La muerte del kirchnerismo

Por José Di Mauro

Hombre de firmes convicciones, decir que Néstor Kirchner dejará un vacío muy difícil de llenar es una redundancia extrema. Suena raro hablar de él en pasado, cuando con sus apenas 60 años el ex mandatario se consideraba presente y futuro. Al pasado en términos políticos, se refería siempre con desdén.

Néstor Carlos Kirchner se imaginaba con un lugar bien ganado en la historia, pero que podría leerse a muy largo plazo. Por lo pronto, esperaba ser parte de la historia contemporánea durante muchos, muchos años. Ya fuera en el Gobierno, o bien desde la oposición. Nunca más desde el llano, claro está.

Desde el primer día de su gobierno, imaginó con su esposa una gestión de 16 años. Dos períodos cada uno, intercalados, de modo tal que nunca una gestión estuviera amenazada por los reglamentos. Serían ellos y no la Constitución los que resolverían la continuidad de lo que dieron en llamar “el proyecto kirchnerista”.

Por eso pergeñaban seguir hasta bien entrado el próximo año con la duda “pingüino o pingüina”, aunque en principio todo indicaba que sería NK el candidato, aunque Cristina tuviera mejor imagen. Así lo habían dispuesto al decidirse que ella fuera presidenta y el matrimonio siempre fue de respetar sus decisiones acordadas.

La ausencia del componente masculino del proyecto cambia radicalmente el panorama político de la Argentina. Porque Néstor había impuesto una modalidad de trabajo que la Presidenta aceptaba de buen grado y que era la continuidad de lo que había sido la gestión iniciada en 2003. Un gobierno sin reuniones de gabinete, con una mesa chica limitada a dos personas, que solía resolver cuestiones en el lecho matrimonial. Allí donde se apagó la vida del ex mandatario.

Una mesa chica a la que sólo tenía acceso el indispensable Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnico de la Presidencia. Desde la partida de Alberto Fernández, nadie más tuvo acceso siquiera limitado al sitial donde se cocinaban las decisiones.

En los tiempos de la “CFK legisladora”, supieron existir los “cristinos”: personas cercanas a la senadora, donde a diferencia de lo que sucedía con Néstor, no había preeminencia santacruceña. Se sabe que muchos funcionarios permanecían en el cargo por el respaldo de Néstor y la aceptación no muy complaciente de su esposa. Se verá si esos funcionarios se mantienen. Se verá también si personajes como Guillermo Moreno mantienen un lugar privilegiado ya sin el respaldo de Kirchner.

La primera repercusión notable será seguramente en el área de economía. Cristina no es especialista en el tema, aunque la estudió por obligación. Néstor sí lo era, desde que a principios de los 90 se puso aprender fuerte luego de que en una reunión en el Ministerio de Economía Domingo Cavallo le diera una lección en la materia con la que le bajó los humos. Hasta entonces el gobernador santacruceño se consideraba sólido en la materia, pero fue tal la paliza que le dio el Mingo y tal la vergüenza que sintió Néstor, que se propuso comenzar a estudiar.

Y tan sólido se consideraba que durante la campaña presidencial de 2003, decía que él sería su propio ministro de Economía, aunque a sugerencia de Eduardo Duhalde, debió mantener en el cargo a Roberto Lavagna, cuestión de garantizar votos. Mas cuando lo eyectó del cargo, Néstor se hizo cargo del tema y así siguió hasta ahora. El papel de quien ocupa formalmente el cargo volverá ahora a tener preeminencia.

Un personaje que seguramente ganará mayor espacio del que tiene será también el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien tal vez ahora aparezca menos beligerante y con mayor margen de acción.

Convengamos que Cristina tiene el mismo espíritu crispado que su fallecido esposo, pero no es seguro que se afirme ahora en las batallas que aquel, desde el living de la residencia presidencial de Olivos, emprendía. Ahora deberá ocuparse de mostrar gestión en el año que resta de su mandato; de certificar que pese a la ausencia de su esposo, el timón sigue firme en sus manos.

Los Kirchner no generaban afectos en la clase política. Sobre todo en los llamados “profesionales” de la política. Sí lo consiguieron en grandes corrientes que se fueron sumando a partir de la épica de las batallas emprendidas. Néstor Kirchner tenía muy claro el tema: en política no hay que ganar afectos, sino respeto. Y se lo ganaba con mano de hierro, claro está.

Habrá que ver si Cristina mantiene esa mano firme. De cara al futuro, tiene la opción de ir por la reelección, aunque ya no habrá entelequia posible que le permita aspirar a un mandato posterior, si se impone en las próximas presidenciales. Tampoco tiene el kirchnerismo un plan B, estrategia muy hipotética que hacía imaginar a un Daniel Scioli en la Casa Rosada, con un Néstor Kirchner en la gobernación bonaerense. No hay ya espacio para la Presidenta para descender un escalón o dar un paso al costado siquiera.

Esa cerrazón de los Kirchner eliminó toda descendencia. El matrimonio siempre confió sólo en ellos. Por algo, desde 1987, fueron candidatos, uno u otro, en todas las elecciones que se registraron. En todas, desde entonces y cada dos años, un Kirchner participó como candidato. Sólo confían en ellos, y cuando buscaron apuntalar a un candidato en distritos hostiles no les fue bien. Por lo tanto, siempre el kirchnerismo tuvo a Néstor y Cristina como las únicas figuras capaces de sostener el proyecto.

Muerto su factótum, lo que viene es otra cosa. En CFK, en lo que pueda demostrar en el año que resta de su mandato, estará la posibilidad de verificar si lo que viene es kirchnerismo recargado o habrá nacido el cristinismo.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password