerdo en función de un interés de Estado, de algo que hace al interés del conjunto de la sociedad, que es una política permanente que va a tener influencia sobre nuestros hijos, nietos, las generaciones que nos van a suceder. O sea, que van mucho más allá de una cuestión coyuntural de las que desgraciadamente se dan. Muchas veces tenemos que legislar por la bronca entre el Gobierno y Clarín; bueno, a mí me pesa enormemente, yo prefiero que legislemos sobre los temas que verdaderamente abruman al ciudadano argentino.

– ¿Cómo ve este enfrentamiento permanente del kirchnerismo con los medios?

– Es muy negativo, muy negativo. Esto no beneficia a nadie, ni a Kirchner ni a los medios, perjudica a quienes son más importantes, los ciudadanos en general que tienen que estar informados respecto de lo que hace su Gobierno y que deben tener también medios que estén más dedicados a informar que a gastar en eso sus baterías.

– Como periodista, el concepto “medios opositores” que se ha instituido ahora, ¿cree qué es válido?

– Es lo que decía mi gran maestro Rodolfo Walsh, que aconsejaba siempre a los jóvenes periodistas: “Hay que seguir los hechos, que estos no nos van a defraudar”. Es decir, yo creo que los periodistas en la tarea informativa, no en la de opinión o análisis en la cual podemos editorializar y expresar nuestra posición, desde luego, tenemos por delante lo principal, que es relatar las cosas tal cual ocurrieron. Atenernos a los hechos tal como son y tratar en todo caso de acercarle al lector, al oyente, al televidente, un contexto que precede a la noticia en sí, y también la perspectiva de lo que puede ocurrir a partir de una determinada noticia. En ese periodismo creo, y ese periodismo muchas veces es crítico del poder, quiera o no, porque cubre cosas del poder que al poder no le gustan. En todo caso, no tiene una lógica partidaria ese periodismo, y por lo tanto no puede ser considerado ni oficialista ni opositor. Desde luego que hay también una prensa partidaria, esto siempre ha existido en el mundo, y es válido que haya una prensa partidaria oficialista y una prensa partidaria opositora. Pero estamos hablando de cual es el periodismo que permite que una sociedad esté informada.

– A propósito de la manifestación que hubo frente al Palacio de Tribunales, la ley está vigente, salvo un artículo -no menor, por cierto-, ¿pero es válido el concepto de que la Ley de Medios está frenada por eso?

– No, yo no tengo esa impresión. Acepto que cualquiera pueda expresarse respecto de eso, aun en los términos tan poco prudentes en que lo hizo Hebe (de Bonafini), pero me parece que sería injusto enfrentar a la Corte, que es posiblemente una de las más prestigiosas desde el punto de vista jurídico que hemos tenido en muchos años en la Argentina. No pienso lo mismo de todo el conjunto de la Justicia; sí lo pienso de la Corte Suprema, de la que tengo un alto concepto.

– ¿Qué opina de esta fuerte crítica que se les hace a algunos periodistas como Lanata, desde esos medios adictos…?

– ¿Adictos al oficialismo?

– Sí.

– ¿Estamos hablando de 6,7,8?…

– Sí, por ejemplo.

– Yo me abstuve, como usted recordará, en el tema de la Ley de Medios, por una cosa bien fundamental, que en ese momento no se entendió y que algunos periodistas la entendieron torcidamente, porque la quisieron entender así. Algunos periodistas “adictos al Gobierno” dijeron que yo había votado en contra de la Ley de Medios. No, yo no voté en contra: me abstuve, y expliqué muy claramente por qué me abstenía. Porque la Autoridad de Aplicación en lo que se refiere a los medios gestionados por el Estado, a mi modo de ver, no tenía que ser el Poder Ejecutivo -o sea el señor Mariotto, o cualquier otro-, sino que tenía que ser el Parlamento, a través de sus tres minorías principales, como se había hecho en los casos de la RAI en Italia, la BBC en Gran Bretaña, existían precedentes internacionales valiosos para tener en cuenta, donde los medios gestionados por el Estado pertenecen al Estado, y no a una facción, que es la que está circunstancialmente en el Gobierno. Yo creo que en este país confundimos muy a menudo lo que es el Estado y el Gobierno, en la medida en que para todos, desgraciadamente, el Estado pareciera que es el botín, que se asalta cuando se llega al poder. Esto creo que es muy negativo para la democracia argentina. Hay instituciones permanentes, por eso hay políticas de Estado y por eso efectivamente un diputado opositor se puede poner de acuerdo con un senador oficialista y sacar una ley favorable para el conjunto de la gente, si los dos tienen suficiente sentido común para hacerlo.

– Teniendo en cuenta que usted fue aliado del Gobierno, ¿cree qué el kirchnerismo es más duro con los que estuvieron con ellos y se les fueron?

– Mire, yo he tenido diferencias con el ex presidente (Néstor Kirchner) en la época en que era presidente, que no se hicieron públicas en su momento, porque en términos generales, como muchísima gente de la sociedad argentina, apoyaba la gestión que estaba haciendo y especialmente en la recuperación del prestigio presidencial que había quedado tan gravemente lesionado en los tiempos de De la Rúa. En ese momento me parecía poco prudente hacer públicas algunas diferencias que ya tenía con el ex presidente. Después, obviamente esperé un tiempo en la gestión de la Presidenta, para ver cómo caminaba, y algunas de sus propuestas, que se transformaron en proyectos de ley, las apoyé; en otros voté en contra. En lo que no estuve de acuerdo para nada, y ahí se produjo la división cortante, a la que nunca le dieron respuesta ellos, fue primero con la Ley de Bosques, que tardaron un año y medio en reglamentarla y lo hicieron recién cuando se produjo la tragedia de Tartagal; y después, ya con esta monstruosidad que fue el veto a la Ley de Glaciares, que no era siquiera un proyecto de ley mío, sino de Martha Maffei. Yo realmente consideraba y considero que es un proyecto fundamental y por eso emprendimos una lucha hasta que en la sociedad se comprendiera que lo que estábamos defendiendo no era el paisaje, sino el agua, un valor insustituible para la vida de los argentinos. Y que el enfrentamiento contra la Presidenta era indirectamente un enfrentamiento con un gobernador feudal, José Luis Gioja, y una empresa trasnacional como la Barrick Gold. Frente a todo esto yo no tuve más remedio que ponerme muy enfrente del Gobierno; lamento muchísimo que desde el Gobierno nadie me haya dado nunca ninguna explicación: ni el ex presidente, ni la Presidenta. Probablemente consideren baladí mi opinión, pero jamás recibí una respuesta. Jamás me hablaron.

– ¿Coincide con Norma Morandini, qué dice que no se puede utilizar el pasado para hacer política?

– No, con todo respeto, Norma es una amiga y una colega, pero no estoy de acuerdo. No es que uno en política utiliza el pasado. Uno puede tener el pasado como divisa también, en cuanto a levantar determinado tipo de valores en los que sigue creyendo, aunque no crea en la metodología. Es mi caso, yo claramente soy un hombre de la generación del 70, no cabe duda, eso no significa que pretenda realizar hoy lo que pensaba en el 70, porque estaría absolutamente loco. Estaría bailando rock cuando ellos están bailando bolero, esto en política hay que tenerlo muy en claro. Pero sí significa que uno sigue fiel a determinados principios por los cuales se inició en la lucha política. Y esos principios para mí siguen siendo los de la igualdad social, los de la justicia social, los de la independencia económica, los de la soberanía política… la libertad política, la democracia, esos principios para mí siguen plenamente vigentes, y aun -en gran medida- incumplidos en la República Argentina.

– Algunos dicen que el kirchnerismo está reescribiendo el pasado.

– Ahí sí creo que hay una utilización más negativa, porque es más que evidente ya el uso que se hace de los organismos de derechos humanos, perjudicándolos, perjudicando la causa de los derechos humanos. Yo creo que la causa de los derechos humanos, por ejemplo, debiera estar absolutamente divorciada no de la política en general, sino de tal facción política en particular, en este caso del Gobierno. Es decir, el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo evoca a los desaparecidos que no están, y que pueden expresarse. Entonces, el pañuelo no le pertenece ni siquiera a Hebe de Bonafini; mucho menos a Cristina Fernández de Kirchner, a quien se lo delegó en algún momento Hebe de Bonafini… El pañuelo pertenece a la memoria de los desaparecidos. Es esa memoria de los desaparecidos por la cual yo juré como diputado, y creo que ese respeto a los desaparecidos es fundamental; los organismos de derechos humanos son una especie de correa de transmisión entre todos aquellos argentinos que en algún momento determinado fueron efectivamente desaparecidos por el Estado -en la operación más sangrienta de la historia nacional del Siglo XX- y la sociedad actual. Esa correa de transmisión, que son los organismos de derechos humanos, no puede estar parcializada, ni a favor de este Gobierno, ni de otro. Creo que ninguno de nosotros puede sentirse dueño de los derechos humanos, ni siquiera los que participamos en la lucha, ni siquiera los que sufrimos exilio, persecución, cárcel, clandestinidad… Ninguno de nosotros tiene derecho a considerarse dueño de ese patrimonio, que es del conjunto de la sociedad.

– ¿Le hace un poco de ruido que las Madres de Plaza de Mayo tengan emprendimientos en materia de vivienda, por ejemplo?

– Sí, me hace ruido. Forma parte de lo que estaba diciendo, me parece incorrecto. En todo caso, aunque fuera legítimo, aunque respondiera a necesidades sociales, parcializa la cosa. Yo creo que las viviendas las debe construir el Estado, ¿qué quiere que le diga? Ninguna ONG, ni siquiera las Madres. Las viviendas populares las debe construir el Estado, esa es la concepción que yo tengo del Estado. No deben ser patrimonio de ningún Gobierno que las facilita como clientelismo político. Deben ser entregadas por el Estado, le pertenecen al Estado, ni siquiera a la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, ni a Menganito, ni Zutanito: al Estado nacional.

– Acaba de editarse el libro Operación Primicia, de Ceferino Reato, donde el autor afirma que el ataque al cuartel de Formosa por parte de Montoneros es el desencadenante del golpe del 24 de marzo. ¿Qué opina usted?

– El episodio de Formosa fue considerado por algunos compañeros de la propia organización en su momento como un acto golpista, y fue criticado. Algunos de nosotros criticamos seriamente lo de Formosa; Pareció que realmente le dábamos un pretexto enorme al Ejército para intervenir. Hasta ese momento el Ejército no había intervenido de una manera abierta y clara y lo quería hacer, sin duda, ya estaba preparado el plan de asalto del Estado, y Formosa evidentemente favoreció esos planes. Lamentablemente es así. Creo que efectivamente fue uno de los errores de una política militarista que tuvo la conducción que yo cuestioné en su momento, por ese motivo yo me aparté de la conducción (de Montoneros).

– Usted tiene su propio libro, de reciente publicación, La venganza de los patriotas.

– Es un libro que tiene muchas resonancias actuales.

– Se trata del asesinato de Monteagudo, ¿no esa así?

– Efectivamente, es el asesinato de Monteagudo, es la independencia del Perú, es la caída definitiva del imperio español tras la victoria de Sucre en Ayacucho, es San Martín como personaje muy importante. Es la incógnita que San Martín abre al comienzo del libro, respecto de quien asesinó a Monteagudo, que la historiografía no respondió y yo lo respondo desde la ficción. No le voy a decir, por cierto quién lo mató, sino no van a comprar el libro… (risas) Pero bueno, respondo desde la ficción quién lo hizo y Bolívar aparece como un elemento muy importante, porque Monteagudo, cuando lo asesinan, estaba organizando nada más y nada menos que el Congreso de Panamá, donde se pretendía establecer los Estados Unidos de América del Sur y un ejército confederado de cien mil hombres, que cambiaba la correlación de fuerzas mundial: aparecía una nueva potencia. Lo que el libro cuenta es una zaga fabulosa, no contada, que es la que protagonizan, cada uno por su lado, San Martín y Bolívar, estos dos generales que en momentos en que las comunicaciones eran terribles, lentísimas, lograron juntarse en un proyecto emancipador tan grande que Mitre, correctamente, en su Historia de San Martín, dice que es probablemente la hazaña militar más grande, que es la liberación de un territorio diez veces más grande que Europa Occidental. En forma prácticamente simultánea, uno arrancando desde el norte de América del Sur y el otro desde el sur, los dos llegan a un punto intermedio. Lamentablemente no hay un acuerdo, lo dice San Martín en un momento determinado: “los dos no cabemos en América”, después de Guayaquil. Está en clave de novela, es muy literario, le diría que es un homenaje a Dumas.

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