Por Jorge Cardelli
Cristina Fernández de Kirchner logró un amplio triunfo que le otorga, por el momento, un gran poder. Con la crisis mundial en la puerta asoman los conflictos de la estructura dependiente que mantiene nuestro país con los vientos de ajuste sobrevolando.
Lo cierto es que el escenario político nacional ha cambiado ¿Cuál será la profundidad de este cambio? Debemos analizarlo y debatirlo con el pueblo para que nuestro pensamiento político e ideológico alcance la dimensión del movimiento popular. Para conducir hay que convencer y no imponer. No es buena la soberbia.
Lo repito, el triunfo de Cristina ha sido contundente y en todo el país, sólo sigue invicto San Luis. La votaron la mayoría de los trabajadores y las trabajadoras, los sectores más pobres y buena parte de las capas medias. Hizo una importante elección en la juventud. La pregunta que se impone es por qué la votaron. No debemos olvidar que cuando hacemos este análisis dejamos de lado cualquier evaluación cualitativa (conciencia, organización, entre otras) de los diferentes sectores de la población argentina. Partimos del supuesto de que a la hora de votar priman las razones individuales. Esta perspectiva aporta en el muy corto plazo y por ello es insuficiente. Volviendo a la pregunta por el triunfo de Cristina, el factor económico ha sido importante: el famoso “viento de cola” que acompaña al kirchnerismo desde el 2003.
Hizo concesiones económicas que influyeron mucho en la población generando una genuina sensación de mejoría: más de 1.600.000 jubilados con la moratoria sin aportes previos, muchísimas pensiones, la asignación por hijo, las cooperativas Argentina Trabaja, aumentos salariales en las paritarias, distribución de computadoras a estudiantes, y algunas más. Frenó -coyunturalmente y en acuerdo con las patronales- las suspensiones y despidos que empiezan a ser promovidas por las políticas de los organismos que buscan salvar el capitalismo de su crisis global. Buena parte de la oposición pedía ajuste y hasta mano dura. Hasta Binner de manera confusa dijo que no había que pedir aumento de salarios. Todo esto solo trae malos recuerdos en la conciencia popular.
Siguen pesando en la conciencia popular los cambios en la Corte Suprema de Justicia, la anulación de las leyes de “obediencia debida” y “punto final”, los juicios a los genocidas, el matrimonio igualitario, la ley contra la violencia a la mujer. Los investigadores recibieron importantes mejoras. Los Artistas e intelectuales que tenían una perspectiva nacional y popular y que estaban en la marginalidad fueron reconocidos y mejoraron su situación social.
En el plano internacional tomó posiciones más nacionales. Hizo un poco más de fuerza por la causa Malvinas, retornó las jubilaciones al sistema de reparto y reestatizó Aerolíneas, continuó sus críticas al FMI y tuvo cruces con los EEUU, abrió diálogo con Irán y cuestionó la estructura de asientos permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; una verdadera vergüenza para la democracia internacional. Todo lo planteado tiene muchas limitaciones pero le sirvió para producir un discurso “nacional y popular” con reminiscencias tercermundistas que interpelan la conciencia nacional y le permitieron generar una cierta corriente que opera obstaculizando las críticas reales que muestran el compromiso imperialista del gobierno kirchnerista.
Creo importante resaltar que la población ha empezado a percibir la amenaza de la crisis internacional y, si bien es poco creíble el discurso de Cristina al asegurar que estamos blindados contra sus consecuencias, el discurso de la oposición es aún menos atinado. Nadie cree que los opositores más visibles o con cierto poder y mejor intencionados harían algo muy diferente. Ese es su problema; carecen de poder, lo cual a la hora del voto también contribuyá a que optaran por Cristina.
Desde Proyecto Sur no pudimos superar la falta de una referencia nacional en las presidenciales. Nos golpeó fuerte la proscripción de nuestros candidatos presidenciales al no cumplir con el 1,5% de la inconstitucional legislación K.
En cuanto a los otros resultados, es necesario resaltar la derrota del Duhaldismo y la crisis del radicalismo, lo que no significa que este muerto. El segundo lugar alcanzado por el FAP merece un análisis más extenso, pero aquí sólo quiero resaltar que su matriz gorila es su verdadera mochila, y la unidad no les va a ser fácil porque su destino es ser a lo sumo una alianza un poco más de izquierda.
Finalmente hay que tener en cuenta la gran volatilidad del voto: es muy cambiante. Néstor Kirchner perdió las elecciones en Buenos Aires con 2.325.000 votos hace dos años, y el kirchnerismo las ganó ahora con 4.460.000. Carrió fue segunda, con 4.400.000 sufragios en las presidenciales de 2007 y ahora tuvo apenas 396.000. Esto también vale para nosotros, en el 2009 sacamos el 23% en la Ciudad de Buenos Aires y ahora bajamos diez puntos; por eso el análisis sólo “electoral” es insuficiente a la hora de conformar un proyecto estratégico.
La realidad estructural de un país dependiente siempre aparece y ahora los nuevos vientos que vienen con la crisis internacional la aceleraron. El proyecto kirchnerista nunca fue al fondo de la cuestión. Se ilusionó con la exportación de commodites creyendo que el saldo de la balanza de pagos sería eterno. Pero aunque la realidad puede ocultarse, vuelve. El superávit del comercio exterior está cayendo. La devaluación de la moneda brasilera y su recesión nos golpea, y debilita la exportación de automóviles que es uno de los sectores dinámicos de nuestra “pobre” industria. El balance negativo con Brasil continúa desde hace 75 meses, los precios de la soja han bajado y no volverán a ser los de antes. A este achicamiento del balance comercial se agrega el saldo negativo de los servicios (fletes, seguros, regalías y otros) que empeora constantemente y, sobre todo, las llamadas rentas de inversión, por las salidas del pago de intereses y remesas de utilidades y dividendos que realizan los monopolios imperialistas en el país, los cuales en 2010 sumaron unos 2751 y 7200 millones de dólares respectivamente.
No todo lo que se va es lo que se va por vía legal, hay más, bastante más. Los decretos presidenciales obligan a que toda divisa que se liquide pase previamente por el país, lo “ilegal” era que se permitía liquidar las divisas afuera. Esto traerá una oferta mayor de dólares que sin duda es una ayuda para las golpeadas arcas de las divisas, pero a los monopolios imperialistas no les hace ni cosquillas. Hasta la minera Barrick Gold tranquilizó a sus inversionistas porque sus utilidades las podrá seguir girando sin inconvenientes, continuando el saqueo correspondiente.
La crisis internacional seguirá promoviendo la aparición de las cuestiones estructurales propias de nuestro país dependiente y que el kirchnerismo no movió ni una coma para transformarlas. El saldo de esto serán las crecientes dificultades económicas de la población argentina que traerá sin duda una creciente situación conflictiva. ¿Como será ese proceso? Pensar y repensar estas realidades y su desenvolvimiento será la clave para las organizaciones populares de cara a los años venideros.
Cardelli es diputado nacional de Proyecto Sur