Nadie se anima a decir nada, pero quienes tienen llegada directa a los círculos máximos del poder real de la República admiten haber escuchado la cuestión; los opositores se ponen más nerviosos aun. La idea es acelerar y demostrar ocuparse de los problemas reales por parte del oficialismo triunfador, y no perder el valioso tesoro […]
Nadie se anima a decir nada, pero quienes tienen llegada directa a los círculos máximos del poder real de la República admiten haber escuchado la cuestión; los opositores se ponen más nerviosos aun.
La idea es acelerar y demostrar ocuparse de los problemas reales por parte del oficialismo triunfador, y no perder el valioso tesoro que es el tiempo. Entonces… la idea que fue disparada, sin resolución firme hasta el momento, es adelantar las elecciones generales del 23 de octubre para el 25 de septiembre.
No enfrentar dos largos meses de campaña donde hay margen para que el humor social pueda eventualmente cambiar, apurar el escrutinio definitivo y sorprender a los adversarios en medio del reposicionamiento, son los ejes que sustentan el supuesto.
Puede ser que se trate de una falsa alarma -habría que modificar la ley nacional, algo muy improbable realmente- y que nada de esto esté en las cabezas de los decididores pero este dato incierto, de todas maneras, inquieta, y cómo, a la oposición, que están, como quien dice, “para el cachetazo”.