No se murió un santo, pero tampoco el demonio

Por Leopoldo Moreau

En las últimas horas, muchos argentinos se preguntaban azorados cómo era posible que de la noche a la mañana, Néstor Kirchner pasara de ser tan criticado a ser tan elogiado.

Creo que esos compatriotas merecen una explicación que, de paso, puede ser un buen aprendizaje.

En primer lugar hay que decir que no se murió un santo, pero tampoco el demonio que inventaron algunos medios. Si logramos entender este justo equilibrio, es fácil sacar una conclusión: la realidad que vivimos es más mediática que concreta.

También es cierto que algunos políticos que antes maltrataban a Kirchner y ahora se deshicieron en elogios, han contribuido a la confusión de nuestros conciudadanos.

Aquel que lo trató como un enemigo y hoy lo colma de virtudes es un hipócrita.

Los que –como es mi caso- simplemente lo consideramos un adversario, en esta hora lo podemos tratar sin falso pudor, sencillamente con respeto.

Creo que hay otro sujeto que también se merece un homenaje: la gente. La gente sencilla, humilde y los jóvenes que fueron a expresar sus emociones y sus convicciones. Las manifestaciones populares, a veces de alegría y a veces de dolor, no se discuten. En la Argentina, de eso, sólo sabemos los radicales y los peronistas.

Un párrafo aparte merece Cristina Kirchner. No hay ninguna razón para suponer que no está a la altura de la responsabilidad que viene ejerciendo. En la dimensión humana es probable que le toque sobrellevar la carga que para una mujer significa perder al compañero de toda la vida y que sus hijos ya no cuenten con su padre. Pero la carga política la puede sostener con mucha más facilidad y soltura. Porque tiene experiencia, personalidad, trayectoria y convicciones. Milita desde los 16 años. Es –como nosotros- un político de vocación y no un político de ocasión.

Leopoldo Moreau fue diputado y senador nacional por la UCR de la provincia de Buenos Aires

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