A propósito del caso Zaffaroni, el titular de ese organismo sostuvo que “la buena conducta que asegura la inamovilidad de los jueces no sólo se refiere a delitos”.
El diputado nacional, y presidente de la Comisión de Jusitica, Juan Pedro Tunessi, sostuvo que “el concepto constitucional de ‘buena conducta’ que asegura la inamovilidad de los jueces no solo refiere a delitos, sino a toda aquella acción funcional o personal del magistrado que pueda afectar el decoro de la justicia, su funcionamiento y la imagen de este poder del estado frente a la sociedad”.
“Según el Código Iberoamericano de Etica Judicial, el poder que se confiere a cada juez trae consigo determinadas exigencias que serían inapropiadas para el ciudadano común que ejerce poderes privados; la aceptación de la función judicial lleva consigo beneficios y ventajas, pero también cargas y desventajas. Desde esa perspectiva de una sociedad mandante se comprende que el juez no sólo debe preocuparse por ‘ser’, según la dignidad propia del poder conferido, sino también por ‘parecer’, de manera de no suscitar legítimas dudas en la sociedad acerca del modo en el que se cumple el servicio judicial”, explicó Juan Pedro Tunessi.
El titular de la Comisión de Justicia destacó que “el juez debe apuntar a su excelencia, no sólo funcional o profesional, sino como ciudadano ejemplo para sus pares. Su persona trasciende por ser una institución de la república, es la última garantía para cualquier ciudadano frente a cualquier exceso tanto de particulares como del propio estado”.
En ese sentido enfatizó que la conducta del magistrado “debe ser prudente, previsible y transparente, tanto en su vida particular como funcional. Nótese que entre otras ‘faltas’ se habla del juego. El juez no es un mero funcionario o empleado público. Es un hombre que por sus capacidades y aptitudes ha llegado a ser elegido como Magistrado y su conducta será fuente de formación para otros ciudadanos”.
“Las concepciones morales y éticas están al servicio de la ciudadanía. Todo hombre y mas un juez necesita de un sistema de moral y de valores, para no ser “un juguete de los vientos” y así conformar una conciencia que le permita discernir entre el bien y el mal, sin obligarle a compulsas legales ni investigaciones científicas (Angel Osorio. El Alma de la Toga )”, concluyó Juan Pedro Tunessi.