Malvinas: nuevas herramientas para el propósito de siempre

Por Jorge Argüello

Gran Bretaña ya prepara algunos fastos públicos para celebrar 30 años después el resultado del conflicto armado de 1982 en el Atlántico Sur. ¿Qué nos cambia eso en el camino hacia la recuperación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas? Bueno, en rigor, nada. O tal vez todo.

La pretensión británica de seguir haciendo valer la regla del más fuerte, algo así como “esto no es una cuestión de justicia, ganamos con las armas y esto es asunto terminado”, choca antes que nada con el sentido mismo de las Naciones Unidas a las que el mundo reconoce como más alta instancia política universal. La ONU nació para resolver conflictos, precisamente, negociando.

Y aún así, dada la persistente negativa de Londres, es en esos precisos momentos simbólicos como los que se vienen en 2012 cuando tenemos que reafirmarnos en el derecho que sustenta nuestros reclamos sobre las islas y que el Comité de Descolonización y la propia Asamblea General de la ONU reconocen hace décadas.

Y para ese objetivo principal, hace falta mantenerse firme en una estrategia. ¿Cuál? Crear las condiciones políticas para la negociación, y no cejar en ello. Para los que se mantengan escépticos, no hay ya organismo internacional donde Gran Bretaña no afronte la elemental demanda de negociar y la ONU ha sido más recientemente escenario ya no de apoyo a reclamos de diálogo, sino directamente de respaldo a los derechos de soberanía argentinos en el Atlántico Sur.

Producto de varios años de esfuerzo que hemos compartido como legisladores, el Observatorio Malvinas de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la Nación acaba de entregarnos una herramienta más, muy valiosa, en pos de ese objetivo: un libro, La Cuestión Malvinas en el Marco del Bicentenario, que recoge variados puntos de vista de miembros de distintas fuerzas políticas que, sin embargo, forjan en torno del problema una política de Estado argentina.

El libro, siguiendo el espíritu del Observatorio, demarca un terreno de exploración de posibilidades distinto del que se puede permitir el Poder Ejecutivo, por rigideces propias de todo contacto como el que pueden tener Buenos Aires y Londres, sobre todo desde 1982.

Esta nueva herramienta documental, propia del Congreso, había sido precedida, por ejemplo, por intercambios de legisladores argentinos y británicos (conservadores, liberales y laboristas) sobre la Cuestión Malvinas, aun cuando los gobiernos siguen lejos de poder sentarse a una mesa común.

Junto a legisladores oficialistas y de otras fuerzas, colegas como Alfredo Atanasof, del Peronismo Federal, Ruperto Godoy, del Frente para la Victoria, o Federico Pinedo, del PRO, además de diplomáticos y especialistas, enriquecen con sus textos ese tronco común que, sumado a la acción del Ejecutivo en todos los foros internacionales, en especial la ONU, va achicando el margen de resistencia británico a entablar una negociación.

Por eso el libro incluye sus artículos en inglés, para que el mundo tenga el detalle de estos puntos de vista variados pero concluyentes en su objetivo. Esta política de Estado, nunca olvidarlo, ha sido y sigue alimentada por la memoria permanente del pueblo argentino, desde La Quiaca a Ushuaia, que mantiene en alto la reivindicación pero también el recuerdo de los caídos en el conflicto de 1982.

Efectivamente, el año próximo será especialmente duro en la relación bilateral. Pero, como se ha dicho con inteligencia, sólo podremos comprobar que nuestra estrategia diplomática era la adecuada cuando, por fin, y esto ocurrirá, la soberanía sobre Malvinas y las demás islas del Sur sea recuperada. Ese día probaremos que por haber mantenido la marcha en años como ese, justamente por eso, estábamos haciendo mucho más que nada. Lo estábamos haciendo todo.

Jorge Argüello es embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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