Cristina, dueña de todo el protagonismo en 2011

Por José Angel Di Mauro

De punta a punta 2011 fue un año dominado políticamente por Cristina Fernández de Kirchner. Así lo expresan las encuestas que por estos días impulsaron algunos medios y consultoras, que la ubicaron por lejos como la figura del año, como así también la persona con más poder en la Argentina.

Con una presencia casi permanente en los medios -los oficialistas y los no-, Cristina suplió su nulo contacto con la prensa -que contrasta largamente con los tiempos previos a su llegada al poder, cuando era ciento por ciento accesible- con lo que los Kirchner han denominado el “contacto directo con la gente, sin intermediarios”, que se da en la profusión de actos que realiza permanentemente en todo el país, pero sobre todo en el Conurbano. En campaña, la Presidenta mantuvo un ritmo de al menos un acto diario, y lejos de menguar esa presencia tras el rotundo éxito electoral, esa constante se mantuvo hasta finalizar el año.

Un año que había arrancado para el kirchnerismo con los riesgos que presagiaban las primarias que por su carácter inédito dejaban lugar para interrogantes que abrigaban las esperanzas de una oposición que jugaba su suerte a que el oficialismo no llegara a los ocho millones de votos con que decía contar. Grande fue la sorpresa cuando ocho millones fue exactamente la diferencia de votos que le sacó Cristina al segundo en las primarias.

Después de esa elección de agosto, para la que evidentemente la oposición no sólo no se preparó, sino que la tomó como una mera encuesta que serviría para ver cuál era el techo del kirchnerismo, ya no hubo competencia.

CFK emergió de ambos compromisos electorales con una imagen recargada, superior aun a la que su difunto esposo llegó a tener en su mejor momento. Con más poder, por imperio del caudal electoral que consolidó; por la dispersión en la que quedó sumida la oposición, y por las características de las listas legislativas del FpV, escritas todas por la lapicera presidencial y basadas en una lealtad garantizada.

Con más poder, sí, pero con menos margen de acción del que encontró su esposo en 2003, y ella misma cuatro años después. Las causas: un retraso cambiario cada vez más evidente, una inflación alta y persistente, un precio de la soja por debajo de las expectativas, y un superávit gemelo -la obsesión de Néstor Kirchner- herido. Y sobre todo, en un contexto financiero internacional adverso.

Como decíamos, Cristina cerró el año en el centro de la escena. El acto final de esta película claramente exitosa que representó para ella 2011 fue tan sorpresivo como dramático, al anunciar su vocero la afección que acaban de descubrirle, por la que deberá ser sometida a una intervención quirúrgica en lo inmediato. Fueron tantos los detalles que se dieron sobre la enfermedad presidencial, que sorprendieron en el contexto de misterio en el que prefiere manejarse el kirchnerismo.

La Presidenta apareció al día siguiente en público y sin vueltas se refirió a su enfermedad, no omitiendo siquiera la palabra “cáncer”. Dio otra vez muestras de entereza que ya le han dado rédito desde que es viuda. Los encuestadores habían advertido una previsible baja de su alta imagen positiva en unos cinco puntos, tras el pico de octubre pasado; tras el anuncio del carcinoma, estiman un crecimiento de su imagen en al menos diez puntos. Por sobre los 70.

Pero contrariamente a lo esperado, no fue la enfermedad la última noticia que involucró a la Presidenta este fin de año. Por el contrario, debió retrasar un día el viaje a “su lugar en el mundo” por los graves incidentes en Santa Cruz, donde el gobernador impulsa un fuerte ajuste resistido por los duros gremios estatales locales. Es realmente grave la situación en la provincia de los Kirchner, no sólo en lo social, también en lo político. El gobernador Daniel Peralta ya venía manteniendo tironeos con La Cámpora desde la previa a las elecciones, que por poco más de cinco puntos. Ahora la agrupación juvenil cristinista le ha restado su apoyo y su estabilidad política pende de un hilo, a sólo veinte días de haber asumido su segundo mandato.

Mientras no se descarta su renuncia, se especuló con la intervención federal, aunque ese sería un paso complicado de dar para Cristina, que analizó el tema en su último día de trabajo antes de operarse. Si bien esa alternativa podría contribuir a descomprimir la situación en la cada vez más convulsionada Santa Cruz, la época del año y la inminencia de la intervención quirúrgica complican la adopción de medidas extremas. ¿Y si Amado Boudou firmara la intervención durante la licencia de CFK?, especuló alguien en la Casa Rosada.

Lo más conveniente será dejar que se enfríen los ánimos durante el verano y volver sobre el tema en marzo, concluyeron en Santa Cruz, dejando que el paquete de medidas enviado por Peralta a la Legislatura se trate en las sesiones ordinarias. No será sencillo, pues son medidas muy drásticas, que elevan por ejemplo la edad jubilatoria en diez años, entre otras cosas. No es poco, pero convengamos que las edades actuales son bastante exiguas: 54 para los varones y 50 para las mujeres. Independientemente de la rigurosidad del clima patagónico, son derechos sociales difíciles de sostener en una provincia con cuentas claramente en rojo, donde hay 60.000 empleados públicos sobre una población total de 280.000 habitantes.

Desde el retorno de la democracia, Santa Cruz no ha sido una provincia fácil de gobernar, salvo en los doce años de estabilidad que consiguió Néstor Kirchner entre 1991 y 2003. El gobernador electo en 1987, Jaime Del Val, fue destituido en 1990 a través de un juicio político que motorizó nada menos que Cristina Kirchner desde la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Legislatura santacruceña; luego del interinato de José Ramón Graneros -que acaba de dejar su cargo al frente de la SEDRONAR-, vino Kirchner, a quien sucedieron Sergio Acevedo -renunció en 2006- y Carlos Sáncho, que también se fue… en medio de una fuerte crisis política derivada de reclamos salariales de los docentes y los empleados estatales.

Lo sucedió Daniel Peralta, un hombre proveniente del sindicalismo, de confianza de Néstor Kirchner, pero que nunca perteneció a su círculo íntimo. Desgastado y sin crédito ni en su provincia ni en el gobierno nacional, no es muy larga la lista de quienes quieran tomar esa brasa ardiente. Ya de por sí en su momento Kirchner prefirió archivar el proyecto de encumbrar a su hermana Alicia como candidata a la gobernación. Algunos repasan esa lista de gobernadores que acabamos de detallar, y van más allá para encontrar al primero que asumió en 1983: Arturo Puricelli, actual ministro de Defensa, que recompuso la relación con Néstor Kirchner, de quien fuera un enconado rival. Choca eso sí con la desconfianza proverbial de Cristina, que tiene buena memoria de aquellos tiempos.

El conflicto en Santa Cruz ocultó una situación muy parecida en Río Negro, con la diferencia de que allí el flamante gobernador sí pudo aprobar en la Legislatura un fuerte ajuste. En menor medida, otras provincias muestran cuentas que las acercan a la necesidad de imponer ajustes, abriendo expectativas nada halagüeñas para un 2012 de vacas más flacas.

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