Por Mariel Calchaquí
Son las 10 de la mañana, entre mate y mate y dejando muchas cosas en mi memoria y las que reservo, comienzo a escribir esta nota, y a recordar que a las 9,15 hs fallecía Néstor en la ciudad del Calafate, según los diarios esos son los datos del suceso.
Recibí la noticia como a las 10, llegaba de un viaje.
Con un mensaje de texto, me avisan "murió Néstor" después te llamo.
Corrí a encender el televisor, la radio, mi celular comenzó a recibir más mensajes, y llamados, las lágrimas brotaban en cataratas incontenibles, no podía evitarlo; como ahora en este momento, y un tremendo no, no puede ser! se me escapaba como un grito entre los dientes contenido. Pensé que lo que veía no estaba pasando. Pero sí.
Golpearon a la puerta, atendí y era el compañero que hacía la encuesta programada para esa fecha. Con los ojos rojos y cara desencajada, le pregunté qué hacía ahí y si sabía lo que ocurría. Me respondió que sí, que tenía orden de terminar todas las encuestas de hogares que le tocaba en el edificio, y que le conteste si podía. Y le contesté, todo rápidamente, y antes de despedirlo me dijo, soy compañero y estoy muy triste pero tengo que terminar la encuesta.
Seguí con las noticias, los llamados, amigas, familia, compañeros, lágrimas muchas lágrimas, nunca creí que quedaría tan conmocionada.
Las noticias corrían con la salud de Néstor, lo poco que se cuidaba después de su intervención médica, la actividad exigida que realizaba y un montón de cosas más.
Yo recordaba las veces que lo había visto antes, la cicatriz en su cuello que apenas la tapaba su camisa y que estaba ahí como gran llamado de atención, las charlas de salud y cuidado y cómo había sucedido su accidente cardiovascular, que lo llevó a esa operación.
Después de ese hecho todos esperábamos que se cuidara, era no solo un llamado de atención para él, todos los compañeros de alguna manera sentíamos cierto temor por su salud.
El día que lo operaron por primera vez, llamé a un amigo médico, con muchos conocidos en el ambiente, y le dije: decime que pasa, qué tiene y cómo está, fue el que me alivió diciendo que estaba bien y explicando sus condiciones. Luego, mensajitos a los compañeros más cercanos para saber de su salud.
La salud de Néstor nos tuvo a quienes lo apreciábamos y admirábamos, muy preocupados. Siempre había un comentario. Balestrini, era otro caso que a todos nos había conmovido, incluso al propio Néstor y él lo solía recordar y comentar ambos casos, el de él y el de Balestrini, siempre lamentándose por lo que le había pasado al compañero.
Pero la muerte, la muerte, no! quien hubiera imaginado, pensado que él iba a morir, si lo peor ya le había pasado.
Quizás esa idea no se nos pasaba, porque él se mostraba siempre de pie, de hierro, al pie del cañón en cada acto, en cada discurso y con cada uno de nosotros, de sus compañeros a quienes nos decía, como me dijo la última vez "yo soy un militante" entre otras muchas cosas que uno no espera escuchar cuando va hablar con alguien que para uno representaba un líder, un Jefe de Estado, y no espera escuchar, digo, en el tono en el que las decía y como las decía. Si algo tenía Néstor, o por lo menos lo que a mí me sorprendió fue su tremenda humildad en nuestras pocas pero cálidas charlas.
Siempre me hizo sentir que cuando hablaba con él hablaba con un militante, no con el ex presidente, no con un cuadro político, no era un líder, no! Solo un militante, un compañero, que hablaba con otra compañera, con otra militante, como de igual a igual. De esa manera uno perdía la incomodidad o quizás yo lo perdía y así podía hablar con quien más he admirado y podido compartir aunque un pedacito de mi vida política, sin sentir inhibiciones. Cuando terminaba la charla, yo pensaba ¡cómo le pude decir todo eso! Y si!, dejaba que se lo diga, también tenía eso…sabía escuchar.
El día de su muerte, fue el más triste de muchos días, ahora me sigo limpiando las lágrimas; y recordando el día que viajamos muchos compañeros hasta Río Gallegos, y allí estaba la multitud esperándolo. Llegamos a la capilla ardiente, Cristina, Chávez; los más cercanos y familiares estaban ahí y un grupo de compañeros del bloque de diputados que el día anterior lo habíamos acompañado en la Casa Rosada, y donde vimos pasar la multitud que se despidió de él, de Néstor y que abrazó a Cristina con todo el afecto de un pueblo que había quedado quebrado de tristeza. Fuerza Cristina!! Te queremos!!! Desfilaban gritando frente al féretro.
La ausencia, es irreparable, la pérdida es inconmensurable, queda un lugar vacío en muchos sentidos, que nadie va a poder ocupar. Sin embargo queda viva y presente su memoria, su ejemplo, sus virtudes y como dicen los pibes y pibas de la juventud ¡Néstor no se murió, Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo la p…!!!