Por Raúl Puy
No debería sorprendernos la magnitud, frecuencia y cantidad de seres humanos que pierden la vida, o quedan discapacitados, en los mal llamados "accidentes". No debería sorprendernos porque es el resultado lógico de cómo somos, de nuestro comportamiento cotidiano, de nuestra cultura de trasgresión. Parecería que aún no entendimos que, si bien en cada caso se pueden identificar a los responsables directamente involucrados, la sociedad, en su conjunto, es la principal culpable.
La cultura de una sociedad se define como el conjunto de prácticas humanas cuyos rasgos distintivos son los que, justamente, caracterizan a esa sociedad, incluyendo la producción de bienes materiales y simbólicos. Es decir, que estas prácticas humanas y estos comportamientos sociales, van elaborando un universo específico de instituciones, costumbres, hábitos y normas que, en su conjunto, expresan los valores de esa sociedad.
En una sociedad como la nuestra, donde las normas se soslayan constantemente, invocando necesidades particulares y apoyándose en la impunidad que genera la corrupción, el amiguismo, las acciones corporativas, los controles laxos, entre otros, es lógico pensar que el rasgo distintivo de esta cultura sea la trasgresión.
La cultura de la trasgresión la vamos construyendo, día a día, entre todos nosotros. No somos menos culpables que el conductor que acepta trabajar más horas de las admisibles o que el inspector que mira hacia otro lado ante una infracción o que aquel que defiende un acto ilegal mediante acciones corporativas o el que presiona a los funcionarios para que se aceleren plazos saltando la normativa vigente. Cada uno de nosotros, cada vez que elude una norma, simple o compleja, como cruzar una calle sin tener luz verde, detener un taxi en cualquier lugar de la calzada, conducir un vehículo a mayor velocidad de la permitida, irrespetar una fila de cualquier tipo o falsear los datos en los pagos de un impuesto, está contribuyendo para afirmar, cada vez más, esa cultura de la trasgresión.
Los accidentes de tránsito no son sólo un problema vial, son el aspecto visible de un profundo y complejo problema cultural.
Raúl Puy es legislador de la Ciudad de Buenos Aires