Por José Angel Di Mauro
Organizado por algunas agrupaciones kirchneristas como el Frente Transversal Nacional y el Movimiento Evita, entre otros, se organizó este fin de semana en Mar del Plata un evento para conmemorar el sexto aniversario de la Cumbre de las Américas celebrada entonces en esa ciudad, que representó el final del intento de Estados Unidos de incorporar a América Latina al ALCA. Recordemos que entonces, paralelamente, se realizó una contracumbre que despertó tal enojo de Estados Unidos que esa administración y la siguiente -de signo opuesto- facturaron al kirchnerismo en los años siguientes.
Exactamente a seis años de esos episodios, el país del Norte levantó súbitamente esa condena para nuestro gobierno, no sólo recibiendo Barack Obama a su par argentina, sino -lo que es más- pidiendo esa entrevista.
Cristina disfruta de manera especial de sus excursiones internacionales, pero más que nada de las reuniones del G20, que le permiten codearse con líderes mundiales. Curiosamente ese organismo fue creado a fines de los denostados 90, como reacción a las crisis financieras en Asia, Brasil y Rusia, y el lugar que obtuvo Argentina fue consecuencia de las políticas de entonces, léase “relaciones carnales” con los Estados Unidos, que incluían a nuestro país como aliado extra-OTAN, y fue un reconocimiento a nuestra economía como una de las más importantes del mundo. Lo cual es más curioso aún, pues dos años más tarde protagonizaríamos el default más grande de la historia.
De todas las reuniones del G20 de las que participó, esta fue sin dudas la más gratificante para Cristina, que se sintió esta vez mirada de un modo distinto. En un contexto económico mundial adverso, el resurgimiento argentino es motivo de reconocimiento y estudio, y no hay muchos jefes de Estado que puedan alardear de victorias electorales como la que acaba de obtener Cristina, con más de 37 puntos de ventaja.
Paradójicamente en esta oportunidad el contexto interno no es el que se supo exhibir en los últimos años. Cristina partió hacia Francia cuando ya se había puesto en marcha aquí el control cambiario que concluyó su primera semana con un éxito relativo, según opinaron ante este medio fuentes oficialistas consultadas. En efecto, las medidas alcanzaron para parar la pérdida de reservas exacerbada durante los últimos dos meses. Impulsado con tal objetivo, el control de cambio ha puesto un pie sobre los dólares, frenando fuertemente las compras de particulares y dificultando seriamente sobre todo las de empresas pequeñas y medianas que en el nuevo contexto no encuentran cómo hacer frente a obligaciones ya contraídas.
Tan cierto como que se ha ralentizado el drenaje de divisas, es que estos controles han consolidado la existencia de un mercado paralelo. Llamado hasta hace una semana eufemísticamente “dólar blue”, ahora directamente ha vuelto a citárselo como “paralelo” o “marginal”, distanciándose la brecha un diez por ciento del oficial.
La nueva situación incomoda a una parte del gobierno, donde se distinguen cada vez más claramente a “halcones” y “palomas”. A los primeros, que podría caracterizarse como la línea “morenista” del kirchnerismo, se adjudica la autoría intelectual del control cambiario. Si bien le tocó defenderlo, no se considera al ministro de Economía como partidario del mismo. Sí en cambio de la paulatina eliminación de subsidios anunciada por él mismo y su par Julio De Vido. Una medida recepcionada positivamente por empresarios y la oposición, cuyas voces se han expresado sobre el tema más incluso que los propios oficialistas.
Pero la medida anunciada es casi insignificante, si se tiene en cuenta que representa apenas el uno por ciento de la totalidad de los subsidios. Debe ser tomada entonces como un primer paso, y así lo reconocieron propios y extraños: es el inicio de un camino que inexorablemente debe desandarse y que apunta a reducir un gasto público que registra un crecimiento explosivo de hasta el 40 por ciento anual. Se sabía que sería un tema a abordar pasadas las elecciones, aunque no se presumía que fuera ya, pues impone entre otras cosas una revisión del Presupuesto 2012 al que el kirchnerismo quiere aprobar sin modificaciones.
Ahora, inexorablemente debería haberlas, si se tiene en cuenta que el proyecto prevé para el año próximo un aumento de casi el 20 por ciento en el rubro subsidios. Según la iniciativa que todavía no tiene fecha precisa de tratamiento en el Congreso, la partida de subsidios asciende para 2012 a 75.273 millones de pesos, 12.135 más que lo autorizado para el presente ejercicio. Y eso no incluye los aumentos salariales, que podrían hacer escalar ese gasto un diez por ciento más.
En privado, las expresiones ponderativas de los empresarios alcanzados por los subsidios no son las mismas. Esperan ver de qué manera se desactiva ese mecanismo que se disparó sobre todo a partir de 2007, como consecuencia de la crisis energética. Entonces esa erogación se elevó a 14.626,2 millones, un 125 por ciento más que el año anterior. Hoy se ha quintuplicado.
Como siempre, el rubro más elevado y difícil de contener es el energético (unos 33.400 millones), pero también el de transporte, al que el Presupuesto asigna 19.024. Empresas de colectivos del área metropolitana reconocen que sin los subsidios irían a la quiebra. Desde una empresa del Conurbano aseguraron en privado que la recaudación por el boleto les alcanza para menos del 20 por ciento de los sueldos, y llega al 45 por ciento del gasoil. Inexorablemente el precio del pasaje deberá incrementarse y ya se está estudiando implementar una suerte de tarifa social, a través de la tarjeta SUBE, que morigere un eventual aumento.
De yapa, el gobierno nacional anunció el traspaso del servicio de subterráneos a la órbita porteña. Un gesto “inesperado” hacia la Ciudad, que el macrismo ve con desconfianza, porque sabe que no puede rechazarlo, aunque vendrá sin la totalidad de los subsidios que se le asignan hoy. A lo sumo, la asistencia de la Nación se extenderán por un año, pero no más. Siguiendo a pie juntillas las recomendaciones de Durán Barba, el macrismo trata de no victimizarse, pero admiten en privado que les costará mucho afrontar esa carga que, además, incluye como presente griego un gremio de izquierda que es de los más combativos.
La semana terminó con el anuncio de la creación por parte de la AFIP de la Dirección de Investigación Financiera, un organismo que pondrá la lupa sobre las operaciones sospechosas de delitos vinculados al accionar en finanzas. Esa dirección cruzará información, fiscalizará y monitoreará operaciones financieras, todo sumado a la que viene haciendo la AFIP con la supervisión de la compra y venta de divisas. Con lo cual, su titular, Ricardo Echegaray, sigue expandiendo significativamente su poder. Quienes lo imaginaban en otro cargo para el próximo turno de Cristina, deberán reconsiderarlo: en ningún otro lugar tendrá tanto poder.