Voy y vengo

El alejamiento de Felipe Solá del Peronismo Federal deja en evidencia, una vez más, su conducta política a lo largo de su carrera. Su decisión no sorprendió a ningún integrante de su otrora espacio político. Duras críticas de sus ex compañeros de ruta.

Quienes tienen diálogo frecuente con Felipe Solá, en la vida cotidiana, dejan trascender que el diputado es un “ciclotímico” que pasa de un estado de ánimo a otro, pero “honesto con su pensamiento”, aclaran. Sin duda alguna, el dato brindado por sus más cercanos compañeros de ruta se condice con sus zigzagueantes decisiones políticas.

Su alejamiento del Peronismo Federal estaba cantado desde que Eduardo Duhalde decidió lanzar su candidatura a la presidencia de la Nación por ese espacio. Por lo tanto, era cuestión de esperar el momento de su partida. Y así fue, como otras veces decidió partir, rompiendo acuerdos, incluso con algunos de sus seguidores. Su excesivo personalismo casi siempre lo deja en soledad. Tal vez por los engaños y traiciones en las filas del justicialismo, Solá decidió jugar siempre como principista, levantando banderas que rápidamente quedan sepultadas por su propia decisión.

En rigor, el alejamiento del otrora jefe de bloque del Peronismo Federal no sorprendió a ninguno de sus integrantes. Casi todos respondieron con una frase lapidaria: “Ya estamos acostumbrados a esas actitudes de Felipe”.

Ahora, con el argumento de que el peronismo disidente “está deshilachado”, nuevamente decidió hacer rancho aparte para conformar un bloque “independiente”, aclarando que no será kirchnerista. ¿Le creerán sus compañeros del PJ? Obviamente, diputados del espacio político al cual pertenecía hicieron cola para criticarlo. Todos coinciden en que más temprano que tarde Solá será nuevamente funcionario de la actual administración nacional.

Por la borda

Hasta ahora Felipe Solá no pudo erigirse en líder. Casi siempre llegó a un cargo -ejecutivo o legislativo- acompañado de la mano de otro. Su núcleo político está basado en un pequeño grupo, muchos de los cuales le siguen acompañando; otros no, como el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

A lo largo de su carrera política no pudo hacer pie, ni en su propio distrito, del cual fue gobernador. Apenas conformó una agrupación que no traspasó las fronteras de algunos municipios bonaerenses. “Felipe siempre pensó que para ganar una gobernación no se necesita de la estructura partidaria”, deslizó ante Parlamentario uno de sus adlatares.

Pese a no tener ninguna estructura, llegó a la primera magistratura del mayor distrito electoral del país, desde donde apoyó a rajatabla al entonces presidente Néstor Kirchner, que nunca confió en él, por eso -tal vez- era una constante el destrato hacia el díscolo gobernador. En rigor, en reiteradas oportunidades Solá lo cruzó varias a veces a NK, que a la postre sería el detonante de su alejamiento del kirchnerismo.

Tras el exitoso triunfo logrado en las legislativas de 2009, la triada que conformaron con Mauricio Macri y Francisco de Narváez rápidamente quedó disuelta por apetencias personales. Los tres querían ser candidatos a presidente. El acuerdo naufragó y cada uno siguió su propio camino. Macri reelecto como jefe de Gobierno y De Narváez candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por la UDESO; mientras que Solá, nuevamente hizo las hurras y se refugió en su casa de campo de General Rodríguez, hasta aparecer públicamente después de las elecciones primarias.

Casi todos sus compañeros de bancada -en voz baja- admitían que su jefe daría un paso al costado; las desavenencias eran notorias e insalvables. Los duhaldistas, los denarvaistas, los puntanos, entre otros, los esperaban con los tapones de punta. La reunión de bloque no se hizo, y Solá comunicó -a través de los medios- su alejamiento del Peronismo Federal. Una vez más, el diputado reiteraba su conducta de jugar su propia partida.

Sus argumentos no calaron en la sociedad, al contrario: bajó su cotización como político. Es que la mayoría de la sociedad rechaza los permanentes saltos de los políticos.

Como se puede apreciar, Felipe Solá, en su largo recorrido político, no pudo anudar una fuerza propia para pelear desde allí sus apetencias personales. Hasta ahora, el ex gobernador bonaerense se quedó con el desafío. Varias veces estuvo al borde del abismo. Saltó y salió airoso de cada caída. Quizá por no estar herido sigue intentando saltar. Habría que ver hasta cuándo. Su capital político se ha reducido, todo lo bueno que hizo políticamente, para muchos lo ha dilapidado, lo ha tirado por la borda. El tiempo dirá si es así.

Su historia

La zigzagueante carrera política de Felipe Solá comienza a los 18 años en la Juventud Peronista “Lealtad”. Durante el Gobierno de Héctor Cámpora fue secretario privado del vicecanciller Jorge Vázquez.

Colaboró en la revista Unidos, que dirigía Carlos “Chacho” Alvarez, y luego se vinculó con el cafierismo, en el marco de la renovación peronista, asesorando al fallecido vicegobernador Luis Macaya.

En 1989, bajo el gobierno de Carlos Menem, asumió como secretario de Agricultura y Pesca de la Nación. En 1991, renunció a su cargo. Luego fue electo diputado nacional, para regresar a su función anterior en 1993.

En 1998, blanqueó su intención de ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. En ese entonces encabezaba un “espacio crítico” dentro del duhaldismo denominado Nuevo Espacio Peronista.

En 2001, a partir de un acuerdo con Eduardo Duhalde fue electo vicegobernador de Carlos Ruckauf. El 3 de enero de 2002, cuando Ruckauf pasó a ocupar el cargo de canciller de la Nación, Solá lo sucedió como gobernador del mayor distrito del país.

Al asumir dijo que era “inaceptable un Estado que oculte la ineficiencia, el malgasto y la corrupción” y que encararía su tarea “con disciplina, rigor, respeto y consideración por el prójimo”. “Hay bronca en nuestro pueblo y nadie de la dirigencia puede sentirse excluido de su responsabilidad. Estoy dispuesto a escuchar y dialogar con todos los sectores. Vamos a buscar los consensos”, expresó por aquel entonces, pretendiendo diferenciarse de su antecesor, al rechazar la idea de mano dura.

Solá exhibía ante la sociedad una imagen legalista y garantista ante el conflicto social que reinaba, aparentemente opuesta a los “halcones” del PJ, dispuestos a reprimir. Sin embargo, cinco meses después de estas declaraciones, sucedió la represión en el Puente Pueyrredón que culminó con las muertes de Darío Santillán y Maximiliano Kostecki.

Ahora es diputado nacional, y hasta hace poco fue jefe de bloque del Peronismo Federal. El interrogante, entonces debe ser reformulado: ¿hasta cuándo Solá se mantendrá invulnerable al vendaval de ofrecimientos del kirchnerismo? ¿Jugará realmente con Daniel Scioli? Todos coinciden en que este nuevo salto de Solá lo dejó mal parado, aunque en la política argentina, todo puede ser. El tiempo develará cual es el nuevo destino de Felipe.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password