El tema Malvinas sacudió un verano sin actividad

Por José Angel Di Mauro

Gran Bretaña logró sorprender al kirchnerismo, un mérito no menor, pues los K suelen regodearse precisamente por no ser tomados de sorpresa. Por el contrario, un gobierno tan hermético como el de Cristina asume como cualidad propia el factor sorpresa.

Pero esta vez no esperaba la administración kirchnerista que en un verano tan aplacado como el actual la atención se la llevaran las islas Malvinas, a partir de una escalada que tuvo su punto culminante con las expresiones del premier británico. David Cameron no las dijo en la ONU, ni en un acto público, sino en el marco de una presentación ante el Parlamento de su país, como corresponde a su condición de primer ministro. Vale el dato para quienes se imaginan en el futuro argentino un cambio hacia el sistema parlamentario: quien ejerza el poder, debería presentarse regularmente ante el Congreso para rendir cuentas de sus actos, respondiendo preguntas de oficialistas y opositores.

Fue la pregunta de un parlamentario la que disparó justamente la polémica que atravesó toda la semana, a partir de las curiosas expresiones del líder conservador en las que habló del supuesto “colonialismo” argentino. Una convocatoria al Consejo de Seguridad británico y el reforzamiento militar en las islas, relacionado con la visita del príncipe William, en febrero próximo, sumaron para un cóctel que se completa con el simbolismo de que en menos de tres meses se cumplirán 30 años de la “invasión argentina” que dio lugar a la guerra del Atlántico Sur.

El gobierno argentino había hecho su aporte cuando en la última reunión del Mercosur se acordó que los países de la región no permitieran atracar a las naves que porten pabellón isleño, con lo que por primera vez desde la guerra le hizo fruncir realmente el ceño a los británicos. La magnitud de esa cohesión regional obligó a la Cancillería del Reino Unido a negociar directamente las últimas semanas con cada uno de los gobiernos involucrados.

Habituados a sobreactuar determinados temas para sacar la atención pública de otras cuestiones, en nuestro país no fueron pocas las voces del oficialismo y la oposición, del mundo de la política y del de la diplomacia, que relacionaron la “sobreactuación” británica con el intento de desviar la atención de cuestiones locales. No es desatinado pensarlo, si se tiene en cuenta por ejemplo que las cifras del desempleo acaban de alcanzar en el Reino Unido su nivel más alto en 17 años, en el marco de medidas de austeridad adoptadas por el gobierno local y el debilitamiento general de la economía.

Tampoco es que le venga mal al gobierno argentino este clima de “malvinización”, en el que no tiene nada que perder. Aunque como decíamos al principio, la situación no fue forzada esta vez por nuestra administración. En rigor, la Presidenta tenía en mente un rumbo diferente.

Convencida de que no todos los frentes pueden estar abiertos al mismo tiempo, desde hace algunos meses tomó la decisión de restablecer la buena relación con Estados Unidos, dejando atrás ambas partes el episodio del avión militar requisado en Ezeiza, del que el 10 de febrero se va a cumplir un año. La relación se enderezó a partir de que finalmente Cristina se reunió con Barack Obama en noviembre de 2011 en Cannes. Desde entonces, las señales de amistad se han multiplicado y el gobierno argentino se ocupó por ejemplo de difundir especialmente la “preocupación” tanto de Obama como de su secretaria de Estado Hillary Clinton por la salud de nuestra Presidenta.

Acaba de presentar las cartas credenciales ante el presidente norteamericano el flamante embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Argüello, quien podría ser considerado un kirchnerista de la primera hora. El ex diputado nacional propició a mediados de los 90 el desembarco de Néstor Kirchner en la Capital Federal, armando entonces la línea interna que denominaron La Corriente. Con él estaba Eduardo Valdez, quien fuera el principal operador político de Rafael Bielsa durante su paso por la Cancillería. Hoy Bielsa -un hombre estimado en EE.UU.- también ha vuelto al gobierno nacional, puesto por Cristina al frente de la SEDRONAR.

Tiene sentido un mejoramiento del vínculo con la administración Obama. Si bien todavía es prematuro, las noticias provenientes de ese país muestran al presidente de color encaminarse hacia un nuevo mandato, dejando atrás los nubarrones que le diagnosticaban la crisis internacional de la que el Primer Mundo lejos está de librarse. Una catástrofe tendría que ocurrir para evitar que Barack Obama sea reelecto, fundamentalmente porque la oposición allá no ha encontrado ningún referente de importancia que pueda hacerle frente. Un panorama muy parecido al que se vivió en el terreno electoral en el año reciente en nuestro país; si Cristina le contara su experiencia, seguramente Obama se sentiría ahora representado.

No sólo con Estados Unidos quería restablecer vínculos CFK. Recordemos que semanas atrás, en ocasión de saludar la Presidenta a los periodistas acreditados en la Casa de Gobierno, les anticipó que próximamente designaría a un embajador en Londres. Señal de que no se esperaba que la relación con el Reino Unido se tensara de esta forma.

En el marco de este conflicto no se escuchó aún la voz de la Presidenta, que el viernes emprendió viaje a Chapadmalal para completar allí su recuperación, antes de reintegrarse a sus tareas este martes o miércoles. Siempre se pensó que en cuanto se lo permitiera, Cristina marcharía hacia El Calafate, “su lugar en el mundo”, pero esta vez no fue así. Se optó por un destino inhabitual para ella, más cercano.

Sin sus palabras desde el atril -que volverán a escucharse en público probablemente esta semana, aunque obviamente todavía no hay nada programado-, oficiaron de voceros del gobierno el presidente en ejercicio, Amado Boudou, el ministro del Interior, y lógicamente el canciller Héctor Timerman, a quien la crisis con Gran Bretaña encontró de gira por Centroamérica, donde entre otros destinos pasó por Honduras, país con el que -a sugerencia de EE.UU.- hemos restablecido relaciones, en el marco del cierre de frentes externos del que hablábamos.

La ausencia de Cristina Fernández por licencia lejos estuvo de marcar otra cara del gobierno nacional. Las referencias de los funcionarios siempre la tuvieron presente y quedó claro que en función del cambio del diagnóstico inicial, la Presidenta tuvo oportunidad de seguir atenta el día a día de la gestión oficial. Más que seguirlo, probablemente lo haya dictado.

En el plano local, si bien la guerra de desgaste con los manteros de Florida persiste, la administración porteña obtuvo al menos un respiro con la decisión judicial que le permitió mantener la suba impuesta en el boleto del subte. Pero el episodio de los hinchas de Chicago adueñándose del Hospital Santojanni reavivó un conflicto que nunca se solucionó, pero que había quedado olvidado: el de la custodia en los edificios públicos de la Ciudad, que la Nación le pasó al macrismo y que éste atendió poniendo seguridad privada cuyos miembros, se comprobó con los barrabravas, en una emergencia de ese tipo apenas pueden cumplir el rol de porteros. El choque volvió a distanciar al gobierno nacional del porteño. Para variar.

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