Soria y su relación con altibajos con los K

El malogrado gobernador rionegrino no pudo disfrutar del cargo para el que se preparó toda la vida. Con el kirchnerismo tuvo una relación buena, hasta que fue titular de la SIDE. Volvieron a acercarse para las últimas elecciones.

Por José Angel Di Mauro

Dicen que el sueño de todo dirigente político es llegar a ser presidente. Realistas al fin, los políticos tienen ambiciones más módicas, y la máxima aspiración concreta es gobernar sus provincias. Ese fue siempre el deseo que confesaba el “Gringo” Carlos Soria durante su dilatada gestión como diputado nacional. El cruel destino quiso que la muerte lo alcanzara justo cuando había llegado a esa cima que se había impuesto.

No tuvo tiempo siquiera Soria de disfrutar el cargo para el que tanto se había preparado: apenas 21 días se extendió su brevísima gestión al frente de la provincia de Río Negro.

Y ni siquiera tuvo tiempo para disfrutar durante esa fugaz gestión. La situación que encontró al hacerse cargo de la provincia era aun más grave de la que esperaba, de ahí que la primera medida que debió adoptar fuera enviar un paquete de proyectos a la Legislatura provincial para declarar la emergencia económica. El mismo día de los graves incidentes en Santa Cruz, en Río Negro los diputados del Frente para la Victoria lograban imponer las medidas que entre otras cosas permiten el pase a “disponibilidad” de empleados de la administración pública, en medio de manifestaciones y protestas de trabajadores estatales. En su resguardo, el gobierno de Carlos Soria aclaró que la declaración de “emergencia” no implicaría despidos masivos sino que tenía por objetivo censar a los trabajadores y eliminar de planta a aquellos considerados “ñoquis”.

A diferencia de su vecino Daniel Peralta, Carlos Soria contaba con las herramientas suficientes para encarar un año complicado, en el que debería imponer un ajuste que ahora quedará en manos de su vice. Amén de ello, se ilusionaba con repetir a nivel provincial la buena experiencia que había demostrado al frente de la intendencia de General Roca durante las dos gestiones que se extendieron entre 2003 y 2011.

El rol ejecutivo le había llegado después de una dilatada gestión legislativa que se extendió por casi cuatro períodos. Ocupó por primera vez una banca en 1987 y entonces fue un ferviente soldado menemista. Muestra de su importancia fue que llegó a ocupar la estratégica presidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales.

Dos veces trabajó codo a codo con Cristina Fernández de Kirchner. La primera fue en 1996, cuando se constituyó la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Investigación de los Atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA. Le tocó presidirla el primer año, y Cristina era entonces senadora nacional. Ambos fueron, junto al diputado radical Melchor Cruchaga, las caras más visibles de la investigación que encaró esa bicameral.

En 1999 la comisión seguía haciendo su trabajo y Soria había vuelto a presidirla. Ya había dejado el menemismo y ahora su jefe político era el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, quien lo convocó entonces para ocuparse de la brasa incandescente que significaba el Ministerio de Justicia y Seguridad bonaerense. La presidencia de la comisión fue ocupada por la hoy Presidenta de la Nación.

Soria y Cristina volvieron a trabajar juntos en 2001, en vísperas del estallido del país, en el marco de la Comisión Antilavado que presidió Elisa Carrió. Por entonces ambos legisladores justicialistas eran diputados y Soria fue propuesto por el gobernador bonaerense Carlos Ruckauf. De hecho, en 1999, para su cuarto período como diputado nacional había sido elegido por la provincia de Buenos Aires. El trabajo de esa comisión se caracterizó por los fuertes enfrentamientos entre Cristina Kirchner y Elisa Carrió, y concluyó con la elaboración de varios dictámenes y ninguna conclusión convincente. Cristina firmó el suyo con Carlos Soria y el diputado cavallista Franco Caviglia.

Los caminos de Soria y Cristina volvieron a cruzarse un año más tarde, pero ya no hubo coincidencias entre ambos. Eduardo Duhalde era presidente de la Nación y había puesto a Soria al frente de la SIDE.

Por entonces Cristina era senadora nacional y su esposo gobernador santacruceño y aspirante presidencial. Fue cuando Cristina denunció que tanto ella como su marido eran víctimas de seguimientos y escuchas telefónicas por parte de la SIDE. En su denuncia, Cristina mostró la copia de un dossier interno de la SIDE en la que detallaba el plan para seguir a su esposo. En ese marco, la hoy presidenta dijo: “No se me escapa que esto no pudo haber sido hecho sin la autorización de las autoridades políticas de la SIDE”, apuntándole a su ex compañero de bancada Carlos Soria, quien desde entonces cayó en desgracia con los Kirchner.

Así y todo Soria fue candidato a gobernador por primera vez en 2003, con Néstor Kirchner ya presidente, y le pasaron las facturas correspondientes. No tuvo apoyo K y perdió la elección con Miguel Saiz.

Obtuvo su revancha ocho años después, habiendo restablecido la relación con CFK, aunque a diferencia de otros tiempos, no se convirtió al kirchnerismo. Podrá afirmarse que Carlos Soria fue menemista, duhaldista, pero del kirchnerismo sólo fue un aliado. No tuvo tiempo para mejorar una relación que en otros tiempos fue cordial.

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