Por José Angel Di Mauro
Corría el segundo semestre de la gestión de Daniel Scioli al frente de la gobernación bonaerense, cuando quien esto escribe se encontró con su antecesor, Felipe Solá. Ya había estallado la crisis entre el gobierno y el campo y el ahora diputado se había distanciado del kirchnerismo, pese a lo cual no ensayó ninguna crítica al consultársele la opinión sobre la gestión de quien lo había sucedido en La Plata. Se confesó amigo de Scioli y aclaró que había prometido no emitir ningún juicio sobre esa administración hasta que la misma cumpliera un año. Tampoco lo hizo entonces, ni criticó a su sucesor después.
Por eso no sonó extraña la versión de un eventual acercamiento entre ambos, aunque fuentes cercanas al gobernador aseguraron a parlamentario.com que no hubo contactos durante los últimos días. Se sabe sí que existieron hace algunas semanas, antes de las elecciones primarias. “Felipe no está pensando en una vuelta al oficialismo”, aclararon sin embargo desde el entorno de quien preside nada menos que el bloque del Peronismo Federal en la Cámara baja. Una bancada donde estarán puestos todos los ojos pasadas las elecciones generales, en caso de repetirse el resultado del 14/08.
Las puertas del sciolismo están abiertas de par en par. Pero de momento, no ha salido el gobernador a pescar fuera de aguas jurisdiccionales. Sí parece haberlo hecho dentro del propio oficialismo, para contener a descontentos. Así deberá tomarse el anuncio del jefe de Gabinete Alberto Pérez, quien anticipó que cuando deje de ser senador nacional, José Pampuro se sumará al equipo del gobernador, en caso de que éste logre su reelección.
Sin destino dentro del cristinismo desde que la Casa Rosada rechazó que integrara la fórmula con Daniel Scioli, el futuro político de “Pepe” Pampuro era todo un interrogante. Es de imaginar el despecho del presidente provisional del Senado, teniendo en cuenta que fue el dirigente que convenció a Eduardo Duhalde de que Néstor Kirchner fuera su candidato, allá por 2003. Si bien Pérez no dio precisiones sobre el cargo que ocupará Pampuro, el anuncio confirma que el gobernador está buscando reforzar el perfil propio con el que piensa encarar su próxima gestión, para hacer frente a eventuales intentos kirchneristas por acotar su margen de acción.
Ya vienen trabajando juntos Scioli y Pampuro, quien hace tres semanas acompañó el festejo de José Manuel de la Sota en Córdoba en representación informal del gobernador bonaerense. Sin ir más lejos, para las primarias apoyaron en Lanús al concejal Omar López, quien está habilitado para enfrentar en octubre al intendente Darío Díaz Pérez, quien no tuvo un resultado demasiado auspicioso el 14. A pesar de haber sido su mentor para suceder a Manuel Quindimil, Pampuro tiene cuentas pendientes con el jefe comunal de su distrito, igual que Scioli.
Pese al resultado sin atenuantes de las primarias, la máquina electoral sigue moviéndose, y el territorio bonaerense -como corresponde en función de su peso- es el que más da que hablar. La oposición se enfrascó a lo largo de la última semana en una discusión sin fin en torno a supuestas irregularidades en el escrutinio. Las culpas de la oposición radican en una fiscalización defectuosa que buscarán solucionar para octubre, aunque el daño irremediable ya lo sufrieron. Todos en la oposición aclaran de entrada que la victoria kirchnerista no puede ponerse en duda; lo que objetan es su magnitud. Algunos se animan hasta a dar cifras y le bajan unos cinco puntos a la Presidenta, subiéndole otros tantos los escuálidos segundo y tercero. No hay ni habrá elementos concretos que avalen semejante cálculo. Sí hay testimonios que certifican irregularidades que lamentablemente se repiten en cada acto comicial, y que no sólo involucran al oficialismo.
Se sabe de cuarenta fiscales enviados por un diputado provincial cercano al gobernador, que no la pasaron bien en territorio hostil; la mayoría tuvo que retirarse sin cumplir su tarea. Se sabe también que el robo de boletas no corrió por cuenta exclusiva del kirchnerismo; también habría existido entre competidores opositores que comparten el mismo origen.
No se ponen de acuerdo en la oposición respecto de qué camino tomar en torno a las denuncias. Algunos sugieren avanzar con el tema hasta las últimas consecuencias; otros, aleccionados por consultores que cada vez toman más peso en materia de asesoramiento, prefieren no usar la palabra “fraude” y si bien quieren dejar firme la protesta, pretenden salir de ese atolladero cuanto antes. Unos y otros miran con recelo a quienes consideraban convidados de piedra para esta elección, pero que hoy aparecen como eventuales beneficiarios del voto opositor en octubre, cuando conforme lo previsible del resultado, el electorado ya no optaría por el “voto útil”.
En efecto, aspiran a crecer en octubre el Frente Amplio Progresista de Hermes Binner, como así también el peronista Alberto Rodríguez Saá. Ninguno de los dos participó de las denuncias de irregularidades, aunque reclamaron la boleta única que bajo ningún concepto el oficialismo accederá a implementar en la próxima elección. Ni en ninguna otra mientras tenga la mayoría parlamentaria que recuperará este año. “La política no se hace en los tribunales”, deslizó el viernes un diputado socialista candidato del FAP. El gobernador puntano, en tanto, volvió a ingresar a la Casa Rosada por primera vez en más de ocho años para reunirse con Florencio Randazzo, y tiene críticas más ácidas hacia Alfonsín y -sobre todo- Duhalde, que hacia la Presidenta.
El gobierno ve con simpatía el crecimiento de ambas fuerzas, en la medida que desgastan a radicales y al peronismo duhaldista. El kirchnerismo no cree que los Rodríguez Saá vayan a arrastrar tras de sí al peronismo disidente, y ya en las frustradas internas regionales entre Alberto y Eduardo Duhalde se sabe que participó de manera “desinteresada” a favor del primero. En cuanto al FAP, lo considera un progresismo mucho más cercano, que incluso en el Congreso ha apoyado muchos de los proyectos más caros al kirchnerismo, como la Ley de Medios. Además, no le teme, pues no presenta en absoluto un carácter monolítico, por cuanto el interbloque que acaban de conformar tiene un reducido número de diputados y senadores provenientes de seis agrupaciones diferentes…
De regreso en el país tras sus vacaciones en Europa, Mauricio Macri no piensa embarcarse en la campaña electoral. Lo máximo que hará será apoyar a Federico Pinedo, que compite en la Ciudad con una boleta “corta”; a su ministro Néstor Grindetti en Lanús y a su primo Jorge en Vicente López. Tal vez se vea con los otros candidatos, pero no se involucrará con ellos. “El ya hizo lo suyo cuando hace cinco meses sugirió que la oposición se encolumnara detrás de un solo candidato, y no lo escucharon”, aclaró a parlamentario.com una diputada muy cercana al jefe de Gobierno.
En cambio, disfruta de lo que aparenta ser una nueva relación con el gobierno nacional, que espera despojada de las rispideces de estos cuatro años. Macri se ilusiona con al menos dos años de paz relativa con la Rosada. Con eso le alcanza, supone, para arropar su sueño presidencial.