Por José Angel Di Mauro
Al mediodía de la victoria más rotunda de su carrera política -la primera sin su esposo a su lado-, Cristina Fernández habló de unificar las elecciones en todos los distritos del país. Fue después de votar en Santa Cruz; más tarde vendrían sus discursos triunfantes, como presidenta reelecta. Pero aquello de la unificación electoral pareció apuntar al dilatado calendario electoral que desde marzo generó no menos de un comicio mensual.
Unificar todas las elecciones en un mismo día sería más que complicado; las provincias tienen potestad en las convocatorias y muchas constituciones provinciales establecen la obligatoriedad de separarlas de las nacionales. Igual, todo queda librado a la conveniencia del gobernante local de turno.
En 1999 se inventó esto del calendario escalonado. Con el oculto pero claro deseo de minar las posibilidades de que Eduardo Duhalde lo sucediera, Carlos Menem dio entonces vía libre a los gobernadores peronistas para que despegaran sus elecciones de la presidencial. Aquellos, a su vez, vieron más conveniente separarse de lo que se presumía sería el vendaval aliancista, y adelantaron sus comicios. Diez provincias votaron antes y casi en soledad, Duhalde perdió. En lo sucesivo se adoptó esa costumbre, y este año fueron nada menos que quince los distritos que votaron en fechas diferentes a las presidenciales.
A la unificación debe el kirchnerismo haber retenido la provincia de Mendoza. El candidato radical no pudo conseguir el elevado corte de boleta que él mismo propugnó, para resignación de Ricardo Alfonsín y se esfumaron sus posibilidades. Decenas de intendencias quedaron en manos del FpV, encaramados sus candidatos en el “huracán Cristina”. Pero el fenómeno fue esta vez tan curioso y previsible que, insólitamente, hubo candidatos a intendentes de la oposición y aun legislativos que repartieron boletas cortadas que incluían a la fórmula Fernández de Kirchner-Boudou.
Tal cual anticipamos, el Congreso ha quedado en manos del oficialismo, que ya cuenta los días que le faltan para tomar el control no sólo del quórum, sino también de las comisiones. La Presidenta usó un tono contemporizador a la hora de la victoria, que no es el que se le escucha a su tropa. Una alta fuente del bloque K de Diputados no ahorró calificativos para la oposición, a la que en diálogo con parlamentario.com encolumnó detrás de Elisa Carrió, Patricia Bullrich, Graciela Camaño y Silvana Giudici, y en una mezcla de ironía con misoginia deslizó un “que se jodan por dejarse conducir por mujeres…”.
Resueltas las dudas del control parlamentario, las incógnitas pasan por el reparto de cargos. No hay poco en juego: entre otras cosas, se debe determinar cual será la escala sucesoria presidencial, pues tanto el presidente provisional del Senado, como el titular de Diputados no seguirán en sus cargos. Para el primero de los cargos, por peso específico el nombre que más fuerte suena es el de Aníbal Fernández, que a partir de diciembre será senador. Pero persisten las dudas con el jefe de Gabinete, que desde el fallecimiento de Néstor Kirchner no hizo más que perder poder. Muchos tomaron su sorpresiva designación en las listas legislativas como un desaire de Cristina hacia el hombre de Quilmes. Pero hubo la última semana, en dos hechos salientes para el kirchnerismo, un protagonismo inocultable de parte de Aníbal.
El jefe de Gabinete accedió el domingo del triunfo al piso 19 donde estaba la Presidenta, reservado sólo para elegidos. Y cuatro días después, Aníbal figuró en el puñado de funcionarios que pudieron asistir a la ceremonia íntima que encabezó Cristina en el mausoleo donde descansan los restos de Néstor Kirchner. Dos datos no menores que hacen subir las acciones de Aníbal F., quien de no ser presidente provisional del Senado seguramente será titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales, considerada clave para Cristina, que siempre la quiso para sí en sus tiempos de senadora. Es posible que el perfil batallador del jefe de Gabinete sirva más para un puesto de trinchera que para la simbólica línea sucesoria.
Al frente de la otra cámara es prácticamente número puesto el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, aunque en los últimos días las versiones le han sumado a un competidor, el viceministro de Economía, Roberto Feletti, primero en la ganadora lista de diputados porteña. Vale aquí también decir, para medir el grado de ponderación de Cristina, que Domínguez estuvo en el piso 19 del Hotel Intercontinental, y también fue de los elegidos que accedieron al cementerio de Río Gallegos. Si no preside la Cámara, será porque Cristina quiere mantenerlo en su gabinete.
La lista de nombres para cubrir cargos es frondosa y variada, y baila al compás de las versiones. Pero igual que las nóminas legislativas, todo surgirá de la decisión presidencial. Sólo su hijo Máximo y el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, podrán tener indicios de lo que la Presidenta vaya a resolver. A juzgar por los antecedentes -a los que Cristina es tan afecta-, se presume que recién a mediados de noviembre se darán a conocer las designaciones, igual que en 2007 para su primera presidencia. Pero no habrá que esperar grandes modificaciones.
La Presidenta confirmará a la mayor parte de sus funcionarios y no se descarta que algunos que fueron candidatos no asuman y se mantengan donde están. Es el caso del ministro de Salud Juan Manzur, cuya confirmación debió adelantarse para permitirle tomar licencia como vicegobernador electo de Tucumán.
Vale aquí también, para conocer el nivel de ponderación que les dispensa Cristina, detallar quienes estuvieron en los lugares clave de esta semana. Al homenaje a Kirchner en Santa Cruz fueron Carlos Zannini, Aníbal; el secretario de Inteligencia, Héctor Icazuriaga; el de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina; y el de Comercio Interior, Guillermo Moreno. También junto a Cristina, pero en el búnker de la victoria, accedieron a su proximidad Zannini, Aníbal F, Abal Medina, e Icazuriaga, como así también Oscar Parrilli, Florencio Randazzo, Julián Domínguez, Julio De Vido y Alicia Kirchner. Todos ellos seguirán en el equipo cristinista; algunos en el mismo cargo, otros promovidos.
Feliz por un triunfo que la tuvo como protagonista excluyente, Cristina debe tener bien claras las razones del resultado. Y fiel a sus convicciones, debe pensar algo muy parecido a lo que decía hace exactamente una década, cuando el gobierno de De la Rúa se desbarrancaba y acababa de perder las legislativas. Muy accesible a la prensa en esa época, la entonces senadora electa Cristina Fernández de Kirchner adjudicaba la derrota de la Alianza al desánimo de la gente por “las promesas incumplidas”, pero muy convencida advertía que “el telón de fondo (del resultado) es el bolsillo. Porque miren, en 1983, Menem tampoco había cumplido la plataforma electoral que se había planteado en 1989, y sin embargo en Capital ganaba las elecciones Erman González. ¿El telón de fondo cuál era? Boom de consumo y apogeo de la convertibilidad”. Cristina dixit, Radio 10. 1991.